Re:Zero Kara Hajimeru Isekai Seikatsu

Volumen 9

Capítulo 5: Una Historia de Eso, y Nada Más

Parte 3

 

 

Mientras Subaru, que había terminado de tratar sus heridas con ojos llorosos, entregó el bálsamo a Otto, señaló al vagón del carruaje y habló.

— Hablaré para que Roswaal pague también las reparaciones del carruaje dragón… ¿así que cuánto tiempo hemos perdido?




— Nada en absoluto. De cualquier forma, hemos ganado tiempo, gracias a que los dos dragones huyeran de verdad… ¿Algo realmente nos persiguió?

— Sí, un perezoso. ¿Nunca has escuchado de ellos? Son animales con manos largas que hacen ruidos extraños.

Cuando Subaru bromeó, contestando con un suspiro profundo, Otto abandonó la idea de seguir presionando. Subaru se encogió de hombros ante la vista; entonces miró al horizonte de la Carretera Liphas.

Lo que Subaru buscaba estaba más allá de ese horizonte, su silueta aún no estaba a la vista, pero…

— Te alcanzaré. Esta vez, te salvaré.




— ¿Crees que lo lograremos a tiempo?

— ¡Lo haremos!

Sonaba como si Otto no hubiera preguntado por preocupación, sino para evaluar de qué estaba hecha la resolución de Subaru. Por lo tanto, Subaru puso una sonrisa, mostrando sus dientes mientras respondía con una voz sincera.

— Además, tengo que finalmente llevarle a Rem unas buenas noticias. Un hombre tiene que estar a la altura de las expectativas.

— ¿Ese es el nombre de la mujer de la que te enamoraste?

— ¡Ese es el nombre de la chica que se enamoró de mí!

Subaru no lo dijo con ardor o rubor, pero simplemente como un hecho. Por un momento, Otto se sorprendió por la respuesta de Subaru, pero esa expresión se derrumbó de inmediato.

— ¡Ahh, entonces no podemos fallar en vernos bien, ¿no?!

Con un grito alegre, Otto tiró de las riendas, y ese sonido agudo hizo que los dragones terrestres incrementaran su velocidad.

Corrieron, y corrieron, y el carruaje dragón avanzó, casi como si volara, por la carretera.

Casi como si persiguiera algo precioso en el horizonte, ya que amenazaba con alejarse.

Todo lo que Subaru Natsuki podía hacer era poner su esperanza en el futuro.

***

 

 

 

La velocidad del carruaje dragón incrementó, y el sonido del viento y las rocas hacía un eco terrible dentro del vagón.

— ¡Wah…!

— Está bien. Sujétate fuerte. No hay razón para estar asustado.

Mientras los niños se acurrucaban en un grupo para soportar el movimiento, Emilia puso una sonrisa fuerte para ellos. Viendo su sonrisa, los niños ansiosos murmuraron—: Sí —y asintieron varias veces.

Qué niños tan fuertes, pensó Emilia con admiración. Cualquier niño tendría preocupaciones dentro de él, pero, aun así, estos apretaban sus dientes mientras continuaban luchando contra el miedo sin decir nada.

Era suficiente para hacer pensar a Emilia, no puedo comportarme de manera embarazosa delante de ellos.

Por derecho, un carruaje dragón estaba protegido por la bendición de repeler viento. Pero actualmente, la bendición del carruaje dragón no estaba funcionando.

Había varias condiciones que pueden causar que los efectos de las bendiciones dejen de funcionar, pero para la bendición de repeler viento, era muy simple: o las piernas del dragón terrestre se habían detenido o había salido fuera del área afectada por la bendición. En este caso era la primera.

Una vez detenido, tomaba un tiempo para que la bendición del carruaje dragón fuera restaurada. Y actualmente el tiempo era lo que faltaba.

— …

Mientras el vagón se movía ferozmente, Emilia se preparó, fuertemente agarrándolos con sus manos y cerrando sus ojos. Ella concentró sus oídos más allá de la parte trasera cubierta por una cortina del carruaje dragón, escuchando el feroz sonido de espadas en la distancia.

Habían pasado cerca de dos horas desde que habían dejado la aldea, evacuando debido a que se decía que un grupo criminal estaba acechando en los alrededores. A medio camino, se habían separado del grupo de Rem dirigiéndose al Santuario, y el grupo de Emilia se destinó a hacer un buen tiempo evacuando a la capital, pero la situación había cambiado rápidamente en un corto tiempo.

— … Lady Emilia, ¿puedo tener unos minutos de su tiempo?

De un lado del carruaje dragón, y tomando un corto descanso, Emilia escuchó la voz del viejo espadachín que los protegía hablándole.

