Goblin Slayer

Volumen 10

Capítulo 5: Defendiendo la Torre

Parte 4

 

 

Debajo de las estrellas y las lunas gemelas, el inquietante eco del palpitante sonido de los tambores venia desde más allá del horizonte.

Las sombras ocultas entre los arbustos de las vides, que podrían estar acercándose, no se podían ver desde el segundo piso de la mansión.




La Arquera Elfa Superior apoyó su pie en la tronera, hecha removiendo un marco de ventana, y sacudió sus largas orejas. (NOVA: Abertura o agujero estrecho en el costado de un buque, en un muro o en otro lugar, que se utiliza para disparar con protección.)

“Son bastantes. Creo ──…… que solo son goblins, pero el sonido de las armaduras es desordenado y ruidoso.”

“Según lo esperado.”

“Queríamos que salieran.”

“Um.”

Goblin Slayer le dio un golpecito en el hombro mientras ella preparaba su largo arco, haciéndola moverse a un lado, como si se deslizara.




Las paredes demolidas facilitaban el acceso a las habitaciones y los materiales de construcción fueron removidos para que no obstruyeran el camino.

Fue el Chamán Enano, agachado en frente de la tronera, quien lideró todo este trabajo.

Estaba mirando atentamente el campo de batalla, sosteniendo su bolsa de catalizadores. A sus pies había una pila de proyectiles hechos de trozos de ladrillos.

Él dio un trago de su licor, limpió las gotas sobre su barba con sus dedos y sonrió, con el rostro rojo como siempre.

“Hey, Cortabarbas. Atento por allá.”

“Debemos dar el primer ataque a la vez. Dejaré que decidas el momento.”

“Claro. Después de todo, nos conocemos desde hace dos años.”

Dos años para un humano. Dos años para un enano. Dos años para un elfo, y para un hombre lagarto.

Goblin Slayer no tenía idea de qué tanta era la diferencia.

Cuando él guardó silencio, el Chamán Enano rió a carcajadas. Goblin Slayer salió de la habitación, acompañado por esa voz.

Cada una de las puertas que obstruían el acceso a las habitaciones y pasillos había sido retirada y apoyada contra la pared.

Si se daba la situación, podrían meterse debajo de ellas para detener las flechas. Eran bastante buenas como escudo improvisado.

Los sirvientes, armados y con una expresión rígida en sus rostros, estaban parados en el pasillo al lado de las puertas.

A excepción de espadas y lanzas del almacén, las demás armas eran cosas como hondas o pequeños arcos usados para cacería.

Sería el fin si eran forzados al combate cuerpo a cuerpo ── así que sería mejor pedirles que solo disparen.

Entre esos sirvientes estaba el anciano de hace rato, Goblin Slayer le asintió al verlo.

“¿Cómo le fue?”

“Lo esparcí por todos lados. ¡No te preocupes!”

“Necesitaré que algunas personas vigilen el río. Solo por si acaso.”

“Solía hacer esto en el pasado. Estoy acostumbrado.”

Parecía familiarizado con ser un soldado. El anciano se acercó cojeando a la tronera y miró fijamente hacia el río.

Comenzando por él, Goblin Slayer miró a todos los sirvientes, y bajó rápidamente las escaleras.

── Es importante ver y asegurarse, ¿cierto?

¿Esa fue una de las enseñanzas de su maestro? ¿O lo había aprendido durante sus aventuras? ¿O fue el Guerrero Pesado?

Ya seas el líder de un grupo o el comandante de un ejército, tienes que pensar en tranquilizar a tus compañeros.

Por lo tanto, no puedes verte nervioso ni apurado. No debes verte asustado. No debes verte agitado.

Nunca se había sentido tan agradecido por este casco de hierro como ahora.




Él no tenía la confianza suficiente como para mantener esa actitud.

¿Cómo lo vería la Sacerdotisa? ¿Y el resto de sus compañeros?

La Chica del Gremio le decía que esto era porque él era un aventurero de rango plata. ¿Qué es un aventurero de rango plata?

── Pero, yo soy Goblin Slayer.

Así se definía él brevemente a sí mismo, siendo consciente de la insignia de identificación que colgaba de su cuello.

