Kumo Desu Ga Nani Ka?

Volumen 9

X2: Administrador Güliedistodiez

Parte 2

 

 

“Sería un asunto sencillo el deshacerse de él. Pero estoy segura de que no quieres que le ponga la mano encima directamente, ¿me equivoco?”

“Por supuesto que no.”

Estaba pensando en voz alta, y sin embargo, una voz me contesta.

Un dispositivo pequeño y plano ha aparecido frente a mis ojos.

Me han dicho que este es un dispositivo de comunicación conocido como “smartphone”.

No obstante, la identidad de este dispositivo no es lo importante en este momento.

Lo que realmente importa es la persona al otro lado de la línea.




“D.”

“Sí, hola, soy yo. El dios malvado D.”

Una parte de mí habló en voz alta, pensando que tendría una respuesta, pero no esperaba que D me contactara así en realidad.

D el la creadora del sistema de este mundo y el único individuo calificado por encima de mí.

Es por D que este mundo sigue existiendo.

Y también es por D que no puedo hacer ningún movimiento descuidado.

Lo cual incluye poner la mano encima indiscriminadamente a cualquier reencarnación.

Es por eso por lo que ordené a Nia y a los otros dragones que solamente ralentizaran al oni y no lo mataran.

De lo contrario, me habría deshecho de él de inmediato, sin tomar ninguno de estos enfoques indirectos.

“Parece que finalmente has descubierto mis gustos. Excelente.”

¿Los gustos de D? Es una forma de decirlo.

D restringe mis acciones porque no sería entretenido que yo lo resolviera todo.

Como ella misma acaba de decir, es una simple cuestión de gustos, sin ningún significado más profundo.

Porque es más entretenido de este modo, porque se adapta a los gustos de D—es por eso por lo que me veo obligado a mirar lo que pasa en este mundo sin poder actuar en él.

Tengo el poder de resolver las cosas, sin embargo no tengo más elección que sentarme y mirar sin poder ayudar.

Estos son los juegos a los que juegan los dioses.

Mientras me preocupo de si mis acciones son soberbias, a D no le podrían importar menos y simplemente usa cualquier medio disponible para satisfacer sus propios deseos.

Se pone a ella misma en primer lugar, no importa las bajas que pueda causar en el proceso.

En cualquier otro caso, nunca podría permitir que existiera tal persona.

Pero D tiene el poder de salirse con la suya con esas acciones, y por encima de todo, ella es la que encontró un camino para la salvación de este mundo y extendió su vida cuando estuvo al borde de la destrucción.

Como agradecimiento por ayudar a este mundo cuando estuvo en condiciones de ser desechado, no puedo oponerme a ella con rotundidad, ni siquiera sin tener en cuenta nuestras respectivas condiciones como dioses.

Además, los resultados de las acciones de D no son todos necesariamente negativos.

Ella trajo las anomalías conocidas como reencarnaciones a nuestro mundo, y ha interferido frecuentemente con ellas desde entonces, pero mayor parte de eso es trivial a escala global.

Incluso la última vez, cuando un arma de una era pasada se volvió loca, las cosas finalmente terminaron sin causar un daño importante, aunque fuera una situación terrible.

De hecho, sospecho que D tal vez me prohibió el actuar para poder forzar que Blanca se sometiera a la deificación.

Blanca sin duda ha causado un montón de caos, pero nada de eso ha obstaculizado el funcionamiento del sistema.

De hecho, la aparición de las reencarnaciones ha provocado grandes oleadas de cambio a este mundo, incluyendo el motivar a Potimas a actuar tras haberse retirado durante tanto tiempo.

Aun no sé si estas olas inspiraran cambios positivos o se convertirán en el preludio de la destrucción, pero los acontecimientos no han sido del todo negativos.

Es por eso exactamente por lo que no puedo desafiar la voluntad de D, ni siquiera ante el peligro.

Y sin embargo, en este caso en particular, me siento como que debería tomar algún tipo de acción.

