Re:Zero Kara Hajimeru Isekai Seikatsu

Volumen 10

Capítulo 1: En El Lugar De Regreso

Parte 4

 

 

En el instante en que giró el pomo de la puerta, de alguna manera, se sintió convencido.

Mientras caminaba por la mansión, su atención se vio atraída bruscamente hacia la presencia de la puerta. Cuando se acercó y tocó el pomo, la sospecha de que tenía algo extraño al instante se volvió una certeza.




Cuando reaccionó a la puerta abierta que simplemente «estaba ahí», asomándose dentro de ella…

—Buenas. Cuánto tiempo.

Mientras Subaru agitaba un poco la mano para saludar, la biblioteca de libros prohibidos se mostró ante él, sin haber cambiado en absoluto respecto a la que conocía.

La gran sala repleta de estanterías estaba llena del aroma particular de los libros antiguos. Ni la delgada penumbra de la habitación sin ventanas ni la serenidad del aire habían cambiado una pizca. Eso se aplicaba no solo a la habitación en sí, sino también a la chica que protegía la biblioteca.

La chica —Beatrice— se hallaba sentada en un taburete en lugar de en una silla, con los ojos puestos en el libro que descansaba sobre su regazo.




—… Considerando el alboroto en la mansión, ¿debo suponer que es por tu regreso?

Beatrice miró hacia arriba, contemplando con sus ojos azules a Subaru, mientras murmuraba en aparente aburrimiento. Después la chica pareció perder interés: sus ojos volvieron al libro una vez más.

—Si has regresado, me hace creer que el alboroto de los últimos días finalmente se ha calmado.

—Sí, gracias a t… O, más bien, en verdad que me hiciste pasar un mal rato. ¡¿Tienes idea de lo asustado que estaba de que no me escucharas y no escaparas durante la operación?!

—Me pregunto si lo sé o si siquiera me importa. En primer lugar, nunca te pedí que te preocuparas por mí.

—Estoy bastante seguro de que dije que tengo una razón para preocuparme por ti. No creo que esté equivocado, ni en ese entonces ni ahora.

Las palabras de Beatrice no fueron de disculpa. Tampoco Subaru retrocedió ni un solo paso con su respuesta.

Cuando, en días anteriores al ataque del Culto de la Bruja, las palabras de Subaru le insistían a Beatrice en evacuar, ella las rechazó. Como resultaron las cosas, la mansión no había sufrido ningún daño, pero usar ese argumento sería como escoger después de lanzar la moneda.

—Mucha gente estaba preocupada por ti: Emilia y Ram en particular. Puedes hacerlo más tarde, pero debes pedirles una disculpa adecuada.

—¿Pedir disculpas? ¿Betty debería disculparse? Me cuesta entender por qué es necesario hacer tal cosa, ¿y con quién?

—No hagas escándalo por nada… Si vas a estar tan terca con esto, me disculparé con todos en tu lugar. Les diré que estabas llorando con lágrimas de gratitud cuando me dijiste que les agradeciera.




—¡No digas tales falacias! ¡¿Lágrimas?! ¡Me pregunto si alguna vez han corrido por mi rostro!

Sus provocaciones con una lengua frívola elevaron el volumen de la voz de Beatrice, como de costumbre. Curiosamente, esto llenó su propio pecho de profunda emoción, lo que hizo que Subaru entrecerrara los ojos.

Ahí estaba él, intercambiando palabras con Beatrice una vez más. Incluso después de que se separaron de una manera tan profundamente emotiva, a pesar de que todavía tenía una montaña de cosas que deseaba preguntarle, las cosas estaban tan revoltosas como antes.

Muy aliviado por ese hecho, Subaru dejó escapar un suspiro apagado.

—No estaría mal que le bajaras un poco al drama. No es malo llorar como Magdalena de vez en cuando, ¿sabes?

—Viniendo de un hombre que lloraba como un bebé en el regazo de la mujer que le gusta, esas palabras tienen cierto peso.

—¡¿No puedes olvidarte de eso ya?!

Eso sucedió en una ocasión, fue un momento en que los obstáculos infranqueables se acumulaban cada vez más y más, enviando sus emociones a acumularse como una presa hasta que se desbordaron. Cuando recordó ese instante, su rostro ardió tanto que sintió que podría incendiarse. De todos modos, sin embargo, el resplandor del precioso recuerdo ardía en su pecho al mismo nivel.

Tratando de ocultar esas emociones complejas, Subaru se aclaró la garganta y cambió el curso de la conversación.

—… Lo que haya sido. Me alegra que estemos sanos y salvos. Ahora es el momento de llegar a un entendimiento.

