Re:Zero Ex (NL)

Volumen 3: La balada de amor del Demonio de la Espada

Capítulo 1: ¿Qué pasó con ellos?

Parte 1

 

 

Re Zero Ex Volumen 3 Capítulo 1 Parte 1 Novela Ligera

 

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La luz era débil, y el aire era seco.

El lugar era frío y solitario. La iluminación débil de las luces de cris- tal brillaba contra las paredes y el suelo de piedra. El viento que en- contró su camino subterráneo estaba soplando, un recordatorio ás- pero que la temporada fría había llegado.

Durante mucho tiempo, había vivido totalmente solo junto a las temporadas y el paso del tiempo. Él se había dedicado completamente a una sola cosa, pasar el resto de su tiempo en tan sólo dormir y comer, prácticamente vivía como un animal.

Pero aquellos días habían terminado, y ahora él estaba aquí.

¿Podría mantener la cabeza en alto y decir que había significado a su dedicación? Él no lo sabía.

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—… Oye, tú. Sí, tú que estás ahí. Oye, ¿me escuchas? ¿Estás sordo, chico nuevo? ¿O tal vez estás muerto? ¡Oyeee!

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La voz lo alcanzó donde se recargaba ausente contra la pared. Levantó su cabeza y miró en dirección del sonido. Entre la oscuri-

dad había un juego de barras de hierro a un pasillo más allá de la ba-

rrera, y después más barras, y finalmente el dueño de la voz, mirándole alegremente a él.

Dos personas, mirándose desde detrás de las barras de hierro, una imagen que reveló que estaban en prisión.

—Finalmente te molestaste en mirar, ¿eh? Tienes una actitud terri- ble para alguien que acaba de llegar… O tal vez el pobre recién llegado, desesperado, ha decidido que el mundo ya no vale la pena prestarle atención, ¿eh? ¡Bueno, cualquiera que  sea la razón! No serías el primero. ¿Mmm? Aguanta. No me fijé inmediatamente porque está oscuro y estás tan sucio, pero eres muy joven, ¿eh?

—… ¿Qué es eso?

—Así que te gusta hablar, eres del tipo que podría charlar consigo mismo todo el día, ¿me equivoco?

El comentario sarcástico vino reflexivamente. La actitud desagrada- ble era un mal hábito, él lo recordó. Suspiró ligeramente, jugando con el cabello de su frente.

Su respuesta fue brusca, sin embargo, sólo hizo que su nuevo amigo sonriera aún más.

—Tienes razón acerca de eso. Amo hablar, amo reírme, si has oído hablar de Olfe seis lenguas, ese soy yo. Y tu suerte se acabó en el mo- mento en que te pusieron en la celda en frente mía. Tú podrías termi- nar libre o muerto… Cualquier cosa. Hasta que eso llegue, será sólo tú y yo, pasando el tiempo.

—¿Seis lenguas…?

—Es, Olfe seis lenguas, mi nombre de criminal. Me atraparon du- rante la guerra, cuando encontré a seis chicas en el barrio noble, esta- ban solas y asustadas, y fui por ahí tratando de hacer que se sintieran mejor de una vez. Le dije a cada una de ellas una historia diferente, así que me llamaron seis lenguas porque era como si tuviera una lengua diferente para cada una de ellas.

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—Así que eres un estafador común, o un idiota. Es muy impresio- nante que te arrojaran a la prisión real por eso.

El joven fue sorprendido por el comportamiento calmado del pri- sionero sonriendo a través de la oscuridad.

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Él, centro sus ojos y, de hecho, más allá de las barras de hierro era un hombre de aspecto sensual con el pelo largo. Era de piel justa y Lanky, con un encanto y belleza que mostraba un

toque de la alta so- ciedad.

El hombre que se llamaba Olfe miraba al joven.

—Si crees que es tan gracioso, que yo esté aquí abajo, escuchemos lo divertido que es la historia de tu vida. Si no te molesta que lo diga, no es una gran hazaña ser arrojado al calabozo del castillo. ¿Qué hi- ciste para merecerlo, eh?

—Es una buena pregunta. Yo, yo…

Dejó de hablar y consideró la pregunta de Olfe en silencio por un momento. La respuesta pronto vino a él, sin embargo.

—Solo recupere a mi mujer de un bastardo que no me agradaba. Al menos, eso es lo que yo pensé que estaba haciendo, pero una cosa llevó a otra. Y aquí estoy yo…

Él sacudió su cabeza, dejando salir un largo suspiro a la serie de sucesos que le habían llevado a la cárcel.

Olfe se puso una mano en la boca, pero no pudo contener su ex- plosión de risa.

—¡Bwa Ha-Ha-Ha! ¡Bueno chico, tú y yo estamos en el mismo barco!

