Re:Zero Kara Hajimeru Isekai Seikatsu

Volumen 8

Capítulo 2: Pelea

Parte 6

 

 

— ¿… Quién está ahí?

— ¡Espera! ¡Somos nosotros! ¡Siento alarmarte!

Comprobado por un grito agudo, Subaru salió del matorral, mostrándose con las manos en alto.

Los caballeros que los habían sentido regresar de las profundidades del bosque y, por lo tanto, apuntaron con sus espadas, inmediatamente relajaron su guardia, aliviados en sus rostros mientras bajaban sus espadas. Pero ese alivio se vio empañado por tristeza y arrepentimiento.

Subaru tenía la sensación de que el resultado de la lucha en el bosque no había sido una victoria pura, algo de lo que alegrarse.

— Parece que ambos regresaron.

— Julius…




Mientras Subaru y Wilhelm revisaban el área, Julius vino corriendo. Viendo que Subaru y Wilhelm estaban sin ninguna herida, se mantuvo firme sin ningún cambio en su expresión.

— Al menos, es bueno que ustedes dos están a salvo… ¿Debo hacer el reporte de daños?

— … Sí, por favor hazlo.

Habiendo confirmado que el otro estaba sano y salvo, Subaru le dio permiso a Julius de cambiar al reporte de daños.

Aceptando, Julius indicó el bosque vuelto un campo de batalla con su mano.

… Un bosque cubierto de árboles caídos y rastros de derramamiento de sangre, las secuelas del combate.

— Cinco murieron instantáneamente por el ataque inicial invisible. Dos más murieron mientras estaban en combate con el Culto de la Bruja en el ataque que siguió inmediatamente, nuestro total de bajas de este encuentro han sido siete.

— Siete…

Subaru había esperado eso, pero el número golpeó pesadamente dentro su corazón.

Habían perdido cinco en la emboscada inicial de la Manos Invisibles. Era una pérdida muy cruel

— ¿… Los Cultistas de la Bruja que intentaron derribarlos?

— Los nueve Cultistas de la Bruja aquí perecieron. Dos fueron capturados vivos, pero se suicidaron como en todos los casos anteriores hasta este punto… a pesar de los arduos esfuerzos de Ferris.

— Así que el enemigo fue eliminado completamente. En nuestro lado, si incluimos a los cinco exploradores, nuestras pérdidas son doce en total…

— No puedo decir que dividir nuestras fuerzas fue… un movimiento pobre. Si hubiéramos hecho lo contrario, es muy probable que hubiéramos simplemente incrementado nuestras bajas iniciales. Por supuesto, también es posible que el enemigo hubiera dudado en atacar a tantos números, pero…

Aunque las bajas dolieron profundamente, ni Julius ni Wilhelm dieron pistas de perder la calma. Por su parte, Subaru se había mordido el labio lo suficiente como para extraer sangre desde que comenzó el informe de daños.

— Con eso concluye mi reporte. ¿Y el tuyo?

— ¡…! ¿No tienes algo más que decirme?

— Los informes necesarios son lo primero. Había pensado pedirle su informe antes de todos los demás asuntos, pero…

En contraste con el emocional Subaru, Julius tenía un comportamiento muy tranquilo. Pero cuando respondió, sus mechones estaban ligeramente torcidos, y había rastros de sangre en su uniforme de guardia real. Por supuesto, incluso él no había salido ileso.

Mirando los vestigios del intenso combate, Subaru contuvo sus emociones dispersas.

— … Al menos, vencimos a la Pereza que nos atacó justo ahora.

— “La Pereza que nos atacó justo ahora” … dices. No parece un informe para consolar.

La sombría respuesta de Subaru contenía buenas noticias, pero Julius inmediatamente se centró en el problema. La loca mujer que usaba la autoridad y había lanzado un ataque sorpresa contra la fuerza de expedición, alejando a Subaru del campo de batalla, era un mal a la par con el Arzobispo de los Siete Pecados Capitales asesinado, un ser digno del título de Pereza.

— El primer escenario de esta operación debió haber acabado con el Arzobispo de la Pereza. Tú estabas más confiado de eso que nadie… ¿y, aun así, llamas al anterior enemigo Pereza?