—¿Entendimiento? ¿No fuiste tú el que habló por su cuenta?, me pregunto. Siempre tan interesado.

—Sí, supongo que siempre soy egoísta. La mayoría de las veces que te hablo es así. ¿Recuerdas? Cuando jugamos a perseguirnos aquí en la mansión, cuando tuvimos el festival de nieve…

Beatrice entrecerró los ojos cuando Subaru comenzó a hablar de manera caprichosa. Con su mirada azul atravesándolo, Subaru hizo varios gestos mientras recordaba en voz alta.




Era como si estuviera eligiendo sus palabras con gran cuidado, sumergiéndose cada vez más en los recuerdos para sacar a relucir la verdad.

—También fue así durante el alboroto de la bestia demoníaca. En aquel entonces me ayudaste mucho cuando levantaste esa maldición.

—Detente.

—Como resultado, contraje una maldición aún más grande, lo que me llevó a un callejón sin salida. ¡Después de eso, para curarme, fue necesario perseguir a los urugarums en el bosque, así que…!

El rápido discurso de Subaru fue interrumpido poderosamente por una explosión de sonido seco.

Cuando miró, vio que la fuente de ese sonido era el regazo de Beatrice…, o, mejor dicho, el libro abierto que había cerrado tan severamente.

Sintiendo la irritación de Beatrice por ese gesto, Subaru frunció los labios con vergüenza.

Con Subaru callando, Beatrice lo fulminó con la mirada con un destello agudo en los ojos.

—¿Irías directo al grano?, me pregunto. Cobarde sin carácter.

—… Por supuesto.

Él fue incapaz de objetar por el insulto. Eso en sí mismo era prueba de que la chica lo había juzgado correctamente.

Había usado tantos trucos como se le ocurrieron para prolongar la conversación, manteniéndola tibia mientras posponía la conclusión; y de esto solo se podía culpar al débil corazón de Subaru.

Ya tenía dentro del pecho las palabras que debía preguntar. No necesitaba nada más que el coraje para ponerlas en su lengua.

Cerró los ojos, respiró hondo y se esforzó por escuchar su corazón latir. Después de eso, abrió la boca.

—¿Cuánto saben… tú y Roswaal sobre lo que pasó esta vez?

—…

Al recibir la pregunta proveniente de los labios de Subaru, Beatrice ocultó los ojos bajo los bordes de sus largas cejas.

El silencio resultante pesó mucho. Cuando se sintió muy largo, Subaru exhaló como si estuviera respirando con dificultad.

—… Beatrice.

Ella no respondió. Aunque ese hecho lo impacientaba, Subaru era consciente de su propia hipocresía.

¿Qué quería exactamente que dijera Beatrice? Incluso dentro de sí mismo, no había respuesta.

¿Quería que ella fuera una mente maestra con una comprensión de todo? ¿Una chica ignorante que no sabía nada al respecto? ¿Alguien que no era ninguna de esas cosas? Ni siquiera él lo sabía.

Finalmente…

—Para confirmar tu teoría…, ¿qué respuesta deseas de Betty?

—¡E-esto no se trata de plantear escenarios! Además, tampoco se trata de lo que quiero que digas. Lo que quiero es una respuesta a mi pregunta. ¡Quiero una respuesta más profunda que solo sí o no!

El inesperado contraataque hizo que Subaru embruteciera su voz involuntariamente. Pero la actitud fría de Beatrice hacia Subaru no lo hizo vacilar.

—A Betty le parece desafortunado que estés tan alterado, pero ¿tal vez no entiende lo que quieres decir? Betty no es tu educadora. Si esperas que ella te ilustre cortésmente en cada asunto, estás muy equivocado.

—¡Agh!… ¡No se ha acabado! Alguien me dijo que, si quiero saber qué piensa Roswaal, debería preguntarte. Lo siento, pero viendo la actitud que me estás dando, creo que tiene toda la razón.

—¿Quién dijo tal…? Aaah, ¿viste a la chica mitad bestia que recientemente regresó?

Cuando Beatrice pronunció las palabras «mitad bestia», palabras que él no pudo ignorar, ella hizo una cara adorable mientras chasqueaba la lengua. La niña procedió a cerrar un ojo, apuntando con un dedo a Subaru.

—¿La opinión de esa chica podría tener algún mérito?, me pregunto. Pero, aunque Betty y Roswaal están ciertamente conectados, eso no tiene nada que ver con este último asunto. Me pregunto si Betty siquiera sabrá algo de eso.

—Pero él te dejó en la mansión. Aquí, en esta mansión, sola, sin ningún plan para lidiar con eso.

—Dejó a Betty porque ella es al menos capaz de protegerse. ¿Eso es extraño de Roswaal?, me pregunto… Pero Betty no cree que lo haya hecho sin ninguna consideración.

