Re:Zero Kara Hajimeru Isekai Seikatsu

Volumen 10

Capítulo 1: En El Lugar De Regreso

Parte 1

 

 

Para Subaru, el cielo nublado de encima parecía un preciso reflejo de su mente.

—Este lugar se sentirá más vacío sin usted.




Con Subaru de pie frente a la puerta de la mansión, una mujer con vestido pronunció aquellas palabras solitarias.

La mujer era inconfundible, con un largo cabello lacio de color verde y ojos ámbar con forma de almendra.

Subaru no podía dejar de lado la inquietud por la delicada forma en que Crusch Karsten bajaba los ojos débilmente como el estereotipo de una correctísima doncella.

A pesar de saber muy bien por qué esto estaba pasando.

—Crusch, estoy agradecido de escucharte decir eso, pero…




Subaru se rascó la cabeza mientras apartaba la mirada, mirando hacia enfrente en su lugar.

Múltiples carruajes de dragón estaban formados en las tierras de la propiedad de Karsten; a bordo estaban los aldeanos que evacuaron a la capital real para escapar del culto bajo el mando de Petelgeuse. El arzobispo de la Pereza había sido derrotado, lo que significaba que era seguro regresar a la mansión y a la aldea Earlham ahora. Por esta razón, estaba agendado el viaje de vuelta a la aldea; Subaru los acompañaría de regreso al feudo Roswaal.

Dicho sin rodeos, una montaña de problemas yacía ante ellos, incluso dejando de lado al Culto de la Bruja. El cambio repentino de Crusch era uno de ellos, pero…

—Odio irme en un momento como este, pero nada se resolverá si me quedo aquí. Tampoco quiero abusar de su hospitalidad.

—Si se trata del maestro Subaru Natsuki y la señorita Emilia, no me importaría que se quedaran en mi residencia todo el tiempo que deseen… Pero, al parecer, no es una opción.

—Aceptaré tus amables palabras y lo dejaré así. Ambos tenemos muchos asuntos que resolver ahora mismo, ¿cierto? Especialmente tú, ya que hay que tratar con el equipo de esa codiciosa comerciante. Si no lo manejas con cuidado, te quitarán todo el crédito por la Ballena Blanca y Pereza.

Rechazando la petición de Crusch, Subaru la incitó a ser cautelosa con los seguidores de Anastasia.

Sería más preciso decir que la victoria sobre la Ballena Blanca y el arzobispo de la Pereza era una operación conjunta de las fuerzas de tres candidatas reales. Sin embargo, por el momento, Anastasia era la única que surgió como una clara vencedora.

La facción Crusch había establecido supremacía sobre enemigos que habían quedado invictos durante más de cuatro siglos…, pero el precio que su líder, Crusch, pagó no era bajo. Subaru y los otros seguidores de Emilia que habían liderado el camino hacia la derrota de Pereza también habían sufrido bajas. Subaru no diría que su pérdida era tan crítica como la que soportaron Crusch y su gente, pero, al menos, Subaru había sufrido una herida grave que lo hacía agonizar en ese mismo momento.

Mientras tanto, la facción de Anastasia tenía tanto a la candidata como al caballero intactos incluso después de jugar un papel importante en el combate de ambos enemigos, recibiendo un daño mínimo y cosechando grandes recompensas.

En consecuencia, todos tendrían que estar atentos a los movimientos de Anastasia a partir de ese momento. Esa era simplemente una razón más para mantener el secreto en torno a la alianza entre la facción de Emilia y la facción de Crusch.

—Necesitamos regresar y poner todo en orden antes de discutir cualquier cosa. Tenemos que hablar un poco con Roswaal, el patrocinador de Emilia, y también quiero llevar a los aldeanos preocupados a casa.

—Debe ser un momento difícil para las familias que se han separado. Sería mejor si pudiera ayudarlos.

Crusch le dejó ver una leve y fugaz sonrisa mientras volvía la mirada hacia los aldeanos a bordo de los carruajes de dragón.

La mitad de la aldea había sido evacuada hacia la Capital real; la otra mitad había sido evacuada a un área segura por una ruta separada. Tal como Crusch había mencionado, las familias se habían separado por la conmoción. Subaru quería reunirlas lo antes posible.

—Volveré a la capital una vez que arreglemos eso. Supongo que este es el adiós por el momento, entonces.

