Re:Zero Kara Hajimeru Isekai Seikatsu

Volumen 9

Capítulo 4: El Fin de Pereza

Parte 3

 

 

El mundo que lo recibió estaba dominado por la oscuridad, y sólo la oscuridad.

Era un lugar brumoso, un mundo de nada, un vacío donde ni siquiera su cuerpo existía.




Si su cuerpo existía o no, no era importante; era un mundo donde la existencia y la inexistencia no tenían significado, un mundo donde ni siquiera sabías si tenías un alma.

Había una sensación de olvido solo, y había una sensación feliz y familiar de ese olvido. Si podía sentir algo en ese lugar, de alguna manera podría distinguir su propia existencia.

Dentro de esa oscuridad, donde incluso su mente estaba nublada, de repente se produjo un cambio, y el ambiente del mundo cambió.

— …

En ese mundo sin luz, había una figura negra sobresaliendo incluso en la oscuridad.




Era una mujer, él al menos podía entender eso.

Su cara y los contornos de su cuerpo eran tan inciertos, él no podía estar seguro de ninguno de ellos. Sin embargo, su corazón ardía.

Esta oportunidad de reunirse con ella… no, no era una oportunidad; esta era una reunión.

Esto era bendición, esto era gracia, esto era evangelio, esto era verdadero amor.




Su falta de manos lo irritaba. Quería acercarse y tomarla de las manos en ese mismo instante.

Su falta de boca lo irritaba. Quería prodigar palabras sobre ella para expresar sus sentimientos.




Su falta de cuerpo lo irritaba. Si ella lo deseaba así, él ofrecería su sangre, huesos, carne, todo de ellos.

Su ser siendo sólo un alma lo irritaba, porque solo tenía una sola cosa que ofrecerle.

— …

Como antes, ella mantuvo su silencio. Pero su mente había ciertamente cambiado a su dirección. Esto era suficiente. Siendo un mundo donde ella le prestó atención a su existencia se sentía tan bien como si hubiera ascendido al cielo.

Y su alma, buscando el amor por tanto tiempo, sería suya, para siempre.

 Esto es mal.

La voz estaba teñida de desilusión y desánimo.

Se había preparado para recibir sus primeras palabras con la dicha suprema, cualesquiera que fueran. Sin embargo, en el instante en que escuchó su voz, creó una sombra de preocupación que hizo temblar todo su ser.

¿Por qué se sintió así? Aquí, en el lugar que seguramente le otorgaría el amor que buscaba…

 No eres él.

Su desilusión se profundizó, su ardor se disipó, y finalmente su desánimo cambió a otra emoción, furia.

 ¿Por qué alguien que no es él está aquí, en nuestro lugar…?

La voz tembló con furia.

Las palabras enojadas, odiosas y malditas rechazaron el alma, rompiéndola en pedazos.

Incapaz de comprender la razón por la que lo alejaba… incapaz de aceptar la realidad de que realmente lo detestaba, y que su amor nunca podría alcanzarla… buscó desesperadamente palabras de tristeza y lamento, una voz que podía agotar para calmar su corazón.

Pero no tenía boca para formar tales palabras, ni dedos ni cuerpo para representar su voluntad. Todo lo que tenía en ese lugar era su alma, y ella lo había rechazado, sin permitirle que ofreciera incluso eso.

 Vete de aquí.

El desconcierto, la consternación y el dolor de sus pensamientos nunca la alcanzaron. No tenían sentido, porque para ella no valían nada, no tenían sentido y estaban vacíos.

Bañado en rechazo y repudio, aceptó su desesperación; la miseria destrozó su alma.

Desgarrado del marco del mundo, su mente fue cortada de ella; y entonces se hundió muy, muy lejos, la reunión que tanto había anhelado… se cortó.

La visión de ella se volvió distante.

Ella, a quien tanto había deseado, tan ansiosamente, se desvaneció en el éter.

Pero ya no le importaban esos lamentos.

Se limitó a mirar en silencio, con seriedad, la oscuridad total.

 Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo.

No era a alguien presente, sino a alguien en algún lugar, a quien ella continuaba inocentemente susurrando su amor.

***

 

 

 

— ¡… Aaagaah! ¡¡Estoy devueltaaa!!

