Kumo Desu Ga Nani Ka?

Volumen 9

X1: El Antiguo Rey de la Espada Reigar

Parte 1

 

 

Luché lo mejor que pude.

Echando la vista atrás a mi vida, más de la mitad de esta la he pasado en el campo de batalla, días teñidos del plateado del frío acero y el rojo de la sangre fresca.




Estaba orgulloso.

El rey de la espada, líder del Imperio Renxandt, la última línea de defensa de la humanidad. Me consideraba a mí mismo el guardián de la humanidad.

Tenía un sueño.

Algún día, derrotaría a los demonios de una vez por todas y traería la paz eterna.

En mi juventud, realmente creía que lo podría conseguir.

Pero el mundo no se deja influir tan fácilmente.

La muerte era una constante compañera mía.

Aunque los cadáveres de mis enemigos se apilaban sin cesar, vi a muchos de mis camaradas unirse a la Palabra de Dios.

Yo mismo tuve contacto cercano con la muerte incontables veces.

Y pronto me cansé…

… de esos interminables días de batalla, ese baile perpetuo con la muerte.

Empecé a dudar.

¿Por qué debíamos luchar?




Humanos y demonios sacrificando sus vidas para prolongar una guerra sin fin.

Ellos mueren del mismo modo: ensangrentados, gritando y llenos de arrepentimiento.

No hay un lugar para la esperanza o los sueños en el campo de batalla. Solo pelea.

Luché por mi orgullo, por mis sueños.

Pero pronto, todo empezó a desvanecerse.

A medida que me cansaba de pasar mis días al lado de la muerte, empecé a cuestionar el sentido del conflicto.

Y, aun así, no tuve más remedio que seguir luchando.

Porque yo era el rey de la espada.

El espadachín más poderoso vivo, líder del Imperio Renxandt.

Junto a mi camarada, el mago más poderoso vivo, iba a liderar a la humanidad hacia la victoria.

Y con ese fin, estaba destinado a pasar el resto de mis días en el campo de batalla.

“Mis poderes ocultos existen para proteger a los inocentes.”

Siempre a mi lado, el incomparable mago Ronandt habló sin ninguna sobra de duda.

Él se mantenía fiel a sus creencias y no dudaría en usar su poder para ello.

Yo estaba celoso de sus métodos sencillos y honestos, de la fuerza que tenía en sus convicciones y lo mucho que creía en sí mismo.

Su voluntad de luchar inquebrantablemente por sus ideales incluso aunque estuviera rodeado de muerte.

Aunque ocasionalmente podía ser excéntrico e impredecible, ese hombre llamado Ronandt era sin duda un héroe.

Es por ello por lo que creía que siempre y cuando la humanidad tuviera a Ronandt, estarían a salvo sin mí.

Aunque si le dijera esto mismo a él, no hay duda de que gritaría, ¡¿Pero qué idiotez estás diciendo?!

Y así, cuando el Señor Demonio fue derrotado, me alejé de la sociedad.

El hecho de que la raza demoníaca estuviera al límite, y que por lo tanto, ambos lados se quedaran sin fuerzas para luchar, solo me estimuló más para seguir adelante.




Sin la guerra, no tenía ningún papel que interpretar.

Había pasado más de la mitad de mi vida en el campo de batalla, por lo que sobresalía blandiendo mi espada y comandando ejércitos, pero no tengo don para gobernar.




Durante las batallas, podía al menos ser un líder militar medio decente.

Pero en una era sin guerra, la gente necesitaba un rey sabio que pudiera mantener al imperio estable, no uno cuyo único talento residía en el campo de batalla.

Abdiqué del trono de rey de la espada, declaré a mi hijo mi sucesor y me fui.

***

 

 

Tal vez esté siendo castigado.

O tal vez esta sea la razón por la que estoy aquí.

Estos últimos días, me di cuenta de que algo andaba mal en las montañas. También estaba claro que la causa de ese caos se acercaba a mí.

Los dragones que viven en las Montañas Místicas intentaron pararlo, pero su pelea ha sido en vano, ya que la criatura se acerca cada vez más, sin hacer ningún intento de ocultar su hostilidad.

No sé qué pasará una vez alcance este lugar, aunque dado que los dragones no pudieron pararlo, supongo que lo que hará a continuación es una conclusión inevitable.

Una devastación salvaje caerá sobre estas tierras.

En estas montañas, solo yo tengo la fuerza necesaria como para ser su oponente.

Dicho esto, tras muchos años fuera del campo de batalla, no presumo del poder que alguna vez tuve.

Incluso si lo hiciera, no podría decir con certeza cómo me iría con una criatura que ni los dragones pudieron obstaculizar.

Aun así, no tengo más remedio que desafiar a ese intruso.

Debo pagar la deuda que tengo con esta tierra por permitirme vivir tranquilamente aquí durante todos estos años.