El individuo presentándose como Wilhelm Trias era un sirviente de Crusch, e incluso Emilia podía notar que era un hombre con un control de la espada excepcional detrás de su amable comportamiento.

El espíritu de lucha que Emilia percibió de su voz apagada fue todo lo que hizo falta para que sus cejas se arquearan con preocupación.

— ¿Ha sucedido algo?

— Es una preocupación menor. En consecuencia, deseo llevar a varios hombres conmigo y eliminar esa preocupación. Pido que perdone mi rudeza al dejar su lado.

— … No hay problema. ¿Qué sucede?

— Solo es alejar a los perros salvajes, un asunto insignificante. Los alcanzaremos lo suficientemente pronto.




Cuando Wilhelm hizo esa declaración con una cortés reverencia, Emilia sintió que algo estaba mal. Inmediatamente después, se dio cuenta que había estado hablando en consideración a los niños a su alrededor.

Considerando los deberes de Wilhelm, ella podía suponer lo que no estaba intentando decir, y lo que estos “perros salvajes” significaban.

— ¿No soy necesaria?

— …

Ella sabía que la pregunta hecha era una manera descortés de responder a las palabras consideradas de Wilhelm. Wilhelm entrecerró sus ojos cuando, incluso así, Emilia no pudo evitar preguntar.

Lo he puesto de mal humor, pensó Emilia. Sin embargo, inesperadamente, los labios del viejo hombre formaron una sonrisa.

— Lady Emilia, por favor, continúe evacuando en el carruaje dragón. Por favor, cuide bien de los niños.

Las emociones contenidas en la sonrisa no eran ni decepción o desdeño. Él claramente se preocupaba por algo querido para él.

Para Emilia, perpleja e incapaz de entender el significado de lo que acababa de ver, Wilhelm se volteó tranquilamente.

— Con una bendición detenida, supongo que el carruaje dragón se tambaleará ferozmente. Asegúrese de no soltar a los niños.

— Sir Wilhelm, yo…

— El señor y el sirviente son verdaderamente iguales, tus ojos son iguales a los suyos.

Wilhelm se alejó de ese profundo murmullo, y se separó de la columna del carruaje dragón con otros guardias.

Emilia no sabía la verdadera intención detrás del murmullo. Pero no tuvo tiempo de seguir con el asunto. Inmediatamente, siguiendo las instrucciones de un caballero diferente, el convoy de los carruajes dragón reanudó su evacuación. Y con la bendición ya no funcional, el carruaje dragón se puso en marcha, sacudiendo a Emilia del lujo de sumergirse en sus pensamientos.

Y así, de vuelta en el carruaje moviéndose ferozmente…

Los niños se abrazaron con Emilia en el vagón del carruaje. Ella puso varias sábanas blancas sobre los niños, sostuvo sus manos temblorosas, y continuó prestando atención a la situación de afuera, lista para actuar inmediatamente sin importar lo que viniera. Y quien estaba explicando la situación de afuera a Emilia era…

— Ese señor y los otros se están encontrando con alguien detrás de nosotros. La batalla está empezando.

Una voz, resonando en la cabeza de Emilia mientras transmitía la situación táctica afuera. De alguna forma, Puck sonaba muy relajado, flotando oculto mientras observaba como se desarrollaba la situación.

— ¿Sabes cuántos hay afuera?

— El doble de lo que tenemos, pero… mm, todo está completamente bien. Ese viejo es increíblemente fuerte, así que no hay nada que tú o yo podamos hacer, Lia. Wow, acabó con otro…

Emilia mantuvo su espíritu de lucha y mantuvo la tensión fuera de su rostro, asintiendo ante la conversación telepática de Puck.

Como un espíritu, Puck tenía forma de saber que estaba pasando afuera sin ni siquiera materializarse. Emilia estaba usando una mínima cantidad de poder para escuchar sus palabras y seguía evaluando la situación.

— No sería objeto de risa si me materializo sin ninguna razón y me quedara sin energía cuando realmente me necesitas. Además, si salgo ahora, terminaré como un juguete para los niños.

— Creo que eso es algo bueno. Tu lindura haría que olvidaran todas sus preocupaciones.

 Hey, no digas cosas tan terroríficas, hija mía. De cualquier forma, así es como está afuera.

Incluso mientras intercambiaban bromas telepáticas alegres, Emilia estaba un poco agradecida de escuchar el reporte de Puck. Pero las comisuras de sus labios rosados se tensaron mientras lamentaba dolorosamente su propia impotencia.