—No seas estúpido. No soy como un hombre que engañó a seis personas. Para mí, sólo había una.

—¡No hay diferencia! Es suficiente para iniciar en la cárcel de todos modos. ¿Era el bastardo de un noble o un caballero?… O quizás la chica era especial. ¿Por qué no?

—Voy a dejarlo a tu imaginación— dijo el joven después de una pausa.

Olfe continuó riendo tan fuerte que estaba golpeando sus rodillas, más que feliz de dejar que su mente pensara en ello.

El joven no tenía intención de decirle la verdad. Sin embargo, real- mente no había una gran diferencia entre sus circunstancias y las de Olfe. Por lo menos, era cierto que ambos problemas involucraban a una mujer.

—Ahh, me agradas, niño. Presiento que la vida en prisión se hace mucho más divertida por un tiempo.

—Quieres reír, entonces serás mi invitado —el joven replicó.

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—Pero siento que voy a decepcionarte.

—Hrm —Olfe gruñó.

La respuesta a su pregunta implícita llegó en breve, pero, no desde la celda al otro lado del pasillo, en su lugar, vino de la puerta de la prisión, en el hueco de la escalera que lleva hacia arriba.

Hubo un fuerte clic de botas que aterrizaron en el suelo; era un ca- ballero real que se detuvo frente a la celda. Miró al joven dentro y estrechó los ojos detrás de su visera.

—Salga —dijo el caballero—. Alguien vino aquí por ti.

Luego abrió la puerta de la celda. El joven se puso de pie con una molestia, luego salió de la celda, el caballero lo miró como si tuviera prisa.

—Bueno, ahora, nunca pensé que iba a tener que decir adiós tan pronto —dijo Olfe, moviendo sus labios envidiosamente.

—Me sentiré solo aquí. Y estoy celoso de que pareces tener un amigo muy amable.

—Me pregunto sobre eso.

El joven sonrió con fervor a las palabras del Lothario, imaginando al “amigo bondadoso” que le esperaba.

Entonces el joven Wilhelm Trias guiñó y dijo: —Dependiendo de lo enojada que esté, puede que sea una sentencia de muerte todavía.

Y luego salió de la mazmorra.

***

 

 

—¿Preferirías haber sido ejecutado? No es demasiado tarde para cam- biar de idea, ¿sabes?

Cuando Wilhelm emergió debajo del suelo a la superficie, fue reci- bido por una brisa fresca, la luz del sol, y el silencioso gruñido de su rescatador.

La hermosa jovencita con una extraña figura en un lugar como este. Incluso tan enojada como ella obviamente, era imposible no enamo- rarse de ella a primera vista.

Tenía el pelo rojo como la llama que cayó a su cintura, y los ojos tan azules como el cielo. Tenía extremidades delgadas y pálidas y una fi- gura sana con una simetría encantadora. Sus rasgos eran impecables; tenía una belleza como una flor en el sol.

Re Zero Ex Volumen 3 Capítulo 1 Parte 1 Novela Ligera

 

Theresia van Astrea era su nombre, el nombre de esta hermosa y furiosa joven.

—¿Wilhelm? —le dijo con una mirada severa, pero con solo su mera vista había perdido su voz. Sin embargo, para que ella se diera cuenta, él sostuvo sus manos.

—Bien, entiendo, lo siento —dijo, dando una sacudida puntiaguda de las restricciones alrededor de sus manos.

—¿Crees que podrías quitarlo?

—Oh, para… Me pregunto si realmente entiendes.

Sin embargo, molesta por la respuesta superficial, Theresia no obs- tante dio un movimiento de su mano derecha. Instantáneamente, sus dedos pálidos cortaron las correas por la mitad.

El tablón de madera que habían encerrado sus manos cayó al suelo. Wilhelm miró detenidamente sus muñecas liberadas, asegurándose de que todavía tenían sentimientos en ellas. Luego notó cómo Theresia lo miraba. Ella había entrecerrado sus ojos y apretaba sus labios.

—¿Qué pasa? —Wilhelm preguntó.

—¿Pasa algo?

—¿Qué pasa…? Tú eres el que fue arrojado a la cárcel con apenas una palabra de explicación. ¿No te sorprende?, ¿No quieres saber qué está pasando?

—Me choqué con una ceremonia real. Estoy agradecido de haber logrado escapar con vida.

—Así que al menos reconoces lo que hiciste… Estoy casi un poco sorprendida— Theresia sonrió.

—Eh, ya sabes— Wilhelm estuvo de acuerdo mientras encogía los hombros.

La conmoción que Wilhelm había causado había sido una cuestión de mucha importancia para el Reino Dragonfriend de Lugunica.

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De no haber sido por la misericordia de Su Majestad, Jionis Lu- gunica, una conocida cualidad del gobernante, Wilhelm bien podría haber sido ejecutado como traidor.

