Tensei Shitara Slime Datta Ken (NL)

Volumen 2

Capitulo 4: Desacoplando Engranajes

Parte 1

 

 

El jefe de los hombres lagarto asintió ante el último reporte de guerra.

Habían pasado cuatro días desde su conferencia con Souei. Quedaban tres días hasta que los dos ejércitos se juntaran formalmente, pero para ese día, parecía que podrían pasar otra noche sin mayores pérdidas.

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El ataque de los orcos fue, como esperaban, severo. Los pasillos estaban llenos de ellos, entrando como una inundación. Incluso con lo laberínticas que eran las cavernas, había poco margen si estaban cubiertas de esquina a esquina por el enemigo. Ellos habían colocado trampas en algunas de las cámaras para reducir un poco los números, y eso era casi toda la ofensiva que habían intentado.

Pero ni un solo hombre lagarto había perdido la vida. Ellos se habían centrado en el esfuerzo de reforzar la defensa, tratando de mantener las bajas al mínimo posible, y esto estaba dando sus frutos. Sus conocimientos de las cavernas jugaron un papel importante, al igual que la creciente moral de los hombres lagarto. La red de caminos y cuevas aseguró que sus rutas de escape y pasajes de acceso de emergencia permanecieran intactas. Los equipos que se enfrentaron a la peor parte del ataque de los orcos cambiaban por turnos, asegurando que solo el mínimo de tropas atacara al enemigo en cualquier momento.

Los hombres lagarto, estaba agradecidos de las habilidades de liderazgo poco comunes de su jefe, ya que les debían su éxito hasta el momento. Pero el jefe se negó a dormirse en sus laureles. Él sabía que las cosas todavía estaban bajo control debido principalmente a la promesa de recibir refuerzos. Los guerreros que realmente lucharon contra los orcos reportaron sobre la asombrosa cantidad de fuerza que exhibían sus enemigos—muy por encima de todo lo que un orco debería ser capaz de hacer. Era claramente el resultado de las habilidades especiales de su Orc Lord, y si hubieran optado por un choque frontal, los hombres lagarto habrían sido diezmados.

No habían perdido a nadie, pero solo debido a su enfoque en la defensa. Las tropas de élite de los hombres lagarto aún no habían visto penetrar sus redes defensivas, pero con los números que enfrentaban, no podían bajar la guardia ni por un momento. Tenían que evitar que sus enemigos se hicieran más poderosos, sin importar qué.

Por ahora, todos los hombres lagarto tenían que admitir que el jefe tenía razón. Él tenía órdenes estrictas en su lugar—si algún luchador resultaba herido, debía ser reemplazado en las líneas del frente inmediatamente. Cualquiera que muriera en batalla sería devorado por los orcos, y eso solo los haría más fuertes. Todos comprendieron que debían ser cuidadosos, rigurosos, y que las líneas defensivas debían protegerse a toda costa.

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Y era sólo por tres días más. Tres días más hasta que llegaran los refuerzos, y pudieran organizar un contraataque. Luego podrían usar las cavernas para su ventaja y responder—o al menos, dedicar más hombres a la ofensiva en lugar de a la defensa. Poco a poco, todos creían, que le darían vuelta a la situación y pondrían fin a este estancamiento aparentemente interminable.

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Era una situación esperanzadora para que el jefe la imaginara, una que lo aliviaba un poco. Y fue en ese momento cuando un asistente le dijo que Gabiru estaba de vuelta…

***

 

 

Gabiru estaba fuera de sí con rabia.

¿Qué es esto? pensó mientras se apresuraba hacia el jefe. Los orgullosos hombres lagarto, escondiéndose en sus agujeros como cobardes, escondiéndose de los cerdos… Bueno, no te preocupes ahora. He regresado. Y ahora podemos luchar con el orgullo de los verdaderos hombres lagarto.

“Me alegra verte de nuevo, Gabiru. ¿Fuiste capaz ganarte la confianza de los goblins?”

“¡Sí! Ellos solo suman aproximadamente siete mil, pero tengo su apoyo, y esperan nuestras órdenes”.

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“Ya veo. Esperemos que sean de utilidad para nosotros”.

“¿Vamos a la batalla entonces?” preguntó Gabiru, su tono ya estaba creciendo en enojo. Él estaba de vuelta, y no tenía interés en dejar que los cerdos tomaran la iniciativa. Estaba seguro de que el jefe—su padre—había estado esperando su llegada con gran expectación.

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Pero la respuesta que recibió no se parecía en nada a lo que esperaba.

“¿Mm? No, aún no. Mientras estabas fuera, recibimos una solicitud para formar una alianza. Sus fuerzas llegarán aquí dentro de tres días. Planeo esperarlos, aceptar formalmente la alianza y luego discutir la estrategia en ese momento. Después de eso, pasaremos a una ofensiva completa”.

La noticia fue una completa sorpresa para Gabiru. Y no le gustó.

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¿Qué? ¡¿Nuestro jefe no me estaba esperando a mí?!

Confiando en estos refuerzos misteriosos de quién sabe dónde, ¿todo con el fin de derrotar a una estúpida y pequeña manada de cerdos? Esto era inaceptable para Gabiru.

“Mi jefe, si tomo la delantera, los cerdos serán eliminados en un instante. ¡Por favor, deme su orden para derrotarlos!”

“No”, dijo en respuesta.