Puck había garantizado la fuerza de Wilhelm con la espada, pero Emilia también tenía el poder para pelear. Wilhelm había rechazado la ayuda de Emilia por consideración a su posición. A pesar de que entendía eso, Emilia todavía no podía soportar solo ser protegida por otros.




Ella era incapaz de traer los resultados que su posición exigía. Su autoridad era un tigre de papel; ella era vista como un candidato principal desde dentro y fuera del reino, y nadie nunca dudaría que sus habilidades estaban a la altura de la tarea, incluso como ficción.

Y debido a eso, ella estaba encadenada a su posición, su autoridad estaba puesta sobre un yugo, la decisión de usar su poder le era negada.

¿Entonces para qué demonios estaba ella ahí?

— … Subaru.

Cuando, con una voz débil, sus labios dijeron el nombre del chico de cabello negro, Emilia sacudió su cabeza ante su propia debilidad.

Ella no tenía el derecho de decir ese nombre, casi como si estuviera pidiendo su ayuda. Si, en ese momento, ella estaba llamando su nombre, no era porque deseaba poder. Era porque…

— ¡Hey, todos, no se preocupen! ¡Sin importar qué suceda, su hermana mayor los protegerá!

Era porque deseaba coraje, para que esa Emilia pudiera hacer lo que haría Subaru en su lugar.

Cuando Emilia les dijo esas palabras, los niños acurrucados y abrazados levantaron sus caras. Sus palabras hicieron que los niños, hombro con hombro y lágrimas en sus ojos, se miraran las caras unos a los otros, y sus voces se escucharon todas a la vez.

— ¡E-Estamos bien!

— ¡No te preocupes por nada, Hermana mayor! (Nt: o Onee-chan, como prefieran)

— ¡L-lo prometimos, así que está bien! ¡No nos soltaremos, así que…!

Fue instantáneamente obvio que los niños se hacían los valientes mientras se aferraban a los brazos y piernas de Emilia. Se envolvieron alrededor de ambos brazos, ambas piernas, e incluso sus caderas y hombros; el cuerpo de Emilia se puso rígido por el calor al ser tocado por otros. Pero de ninguna manera fue una sensación desagradable.

Era solo eso, y al mismo tiempo, algo era extraño en sus palabras.

— Prometieron… ¿Con quién hicieron una promesa? ¿Hacer qué?

— ¡Él dijo que no soltáramos a Onee-chan!

— ¡Él dijo que harías cosas imprudentes si no está contigo, así que…!

— ¡Dijo que está preocupado si nadie te está protegiendo!

A medida que cada respuesta llegaba, Emilia se sorprendió por su propia reacción.

Emilia sintió que era extremadamente sobreprotector, e incluso que estaba siendo menospreciada… pero sintió una fuerte consideración saliendo de las palabras.

— …

Esa manera de hablar suena como…

Emilia sintió un latido en el pecho en el instante en que pensó en eso.

Una vez que lo notó, ya no pudo ignorar el latido en su pecho. Su afirmación se hizo más fuerte a un ritmo cada vez mayor, y los ojos de Emilia vacilaron con desconcierto mientras arañaban suavemente su corazón.

Dirigida por ese latido, Emilia abrió su boca para preguntar—: ¿Quién dijo… que estaba preocupado por mí?

— ¡Ah, no, eso es…!

La pregunta hizo que el color en la cara de Petra cambiara instantáneamente. Sus adorables mejillas se enrojecieron mientras gritaba, interrumpiendo con una voz desesperada, pero no lo logró a tiempo.

— ¡Subaru!

— ¡Subaru lo dijo!

— ¡Él estaba preocupado de que te sientas sola!

— Subaru dijo… Ah, es verdad, se supone que no debíamos decir eso…

Los niños se apresuraron a ser los primeros en decir su nombre, pero lo último dicho resultó en que una mano se acercara a la boca. Entonces, todos se dieron cuenta de que habían hablado mal—. Oops —dijo Petra en voz baja, inclinando su cabeza.




Pero mientras Emilia parpadeaba perpleja, ella ni siquiera se dio cuenta de las miradas en las caras de los niños.

— ¿Suba… ru…?

Había tenido la sospecha. Emilia podía sentirlo de las palabras de la boca de los niños.

Pero no puede ser, dijeron sus sentimientos de rechazo, y ellos habían ganado. Después de todo, Emilia lo había herido, hablándole con palabras terribles y dejándolo en la capital, lejos.

Ahí, donde el mayor deseo de Subaru era estirarse y ofrecerle su mano a Emilia, ella le había dado la espalda. Esa había sido una gran traición.

¿Por qué, cuando Emilia buscaba a alguien que la salvara, había salido el nombre de Subaru?