—Sí, estaré esperando. Cuando llegue ese momento, me complacerá finalmente pagar el gran favor que le debo.

—Ay, estás haciendo un gran alboroto por nada. Nos estamos ayudando mutuamente, eso es todo. Además, ya tengo mi recompensa.

Subaru puso una sonrisa torpe para Crusch mientras señalaba el carruaje de dragón en la cabeza de la formación. Este carruaje parecía de una clase más alta que el resto y tenía un dragón de tierra negro azabache atado al frente.

El dragón negro de tierra era lo que Subaru había recibido como recompensa por su participación en la caza.

—Pide muy poco. Nadie hubiera pensado que pediría un solo dragón de tierra como recompensa por derrotar a una de las tres grandes bestias demoníacas.

—Oye, le debo mi vida a esta dragona. No he estado con ella por mucho tiempo, pero con ella he estado más cerca que nadie de la frontera entre la vida y la muerte…, y tal vez la culpa la tenga yo por ser una terrible molestia para Patlash, pero…

—Es una preocupación innecesaria, creo yo.

Mientras hablaban, Subaru y Crusch vigilaban a la dragona de tierra, Patlash. Ese fue el momento en el que el viejo espadachín, Wilhelm, se acercó y expresó dócilmente su desacuerdo.

Habiendo terminado de verificar el estado de los carruajes, el Demonio de la Espada hizo una reverencia cuando se unió a la conversación.

—Se dice que la raza Diana es la más temperamental de todos los dragones de tierra, y pocos se encariñan con alguien en tan poco tiempo. Parece que sir Subaru y este dragón terrestre no podrían ser más compatibles.

—Supongo que tienes razón en eso. Cuando estaba eligiendo una montura antes de la pelea con la Ballena Blanca, solo la elegí por instinto, pero…

La parte de la compatibilidad era probablemente un hecho. Subaru sentía que era una combinación hecha en el cielo. No creía que pudiera haber derrotado tanto a la Ballena Blanca como a Pereza con ningún dragón de tierra si no era con Patlash. Subaru había sido salvado por esa dragona sabia tantas veces que estaba convencido.

—En otras palabras, ¡no estaré satisfecho con ningún dragón de tierra que no seas tú…

Cuando Patlash se acurrucó cerca, Subaru le acarició el cuello con renovada gratitud. Mientras lo hacía, ella frotó el lado de su cara orgullosa contra él, lo que desafortunadamente hizo que sus escamas duras se sintieran como una lima deslizándose contra la mano de Subaru.

—¡Guaaah! ¡Esas escamas duelen más de lo que imaginé! ¡Ahora sé lo que deben sentir los rábanos cuando corren contra un rallador!

—Hmm, los dragones de tierra encuentran ese juego bastante agradable. Esta es simplemente otra forma de profundizar la confianza mutua.




—¡¿Lo dices en serio?! ¡¿Eso no hará que el poder en esta relación sea como cuando un gato juega con un ratón?!

Quizá, incluso con la dragona de tierra rebanándole la mano, esto era un juego de niños para Wilhelm. La buena cara del Demonio de la Espada para con el asunto hizo que Subaru se rascara la cabeza con una expresión culpable.

—Bueno, dejando a un lado por ahora la cuestión de cómo Patlash y yo deberíamos llevarnos bien… Wilhelm, es triste, pero tengo que decirte adiós por un tiempo también. Cuida bien esa herida, ¿de acuerdo?

—Gracias por su preocupación… Viendo como el sangrado ha cesado en gran medida, parece que ahora estoy más lejos de los efectos del Ángel de la Muerte. Es difícil para mí hablar de eso como algo afortunado, pero…

Discutían sobre el hombro izquierdo de Wilhelm…: el lugar donde su esposa, la anterior santa de la espada, lo había herido.

El hecho de que su vieja herida se hubiera abierto llenó los ojos del Demonio de la Espada con un torbellino de emociones complejas. En cuanto a lo que significaba, no había manera de averiguarlo, excepto interrogando al arzobispo de los siete pecados capitales que había atacado a Crusch.

El arzobispo de la Gula; si algo aparte de la Ballena Blanca había sido responsable de la muerte de la esposa del Demonio de la Espada, ese arzobispo era el principal sospechoso. Y, teniendo en cuenta la doctrina del Culto de la Bruja, Subaru y sus amigos seguramente se enfrentarían con ellos nuevamente algún día. Los del Culto eran el verdadero enemigo de su alianza.

