Bluesteel Blasphemer (NL)

Volumen 1

Capítulo 2: La Forma de un Dios

Parte 5

 

«Por favor, quédense aquí en mi mansión durante la noche.» Dijo Fiona Schillings, la chica que al parecer era la alcaldesa de la ciudad. «No les cobraré por el alojamiento, por supuesto.»

Para ser honesto, Yukinari quería dejar este pueblo atrás de inmediato, pero no queria hacer que Dasa durmiera fuera de nuevo. Nunca se quejaba, pero eso sólo significaba que cuando se derrumbe, sucederia sin previo aviso. Quería dejarla descansar bajo un techo siempre que fuera posible.

A Yukinari, Dasa y Berta se les había proporcionado su propia habitación. Esto se debió a que cuando Fiona preguntó a Yukinari y Dasa si estaban casados o eran amantes o algo parecido, ambos lo negaron inmediatamente. Sin embargo, a pesar de eso, Dasa está en estos momentos sentada en la cama de Yukinari.

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«Saquemos estas gafas.»

«…mn…»

Bluesteel blasphemer Volumen 1 Capitulo 2 Parte 5 Novela Ligera

 

Dasa miró a Yukinari con sus ojos vagamente desenfocados. Yukinari tuvo la impresión de que sus mejillas estaban rojas, pero no podía permitirse el lujo de pensar profundamente en ello. Este era un trabajo delicado. Si no se concentraba, podía estropearlo mucho.

«Cierra los ojos.»

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«…mn…»

Dasa cerró sus ojos azul celeste como Yukinari le pidió. Acercó su cara lo suficiente a la de ella para que pudieran sentir el calor corporal del otro y luego tocó su párpado con su mano.

«Mn… mmn…»

Lentamente, masajeó su párpado con la yema de su dedo suavemente, como si lo acariciara. Primero la izquierda, luego la derecha. Tocó con cuidado, vigilando constantemente su reacción.

Dasa se movía un poco, así que suavemente tomó su cara con ambas manos y la mantuvo quieta. Deslizó la punta de su pulgar por su mejilla y en su párpado.

Otro pequeño gemido escapó de la garganta de Dasa.

Ya lo habían hecho varias veces, pero ella siempre se sonrojaba y temblaba como si fuera la primera. Sus reacciones, una mezcla de ansiedad, expectativa y timidez, eran en cierto modo terriblemente eróticas, y Yukinari era consciente de que algo en su interior se incrementaba. Repitiéndose a sí mismo que sólo estaba tocando su cara, se concentró en el trabajo que tenía entre manos.

«…Yuki…» Dasa respiró su nombre como si le implorara algo.

«Lo voy a abrir.»

«…mn…»

Tocando sus pestañas temblorosas, Yukinari levantó el párpado de Dasa hacia arriba con sus dedos. Un hermoso y brillante ojo lleno del color del cielo reflejó su cara. Yukinari entrecerró los ojos, pero no pudo ver ninguna nube en absoluto. En ambos ojos, todo parecía estar bien.

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Finalmente, Yukinari sopló suavemente sobre su globo ocular, como si lo estuviera besando.

Un visible escalofrío recorrió el cuerpo de Dasa.

Yukinari retiró la mano de su cara. «¿Qué tal? ¿No te duele nada? ¿No pica ni arde? ¿No tienes ningún problema de visión?»

«Probablemente… están bien.» Respondió Dasa con la voz algo inestable.

«Está bien. Bueno, vale.» Yukinari bajó su mano y dejó salir un respiro. «No soy un especialista… Para ser honesto, todo lo que sé es lo poco que escuché cuando mi hermana tuvo que ser operada. No sé qué clase de inconvenientes podrían causarte los lentes artificiales que hice. La cirugía de cataratas en sí misma parece haber sido realizada hace mucho tiempo. Pero eso no significa que la que hice fuera necesariamente perfecta.»

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Dasa nació con cataratas.

Por eso, no podía leer ni escribir hasta los catorce años. Sin embargo, sus recuerdos de ayudar a su hermana mayor Jirina, que había sido alquimista, se remontaban a lo que ella podía recordar. Debido a esto, ella tenía un gran conocimiento sobre la alquimia y sus campos relacionados, pero, por otro lado, ocasionalmente revelaba una brecha igualmente grande en su conocimiento general.

Los ojos de Dasa ahora tenían lentes artificiales hechos por Yukinari.

Las cirugías para tratar las cataratas habían tenido lugar desde los antiguos griegos. Aparte de la precisión del trabajo, el principio en sí mismo era relativamente simple. Esencialmente implicaba quitar el lente nublado e insertar un lente artificial en su lugar.

Las manos de Yukinari habían llevado luz a los ojos de Dasa, pero como él mismo había dicho, no era un profesional médico. Le preocupaba que las cataratas pudieran volver a aparecer, y también existía la posibilidad de otras complicaciones. Por eso examinaba regularmente los ojos de Dasa. Las gafas de Dasa no solo estaban allí para corregir su visión, sino para proteger sus ojos tanto como fuera posible.

«¿Yuki…?» Dijo Dasa poniéndose sus gafas de nuevo. «¿Ahora… que… sigue…?»

«¿Qué?, huh…hmm… Qué sigue…»

Yukinari se sentó al lado de Dasa y suspiró. El hecho de haber matado al Erdgod antes de saber algo sobre él había sido un gran error. Las palabras de Fiona ciertamente le había dado que pensar. Dejaría un muy mal sabor de boca si abandonaba la ciudad ahora, sabiendo que su gente, incluida Berta, sería atacada por semidioses. Pensó que el argumento de Fiona de querer que se quedara aquí y protegiera la ciudad como un Erdgod tenía mucho sentido. Pero Yukinari tenía una razón para viajar… no, una razón para no quedarse en un lugar. Tenía que proteger a Dasa, incluso si eso significaba ser un vagabundo hasta el día de su muerte.

«Tengo que pensar en la promesa que le hice a Jirina…»

«…Sí.» La expresión de Dasa se complicó un poco cuando Yukinari mencionó a su hermana mayor. Fue un cambio muy sutil que nadie más que Yukinari, que ha estado a su lado constantemente, puede notar. «Además, tú y yo no sabemos nada del mundo.»

«…Yuki…»

Como para distraer su mente de su ansiedad, Dasa envolvió sus dos brazos alrededor del brazo izquierdo de Yukinari y se aferró a él. Tal vez porque había pasado la mayor parte de su vida casi completamente incapaz de ver, Dasa a menudo tocaba a Yukinari así, para asegurarse de que estaba definitivamente allí. También tenía el hábito de poner su mejilla contra su pecho y tratar de oler su olor corporal, tal vez por la misma razón. Como si fuera un perro, lo primero que quiere hacer con un objeto es olerlo. En el caso de Dasa, había pasado demasiado tiempo confiando en el sonido y el tacto en lugar de la vista. A pesar de su confianza en el tratamiento que Yukinari le dio, probablemente no podía dejarse llevar y confiar plenamente en sus ojos.

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En muchos sentidos, ella era una chica con un pasado muy único. Y por eso sólo Yukinari podía protegerla.

«Tomar venganza y huir está muy bien, pero nunca hemos tenido un lugar a dónde ir.»

«…Sí.» Las esquinas de los labios de Dasa temblaban. Y una vez más, Yukinari era posiblemente la única persona que podía reconocer esto por lo que era: la sonrisa más brillante que Dasa podía forzar en su cara.

 

Revisado por MaxWell

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