Liberado de la agonía que pensó que duraría para siempre, la mente de Subaru alcanzó la velocidad de la realidad.

El dolor de su corazón siendo apretado sin piedad era la estricta penalización por decir aquello que es taboo. Las manos forjadas por la sombra negra, se parecían mucho a la Autoridad de Petelgeuse, un hecho probablemente relacionado con la Bruja.

Retorno por Muerte probablemente tenía algo que ver con la destinada conexión entre Subaru y la Bruja de los Celos. O quizás tenía algo que ver con Subaru siendo invocado desde otro mundo en primer lugar.

— De cualquier manera, algún día encontraré una explicación… ¡Pero, ahora mismo…!

Dejando a un lado sus dudas, Subaru movió a un lado sus calambres y se puso de pie. Utilizó vigorosamente una manga para frotar la mugre sucia de su mejilla, prácticamente pegándose a la roca justo al lado de él mientras trepaba hacia arriba.

Luego, cuando el elemento extraño en él supuestamente desapareció, desvió la mirada hacia la roca.

— ¡¿… Cómo… puede… SER… esto…?!

Subaru vio a Petelgeuse allí, arrastrándose en un charco de sangre. Después de regresar a su propio cuerpo que se parecía a un cadáver, Petelgeuse lo arrastró hacia adelante mientras lloraba, dejando un rastro de sangre a su paso.




Había abandonado la Posesión en Subaru, rompiendo el pacto forzado, su mente volvió a su propio cuerpo. Habiendo compartido el cuerpo de Subaru, tuvo que haber sufrido la misma pena por divulgar El Retorno por Muerte.

En un estado poseído, el dolor era compartido también. Subaru había identificado su resistencia comparativa como su as bajo la manga contra Petelgeuse.

— En el peor de los casos, estaba preparado para hacer eso una y otra vez hasta que salieras… pero te rendiste después de la primera. No tienes agallas, ¿huh?

Jadeando mientras se jactaba de la victoria, el provocador Subaru sintió que la fuerza se le escapaba de las piernas. Pero usó una rama detrás de él para sostener su cuerpo tambaleante, dando un resoplido hacia el lado de la cara del hombre que estaba a su lado.

El caballero, Julius, sonrió con dolor ante su comportamiento, balanceando su espada y girándola hacia Petelgeuse.

— Esta vez, terminamos esto.

Había un brillo pálido a lo largo de la hoja de la espada ensangrentada del caballero cuando los cuasi-espíritus envolvieron el borde en una aurora arcoíris una vez más.

Con la espada del arco iris, capaz de cortar todas las cosas, descansando en su mano, Julius miró directamente a Petelgeuse.




— Mi amor… amor, mi amor… Mi amor es…

Murmurando palabras una y otra vez, ahora sin la fuerza para gatear, Petelgeuse no se dio cuenta de Julius. Incluso si lo hubiera hecho, seguramente no habría cambiado nada.

La sangre no dejaba de salir de la herida donde su pecho había sido empalado, y la mirada pálida como la ceniza era de desesperación y muerte.

— …

Finalmente, frente al acantilado, el loco apoyó la espalda contra una roca y giró la cabeza.

Habiendo perdido la fuerza de voluntad para incluso actuar perturbado, Petelgeuse miró a Julius con una expresión atónita. Su mirada continuó bajando, moviéndose hacia Subaru, de pie detrás del caballero, cuando de repente explotó en emoción.

— ¡¡¿Por qué, por qué… POR QUÉ?!!

Las lágrimas fluyeron de sus ojos muy abiertos. Las gotas calientes empaparon sus mejillas.

Estas no eran las lágrimas de alegría que Subaru había visto de él varias veces; simplemente reflejaban el alcance de la rabia y el remordimiento saliendo de él. Eran prueba de una ilusión insalvable, prueba de que el sueño del loco había sido destrozado.

Petelgeuse lloró, miró hacia el cielo, intentó aferrarse a algo que no podía ser visto, y gritó:

— ¡Oh Bruja… Oh Bruja! ¡¡Oh Bruja!! ¡Te he entregado tanto a TI! ¡He hecho tanto por Ti! ¡¿Por qué, por qué… Me has abandonado a MÍ?! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué lo hiciste?! ¡Oh Bruja! ¡¿Si es así, entonces MI amor… Tu favor…?!

