Violet Evergarden Gaiden

Capítulo 3: Benedict Blue

Parte 3

 

 

El regreso fue extremadamente tranquilo ese día.

Después de terminar la escritura fantasma para su cliente, Violet llamó a Benedict, quien estaba exhalando bocanadas blancas afuera. Le llevó unos segundos reaccionar, y su cara parecía casi como si hubiera visto un fantasma. Ella notó que no tenía nada en las manos a pesar de haber dicho que le compraría un recuerdo a Hodgins, y cuando regresaron a la tienda, el empleado lo estaba cuidando. Como Benedict no dijo nada, Violet fue quien le dio las gracias.

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Cuando ella le dijo:

—Pues bien, vámonos a casa —mientras estaba montada en el asiento trasero, él estaba fuera de sí y no arrancó.  E incluso cuando la motocicleta finalmente se movió, dejó de conducir sin siquiera pasar un minuto.

—V, es mi culpa. Me siento…. muy mal ahora mismo. Podría causar un accidente y hacerte daño.

Violet no preguntó si había pasado algo. Como estaba ciertamente pálido, Violet cambió de asiento diciendo:

—Entonces, yo conduciré —adaptándose a las necesidades del momento.

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Había aprendido a montar a caballo y conducir vehículos hasta cierto punto durante sus días de soldado. A pesar de que había pasado un tiempo desde entonces, confiaba en que podría hacerlo.

—Benedict. Te caerás así, así que por favor, sujétate más fuerte.

—Perdón…

—No, si te sientes mal por el balanceo, me detendré. Por favor, dilo.

—Aah. Me duele mucho la cabeza. ¿Puedo…. cerrar los ojos un rato?

—Está bien.

Después de decirlo, Violet miró al cielo. A medida que se acercaba el atardecer, el cielo estaba cubierto de nubes, pero no parecía que fuera a llover, nevar o que se produjeran anormalidades en el clima.

Era muy raro que Benedict recurriera a la buena voluntad de la gente y se disculpara. Como se sentía mal, era impresionante que todavía no hubiera perdido el juicio de que ella lo reemplazara como piloto. Sin embargo, el hecho de que Benedict, que normalmente tenía una actitud muy fuerte, permaneciera en silencio durante todo el viaje, se aferrara a una chica más joven que él y se sentara en el asiento trasero, sería considerado como una emergencia por el personal de la Compañía Postal CH, si es que lo veían.

Por supuesto, Violet Evergarden también entendió que era una emergencia.

Tan cansado como pudiera estar, tan somnoliento como pudiera estar, este hombre nunca dejaría que alguien más condujera su amada motocicleta. Era un vehículo personal que le regaló Claudia Hodgins cuando este último iniciaba su negocio.

Violet se limitó a hablarle desapasionadamente:

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—Benedict, ¿estabas hablando con alguien antes de que yo llegara?

—Sí.

—Tengo buenos oídos.

—Sí, eres como un animal salvaje.

—“Quiero huir de aquí”. “Quiero que me consigas tiempo”. “Quiero que me ayudes”, ¿cosas así?

En lugar de ser mala conversadora, Violet no tenía tanto dominio de las habilidades de conversación como la mayoría de las personas, por lo que no sabía la manera correcta de hablarle en ese momento.

—No tiene nada que ver contigo —contestó Benedict con frialdad en voz baja que sonaba como si la estuviera ahuyentando.

Cuando la charla terminó allí, una cortina de silencio cayó sobre ellos una vez más.

Violet estaba muy pensativa. Casi nunca se esforzaba en las conversaciones. Si le decían que no hablara, no hablaba. Cuando le hacían una pregunta, respondía. Ella preguntaba qué era necesario. De eso se trataban las conversaciones. Al menos para ella.

Sin embargo, la adulta Violet ahora entendía que las cosas no podían ser de esa manera.

Volvió a hablarle a Benedict:

—Esa dama te llamó su hermano, Benedict, pero tú tienes amnesia, ¿verdad? ¿Esa persona es tu hermana menor? Más bien…. ¿realmente tenías una hermana menor?

—¿Dónde escuchaste eso?

—Estaba observando desde cerca mientras le sujetabas los brazos a esa mujer por la espalda. Aprendí del Presidente Hodgins que nadie debe intervenir en las relaciones hombre-mujer. Por lo tanto, me quedé esperando allí y vigilando, para mediar si era necesario.