“Sé que no puedo interferir directamente. ¿Pero qué hay de Nia?”

“Hmm.”

D hace una pausa dramática, como si estuviera considerando mi propuesta.

En verdad, conociendo a D, estoy seguro de que llegó a su conclusión instantáneamente.

¿Quizás esto también sea una actuación para el propio disfrute de D?




“Lo permitiré, bajo una condición.”

Para mi sorpresa, D realmente da su consentimiento.

Había asumido que sin duda rechazaría cualquier idea que proviniera de mí.

“Somételo sin matarlo. Siempre y cuando puedas hacerlo, no tienes por qué reprimirte.”




Esta condición parece bastante simple, aunque en realidad es bastante difícil.

No será fácil noquearlo sin matarlo.

Matarlo sería fácil—simplemente tendría que derribarlo con todo su poder.

Pero si tiene que derrotarlo sin matarlo, tendrá que retenerse para asegurarse de que sobreviva.

Especialmente cuando el oponente en cuestión tiene la habilidad de Ira, la cual hace que sea aún más difícil noquearlo, ya que el usuario generalmente lucha hasta la muerte.

Ella no puede luchar contra él a medias, pero debe tener cuidado de no quitarle la vida.

Requiere un equilibrio delicado, que precisa de la cantidad perfecta de moderación, a pesad de la afirmación de D de que no necesita contenerse.

Pero no tenemos más remedio que aceptar esos términos.

Por limitados que sean, he recibido el permiso para interferir.

“Nia.”

“¿Sí?”

“¿Podrías?”

“Déjemelo a mí.”

Con una respuesta confiable, Nia se lanza lánguidamente al aire y vuela hacia el oni reencarnado.

El oni está recorriendo el pueblo, pero los habitantes hace tiempo que fueron evacuados bajo las órdenes de Reigar.

Sus viviendas y pertenencias siguen estando, pero como la habilidad de “n%I=W” ya ha restaurado su SP, es probable que no tenga necesidad de comer.

Al matar alguno dragones y wyrms de Nia, así como a Reigar, el oni ha subido de nivel.

Con cada nivel ganado, la habilidad de “n%I=W” lo restauró, o de lo contrario podría haberse quedado sin fuerzas o desmayado por el momento.

Lo que significa que intentar ganar tiempo enviando esas fuerzas contra él solo resultó hacerle más fuerte.

En ese caso, tal vez debería a ver hecho que Nia lo frenara desde el principio, pero dudo que D hubiera permitido eso.

Es seguro asumir que ella ha dado su permiso solo porque el oni ha subido su nivel lo suficiente como para que apenas tenga una oportunidad de sobrevivir a Nia.

Si él hubiera tenido el nivel suficiente como para realmente luchar en su mismo nivel, entonces quizás D habría dado permiso a Nia para poder ir con todo.

D parece disfrutar de batallas impredecibles entre fuerzas igualadas mucho más que de una victoria abrumadora para un bando.

Lo que significa que incluso con esa condición, Nia tiene buenas posibilidades de ganar.

“Cuento contigo, Nia.”

“Y yo espero una buena pelea.”

En contraste con mi pensamientos serios, D suena bastante despreocupada.




Me giro para mirar el dispositivo de comunicación, intentando no revelar mi disgusto al mirarlo, pero el objeto ya no está ahí.

Justo como cuando apareció, no sentí su movimiento o su presencia en lo más mínimo.

Eso solo es suficiente como para recordarme claramente la diferencia entre nuestros rangos como dioses.

Es por el hecho de que ella sea mucho más poderosa que yo, que yo no tenga más opción que obedecer.

Y aunque el dispositivo haya desaparecido, si intentara hacer algo ahora, perdería mi vida en un instante.

Por poco razonable que pueda ser, esa es la realidad de la situación.

Todo lo que puedo hacer es mirar y confiar en Nia.

No podemos permitir que el oni reencarnado asole esta tierra aún más.