Tenían que derrotar al Culto de la Bruja y recuperar lo que se había perdido: los recuerdos de Crusch y más…

—Subawuuu, he asegurado a Rem a la cama. Ven a verlo tú mismo.

Con sus pensamientos interrumpidos por el llamado de su nombre, Subaru se giró hacia el que habló. Era el caballero de Crusch, Ferris; sus icónicas orejas de gatito de color lino eran visibles mientras se asomaba de un carruaje de dragón.

Obedeciendo al llamado de su mano, Subaru se acercó y miró hacia el interior. Tras examinar, se dio cuenta de que los asientos habían sido retirados del interior del amplio carro y reemplazados por una cama simple.

Una muchacha solitaria dormía en ella. Verla hizo que a Subaru le doliera el corazón.

En lugar de su atuendo habitual de sirvienta, el cuerpo de la joven de cabello azul estaba envuelto en una fina manta de color aguamarina. Había quedado inconsciente en un sueño del que nunca se despertaría. Su propia existencia fue olvidada por las personas que la rodeaban…

—Rem no se va a caer por la puerta trasera ni nada mientras nos estemos moviendo en el camino, ¿verdad?

—Te digo que ya hice que fuera prioridad evitar que eso pase. Lo creas o no, Ferri es un genio sanador, así que es considerado con todos los pacientes… Aunque no estoy seguro de que llamar a Rem paciente sea… preciso.




Miró la cara de la chica mientras ella aparentemente dormía en paz, y los hombros de Ferris se hundieron.

Aunque su tono de voz era alegre, el rostro de Ferris mostraba una profunda tristeza inocultable y una decepción consigo mismo. Subaru no era el único al que le molestaba ser impotente. Aquí había otro que sentía un gran dolor al no poder hacer nada para ayudar.

Ferris aún lamentaba su incapacidad para proteger a su maestra cuando más importaba.

—¿Realmente regresarás a la mansión?

—Sí. No es que Rem vaya a curarse si se queda en un lugar como este… Ah, no quise decir eso para sonar grosero.

—Está bien, Subawu. Lo entiendo. Eres una persona tan terrible, miau.

Ferris forzó una sonrisa cuando Subaru intentó explicar su pobre elección de palabras. Después de eso, sus ojos se pusieron más serios de inmediato al mismo tiempo que empujó un dedo hacia Subaru.

—Más importante aún, no es solo Rem la que necesita descansar. Tú también, Subawu.

—¿Yo también?

—Sí. ¿Olvidaste por qué viniste a la capital real, en primer lugar? Esta vez, toda la conmoción con Pereza te hizo abusar de tu puerta… ¿Tu cuerpo se siente… pesado?

—No, no especialmente, pero…

Cuando Ferris hizo la pregunta, Subaru estiró el cuello y los hombros, y respondió que no había problemas aparentes. Sus heridas externas ya habían sido tratadas, lo que significaba que su cuerpo se sentía bien. En cuanto a la preocupación de Ferris por su puerta…

—En primer lugar, no confiaba en la magia para la vida cotidiana, así que realmente no voy a extrañarla.

—Es algo que solo un usuario no mágico diría. Hablando por mí mismo, creo que usar magia es algo bueno, incluso si es solo en emergencias… Bueno, si no estás preocupado por eso, está bien.

Ferris suspiró con resignación ante la indiferencia de Subaru y su falta de sentido del peligro.

—Pero quiero decirte que nada ha cambiado. No debes abusar de tu puerta usando magia. Recuerda mis palabras: el veneno dentro de la puerta se ha sacado sin dejar rastro, pero eso no significa que haya sanado. Veamos. Deberías descansar tu puerta durante… dos meses.

—Dos meses, ¿eh? Un obstáculo bastante bajo para un ser humano que ha vivido durante diecisiete años de su vida sin ninguna magia.

Fue entonces cuando Subaru recordó que, técnicamente, ni siquiera habían pasado dos meses desde que fue invocado en este nuevo mundo. Aunque en lo personal había experimentado algo así como cuatro meses, cronológicamente hablando eran alrededor de dos…

Cuando reflexionó sobre todo lo que había sucedido durante esos meses, no estaba seguro de si dos meses de descanso eran un obstáculo bajo o uno alto.