— … Sí, es verdad. El de ahora era una Pereza, un segundo Pereza.

La última parte de su declaración, “un segundo Pereza”, hizo que Julius frunciera el ceño preocupado. Pero dada la seriedad de la mirada de Subaru, combinado con los eventos que había realmente tomado lugar, no refutó.

— Así que el primer Pereza vencido era una persona diferente de esta Pereza. ¿Estás absolutamente seguro de esto?

— Nunca olvidaría la mirada en la cara muerta de ese bastardo pedazo de mierda. Además, la segunda Pereza era una mujer. No hay manera en que podrías confundirlos. No hay manera que podrías, pero…




Cuando Subaru se había encontrado con la mujer por primera vez, había alucinado que era Petelgeuse. Eso fue porque sintió cosas más allá de sus apariencias que unieron a Petelgeuse y a la mujer juntos. Se sintió como si su locura había surgido de una misma raíz.

— La autoridad era la misma, las palabras y acciones eran las mismas.

Tengo un sentimiento realmente malo sobre esto.

— Quizás el primer Pereza que vencimos era un doble, y la segunda Pereza era el real Arzobispo de los Siete Pecados… No, no hay manera de asegurarnos de eso. Además, en este caso, el verdadero problema…

— … Podría estar en una liga completamente diferente de cuál era el verdadero.

Cuando Julius pensó que había especulado demasiado lejos, Subaru agarró su conclusión y la continuó. La declaración hizo que brotara sudor de la frente de Subaru; incluso la cara de Julius se tensó un poco. Era una posibilidad aterradora. Sin embargo, en vista de las circunstancias actuales, era también una conclusión lógica.

Dada la aparición de Petelgeuse la primera vez, y de la mujer loca en el segundo, era inevitable que llegaran a la misma posibilidad.

— En otras palabras, hay múltiples Arzobispos de la Pereza… ¿o quizás el Arzobispo de la Pereza es en realidad un grupo con el mismo poder, actuando hacia un mismo objetivo?

— … La única Pereza que conocía era el bastardo enfermo que apareció primero. Pero ahora que he visto a la siguiente mujer, no puedo decirte que estás equivocado.

La mujer se había llamado a sí misma un dedo e identificado con el Arzobispo de la Pereza.

Encajaba. Es por eso que irían con ello: que Pereza eran múltiples Arzobispo de los Siete Pecados Capitales trabajando juntos.

— Así que, sin exageración, los dedos son partes del Arzobispo de los Siete Pecados Capitales. Si es un grupo compuesto de múltiples arzobispos llamándose a sí mismo Pereza, explicaría la amplitud de la agitación que han causado en cada nación.

— Así que Pereza es la parte del Culto de la Bruja llevando a cabo la doctrina de su fe. Solo el pensar me produce escalofríos.

Que fuera el brazo práctico de un grupo religioso más grande era en gran medida algo de fantasía. Subaru quería reír, pero incluso una risa seca no pudo surgir.

Si Petelgeuse Romanée-Conti no era más que un perezoso entre muchos, su avance agradable y ordenado no había sido más que una farsa. Esa era una perspectiva aterradora de hecho.

— Al final, esto no es más que una especulación. Preferiría evitar esparcir descuidadamente inquietud y malestar entre los demás.

Cuando el desagradable pensamiento cerró la boca de Subaru, Julius volvió sus ojos hacia la fuerza de expedición, amontonados en un grupo.

— Perdimos doce hombres, con tres dedos restantes… Esta es una tasa de desgaste que no podemos ignorar.

— … No doce, once.

Cuando una voz corrigió el número de sus pérdidas, Subaru y Julius se voltearon para ver a Ferris caminando hacia ellos. Su abrigo blanco estaba manchado con sangre mientras secaba el sudor de su frente y señalaba detrás de él.

— Logré salvar a uno de los heridos gravemente de la muerte. Aunque estuvo muy, muy cerca…




— Esas son buenas noticias. Estabilizar a alguien en esas condiciones… como se esperaba de ti, Ferris.

