The Death Mage Who Doesn’t Want a Fourth Time (NL)

Volumen 1

Capítulo 2: Gentil Venganza

Parte 7

 

 

Rudy, era un vendedor ambulante, que se consideraba a sí mismo afortunado.

Nació como el tercer hijo de una familia de comerciantes del vizconde Maggio, Rudy no podría suceder a la familia debido al orden en el que nació, pero sus padres y sus dos hermanos mayores lo habían criado sin discriminación o rechazo de ningún tipo. Le dieron la misma educación avanzada que le dieron a su segundo hermano mayor, y lo prepararon para que pudiera independizarse de manera temprana, porque ya le habían dicho, ‘No podrás hacerte cargo de la familia’.




Cuando Rudy alcanzó la adultez, empezó a ganar experiencia como un vendedor ambulante. Sólo recibió el apoyo de sus padres una vez, cuando empezó su propio negocio, y a pesar de las dificultades, pudo arreglárselas y salir adelante por sí mismo.

Desde aquellos momentos hasta ahora, habían pasado tres años desde que empezó su negocio. Rudy había comenzado a pensar en comprar un carruaje con el dinero que había ahorrado, e invitar a otros mercaderes a unirse a él para formar una caravana, o tal vez, establecerse en algún lugar y abrir una tienda.

Sin embargo, Rudy pensó que se había quedado sin suerte cuando fue atacado por bandidos hace unos días.

Él había contratado dos aventureros de rango E para escoltarlo, pero el grupo de los bandidos consistía en unas veinte personas, por lo que fueron aplastados y acabados de una forma violenta, él ahora se lamentaba de no haber contratado más escoltas, pero ya era demasiado tarde.

Cuando le quitaron sus bienes y el dinero, se dio cuenta de que también le iban a quitar la vida, pero en ese momento gritó, ‘¡Mi familia puede pagar un rescate!’ Esa fue la pésima forma que encontró para suplicar por su vida.

Sin embargo, no era el trabajo de un comerciante morir por orgullo. Su familia tendría algunos problemas, pero tenía que hacer algo para sobrevivir y reconstruir su negocio de alguna manera. Y el rescate que pagara su familia por él, podría serles regresado mediante dicho negocio.

Lo mejor que podría ocurrirle es que apareciera un grupo de aventureros o de caballeros, que derrotaran a los bandidos y recuperaran el dinero y los bienes que le habían arrebatado, pero el mundo no funcionaba de una manera tan maravillosa.




Con esos pensamientos en mente, Rudy fue sorprendido por los ruidos que lograban llegar a sus oídos, mientras soportaba el confinamiento en una oscura y sombría celda.

(¿Alguien está bajando al sótano?)

Cuando Rudy notó el pequeño sonido que creaba alguien bajando las escaleras, levantó la tosca y maloliente manta, y se quedó mirando fijamente a través de los espacios de la rejilla de madera, pero el lugar estaba tan oscuro que no podía ver nada.

Si hubieran sido los bandidos los que estaban bajando, estarían llevando velas o una luz mágica. Por lo que se preguntaba si lo que escuchó era obra de su imaginación, pero negando esos pensamientos llegaron a sus oídos los pasos descalzos de alguien acercándose.

Hasta que los pasos se detuvieron al llegar justo delante de la celda. Sin embargo, aún no podía ver señales de alguien en la oscuridad.

“¿Qu-Quién está ahí?”

Cuando Rudy hizo esa pregunta, su voz estaba ronca de miedo, pero pudo escuchar una respuesta cercana al suelo disculpándose.

“Oh, lo siento. No me había dado cuenta de que el lugar estaba a oscuras. [Fuego Demoniaco]”

Una llama del tamaño de un puño y de color azul apareció e iluminó la celda.




“¡Aahh! ¡¡¿Un fantasma?!!”

Frente a los ojos de Rudy, había aparecido un niño pequeño con el cabello blanco y la piel tan pálida como la de un cadáver, vestido con prendas que parecían más trapos que ropa.

Con esa apariencia sin vida en la cara del niño, Rudy no pudo evitar pensar que el niño había sido asesinado por los bandidos, y se había convertido en un no-muerto por lo que, con aún más miedo se aferró a su manta.

“…No, yo estoy vivo”.

Los gritos de Rudy seguían diciendo, ‘¿Ahora puedo ver los espíritus de las personas?’ Algo que al principio sorprendió a Vandalieu, pero cuando comprendió que Rudy sólo estaba asustado, relajó sus hombros. Vandalieu había venido para ayudarlo, por lo que este sujeto no tenía que estar tan asustado, así que se puso un poco malhumorado por su propio aspecto, pero rápidamente se recompuso y continuó la conversación. 

“Todos los bandidos del grupo que te secuestró han sido eliminados. Pero, como puedes ver, no soy un aventurero, soy un dhampiro”.

Rudy poco a poco recuperó la calma al escuchar a Vandalieu, que continuó hablándole indiferentemente. Sólo para darse cuenta de que su situación no había cambiado para mejor, volviéndose a poner de color azul por el miedo. 

“Un dha-dhampiro… ¿Así que viniste a matarme?”

‘Dhampiro’. En esta nación donde Rudy nació y creció, había escuchado que ese nombre le pertenecía a una especie de demonio, que era conocida por ser el principal objetivo de las subyugaciones. Esto lo escuchó particularmente de los sacerdotes de Arda, el Dios de la Ley y el Orden, quienes no dudaban en clasificarlos como no-muertos de rango especial.