—¿Qué hace el Viejo…? Hablando de eso, este tipo de cosas se llaman «escuchar a escondidas».

—¿Era esa persona tu hermana menor? Sus apariencias cuando estaban juntos no me lo parecieron…

La motocicleta pasó por encima de una roca mientras ella hablaba, y así el chasis del vehículo flotó alegremente durante un instante. Aterrizó bruscamente y empezó a rodar una vez más.

—Para mí no parecía ser tu hermana menor. Esto no es más que una suposición, pero creo que ella es mayor que tú. Para empezar, tienes amnesia, así que aunque tuvieras una hermana menor viviendo separada de ti, no hay necesidad de investigar más ya que no la recuerdas.

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Violet era demasiado indiferente. Sin ninguna compasión o curiosidad con respecto a lo que le estaba pasando a Benedict, ella expresó honestamente sus conclusiones. Incluso si eso afectara los nervios de Benedict de la manera equivocada.

—¡Cállate! ¡Tú no sabes eso! ¡Podría ser ella! —Benedict golpeó la espalda de Violet con sus puños—. ¡Tengo una hermana menor! ¡Tengo recuerdos de ella! Eso es lo único de lo que estoy seguro, definitivamente, definitivamente, definitivamente, definitivamente, definitivamente, definitivamente, definitivamente, definitivamente, definitivamente, definitivamente, definitivamente, definitivamente, definitivamente, definitivamente, definitivamente, definitivamente, definitivamente, definitivamente estoy seguro de ello.

—¿Por qué? No tienes recuerdos.

—¡Sólo lo sé!

—¿Cómo?

Cuando se le preguntó, no tuvo más remedio que hablar sentimentalmente.

—¡Porque siento amor por ella!

Violet tragó secamente la palabra «amor».

—¡Se quedó en mí! Incluso si no tengo mis recuerdos, ¡tengo eso!

Fue vergonzoso y tonto.

—¡Es lo único que definitivamente no es una mentira!

Normalmente nunca hablaba de amor, pero recurrió a él desesperadamente por ahora.

Nos tomamos de las manos en la oscuridad. La única prueba de que estábamos vivos era la temperatura de nuestro cuerpo. Cada vez que decía que estaba asustada, yo le respondía: «Está bien». Le decía «Tu Hermano Mayor hará algo al respecto». La que había afirmado mi existencia era mi hermana pequeña. Me las arreglé para obtener valor del hecho de que se podía confiar en mí. Que, sí, yo era un hermano mayor. Que no era buena sin mí, así que tenía que seguir viviendo. Pero aun así…

—¡Tenía una hermana y realmente no lo entiendo, pero la estaba protegiendo! ¡Estaba pensando en protegerla sin importar lo que pasara, sin importar lo que pasara…! ¡No sé por qué estoy viviendo solo! ¡Memoria, no tengo memoria!

–…no lo recuerdo.

—¿Protegerla de qué…?

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–… No lo sé. ¿Alguien me ha roto? ¿Me rompí yo solo?

—¡No lo sé! Podría ser cualquier cosa… ¡Eso no es lo que me importa! No me importa cómo vivía cuando era un mocoso… supuestamente tenía una hermana, ¡y el hecho de que ella no esté aquí es un problema para mí! Tengo amnesia, y cuando desperté, mi hermana no estaba a mi lado; ¡me había convertido en un idiota que no sabía nada de mí ni de mi hermana!

¡No tengo nada! ¡Pero….!

–…No lo sé. Pero…

—Pero, definitivamente…. tengo una hermana pequeña.

–Definitivamente existía. Si la encuentro algún día, sabré que es ella. Aunque lo olvide, aunque no pueda recordarla, la reconoceré si la veo. Quiero que lo mismo sea válido para ella.

Con ese pensamiento, todo el tiempo, vivió como si estuviera rezando.

—Esa mujer dijo que me conoce… Yo también la he visto antes también. No sé si es mi hermana o no. Pero aunque no lo sea…. cuando llegue ese momento, no quiero arrepentirme.

Después de decirlo, su cara se golpeó contra la espalda de Violet. Eso fue porque la motocicleta se detuvo de forma repentina y abrupta. La nariz de Benedict, ni demasiado alta ni demasiado baja, fue aplastada, y se angustió por un breve momento.