— Lo dije yo mismo, puedo traer a cualquiera que no esté muerto.

Cuando Julius dijo las palabras buenas noticias, Ferris esbozó una sonrisa irónica. Pero su sonrisa pronto se desvaneció cuando cambió su mirada en una dirección diferente.
Los ojos de Subaru, también atraídos hacia allí, fueron recibidos al ver a alguien cubierto con una tela delgada.

— No puedo salvar a todos… Ahora realmente entiendo el significado de las palabras del capitán.

— Lo has hecho bien. No es un papel que ninguno de nosotros podría esperar lograr.

— Mmm, gracias.

Ferris respondió brevemente a las palabras de consuelo de Julius, pero ahí sabían que eran de pequeño consuelo.

Con la cabeza inclinada, Ferris se lamió los labios y, después de una breve pausa, miró a Subaru.

— Entonces, sobre lo que dijiste antes, ¿dónde está el cuerpo de la segunda Pereza?

Inmediatamente después, Subaru hizo una mueca ante el repentino cambio en la conversación.

— En el bosque por ese camino, ¿pero por qué quieres saberlo?




Ferris debe haber escuchado el intercambio anterior con Julius. Miró en la dirección en que apuntaba Subaru, entrecerrando sus ojos amarillos.

— Solo quizás, si lo examino, puede que encuentre algunas diferencias.

— ¿Diferencias? ¿Qué tipo de diferencias?

— Entre los dedos que te preocupan y los otros Cultistas, Subaru.

Cuando Ferris señaló eso, el aliento de Subaru se detuvo.

— Espera un poco, ¿okay? —dijo Ferris, tomando a varios acompañantes con él mientras iba a examinar el cadáver.

Quizás examinando a la mujer, la segunda Pereza, podría darles una pista sobre los repugnantes Arzobispos de los Siete Pecados Capitales, permitiéndoles formar un plan de ataque. Subaru quería creer que eso era posible.

— Y además de eso…

Después de ver a Ferris irse, Subaru se dirigió hacia los miembros de la fuerza de expedición agrupados. Subaru no podía mirar directamente a la hilera de bajas que se encontraba justo a su lado. Los restos alineados estaban cubiertos con telas finas, lo menos que podían hacer por aquellos que nunca volverían a despertarse.

No había nada que nadie hubiera podido hacer por las cinco bajas iniciales que habían sido destrozadas. Sin embargo, las cinco vidas perdidas en el ataque sorpresa fueron otra historia. Subaru debería haberse dado cuenta, y nadie más.

— Debería haberlo sabido tan pronto como escuché que los primeros cinco fueron destrozados con las manos desnudas. Yo era el que conocía el poder con el que estábamos tratando. Debí haberlo notado.

Subaru, de todas las personas, debió haber reconocido la causa de muerte de aquellos que habían sido asesinados sin ningún signo de resistencia. Pero Subaru, sacudido por la muerte de sus aliados, dejó la oportunidad de escapar, llevándolo a más bajas.

Encima de eso, su propio alejamiento por el enemigo había forzado a sus aliados a dividir su fuerza de pelea, prolongando el combate. Si Wilhelm no se hubiera retirado, aquellos perdidos durante el encuentro podrían haber vivido.

— Incluso si fue un ataque sorpresa, el oponente era pequeño en números. Salvo una excepción, como la autoridad de un Arzobispo de los Siete Pecados Capitales, no había posibilidad de derrota. Era precisamente por esta razón que envié al Maestro Wilhelm hacia ti.

— …

— Sin duda, esa autoridad, desafiando toda lógica, es una preocupación mucho mayor. Cumpliste con tu deber, ayudándonos a evadirlo. El resto era nuestro deber… como caballeros.

Al escuchar los murmullos de Subaru, Julius ordenó su cabello despeinado mientras ofrecía su propio punto de vista. Incluso Subaru no era tan insensible como para perder la consideración que le ofrecían las palabras.

Pero también fue un hecho que ninguna palabra de consuelo disminuyó el dolor en el corazón de Subaru.

La gente también había muerto en la lucha contra la Ballena Blanca.