No podía ser. No era posible.

Emilia había vivido una vida de decepciones.

Ella había sido traicionada, repudiada, distanciada; para ella esto era natural, cosas esperadas.

Ella quería que confiaran en ella, será aceptada, buscada; pero para ella estas cosas eran imposibles.

Es por eso que, cuando Subaru se comportó amable con ella, ella lo había rechazado, y toda la amabilidad que él le ofrecía.

No era que ella no pudiera creer que él fuera considerado con ella. Que ella fuera digna de su compasión, esto Emilia no podía creer.

Si acumulaba expectativa tras expectativa, el golpe cuando todo se derrumbará sería insoportable. Por lo tanto, si algún día se distanciara de ella, sería mejor que ella se distanciara de él…

… Antes de que la torre entre ellos se elevara lo suficiente como para derrumbarse.

Y, aun así, ¿por qué…?

— ¿Subaru… vino a la aldea? ¿Él… volvió?

Con los niños manteniendo un silencio incómodo, Emilia sólo podía dejar un murmuro aturdido.

Incluso entonces, el carruaje dragón se movía furiosamente mientras la batalla entre los caballeros y los perseguidores continuaba. Emilia tenía el deber de proteger a los niños, y ese deber venía primero.

Aun así, el corazón de Emilia estaba tambaleándose más fuerte que el carruaje, moviéndose de aquí para allá.

Si Subaru había vuelto a la aldea, una gran cantidad de misterios empezaron a cobrar sentido.

Eso explicaba por qué Ram sabía tanto sobre la fuerza de expedición. Explicaba por qué los aldeanos habían sido tan cooperativos con la orden de evacuar. Explicaba por qué los miembros de la fuerza de expedición habían manejado tan fácilmente los asuntos de un dominio del que deberían haber sabido poco.

La simple presencia de una persona, Subaru Natsuki, respondía cuidadosamente a todos estos misterios juntos.

Si Subaru estaba con la fuerza de expedición, ella entendía por qué Ram no fue en contra de su palabra. Para los aldeanos, Subaru era el salvador de la aldea; era natural que no rechazarían su proposición.

Más que nada, evacuar a los aldeanos y a Emilia, enviándolos adelante mientras él se quedaba detrás con la fuerza de expedición para tratar con la amenaza, era algo muy de Subaru. Demasiado como él.

Estas acciones eran demasiado parecidas a las del Subaru Natsuki que Emilia conocía.

— ¿Por qué…?

Su murmullo estaba teñido de incomprensión y tristeza. Las emociones que brotaban de sus ojos violetas los hicieron temblar levemente.




Si todo esto fue el resultado de las acciones de Subaru, habían cambiado poco de antes, demasiado poco. Ella lo lastimó, lo alejó y, sin embargo, aun así, Subaru se había mantenido igual.

— Lo lastimé tanto, y le puse una cara triste… ¿Por qué Subaru volvió a…?

Ella no sabía por qué había tratado de salvarla.

Ella le había hecho esta pregunta después de que Subaru fuera herido profundamente, tanto en cuerpo y en corazón, en la conferencia de la selección real y en el campo de entrenamiento. En ese momento, Subaru no le había dado una respuesta. Y por eso Emilia aún no sabía.

A pesar de que ella se había rendido, rompiendo la relación entre ellos, llevándola a su final sin nunca saber…

— ¿Por qué…?

— ¡Eso es obvio…!

Emilia habló, con su voz quebrándose y al borde de las lágrimas; y fue la voz salvaje de Petra quien tenía la cara roja la que respondió.

La reacción, la cual la hizo sonar como si la chica supiera la respuesta a la pregunta que albergaba, hizo que Emilia la mirara, colgándose de sus palabras.

Pero antes que las dos pudieran abrir la boca para continuar, el carruaje fue asaltado por la sacudida más grande hasta ese punto.




— ¡¿…?!

El carruaje dragón se movió con una fuerza increíble, lanzando alrededor los cuerpos de Emilia y los niños dentro. Instantáneamente Emilia se sujetó del vagón, estirando sus brazos y envolviéndolos alrededor de los niños con la mayor distancia posible.

Sin embargo, el carruaje dragón continuó moviéndose, sin dejarlo un solo momento para calmarse; el movimiento era como si estuvieran volando o algo. Al mismo tiempo, una voz resonó dentro de la cabeza de Emilia.

— Lia, alguien viene desde atrás con una velocidad increíble…

Impulsada por la advertencia de Puck, Emilia puso sus ojos sobre la parte trasera del carruaje dragón. Más allá de la cortina moviéndose con el viento, ella pudo ver la causa de los movimientos serpenteantes del carruaje dragón: Algo los estaba persiguiendo… y acercándose cada vez más.