Hay dos razones para ello, ambas conciernen a la singularidad de esta tierra en particular.

O mejor dicho, supongo, la singularidad de sus habitantes.

A esta región se la conoce como el Valle de la Conveniencia.

Una península que sobresale del continente está bordeada por las Montañas Místicas, separándola de los territorios del interior.

Pero como las montañas están custodiadas por Nia y los otros dragones de hielo, y el océano es custodiado por los dragones de agua, es prácticamente imposible llegar hasta aquí.

Las únicas personas que viven en esta zona aislada son aquellas que yo mismo traje aquí.

Todas son personas cuyas almas están llegando al final de su vida.

El sistema explota las almas de quienes viven en este mundo, agotando su energía.

Eso en sí mismo es inevitable. Es, en parte y después de todo, una expiación por los pecados que la gente de este mundo ha cometido, y un sacrificio necesario para extender la vida de dicho mundo que estaba al borde de la destrucción.

Pero hubo un error de cálculo: Porque debido a esa explotación, las almas de algunas personas empezaron a alcanzar sus límites.

Quizás D no anticipó que el restaurar el mundo llevaría tanto tiempo.

Si el alma llega a su límite, todo lo que aguarda es la destrucción del propio alma.

Una nada que es un destino más allá de la muerte.

Si eso pasa, entonces el alma ya no puede reencarnarse.

Para poder evitar ese destino, las personas cuyas almas se han deteriorado tan gravemente se refugian aquí bajo mi protección.

No hay monstruos en este lugar.

Es debido a ese enemigo fácilmente identificable como monstruos que la gente perfecciona sus habilidades para fortalecerse.

Pero para el alma, las habilidades son una pesada carga.

El único modo de guiar las almas hacia la paz es evitar adquirir o usar habilidades tanto como sea posible y vivir una vida tranquila.

La mayoría de la gente aquí tiene solo un mínimo de habilidades.

Reigar, por otro lado, tenía demasiadas habilidades, por lo que en ese caso, su alma se deterioró demasiado rápido.

Sin embargo, debido a que desarrolló un desagrado por la lucha, fue capaz de vivir los años que le quedaban en paz, evitando así un mayor fortalecimientos de sus habilidades y evitando que su alma se deteriorara aún más.

No es una solución fundamental, tan solo un modo de extender la esperanza de vida del alma de algún modo, pero sin duda es mejor que no hacer nada en absoluto.

Como toda la gente aquí se ha reunido con ese propósito, no puedo permitir que sean asesinados por el oni.

Si ellos mueren, se reencarnarán.

Y en este mundo, una vez que sean reencarnados, comenzarán a poner una carga sobre sus almas.

Esta es la primera razón por la que debo parar al oni reencarnado aquí.

La segunda razón es más un deseo personal.




Simplemente no quiero permitir que este lugar se estropee.

Las personas que viven aquí son individuos cuya alma sea ha deteriorado gravemente—tanto humanos como demonios.

Estas dos razas, que normalmente se cree que son enemigos predestinados, viven aquí juntos y pacíficamente.

No hay monstruos y no hay peleas entre ellos.

Es un paraíso en miniatura, aislado del mundo exterior.

Este paraíso es el mundo ideal que una vez deseó Sariel.

Y aquí, en este lugar, ese ideal es una realidad.

Incluso aunque sea un paraíso temporal y posible solo gracias a mis propias maniobras.

Sé que la gente aquí puede vivir en paz solo porque es consciente que de lo contrario sería peligroso para su propia alma.

Pero por pasajero que sea, este lugar sigue siendo una pequeña realidad del objetivo de Sariel.




Y no quiero que se destruya.

Una razón terriblemente personal y tonta, sin duda.

Pero una parte de mí se niega a ceder precisamente por eso.

Tal vez yo también sea un dios demasiado orgulloso que se preocupa por sus propios deseos, si no en la misma medida que D.

Mientras ese pensamiento me hace hundirme en un hechizo de autodesprecio, superviso la batalla de Nia.

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