Recordaba llorar por esas muertes, pero no tanto. Había lamentado el hecho de que, en comparación con sus propias muertes, las muertes de otros habían conmovido su corazón tan poco, pero estas muertes pesaban mucho sobre él.

La muerte era la misma sin importar la forma que tomara, ¿así que por qué estas muertes le afectaban tanto?




Eso era obvio.

— … Porque conocía a estas personas.

Solo entonces Subaru Natsuki se dio cuenta que cargaba con la responsabilidad de esas pérdidas.

Cuando desafiaron a la Ballena Blanca, ellos se habían parado en el campo de batalla contra la bestia demoníaca como resultado de su propia voluntad. Pero la batalla contra el Culto de la Bruja era diferente. Estas personas habían acudido al llamado de Subaru, compartiendo el deseo de Subaru de salvar a Emilia y a los otros; ellos habían estado cooperando con Subaru, nada más.

— … Muy pesado.

Subaru había usado la información recogida por Regreso de la Muerte para cooperar con Crusch y los otros en subyugar a la Ballena Blanca. Sin embargo, dicho diferente, fue la información de Subaru la que desencadenó el estallido de la batalla también. Un campo de batalla fue creado, y numerosas vidas humanas encontraron su final. Muchas vidas fueron borradas de las memorias de otros.

Subaru compartía esa pesada responsabilidad. No era solo porque inconscientemente había alejado sus ojos de la carga que no había notado. Era más porque Crusch había sido magnífica.

Ella dirigió la batalla contra la Ballena Blanca, compartiendo la responsabilidad de todo en ese campo de batalla. Ella estaba consciente de sus propias obligaciones, pero su desempeño fue tan grandioso, que hacía que te olvidaras de todo eso. Y así, Subaru no se había dado cuenta.

Regreso de la Muerte no era simplemente un asunto de cambiar el destino. Naturalmente, si Subaru tomaba acción por el bien de una decisión, alguna esperanza, algún propósito, él alteraba el mundo a su alrededor.

— …

Con esa realización demasiado tardía, él estaba furiosamente enfadado con sí mismo por ser tan tonto y sin valor.

Había sido descuidado. Se había dejado a sí mismo completamente abierto. El hecho de que todo haya ido demasiado bien debió haber activado las alarmas en su cabeza. Se había hablado mucho de asegurarse que todos salieran vivos, pero había subestimado el esfuerzo requerido para que eso suceda, y este era el resultado.

Y como resultado, once preciadas vidas se habían perdido, las vidas de personas que se pusieron de su lado.

El arrepentimiento llenó su cabeza hasta el borde. El remordimiento se hundió profundamente en sus entrañas. El pensamiento de que tenía que haber algo más que pudo haber hecho hizo que golpeara una ira sin fundamento contra su alma. Lo suficiente para que quisiera morir en un ataque de ira que…

— Señor Subaru.

— ¡…!

Subaru estaba envuelto por la rabia lo suficiente para que su visión se volviera roja cuando esa voz lo trajo de vuelta a sus sentidos.

Wilhelm estaba parado frente a Subaru, mirándolo directamente. Por un instante, el corazón de Subaru tembló mientras se preguntaba si Wilhelm lo regañaría por su ignorancia. Pero los ojos del Demonio de la Espada inmediatamente le dijeron lo contrario.

Los ojos del Demonio de la Espada estaban tan tranquilos como la superficie de un lago mientras miraba a través de los oscuros ojos de Subaru.

— Probablemente tienes un número de cosas pasando por tu cabeza en este momento, ninguno de ellas emociones triviales… pero perdona mi extremadamente grande rudeza y permíteme decir esto.




— …

Las palabras de Wilhelm hicieron que enderezara su espalda sin darse cuenta. No sabía lo que se le iba a decir, pero lo que sea que pudiera ser, necesita darle toda su atención.

Entonces, con Subaru vigorizándose a sí mismo, Wilhelm dijo…

— … Pelea.

Dicho en un tono grave, esa palabra hizo que el mismo aire temblara. Pero también lo recibió como una espada, una que cortó su cuerpo, corazón y su propia alma.

