Kumo Desu Ga Nani Ka?

Volumen 10

O: Haré lo que Pueda

Parte 3

 

 

Entonces las personas encapuchadas son expulsadas.

Si no estuviera en un campo de batalla, estaría frotándome los ojos con incredulidad.




Todas las figuras encapuchadas acaban de salir volando.

Bueno, eso está bien, supongo.

Quiero decir, no lo está, pero simplemente aceptemos que eso es lo que ha pasado por el momento.

El problema es que las culpables que los enviaron volando son un grupito de niñas pequeñas que no parecen mucho más mayores que lo que parecía la Srta. Oka.

Y si mis ojos no me engañan, eso sucedió cuando tres de las niñas estaban balanceando a una cuarta niña, atada con hilo blanco, directamente contra las figuras encapuchadas.




… ¿qué diablos está pasando aquí?

La sensación de peligro que sentí hace solo unos momentos rápidamente es reemplazada por una creciente confusión.

“¡Eeeesto es suficieeeeenteeee!”




La niña envuelta en hilo se tambalea sobre sus pies, chillando de rabia.

En cuestión de segundos, el hilo se destruye hasta quedar reducido a nada.

De manera aterradora, esa acción de algún modo hace que el aire que nos rodea se enfríe violentamente.

Mi aliento sale en bocanadas blancas.

La niña pequeña saca un mandoble del tamaño de su propio cuerpo que llevaba atado a su espalda.

Parece mucho más amenazante de lo que cualquier persona de su tamaño tendría derecho a ser.

“Señorita Sophia.”

Es la inolvidable Sophia, una de mis compañeras de reencarnación.

No tengo ni idea de qué está haciendo ella aquí, pero creo que es seguro asumir que es una aliada.

Para ser honesto, estoy un poco aliviado.

“¿Hmm? ¿Qué te ha hecho parecer tan maltrecho? Qué embarazoso.”

Tan pronto como se da cuenta de mi presencia, Sophia se burla con desprecio.

Aunque después de lo que acabo de ver, no puedo evitar preguntarme si de verdad soy yo quien debería estar avergonzado ahora mismo.

Pero soy lo suficientemente sabio como para no decir eso en voz alta.

¡En el transcurso de esta conversación, las otras tres niñas silenciosamente cargan silenciosa y desapasionadamente tras las figuras encapuchadas y las derriban sin piedad.

Es tan extremo que casi me pregunto si realmente deberían haberlo llevado hasta tan lejos. El sonido de sus golpes parece más explosiones que golpes sordos de patadas y puñetazos.

Esto pasó rápidamente de un ataque sorpresa a una completa matanza.




La violencia excesiva de las niñas continuó hasta que apenas se podría decir qué forma se suponía que tenían las figuras encapuchadas.

“¿No se ha ido un poco de las manos?”

No es que sienta lástima por el enemigo, pero no soy un gran fan de golpear a un caballo ya muerto, o en este caso, a una persona. Tal vez no debería haber dicho nada, ya que solo vinieron a rescatarme y todo eso, pero no pude evitarlo.

“¿Disculpa? Echa un vistazo y dime si estás de acuerdo con lo que acabas de decir.”

La Señorita Sophia levanta a uno de los posibles asaltantes y me tiende el cuerpo para que lo vea.

“¡¿Eh?!”

Apenas puedo creer lo que ven mis ojos.

Debajo de la capucha no hay un cadáver ensangrentado, sino lo que parecen restos de una máquina.

“¿Nunca has visto esto antes? Se podría decir que es la verdadera identidad de la guerra mecánica de los elfos. Si no los eliminamos rápido, podrían representar una amenaza muy real, y no puedes estar seguro de que hayan terminado a menos que los destruyas completamente. ¿Ahora lo entiendes?”

No tenía ni idea de que existiera máquinas como esta en este mundo…

¿Eso está permitido?

No. Supongo que no.

“Lo siento. No tenía ni idea.”

Tengo que reconocer mi propia ignorancia.

Ahora entiendo por qué no tenían más elección que literalmente destrozarlos.

“Puaj, me ha goteado. Asqueroso.”

La Señorita Sophia arroja la máquina humanoide como si hubiera tocado algo nauseabundo.

Mientras se limpia la mano con un pañuelo, mi mirada va a la deriva entre los restos de chatarra que han quedado.

Ese cuerpo estaba hecho principalmente con partes mecánicas.

Pero la parte que Sophia estaba sujetando—la cabeza—estaba goteando una especie de sustancia pegajosa.

“¿Entonces… supongo que no son completamente máquinas?”

“Es horrible, ¿no?”

Asiento sin decir una palabra en respuesta.

Pensar que alguien cometió tales atrocidades sin pensarlo dos veces…

Esto cruza la línea de un modo que es casi difícil de creer.

Lo más impactante de todo es que el bastardo enfermo que hizo esto está relacionado con la Srta. Oka.

“No puedo creer que tuviera el descaro de decirme aquello cuando ella estaba trabajando junto a esas cosas.”

“¿Hmm? ¿Quién?”

“Te lo explicaré después. Tiene que ver con todas las reencarnaciones, así que también me gustaría incluir a la Señorita Blanca en la conversación.”

Debo informarles sobre la Srta. Oka.

Pero primero, tenemos que aplastar al ejército rebelde.

“Está bien. Terminemos las cosas aquí, entonces.”

Una sonrisa siniestra se extiende por el rostro de la Señorita Sophia.

Desde lo más profundo de mi corazón, estoy eternamente agradecido de que ella y las otras chicas no sean mis enemigas.

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