—Bueno, no hay forma de que incidentes como ese continúen sucediendo… Espera, ¿esa fue una bandera de evento justo ahora?

—Desafortunadamente, curar el interior de tu cabeza está fuera de la especialización de Ferri, miau.

Mientras Ferris desataba un trato verbal pesado sobre él, Subaru temblaba. Tener esta reacción física hizo que Subaru se diera cuenta de que necesitaban poner fin a la charla. Extendió una mano hacia Ferris.

—¿Miau?

—Has sido de gran ayuda. Creo que nunca lo expresé apropiadamente. Curaste mis heridas y mi puerta, pero, más que eso, nunca habría superado a la Ballena Blanca y a Pereza sin ti… Gracias por lo de Rem, también.

—… Probablemente no quisiste decir eso de una manera mezquina o sarcástica, pero así es como suena, miau.

—En el momento en el que lo dije, también pensé que salió totalmente de esa manera.

Pero era gratitud genuina. Ciertamente, Subaru tenía sus diferencias con Ferris, y cada uno había supuesto una amenaza existencial para el otro en algún punto. Pero, cuando Subaru lo sumó todo, su gratitud hacia Ferris superó con creces a cualquier resentimiento.

Por un momento, Ferris permaneció en silencio, mirando la mano que Subaru le había ofrecido. Entonces…

—… ¡Tus dedos son delgados! ¡Tu mano es superpequeña! Supongo que no puedo decir «¡oh, tus dedos son lo único varonil en ti!».

—Ferri es adorable, ¡¿por qué esperabas algo así?!

Después de un momento de vacilación, compartieron un apretón de manos que dejó a Subaru sorprendido por la sensación de la mano de Ferris mientras este lucía una sonrisa sospechosamente encantadora. Cuando agregabas a la fórmula sus delgadas extremidades y piel clara, Ferris parecía una doncella hermosa e ideal…

—Pero sigues siendo un chico. Maldita sea, qué demonios…

—Oye, es la señorita Crusch la que quería que Ferri usara esto. Dijo que el atuendo me queda bien y me hace brillar al máximo… Además, refleja todo mi cuerpo y espíritu.

—Pero eso no es…

«Algo que sepa esta Crusch», Subaru estuvo a punto de decir, pero se detuvo a medio camino.

Ferris lo sabía sin que Subaru tuviera que decirlo. No era algo para lo que bastaran simples palabras. Si Subaru hablaba por hablar y actuaba como si entendiera, solo lograría molestar a Ferris.

—Independientemente de lo que ocurra con la selección real, protegeré a la señorita Crusch pase lo que pase.

—… ¿Eh?

Las inesperadas palabras frías que llegaron a los oídos de Subaru lo llevaron al silencio.

Fue un susurro silencioso, haciendo eco de las emociones que se habían congelado. A pesar de que había estado hablando con Ferris hasta ese momento, Subaru tardó un momento en darse cuenta de quién había dicho esas palabras.

Ferris bajó la cabeza; Subaru no podía verle los ojos detrás del cabello. Pero la palma de la mano que Subaru sostenía estaba muy caliente.

—¿Ferris?…

—Y por eso tienes que cumplir tu promesa, ¿verdad, Subawu?




Sin embargo, esa ominosa presencia duró solo un momento. Subaru todavía estaba sin palabras cuando la cabeza de Ferris pareció recuperarse; su comportamiento volvió al mismo de siempre. Sus ojos tenían un brillo travieso mientras continuaba.

—Será mejor que lo hagas, o te haré sufrir antes de matarte haciendo que el maná dentro de tu cuerpo se vuelva loooco.

—¡¿Podrías dejar de decir cosas lo suficientemente aterradoras como para matar gente con una voz tan linda y esa cara tan bonita tuya?!

Ferris retiró la mano, se echó a reír al mismo tiempo que desembarcaba del carruaje de dragón, y luego se hizo una reverencia. Subaru se sintió perder los estribos con solo mirarlo, aunque ese breve instante en el que había visto un lado desconocido de Ferris todavía pesaba mucho en su pecho.

Esas intensas palabras tenían que ser cómo se sentía realmente Ferris, una expresión tanto de su tenacidad como de su resolución.

Y Subaru no era un espectador en el asunto, eso era lo que ambos creían.

—Ah, Subaru. ¿La cama de Rem está lista?