Por lo tanto, esto solo era un exterminio de goblins. Solo debía hacer lo de siempre. Esa era su especialidad.

“¡Goblin Slayer!”

Cuando bajó hasta el vestíbulo, fue recibido por el sonido de los pasos de la Sacerdotisa desde la cocina.

Se quitó el delantal y lo colgó, desató el trapo que sostenía su cabello y se puso su sombrero, y tomó firmemente su sonoro bastón.

“¡Los goblins……!”

“Lo sé” asintió él. E hizo el mismo gesto de siempre. “¿Todo listo?”

“¡Sí!”

Respondió la Sacerdotisa con una actitud mucho más brillante y alegre que la que tenía hasta hace solo unos días.

Por supuesto, se veía nerviosa por pelear contra goblins, pero parecía diferente.

── En serio, no tiene remedio.

“¿……? ¿Sucede algo?”

“No.” Goblin Slayer sacudió ligeramente su cabeza de izquierda a derecha y se dirigió hacia la puerta del vestíbulo. “¿Recuerdas el plan?”

“¡Sí, estoy lista!”

“Entonces bien.”




Las puertas y marcos de las ventanas de mansión habían sido removidos, pero solo la puerta de este vestíbulo seguía ahí.

Si la mansión era su castillo anexo, esta era la puerta al castillo. De ser necesario, podían trancar la puerta.




El Sacerdote Lagarto estaba esperando de brazos cruzados al lado de la puerta como el guardián de la entrada, parecía que en realidad se estaba divirtiendo.

“Bien, mi señor Goblin Slayer. ¿Necesitará fuerza militar para el momento decisivo?”

“Nos hacen falta manos, pero quisiera guardar algunos hechizos.”




“Entiendo, entiendo.”

El Sacerdote Lagarto sacudió su largo cuello de arriba abajo y movió las garras de sus manos para desenredar su cuerpo.

Ahora que lo pensaba, estos días, con el asunto en las montañas nevadas y los no muertos, no había estado cazando con normalidad, como en las llanuras.

Aunque Goblin Slayer no sabía qué tan doloroso sería eso para los hombres lagarto.

“¿Cómo lo ves?”

Lo importante era que este gigante era el más estratégico del grupo.

Mientras entendiera esto, era más que suficiente como para confiarle su vida, aunque no supiera de su pasado.

“A ver” dijo el Sacerdote Lagarto girando sus ojos. “Si el plan funciona, no será diferente de lo habitual.”




“Ya veo.”

“De todos modos, en el campo de batalla siempre ocurren las cosas inesperadas……” Dijo el Sacerdote Lagarto con una voz tranquila, como la de un soldado veterano, y les dirigió a ambos una extraña plegaria. “Ustedes dos deberían pensar en sobrevivir en vez de asesinar. De esa manera, su batalla dará mejores resultados.”

“Sí” respondió la Sacerdotisa. Al sentir que su voz sonó más aguda de lo que pensaba, cerró su boca sonrojada.

“Dices cosas complicadas” gruñó Goblin Slayer. “No dejaré que vuelvan con vida.”

Luego, él puso ambas manos en la puerta de roble. La puerta se abrió pesadamente, haciendo ruido al raspar contra el suelo.

Después de todo, era lo mismo que meterse en una cueva. Era lo mismo que luchar contra goblins que se acercan a una aldea.

Ya veo, tal como había dicho el Chamán Enano, había alcanzado este nivel por sus propios pasos.

Y cuando había un lugar al que no podía entrar, recurría a otros trucos.

No era exactamente el comportamiento de un aventurero. Tampoco el de un ladrón.

Él sabía muy bien lo que era.

Había acumulado tanta experiencia para poder traerlos hasta esta situación.




En ese caso, solo había una cosa que hacer. Ni siquiera necesitaba confirmarlo.

Pero aun así, Goblin Slayer lo dijo claramente.

Sus palabras volaron como una afilada daga, iluminada por las lunas gemelas, hacia el crepúsculo.

Eran unas palabras frías, como un helado viento soplando en un valle o en las profundidades de la tierra.

“Mataré a todos los goblins.”

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