Violet, la conductora y la causa de su dolor, se giró hacia atrás y le extendió la mano a Benedict. Sus caras estaban lo suficientemente cerca como para que su dorado pelo, que ardía contra el furioso cielo rojo, rozara la punta de su nariz. Violet agarró el hombro de Benedict como para decirle: «No huyas».

—Benedict.

Sus ojos -sus orbes azules- lo atravesaron como una espada.

—Por favor, escucha. Te he dicho antes que yo también soy huérfana, fui adoptada y criada, y no sé quiénes son mis padres, ¿verdad? Según mi experiencia, las personas que «tienden a presumir de sus recuerdos» entrarán en contacto con vagabundos que intentan hacer cosas inexcusables. Aquellos que me invitaron a entrar en la oscuridad diciendo que me conocían y proponiendo discutirlo detalladamente no fueron ni una ni dos personas.

Violet Evergarden, tratando desesperadamente de transmitir sus palabras a alguien más, era tan inusual como Benedict confiando su amada motocicleta a alguien.

—Durante mis días como soldado, el Mayor siempre llevaba todo el peso de la situación y me protegía.

Precisamente por eso, con su discurso vertiginoso, Benedict no pudo sellar sus labios utilizando una persuasión severa.

—Cuando crecí, casi fui asesinada por un culto que decía que no era un ser humano sino una semidiosa. No sé nada de mi pasado, así  que aunque me digan esas cosas, me veo pensando que podrían ser ciertas. Benedict, ¿no eres igual que yo en este aspecto? Probablemente hay muchas mujeres que te conocen. Las mujeres con las que has salido, las personas con las que has pasado la noche, ¿recuerdas a cada una de ellas? Tú y el Presidente Hodgins son similares. En el pasado, el Presidente Hodgins vino a la habitación donde yo estaba hospitalizada en un  estado  de  embriaguez  y  de  arrepentimiento,  y  habló  muchísimo.

¿Nunca has hecho algo así? Incluso si dejas de lado la posibilidad de ser engañado por esa persona… si todavía estás pensando en hacer algo…

Las palabras de Violet no fueron gentiles en lo más mínimo.

—Benedict.

Sin embargo, dentro de sus posibilidades, estaba pensando, pensando y pensando.

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—Benedict, ¿necesitas fuego de apoyo?

En este momento, intentaba hacer todo lo que podía al máximo posible.

—No sé si soy tu amiga o no. Lux parece estar de acuerdo con ser mi amiga. Cattleya también me llamó amiga. Benedict, no sé tú. Pasamos una gran cantidad de tiempo juntos, pero incluso ahora, todavía no puedo decir con seguridad qué definición debo dar a los demás. Para mí, hasta ahora, las personas que me han dicho que soy su amiga son mis amigas.

Lo que había entre los dos era el tiempo que pasaban juntos. Desde el momento en que se conocieron hasta ahora, habían construido una relación de confianza.

—Por eso, para mí, aunque no seas mi amigo, en caso de que haya algo que te preocupe…

Así como la crianza olvidada entre Benedict y su hermana, era algo muy valioso.

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—No, sin importar cuál sea la definición de nuestra relación, yo… yo… yo… si hay algo que te hace ser así… y si… es un enemigo contra el que debo luchar…

Aunque no tuviera un pasado, Benedict tenía un presente.

—… Entonces lo atacaré con todo lo que tengo.

Tenía una aliada llamada Violet Evergarden.

***

 

 

Bajo el cielo oscuro, el aún joven dúo se expuso el uno al otro y tomaron una decisión.

«Hoo, hoo, hoo, hoo», el bajo susurro de los pájaros simulaba la noche como algo un tanto misterioso.

Las tardes en Lontano eran como las de las ciudades sin noche, en las que las luces de los bares no se apagaban ni siquiera a altas horas de la noche. Qué lugar tan resplandeciente necesitaba edificios que llamaban la atención, el alcohol de alta calidad y las mujeres hermosas. Hasta que los hombres se dormían, las mujeres contratadas para entretenerlos tampoco podían dormir.

En ese momento, una mujer solitaria salía de un bar que aún tenía las luces encendidas, vestida con una gabardina negra que podía fundirse en la oscuridad de la noche. Era una belleza rubia cautivadora.