Fue justo después de que Ferris saltó del carruaje de dragón que Emilia apareció en la puerta principal.

Cuando los carruajes de dragón estaban listos para partir, Emilia se acercó. Su cabello plateado estaba recogido en una trenza triple.

—¿Está todo bien? ¿Aguantará hasta que regresemos a la mansión?

—No hay problema. Patlash y yo estamos entusiasmados y listos para conducir haciendo algunas acrobacias. Haré un caballito.

—Realmente no entiendo por qué, pero tengo un muuuy mal presentimiento sobre este «caballito», así que lo prohíbo.

—Aww, eso es muy malo. Y yo que estaba planeando usar una conducción arriesgada para hacer que el corazón de Emilia-tan se agitara con el efecto del puente colgante.

Respondiendo con bromas típicas, como solía hacerlo, Subaru le dio al carruaje de dragón un golpecito para tocar madera. Su respuesta hizo que los ojos violetas de Emilia se preocuparan un poco, pero ella no dijo nada.

—Sí. Como sea, aunque con algunos remordimientos persistentes, es hora de llevar este espectáculo a la carretera, ¿miau?

Con un aplauso, fue Ferris el que puso fin oficialmente a la incómoda pausa. Cuando todos los ojos se concentraron en él, la atención se dirigió de inmediato a Crusch, de pie junto a él.

—Ahora, señorita Crusch. Si tiene algo que decirle a la señorita Emilia…

—Sí, supongo que sí.

Con Ferris cediéndole el escenario, Crusch dio un paso adelante. Con los hombres que le servían —Ferris y Wilhelm— a su espalda, ella se volvió el foco de atención mientras se giraba hacia Subaru y Emilia.

—Primero, aunque lo he dicho muchas veces, estoy profundamente agradecida con ustedes dos. Puede que haya perdido mis recuerdos, pero creo que es gracias a su cooperación que nuestra vida se ha conectado, debe estar interrelacionado con mis deseos desde antes de olvidar todo. Muchas gracias.

—E-en absoluto… No hay nada que necesite agradecerme con tales palabras, señorita Crusch. Pasé la mayor parte de los últimos días fuera de sintonía en vez de hacer algo.

—Es un hecho que estabas fuera de la ruta de los eventos principales. Pero relájate, ¿bien? Conseguí hacer muchas cosas bien. Cualquier crédito que gane te pertenece, Emilia-tan.

—Todos los pecados de Subawu también le pertenecen a la señorita Emilia, miau.

—¡No toques mis cicatrices!

Cuando Subaru hizo su movimiento para tranquilizar Emilia, que pedía disculpas, Ferris se insertó rápidamente en la conversación, burlándose de él por lo que había sucedido en el palacio real. Las risas estallaron frente a la puerta en el instante en que Subaru levantó la voz.

Unos días antes, Subaru ni siquiera habría soñado con reírse de esos eventos.

Por supuesto, eso no significaba que pudiera olvidarse sin más de cómo y por qué había adquirido esas cicatrices, pero…

—Todo está bien. De aquí en adelante, tengo muchas cosas de las que necesito hablar adecuadamente con Subaru.

—…

Emilia, la única que no se rio, pronunció esas palabras con sinceridad en los ojos.

Parecían decir que, independientemente de los resultados de las acciones de Subaru, ella los enfrentaría de frente. Esta era la prueba de que realmente había aceptado a Subaru. En nombre y hecho, Subaru realmente estaba a su lado.

—Asegurémonos de encontrarnos nuevamente en un futuro cercano. Señorita Emilia, maestro Subaru Natsuki, creo que mantendremos relaciones amistosas durante mucho tiempo.

Crusch sonrió amablemente mientras ofrecía esas palabras, dirigiendo hacia la pareja una mirada que no dejaba lugar para la falsedad.

Incluso después de haber perdido los recuerdos, su nobleza permaneció intacta. Crusch, cuya existencia irradiaba honestidad, no trataba con mentiras ni vanidades.

Quizá eso se había transmitido dolorosamente claro. Emilia bajó los ojos; los labios le temblaban.

—Yo… soy una candidata en competencia con usted, señorita Crusch. Incluso con una alianza, algún día volveremos a ser enemigas.

—Sí. Debo esforzarme por dar lo mejor de mí para no perder contra usted, señorita Emilia.