Así que, a diferencia de los aventureros y caballeros que tanto esperaba, este ser no debía tener un espíritu tan recto como para ayudarlo, sin mencionar la posibilidad de que en cualquier momento podría matarlo para que mantuviera la boca cerrada después de verle la cara.

Sin embargo, después de escuchar su pregunta el niño dhampiro negó con la cabeza.




“No. No voy a matarte si te mantienes callado sobre mí presencia”.




“Ah, ¿De-De verdad?”

“Sí. Fuiste capturado y secuestrado por los bandidos, pero lograste arreglártelas para sobrevivir a una pequeña guerra entre bandidos. Eso es lo que debes decir. A cambio, no dirás nada sobre mí”.




Rudy aún parecía estar en un estado de desconfianza. Desde su punto de vista, era como si hubiera conocido a un buen demonio, así que lo que Vandalieu le dijo no parecía servir de nada.

De hecho, Vandalieu era muy consciente de que debía cerrarle la boca para siempre a este joven vendedor ambulante. Pero tenía una razón para evitar matar a Rudy tanto como le fuera posible.

“Quiero que mi comportamiento diario sea lo mejor posible. Por el bien de mi futuro”.

Esa era su simple y sencilla razón.

Con el fin de protegerse, había encontrado como razonable asesinar bandidos y otros que no eran tan inocentes, incluso si hacía esto por todo el mundo Lambda, concluyó que estaría bien matarlos. Sin embargo, matar a una mera víctima como Rudy sólo por su propia seguridad, era un acto que sólo podría clasificar como indignante.

Vandalieu creía que tal acto sólo tendría un efecto profundamente negativo en su personalidad, incluso si otros no se dieran cuenta de lo que hizo. 

De hecho, el tío y su familia que vivieron discriminándolo en la Tierra, el terrorista que se explotó a sí mismo y hundió el barco con una bomba, y los científicos que experimentaron con él y muchos otros en Origen, sólo eran vistos por Vandalieu como nada más que lunáticos marginados.

Él no podía tolerar el verse a sí mismo tomando el mismo camino que ellos.

No es que no quisiera volverse como ellos por el simple hecho de que los odiaba. Su razón para no volverse como ellos, era que el deseo de Vandalieu consistía en tener una vida feliz aquí en Lambda, una vida que nunca pudo tener en la Tierra o en Origen. Y esta era la forma de que su deseo se hiciera realidad. 

Vandalieu quería una vida de riqueza y comodidad, rodeada de familiares y amigos, y relaciones que fueran cálidas. ¿Acaso un maníaco marginado podría construir y mantener eso sin arruinarlo? 

Además, también existía el problema de que Amemiya Hiroto y los otros tramposos se reencarnarían en el futuro, un futuro que estaba probablemente a medio siglo de distancia, y que una vez que crecieran y tuvieran otra vez sus habilidades en su punto máximo, irían corriendo a subyugarlo en el nombre de la justicia. 

Como poseían habilidades tramposas, Vandalieu creía que entre alguno de ellos podría existir uno que tuviera la habilidad de ver crímenes pasados. Estaba seguro de que varios de ellos debían tener alguna habilidad especial que les permitiera leer la memoria de las personas, mirar su pasado y exponer directamente sus pecados, ya que ellos sí deberían tener una gran aptitud para la magia. 

Por ello, si era posible, Vandalieu quería evitar matar a una simple víctima como Rudy.

“Está bien, lo entiendo. Tampoco soy un aventurero ni nada por el estilo, como puedes ver”.

Afortunadamente, Rudy no parecía ser uno de esos fanáticos de Arda, por lo que eligió sobrevivir siguiendo los términos de Vandalieu.




Lo que lo hizo parecer aún más sabio a los ojos de Vandalieu fue que no lo despreció cuando lo vio la primera vez. Sólo se había vuelto cauteloso por el miedo que le tenía a un niño, cuya cabeza no le llegaba ni a la cintura.

Aceptar los términos, fue una respuesta natural para Rudy.

Una atmósfera espeluznante quedó a la deriva cuando el niño habló de una manera adulta que no coincidía con su apariencia. Para Rudy era muy difícil creer que lo que tenía delante era solo un niño.

Con un fuerte sonido, el candado fue removido utilizando la llave de la celda que portaba el cabecilla de los bandidos. Cuando Rudy volvió a caminar de forma libre, soltó un suspiro de alivio, pero…

“Recuerda, si le comentas a alguien sobre mi existencia, desataré sobre ti varios espíritus malignos, así que por favor no cambies de opinión”.

Rudy asintió con el rostro de color azul cuando fue amenazado por Vandalieu.




Rudy subió por la escalera de cuerdas hasta regresar a la altura del suelo, pero allí se estremeció al ver los cadáveres de los bandidos, los no-muertos manchados de sangre, y al pájaro óseo, en medio de su promoción haciendo sonidos alegres, con su cuerpo envuelto por una luz pálida y cubierto por una llama siniestra.

En ese momento, Rudy se juró, que aunque le dieran una montaña de monedas de platino, definitivamente mantendría este asunto en secreto. 

 

 

NOVA: Revisado y corregido

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