— ¡Yo…!

Tengo que enfrentarme a esto, pensó Emilia, intentando moverse instantáneamente.




Pero cuando intentó levantarse, su cuerpo fue detenido por pesos ligeros, incapaz de moverse. Cuando bajó su mirada, ella los vio: a los niños agarrando sus brazos y ropas, sin dejarla ir por nada.

 ¡No te dejaremos ir!

 ¡No puedes ir!

 ¡Lo prometimos!

Emilia, agarrada firmemente por los niños, no podía escapar.

Ellos eran ataduras de los que podría haberse librado, pero Emilia no se movió. Cuando Emilia dudó, Petra la miró agudamente a la cara, gritando con una mirada en llorosa—: ¡¿Harás que Subaru llore esta vez?!

— ¡¿…?!

El grito de la niña envió un temblor feroz, tanto a través del carruaje serpenteante como a través del corazón de Emilia.

El carruaje dragón frenó de repente, y la fuerza centrífuga golpeó, enviando a Emilia, aún unida a los niños, volando al aire. Reflexivamente ella se dirigió hacia las sábanas, protegiendo seguramente a todos del impacto.

Tragada por el movimiento y las sábanas, Emilia, de alguna forma, logró sacudir la cabeza para tranquilizarse y se sentó.

— Eso de ahora, ¿qué e…?

— ¡Lia, está justo detrás nuestro!

Puck se materializó a un lado de su cabeza, señalando detrás del carruaje inclinándose.

Prestando atención a la voz y el movimiento de Puck, Emilia se levantó rápidamente, protegiendo a los niños detrás de ella. Al mismo tiempo, ella desató su energía mágica, y el aire frío bajó la temperatura dentro del carruaje con una fuerza increíble.

Justo como Puck había dicho, alguien había alcanzado el carruaje dragón. En el siguiente instante, alguien levantó la cortina del carruaje dragón.

Entonces, cuando vio quien estaba parado ahí, Emilia se quedó aturdida.

— ¿Por qué…?

Con respiraciones desiguales, sus hombros agitándose de arriba y abajo, un joven solitario se subió al carruaje dragón.

La vista hizo que los ojos de Emilia se sacudieran ferozmente en desconcierto.

Sus labios temblaron. Emilia olvidó las circunstancias, y con una frágil y diminuta voz, dijo su nombre.

— … Subaru.

Ella dijo su nombre.

Cuando Subaru lo recordaba, era una manera horrible de conocer a alguien.

No había pasado ni una hora desde que Subaru había sido invocado a otro mundo, a la deriva e incapaz de diferenciar la izquierda de la derecha.

En ese estado, había caminado a un callejón, y de acuerdo al guion, había sido rodeado y atacado por asaltadores. Su viaje a otro mundo estaba a punto de terminar en muerte dentro de las primeras horas.

Subaru recordaba cada pequeño detalle de aquel momento: sus palabras, su comportamiento, su grandeza.

Él nunca, nunca, nunca, nunca lo había olvidado.

Era debido a ella que Subaru Natsuki podía vivir en este mundo, parado en sus propios pies.

— ¡¡Señor Natsuki, eso es…!!

Habiendo desechado las desilusiones de Petelgeuse antes, el carruaje dragón había estado corriendo por la Carretera Liphas cuando Otto, viendo el horizonte desde el asiento del conductor, gritó a Subaru cuando logró ver su objetivo.

Cuando Subaru siguió su mirada, encontrando la silueta serpenteante en el borde del horizonte, él también gritó.

— ¡¡Ahí!! ¡¡Otto, da todo lo que tienes!!

— ¡¡He estado dando todo desde el comienzo!!

Con un poderoso movimiento de las riendas, los dos dragones terrestres aumentaron la velocidad.

El dragón completamente negro miró al frente, escurriendo todo de su espíritu mientras corría para cumplir el deseo de Subaru.

Después de que ella lo salvara en el primer encuentro, él aprendió sobre ella mientras se abría paso dentro de su vida.

Sabía que ella era terca, que era obstinada, que ponía un frente fuerte, y que era amable.




Sabía que no era digno de mirar el lado de su rostro. La verdadera vergüenza de ello sonaba estridentemente dentro de su pecho.

Sabía que su propia necedad incorregible había hecho que esos dulces sentimientos se desperdiciaran.

En ese entonces, él lo había prometido. Subaru ciertamente lo había prometido.

— Yo… te salvaré.

Se había esforzado por cumplir esa promesa.

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