—Además de eso, soy mitad elfo, con el pelo plateado, además… ¿No tiene… miedo de mí?

—Emilia, eso es…

Subaru trató de detener lo que fuera que ella intentaba decir, pero, cuando vio la expresión de Emilia, no dijo nada más.

Emilia había planteado esa pregunta con una mirada desesperada y seria en los ojos. En ese punto, nadie que entendiera una pequeña fracción de sus sentimientos podría intervenir sin pensar.

Además, Subaru conocía a Crusch… y sabía que, incluso ahora, su alma permanecía serena.

—… El valor del alma está determinado por el valor de las acciones de la persona. Ya sea por uno mismo o por los demás, todos deberíamos vivir de la manera que nos haga brillar más, para vivir de un modo que no acarree vergüenza sobre nuestra alma.

—…

—O, más bien, aparentemente solía decir eso a menudo. Al escucharlo ahora…, desde la perspectiva del oyente, las palabras suenan bastante pretenciosas, ¿no?

Incapaz de evitarlo, Crusch dejó escapar una sonrisa mientras hablaba de su propia declaración pasada. Mientras escuchaba las palabras, Emilia había apretado los labios en silencio, probablemente considerándolas emblemáticas de una muy profunda verdad.

—Señorita Emilia, ¿cree que la forma en que vive ahora es vergonzosa?

—… Yo… no. He vivido hasta ahora creyendo que, independientemente de lo que otros piensen de mí, al menos, no debo odiarme a mí misma.

—Entonces, no tiene nada que temer ni lamentar. Sea mejor cada vez, esfuércese más y camine de frente, fiel a su propio camino; posee un… alma maravillosa.

Una vez que terminó de hablar, Crusch le ofreció la mano a Emilia.

—Me complace haber tenido la oportunidad de conocerla. No siento miedo.

—¡…!

Como si sintiera dolor en el pecho, a Emilia se le tensaron las mejillas mientras miraba fijamente a la mano de Crusch. Crusch esperó en silencio por la respuesta de Emilia, sin ningún intento de apurarla.

Finalmente, Emilia tocó muy muy suavemente la mano de Crusch, intercambiando un apretón de manos con ella.

—Espero que conserve su buena salud. Espero verla pronto de nuevo.

—Yo… No, yo también. Seré capaz de permanecer firme ante usted cuando llegue ese momento, señorita Crusch. Hasta entonces, por favor, que esté bien.

Las dos candidatas reales juraron hacer lo mejor posible e intercambiaron promesas de reunirse nuevamente.

Mientras las veía desde un lado compartir esos juramentos, a Subaru se le llenaba el pecho de una sensación de logro. Subaru había sufrido, luchado y soportado mucha agonía. Este fue el momento en el que finalmente obtuvieron algo tangible por ello.

No había podido lograr un final perfecto, pero…

—No quiero arrepentirme de nada de lo que he hecho, tampoco quiero olvidar lo que he logrado y hacerte sentir que de alguna manera es tu culpa.

Subaru miró hacia el carruaje de dragón antes de cerrar los ojos, imaginando a la durmiente Rem.

Este era un lugar para celebrar. No podía usar a Rem como excusa para sentir pena de sí mismo. Ella tampoco querría algo así…, o tal vez él era egoísta al pensar eso.

—Maestro Subaru Natsuki, espero que usted también conserve una buena salud. Rezo desde el fondo de mi corazón para que… sus futuras astucias ayuden a esta chica a recuperarse lo antes posible.

—No es realmente algo bueno si requiere de mis métodos, en primer lugar… Soy un hombre inútil, excepto en situaciones extremas, cuando pido prestada la ayuda de alguien para hacer las cosas… Lo que le pasó a Rem y lo que te pasó a ti, Crusch, no son problemas de otra persona. Me aseguraré de encontrar una manera.

Crusch sonrió amablemente, buscando un apretón de manos de Subaru también. Demasiado avergonzado como para colocar su mano sobre la que ella le ofreció, Subaru no le estrechó la mano; en cambio, él choco brevemente su palma con la suya.

Sonó un sonido pequeño y seco, y, con eso, el contacto entre Subaru y Crusch se dio por acabado.

—Ciertamente nos veremos de nuevo.

Dichas estas palabras, la señorita Crusch y sus partidarios hicieron una reverencia, viendo a Subaru y compañía partir.

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