La respuesta de Beatrice hizo que Subaru repasara sus recuerdos una vez más. Pero, cuando lo pensó, no pudo recordar ninguna contramedida por parte de Roswaal durante la batalla.

Rem, Crusch, Frederica y Beatrice; todas habían dicho que debía tenerlas, pero no pudo encontrar ninguna.

—¿No es solo que tú, yo y todos tenemos a Roswaal en muy alta estima? Todo el mundo dice que un tipo así debería tener un plan contra el Culto de la Bruja… ¡¡Espera, eso es!!




En ese instante, recordó algo como si los cielos le hubieran hablado. De acuerdo con su revelación, Subaru rebuscó en su bolsillo con gran prisa, presentándole a Beatrice la otra cosa sobre la que quería preguntarle. Y eso era…

—Beatrice, aquí. Mira esto.




… Un libro encuadernado en negro; sus páginas y contenidos estaban manchados de sangre.

Subaru tuvo la peor historia posible con su dueño original. Pensó que algún tipo de encanto extraño mantenía el contenido ilegible, haciéndolo poco más que un pisapapeles a menos que el lector compartiera la personalidad del propietario.

—Esto debería estar profundamente conectado con lo que trama el Culto de la Bruja. Si no me vas a mostrar lo que Roswaal realmente está pensando, al menos podrías decirme algo sobre este lib…

—… ¿Un Evangelio?

Cada vez más nervioso por la falta de respuesta, Subaru habló rápidamente hasta que las palabras se le quedaron atrapadas en la garganta. La dramática reacción de Beatrice cuando miró el Evangelio en la mano de Subaru incluyó una mirada de miedo en sus ojos.

Sus labios temblaban débilmente, casi como si no pudiera creer lo que veía.

—… Es un trofeo de guerra que tomé del cabecilla del grupo del Culto de la Bruja que tenía rodeada la mansión.

—¿Y… el dueño?

—… Él está muerto. Aplastado por una rueda de carro. Lo maté.

Cuando Beatrice hizo esa delicada pregunta, Subaru dijo la verdad con firmeza, sin apartar la vista.

Hablando estrictamente, Petelgeuse Romanée-Conti no había sido una persona. Había sido un espíritu maligno que empleaba el cuerpo de otros como anfitrión bajo su control. En consecuencia, la causa de la muerte que explicó Subaru podría no haber sido precisamente cierta.

Pero fue Subaru el que le dio a Petelgeuse el golpe final, arrebatándole la vida.

Sabiendo en su alma que nada menos que eso lo derrotaría, Subaru lo había matado calculadamente.

Petelgeuse Romanée-Conti fue el primero en ser asesinado personalmente por Subaru…

Subaru no diría que nunca dudó ni que no lamentaba haberse manchado las manos. No había intentado engañar a nadie, porque no podía mentirse a sí mismo.

El hecho de que él había matado a Petelgeuse y el hecho de que Petelgeuse lo había matado estaban grabados en su propio corazón, para nunca ser olvidados.

—…

Sin embargo, aunque Subaru había vertido muchos pensamientos en esas breves palabras, Beatrice no ofreció ninguna reacción. Todavía mirando el libro en la mano de Subaru, ella pareció susurrarle al objeto inanimado en lugar de responder a las palabras.

—Geuse…, ¿tú también… dejaste a Betty atrás?, me pregunto.

—¿…? ¿Quién es ese?

—… Nadie. Más importante aún… Si lo mataste, ¿qué le pasó al arzobispo de los Siete Pecados Capitales?… ¿Qué pasó con el factor de la Bruja de la Pereza?

—¿El factor de la Bruja?…

Las palabras que Beatrice mencionó representaron el turno de Subaru para mostrar su incomprensión.

Re Zero Kara Hajimeru Isekai Volumen 10 Capítulo 1 Parte 4 Novela Ligera

Recordaba haber escuchado el término «factor de la Bruja» varias veces hasta la fecha. Sin embargo, el término había venido de la boca de Petelgeuse en cada ocasión; nunca pensó que conservaría algún significado después de la muerte del hombre.

El desconcierto de Subaru hizo que Beatrice bajara la cara; la confusión descansaba en sus ojos una vez más.

—Oye, no puedes arrojarle jerga a un tipo que no entiende las circunstancias. ¿Qué diablos es eso del factor de la Bruja? Honestamente, tengo la sensación de que no es nada bueno.




—¿No sabes? ¿Realmente podrías no saber? Si es así, ¿con qué propósito mataste a Pereza?… Además, ¿qué estaba haciendo Roswaal?…




—¡Todo lo que hice fue apagar las brasas que alguien me arrojó! En cuanto a Roswaal, ¡ese bastardo está en el Santuario! ¿Que qué está pensando? ¡Eso es lo que quiero preguntarte, maldición!