La aterradora aura que brotaba de Wilhelm llenó el bosque convertido en campo de batalla, abriéndose paso en la mente y el cuerpo de Subaru. La hostilidad se extendió por toda el área y, naturalmente, los ojos de los caballeros cayeron sobre los dos.

En el centro de ese vórtice de miradas, Wilhelm continuó—: Ya sea que sientas arrepentimiento o estés afectado por el remordimiento, lucha. Si está destinado que debes luchar, que debes resistir, lucha con todo tu cuerpo y alma. No cedas por un segundo, un momento, una sola fracción de tiempo. Contempla la victoria y anhélala con cada fibra de su ser. Si aún puedes ponerte en pie, si aún puedes mover un solo dedo, si tus colmillos aún no están rotos, párate, párate, párate, párate, pelea, pelea”.

— …

Esas palabras eran muy similares a las que Wilhelm le había dicho antes a Subaru.

Cuando lo apaliaron con una espada de madera en el patio de la mansión de Crusch, Wilhelm había pronunciado palabras sobre cómo ceñir el corazón para la batalla; ese fue el único momento en que Subaru fue capaz de ver un poco del Demonio de la Espada.

En ese momento, después de que Subaru había escuchado esas palabras, Wilhelm lo consideró como una persona sin impulso para volverse más fuerte. De hecho, Subaru no lo había enfrentado con verdadera seriedad. Privado de fuerza de voluntad, Subaru no tenía idea en ese momento de lo que el Demonio de la Espada pensaba o estaba tratando de decirle.

Pero esta vez era diferente, y esta vez, pensó que el mensaje era diferente también.

— ¿Me estás diciendo que… me vuelva fuerte?

— No… te estoy diciendo que seas fuerte.

Esa demanda terriblemente elevada y aguda atravesó su pecho.

Subaru siempre había pensado, Quiero ser como Wilhelm, quiero ser como el acero.

Pero ahora, con el arrepentimiento y remordimiento golpeándose contra su corazón, no pensaba que esas palabras eran la respuesta.

— Quiero ser de esa manera también. Pero es difícil. No quería que nadie más muriera de esta manera, pero lo hicieron… ¡porque no fui lo suficientemente bueno!

Una vez más, había cometido el error de llenarse de sí mismo tan pronto como las cosas iban un poco bien. Como resultado de su error, algunas personas habían muerto. Si cometía más errores, nadie sabía quién sería el siguiente en morir.

Había desesperadamente pensado en una manera de evitar eso, y sin embargo nada vino. Estaba sin ideas.

— Si no lo hago… ¡Soy quien empezó esto!

— Hiciste que se involucraran, los llevaste contigo, y murieron, ¿es así?

Te equivocas.

Con el remordimiento amenazando con arrancar el corazón de Subaru de su pecho, Wilhelm extendió ambos brazos.

— Ninguna persona aquí cree que nos involucraste en esto. Incluso si proporcionaste la chispa, elegimos esta batalla nosotros mismos. Todos están aquí por su propia voluntad.

— …

— Por favor, deja de responsabilizarte solo de las muertes. Ellos no desean que te sientas agobiado por esto. Simplemente haz espacio en tu corazón para que no los olvides. Eso es todo lo que necesitas hacer.

— ¿No olvidar que…?

¿Sus muertes? Se preguntó. Pero Wilhelm sacudió su cabeza, poniendo fin a la noción de Subaru.

—… Que ellos compartían esta carga contigo. Eso es todo.

Esta vez, sus palabras entumecieron todo el cuerpo de Subaru, como si hubiera sido alcanzado por un rayo. Con Subaru en estado de shock, Wilhelm asintió hacia él y tocó la espada en su propia cadera.

— Prestar la fuerza de uno no solo significa blandir la espada. Significa desafiar a los mismos enemigos, preocuparse por los mismos obstáculos, compartir las heridas y el peso de las cargas. Esto lo podemos hacer. Esta es la lección que aprendí en el pasado.

Wilhelm pronunció esas palabras y movió su barbilla. Abrumado, Subaru hizo lo indicado, notando que las miradas de todos los presentes estaban enfocadas en él.

Todos y cada uno de esos pares de ojos ardían con las mismas emociones que los de Wilhelm.