— Lo que le ofreciste no era tu propio amor o tu propia fe, o incluso tu propio cuerpo. Tú solo estabas ofreciendo a las personas que pasaban a tu lado.

Petelgeuse se lamentaba como si estuviera aferrándose, buscando la salvación, cuando las palabras de Subaru lo golpearon.

No valía la pena escuchar una palabra de él. Petelgeuse era solo un esclavo de su propia justicia que se entregaba a un amor no correspondido.

Wilhelm lo había dicho, que era absurdo llamar a esto amor.

— ¡Shiii…!

Julius corrió, su espada apuntó al delgado cuerpo de Petelgeuse.

Las únicas cosas que Petelgeuse volvió hacia la espada oscilante y ascendente fueron ojos llorosos, brumosos y melancólicos. Un golpe de espada de color arcoíris golpeó su pecho por segunda vez, y el torrente de luz estalló dentro de él.

La acumulación de maná que era el verdadero cuerpo de Petelgeuse, el espíritu maligno que se injertaba en los cuerpos de los demás, regocijándose con su Odo, se quemó hasta el núcleo por el resplandor de colores brillantes.

Cuando la espada del caballero fue extraída, Petelgeuse miró abajo, aturdido, mientras sangre caliente se derramaba de su pecho.




Entonces, dirigió sus ojos desenfocados hacia arriba, estirando una mano hacia el cielo.

— … Mi cerebro… tiem… bla.

Desde su delgada sombra, desató una sola Mano Invisible hacia los cielos de arriba. Se extendía más y más, como si apuntara al deslumbrante sol de arriba.

Sin embargo, esa mano no agarró nada, se dirigió hacia el aire antes de finalmente dejar una gran grieta en el acantilado, enviando grandes grietas a lo largo de la roca.

Probablemente no lo había hecho a propósito.

Para Petelgeuse, fue un acto sin sentido. Fue un impulso desencadenado por un engaño final.

— …

Un deslizamiento de rocas ocurrió sobre la cabeza de Petelgeuse. Fragmentos gigantes de la roca excavada se separaron y cayeron. Directamente debajo estaba Petelgeuse, buscando los cielos, y al final incapaz de captar nada.

— Ella nunca me amó…

La masa de roca aplastó su carne, y se escuchó un gran sonido de carne y hueso aplastados.




Hubo una serie de ruidos mientras el polvo se elevaba por el impacto, y en un instante Petelgeuse fue aplastado, enterrado por su propia mano debajo de los escombros que servirían como su lápida.

Habiendo escapado del peligro del deslizamiento de rocas, Julius se acercó a donde seguramente yacía Petelgeuse. Al final de su mirada, una gran cantidad de sangre brotaba de debajo de las rocas. Al ver esto, sacudió la cabeza, devolviendo la espada de caballero en su mano a su vaina.

— …

Subaru caminó hacia adelante, sin decir una sola palabra.

Entonces, cuando Subaru se detuvo en frente de la lápida, y dejó salir un pequeño suspiro.

No era un suspiro de admiración, o una sensación de logro, o satisfacción.

Sabía que la única cosa esparciéndose dentro de su pecho era un profundo sentimiento de vacío.

Subaru no arruinaría ese momento y lugar al hablar de conceptos crudos, tales como victoria y derrota.

Pero expresó las palabras que llegaron a la parte posterior de su adormecido cerebro.

— Petelgeuse Romanée-Conti.

Esa única frase serviría como marcador para el final de esa batalla.

Petelgeuse Romanée-Conti, Arzobispo de los Siete Pecados Capitales del Culto de la Bruja, encargado de la Pereza.

Él quien había batallado contra Julius Eucleus, “El más fino de los Caballeros”, y Subaru Natsuki, el Auto-Proclamado Caballero.

Ante los escombros que eran su tumba, Subaru exhaló un poco, y dijo esto: — Vaya que fuiste perezoso.

Re Zero Kara Hajimeru Isekai Volumen 9 Capítulo 4 Parte 3 Novela Ligera

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