Subaru gritó, prácticamente rugiendo de impaciencia por una conversación donde ninguno se colaboraba con lo que preguntaba el otro. Cuando su feroz emoción se estrelló contra Beatrice, toda expresión desapareció instantáneamente del rostro de la niña. El silencio resultante hizo a Subaru caer en confusión.

La expresión de Beatrice fue una desprovista de feroz ira y tristeza, y tal vez de confusión y todo lo demás. La escena hizo que Subaru se quedara sin aliento; Beatrice dio un suspiro largo y profundo.

—… Todas las respuestas que buscas… ¿estarán en el Santuario?, me pregunto.

—¿Qué?

—La estrategia de Roswaal, el significado del Evangelio, incluso sobre el factor de la Bruja… Si deseas respuestas a todo esto, ve allí. Me pregunto si la chica mitad bestia te mostraría el camino.

—¡Espera un segundo! ¿Qué es esto de repente? Fuiste tan altanera todo este tiempo, ¿qué te hizo decidir hablar de repente? Además, sin necesidad de ir al Santuario, podrías…

—… Betty no hablará de eso. Betty tiene derecho… a no hablar de eso.

La obstinada respuesta silenció a Subaru. Recordaba que ella adoptó una postura de rechazo como esta anteriormente. Era exactamente el mismo rechazo que ella le había dado cuando él le ofreció la mano queriendo sacarla de la mansión a un lugar seguro.

En otras palabras, el resultado fue exactamente el mismo.

—¡¿…?! ¡¿Estás planeando alejarme de nuevo?! ¡¿Otra vez, como antes?!

Desde atrás, en la dirección de la puerta de la biblioteca, sintió una fuerza sobrenatural torcer el aire para crear viento a presión. La distorsión se convirtió en un viento que atrapó a Subaru, arrastrando su cuerpo hacia la entrada para empujarlo afuera.




Fue una instancia extremadamente sometedora del poder mágico conocido como Pasaje.

—El camino hacia tus respuestas ha sido aclarado. ¿Betty dejará de consentirte?, me pregunto. Tu arrogancia caprichosa es realmente irritante.

—Beako… ¡Beatrice! —gritó él, estirando la mano. Pero, con rechazo en su mirada y postura, Beatrice rechazó el gesto.

La niña sobre el taburete cerró los ojos y sacudió débilmente la cabeza de un lado a otro.

—Quizá Betty no es una herramienta para tu conveniencia.

—…

—No soy un ser tan conveniente… que está aquí para decir lo que quieres escuchar… en el momento en que deseas escucharlo… de la manera que prefieras.

La voz de Beatrice pareció mancharse de ansiedad. Subaru no pudo ofrecer ninguna negación o queja.

No era que sus palabras hubieran dado de lleno en el blanco. Lo que sintió fue conmoción, como si lo hubieran golpeado desde una dirección completamente imprevista.

El enorme agujero en sus pensamientos le robó a Subaru el poder para resistirse. Pronto sería absorbido por la puerta, arrojado lejos y dejado fuera: detrás de la puerta, fuera de la biblioteca de libros prohibidos… y fuera del corazón de la chica conocida como Beatrice.

—¿Por qué… pones esa cara triste de nuevo?

Con los ojos bajos, no hubo respuesta de Beatrice para la última pregunta de Subaru.

—… ¡Daa!

—¡Gyaah!

Saliendo disparado desde la puerta abierta, Subaru cayó espectacularmente hacia atrás. El lugar era un corredor de la mansión, el resultado de haber sido teletransportado indiscriminadamente a través del Pasaje.

Pero esta vez no fue solo Subaru quien se vio envuelto en el Pasaje, sino…

—Se-señor Natsuki, ¿cómo salió del baño que acabo de usar?…

—…

—¡¿Y-y cuánto tiempo pretende quedarse sentado sobre mí?! ¡¡¿Podría, por favor, moverse?!! — Otto suplicó con una expresión patética en el rostro mientras yacía en el suelo con el trasero de Subaru sobre él. Sin embargo, lo único en la cabeza de Subaru en ese momento era el último instante con Beatrice.

¿Por qué había puesto una cara tan triste? Quizá esa respuesta también estaba…

—… Si voy al santuario, ¿lo descubriré también?

—¡No sé de qué habla, pero realmente me gustaría que se moviera lo antes posible! —Cuando Subaru murmuró, sumergido en pensamiento, Otto elevó la voz desde abajo, resentido porque Subaru seguía ignorándolo.

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