“Urgh…”

Lanzo un fuerte suspiro, esperando expulsar el óxido que se ha ido acumulando en mi cuerpo durante toda mi ausencia en el campo de batalla.

Como para deshacerme de la calidez que he acumulado durante estos tiempos de paz.

Todos los demás ya han sido evacuados.

Afortunadamente, como el pueblo está en la base de las Montañas Místicas, su población es pequeña.

Fue una evacuación rápida, por lo que, en el peor de los casos, incluso si el pueblo fuera destruido en el próximo enfrentamiento, la pérdida de vidas sería insignificante.

Por supuesto, preferiría evitar eso, por lo que estoy esperando a cierta distancia del pueblo.

Ya he hecho algunos preparativos para interceptar al enemigo.

La armadura que llevé cuando era el rey de la espada regresó a mi tierra natal. Pertenece al trono y al imperio, no a mí.

Como abdiqué del trono, ya no tengo derecho a usarla.

En su lugar, llevo una armadura de repuesto hecha por mis propios medios.

Puede que no se compare a la armadura del rey de la espada que dejé atrás, pero sigue siendo equipo de primera: El set entero está hecho de restos de los raros dragones oscuros.




Los dragones oscuros, como los dragones de luz, rara vez se muestran a los humanos.

Los dragones en general no suelen verse a no ser que uno entre en su territorio, pero en el caso de los dragones oscuros y los de luz, su territorio no se puede definir tan fácilmente.




Se cree que mi armadura está hecha de materiales de un dragón oscuro que un héroe venció por casualidad varias generaciones en el pasado.

Dejé otro conjunto de mi propia armadura en el imperio.

Esta tiene la habilidad de debilitar al oponente.

Todos los dragones pueden amortiguar los efectos de la magia, pero los dragones oscuros también tienen el atributo Maldición.

Si cortas a un oponente con una espada hecha de materiales de dragón oscuro, esta debilita su fuerza, así como su magia.

Con su capacidad latente para amortiguar la magia, la espada puede cortar el acceso del oponente a casi cualquier hechizo.

La armadura, también, tiene una poderosa defensa contra la magia.

Me ha ido muy bien, ya que soy más hábil en el combate cuerpo a cuerpo.

Todavía está un poco por debajo de mi armadura de rey de la espada, un tesoro del imperio hecho de materiales de una reina teratect a la que el anterior héroe derrotó a costa de casi todo su ejército. No obstante, son un conjunto y una espada muy poderosos codiciada sin duda por muchos famosos comandantes.

Aun así, incluso si tuviera esa armadura conmigo ahora, dudo que me trajera mucho consuelo.

Al fin y al cabo, dragones reales fueron incapaces de parar a esta criatura.

Reprimiendo mi ansiedad, compruebo el estado de mis preparativos otra vez.

Estoy tan listo como podría estar.

También traje todas mis pociones de recuperación: una poción de alto grado que puede curar incluso una herida mortal en un instante, pociones de recuperación de magia y fuerza e incluso pociones para las alteraciones de estado, todo en la pequeña bolsa de Almacenamiento Espacial que cuelga de mi cintura.

Las pociones y la bolsa en sí valen una pequeña fortuna, pero como voy a enfrentarme a la muerte, no dudaré en usarlas.

Lo más probable es que vaya a morir.

Si los dragones no pudieron parar a esta criatura, no veo forma de ganar.




Todo lo que puedo hacer es ganar todo el tiempo que pueda para que los otros aldeanos puedan escapar.

Ni siquiera sé si este sacrificio tendrá sentido.

¿Hay alguna distancia que impida que un oponente tan poderoso como este los encuentre?

Mi único temor ahora no es mi propia muerte, sino si ganaré el suficiente tiempo como para que huyan.

Si mi muerte tendrá sentido.

Pero seguramente es mejor que no hacer nada.

Una muerte en combate es más apropiada para mí que simplemente envejecer y esperar morir.




Considerando las incontables vidas que han quitado estas manos, morir pacíficamente mientras duermo sería un final inadecuado, como poco.

Pero ya lo he aceptado.

Aunque los medios por los que salga de este mundo puedan resultar inútiles, sería difícil encontrar sentido en la muerte o en la batalla en general.

Esa es la conclusión a la que he llegado tras escapar de la batalla y conocer la paz por un tiempo.

En definitiva, la guerra no tiene sentido.

En el esquema más amplio, puede ser por el bien de la tierra de uno o de la gente, pero para un individuo, la muerte no tiene sentido.

Todo lo que importa es si las circunstancias de la muerte se pueden aceptar o no.

Y en estos momentos, yo las he aceptado.

Eso es suficiente para mí.

He decidido que este será el lugar donde un hombre una vez conocido como el Maestro de la Esgrima morirá.

Con mi férrea determinación, espero a que llegue mi momento.

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