—Tú sabes que, si su Majestad no hubiera intervenido, tu podrías haber sido condenado a muerte en el acto, ¿verdad? ¿Has pensado incluso en esto?

—¿Crees que algunos soldados podrían ejecutar al tipo que venció al Santo de la Espada? Sé que nuestro rey no es famoso por su maestría estratégica, pero incluso él no desperdiciaría soldados en algo tan es- túpido como eso justo después de que terminara una guerra civil.

—¡Tú eres demasiado confiado e irreverente para avanzar! ¡No puedo creer que estés tan lleno de confianza en ti mismo! Además, no hay suficiente fuerza en toda esa sala de reunión para enfrentarse a ti y a mí.

—¡Y eso es otra cosa! No asumas que quiero luchar a tu lado…

Estas no eran unas palabras muy bien consideradas, y mucho menos con un caballero andando prácticamente al lado.

De hecho, el caballero, al oír su conversación, encontró sus ojos desorbitados en su rostro, pero rápidamente eligió actuar como si no hubiera oído nada. Fue una sabia decisión.

Theresia estaba demasiado ocupada girando el primer movimiento y luego noto este pequeño acto de autoprotección.

Wilhelm dio un paso más cerca de Theresia y miró directamente a sus ojos.

—¿…S-Si, qué es esto? — dijo Theresia.

—Incluso con el mundo contra nosotros, yo sé de qué lado estarás.

Tú también deberías saberlo.

—¡Tú, simplemente no entiendes los sentimientos de la gente…!

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—Sé cómo te sientes mejor que nadie, estás diciendo tonterías, ¿es- tás bien?

—¡Espera! Sólo espera ahí, por favor. ¡No me confundas con al- guien más…!

Theresia miró hacia fuera, sus oídos se tornaron rojos, y agito los brazos. Su expresión podría cambiar instantáneamente en cualquier momento, desde la ira hasta la exasperación y la vergüenza.

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No importa cuánto la vea, nunca me cansaré de ello. ¿Con qué fre- cuencia durante nuestra separación había imaginado mi reencuentro con Theresia? Pero ahora me he dado cuenta de que no era nada como lo que había imaginado.

La verdadera Theresia, de pie delante de él, era mucho más dulce y hermosa que cualquier cosa que había recordado.

—Theresia.

—¡¿Qué?! ¡Mi mente está muy ocupada en este momento! Y cierta persona es la culpable de…

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—Ven aquí.

Wilhelm abrió los brazos. El gesto cortés fue suficiente para dejarla con los ojos anchos, pérdida por sus palabras.

Hubo un momento de silencio y vacilación. Wilhelm simplemente se puso de pie con los brazos abiertos, esperando la reacción de The- resia.

A la cara de este acto sin pretensiones, Theresia sólo podía sonreír débilmente.

—…Supongo que esto significa que pierdo.

—Creo que ya habíamos resuelto eso.

—¡No! ¡Qué! ¡Yo! ¡Eso significa…! ¡Esto es completamente dife- rente…!

Wilhelm parecía completamente desconcertado; Theresia le dio un suspiro molesto, luego dio un paso adelante. Ella salto en sus brazos abiertos, acariciando la frente contra su cuello. Wilhelm la abrazó, el calor de su cuerpo casi lo quema. Su figura era tan delicada que parecía que podía romper en dos si él la abrazaba demasiado fuerte, sin em- bargo, no podía evitar tenerla tan cerca como podía.

Cada uno abrazó al otro tan fuerte como pudieron, y desde el pecho de Wilhelm, ella lo miró hacia arriba y dijo:

—Bienvenido a casa, Wilhelm. Mantuviste a esta chica esperando mucho tiempo.

Él la miro y en sus brazos respondió:

—Tienes razón, Theresia. Lo siento por hacerte esperar

Para estar con Theresia, para verla tan cerca, Wilhelm no podía evi- tar sonreír también.

Era una oportunidad de estar tan cerca el uno del otro que sus alien- tos se mezclaban, y podían sentir el corazón uno del otro. Esto era tan bueno como un milagro.

Esta muchacha era preciosa para él, y él la había encontrado final- mente, dándose cuenta de un deseo que ninguna persona normal po- dría haber hecho para hacerse realidad.

Wilhelm, acarició suavemente el cabello rojo de Theresia con una mano endurecida por mucho tiempo sosteniendo una espada. La cara de Theresia se tranquilizó al final, compartiendo un momento que na- die interrumpiría. Luego acercó la cara de nuevo en el pecho, respi- rando profundamente su olor.

—Wilhelm.

—¿Qué?

—…Apestas.

No era, quizás, el final más romántico de su reencuentro.

 

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