“Comenzaremos dentro de tres días. Es mejor que descanses hoy. Debes estar exhausto”.

El jefe no estaba del todo interesado en la idea. Gabiru se enfureció. ¿Dejándolo a un lado en anticipación a estos refuerzos? Imperdonable.

“Jefe… ¡Padre, tienes que controlarte a ti mismo! ¡Me temo que tu avanzada edad te está haciendo dejar de ver la realidad!”

“¿Qué?”

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“¿Qué significa esto, Gabiru-sama?”, preguntó la líder de la guardia del jefe, mientras que el propio jefe miró a su hijo con desconfianza.

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Gabiru evaluó a los dos, su mirada se llenó de lástima. Él se sentía extrañamente tranquilo ahora. Había sido paciente con su padre como líder hasta este punto. Había mucho sobre él que aún respetaba—incluso él tenía que reconocer sus innatas habilidades de liderazgo.

Él ciertamente no odiaba a su padre, el líder de los hombres lagarto. En todo caso, era su deseo de ganarse los elogios de su jefe lo que lo impulsaba día a día. La negativa a darle alguno molestó a Gabiru. En ese caso, razonó, si estoy por encima de él, me reconocerá. Esa era la mejor manera de expresarlo, aunque el orgullo de Gabiru hizo que le resultara difícil de aceptar en el fondo.

Él asintió, luego envió la señal a sus hombres.

“Padre”, gritó a través de la cámara, “tu era ha terminado. ¡A partir de hoy, seré el nuevo jefe de los hombres lagarto!”

Con esa declaración, un batallón de goblins irrumpió en la cámara, lanzas con punta de piedra apuntando al jefe y su guardia. La propia guardia de élite de Gabiru los apoyaba, asegurándose de que no hubiera alguna resistencia inoportuna desde el pasillo exterior.

“¡Gabiru, ¿qué significa esto?!” escupió el jefe, a una octava más alta de lo habitual. Era una rareza de escuchar—y solo hacía que Gabiru se sintiera aún más superior.

“Padre, te agradezco todo lo que has hecho por nosotros. Ahora, quiero que me dejes el resto y disfrutes de tu retiro”.

Con otra orden, el equipo de Gabiru desarmó al jefe y su guardia.

Tensei Shitara Volumen 2 Capítulo 4 Parte 1

 

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“¡Respóndeme, Gabiru! ¡¿Qué significa todo esto?!”

“Quizás, padre, usar nuestros corredores parecidos a laberintos para luchar contra los orcos fue una buena idea. Pero se extiende a nuestros luchadores muy escasamente alrededor de toda la estructura. No tenemos forma de organizar un contraataque útil, y nos condena al agotamiento tarde o temprano”.

“No seas ridículo… Ya te lo dije, una vez que concedamos tres días a partir de ahora, volveremos a la…”

“¡Demasiado poco y demasiado tarde! ¡Somos los hombres lagarto! Somos fuertes, y esa fuerza está en su mejor momento en nuestro hogar, los pantanos. Es en estas regiones fangosas e inundadas donde tenemos más movilidad y nuestro enemigo es más lento. Debemos aprovechar nuestras armas naturales.

¡¿Y qué gobernante de los pantanos simplemente se esconde en la oscuridad y espera que sus problemas desaparezcan?!”

Él tomó el arma del jefe con una mano, una lanza que servía como símbolo del líder de los hombres lagarto. Era llamada Vortex Spear, un arma mágica que sólo podía ser empuñada por los guerreros más fuertes, y en lo que a Gabiru respecta, él había nacido para sostenerla.

Ahora podía sentir el poder dentro de él, una señal segura de que la lanza había aceptado a su nuevo maestro. Mirando al jefe y a su guardia, él sostuvo su nueva arma en el aire para que vieran.

“La lanza me ha aceptado. ¡Los hombres lagarto no requieren alianzas! ¡Permíteme probarte eso!”

“¡Espera, Gabiru! ¡No puedo permitir que hagas esto! ¡Al menos espera hasta que lleguen los refuerzos!”

“Puedes dejarme el resto a mí”, respondió, ignorando la súplica del líder.

“Puede que encuentres las cosas un poco incómodas hasta que termine la batalla, pero trata de resistirlo por mí”.

“¡Gabiru-sama! ¡Hermano! ¡¿Te atreves a traicionarnos?!”

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“¿Podríamos ahorrar las cuestiones familiares para después, hermana? No estoy traicionando a nadie. Como les dije, les mostraré cómo será una nueva era para nosotros, los hombres lagarto”.

“¡Eso es una tontería!” respondió la hermana menor de Gabiru, la líder de la guardia del jefe.

“Todos saben lo talentoso que eres como guerrero. ¿Por qué ahora, de todos los tiempos? ¡¿Es esto lo que realmente quieres para nosotros?!”

“¿Crees que estoy bromeando? Apártate de mí vista. Llévensela”.

Él podía escuchar a su hermana gritar mientras los goblins la sacaban de la habitación. Ya no le importaba más. Él no tenía intención de matarla ni nada por el estilo, pero no quería a nadie interponiéndose. Él derrotaría al enemigo que el antiguo jefe encontraba imposible derrotar. Los resultados lo convertirían en un nuevo héroe, el evento perfecto para establecer su posición en la cumbre de la sociedad de los hombres lagarto.

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