Sintió que alguien le había dicho una vez que no intentara luchar solo.

En desventaja contra un oponente misterioso, ni una sola persona parecía lista para cortar y correr. Ni una sola mirada le decía a Subaru, Este no era el trato, ni las voces más sabias lo condenaron.

— … Aunque tener al menos una persona más sabia parece algo bueno…

Dejó escapar un suspiro. Simultáneamente, las oscuras nubes que habitaban dentro de la cabeza de Subaru se iluminaron rápidamente. Esto no significaba liberarse de la angustia. Pero había dejado el callejón sin salida en el que se había quedado atrapado detrás de él.

A Subaru se le había sido recordado de los límites de su propia cabeza.

— ¡Mierda…!

Subaru rascó fuertemente su cabeza, apretó sus dientes, e impulsivamente pisó el suelo, y se volvió hacia todos, bajando su cabeza.

— Esta es la única cabeza que puedo bajar. Es de mala calidad, así que la bajaré cuantas veces sea necesario.

Subaru suplicó a sus camaradas, de quienes sus miradas se mantuvieron sin cambio, diciendo: Pelearemos.

De alguna manera, en algún lugar, había escapado de la resignación y el remordimiento.

— Un montón de cosas… en serio, un montón de cosas han cambiado. La Pereza del Culto de la Bruja es realmente dura. Poniéndolo simple, ni siquiera podemos ver el fondo.

Entiendo por qué son tratados como dioses de la pestilencia por todo el mundo. Me chocó cuánto daño tomamos solo acabando con ellos. Me chocó, pero…

Le había chocado porque había erróneamente pensado que necesitaba pensar, oponerse, y pelear todo por sí mismo. Gracias a todos aquí, sus miembros habían finalmente parado de temblar.

Porque ellos pensaron: Luchemos.

— Aún no tengo ninguna idea firme de que deberíamos hacer. Pero sé que tenemos que hacer esto. Tenemos que derrotarlos. Tenemos que derrotar a Pereza, aquí y ahora.
Por misterioso que sea el oponente, era el lado de Subaru el que lo había iniciado. Todo lo que podían hacer era vencer al enemigo, sin importar lo que tomara, hasta que la batalla estuviera decidida.

— …

Volteándose, Subaru miró a los restos de los camaradas que habían fallecido en el bosque, restos que habían inculcado tal remordimiento y tal sentido de responsabilidad que había sido incapaz de mirar directamente a ellos todo ese tiempo.

Este era el pecado inescapable de Subaru. Como sea que quisieras disfrazarlo, Subaru era responsable por sus muertes. Y él no se permitiría seguir corriendo de sus pecados. Subaru se preguntó si había sido arrogante al pensar que tomar prestado la asistencia de alguien no era algo pesado.

Subaru había empezado esta batalla, así que él debía terminarla. Pero no pensó de ello como una carga muy pesada.

Y así, él estaba determinado a llevarlo a cabo, incluso si él mismo no sabía que tan grande sería.

— Salvaremos a Emilia y a los otros. Aplastaremos al Culto de la Bruja.

Y para hacer ambas cosas…

— Hagamos lo que sea necesario… no por nadie más, sino porque ustedes lo quisieron.

Y por eso, nuestra fuerza es tuya, dijo el asentimiento de Wilhelm, y los de los miembros de la fuerza de expedición.

Él aún tenía una montaña de cosas sobre las que pensar, y el número de obstáculos bloqueando su camino era aún desconocido. Sin embargo, estos los podía superar, porque no necesitaba enfrentarlos solo.

Si Subaru hubiera sido lo suficientemente fuerte para pararse solo, nunca hubiera salido de ese callejón sin salida. Por lo tanto, por un momento, pensó…




— … Qué bueno que soy débil y cobarde.

— ¿… Deberíamos ir?

— Sí, vayamos. Y préstenme su fuerza e ingenio.

La muerte no se aligeró. Se mantuvo pesada. Mientras lo supiera, podría luchar contra ello con la cabeza bien alta.

Subaru Natsuki avanzó, continuando la batalla. Y así, su batalla continuó.

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