—¿Adónde vas?  —preguntó con una  mirada feroz un  hombre que se paraba en la entrada del bar.

La mujer le mostró una caja vacía de tabaco que pertenecía a un cliente habitual del bar.

—Cigarrillos.

Las mujeres que trabajaban en los bares tenían que reportar todo lo que hacían. Sus cuerpos eran la mercancía. A diferencia de los bienes normales, los cuerpos pueden caminar por su propia voluntad.

Si desaparecen en algún lugar, no habrá negocio.

—La tienda de Linda sigue abierta. Me dijeron que fuera a comprar más. Si no te das prisa y me dejas ir, te regañarán por detenerme.

Había tenido la intención de hablar con indiferencia, pero su cuerpo temblaba bajo la gabardina. El hombre miró su cuerpo de pies a cabeza.

—Es de noche. Eso no es medio día. Iré yo. No puedo dejarte ir sola.

—Quiero fumar afuera un rato.

—Tú, no puede ser que estés planeando huir de nuevo, ¿verdad? Casi te matan antes, ¿no? Si no has aprendido de la manera difícil después de eso, eres una idiota. Hasta que pagues tus deudas, eres lo mismo que el ganado.

Los labios de la mujer temblaron al ser llamada «ganado».

—No es mi deuda.

—Es de tu hombre, ¿verdad? Es el peor tipo de bastardo que vende mujeres de un continente que nunca ha pisado.

—Ya no me importa él.

—Aunque ya no venga a verte, tú te lo buscaste. No tengo más remedio que compensarlo. No pienses en cosas estúpidas… Golpear a las mujeres tampoco es lo nuestro.

La mujer le empujó la caja de tabaco vacía como si fuera a dársela.

—Realmente me pidieron que trajera los cigarrillos. Si crees que es mentira, pregúntale adentro. Si me crees, puedes venir. Entonces puedo respirar un poco el aire de afuera, y tú no tienes que preocuparte de que yo huya. Estamos de acuerdo con eso, ¿verdad?

El hombre chasqueó la lengua ante la provocativa frase, pero pareció acceder. Pidió a otro empleado que se hiciera cargo de su puesto y se decidió.

—Si tardas demasiado…

La mujer esperó rígidamente mientras los hombres hablaban. Eventualmente, los dos comenzaron a recorrer el camino pavimentado de piedra iluminado por las luces de la calle.

La mujer observó al hombre. Ella estaba allí debido a que fue vendida por la persona de la que estaba enamorada, pero sospechó que el hombre también estaba siendo obligado a trabajar en esa tienda por alguna razón. Podría estar equivocada.

Incluso si ese fuera el caso, en su condición actual, ella no tenía la compasión de los demás. Si quería liberarse de su situación actual, que, como dijo el hombre, se había desarrollado a partir de algo que ella misma había hecho….

—Está helado… ¿No tienes frío?

… tenía que actuar por su cuenta. Aunque contaba con la ayuda de un salvador, ya que había ideado el plan ella sola, era su propio poder.

Las luces de la tienda de tabaco se hicieron visibles. Sólo un poco más y lo alcanzarían.

–Por favor, por favor, por favor, ayúdame, Dios.

—Puedes fumar un cigarrillo, pero volveremos en cuanto termines.

–¡Ayúdame, ayúdame, ayúdame!

La razón por la que la mujer cerró firmemente los ojos fue para entregar su deseo al Dios que residía en algún lugar allá afuera, pero aunque no lo estuviera haciendo, seguramente habría cerrado los ojos de cualquier manera.

Eso fue porque alguien había llegado corriendo desde un callejón y susurró:

—Oye, el punto de encuentro era aquí, ¿cierto?

Como el que había hablado era de una estatura mucho más baja que el hombre, la patada se abalanzó sobre él y aplastó sus regiones inferiores, por lo que la primera inmediatamente se puso una mano sobre su boca. Al reconocer el rostro de la persona que aplicaba la fuerza para que el hombre no emitiera ni un solo grito, la mujer dijo:

—¡Por favor! ¡Para! ¡No es una mala persona!

Hasta un tiempo antes, ella no se había preocupado por el otro, pero al ver que algo terrible le sucedía, esa sensación salió disparada. Quizás escuchando su súplica, el bribón que había aparecido tan repentinamente cogió su mano y desapareció en el callejón del que había salido.

El pelo dorado del hombre que corría delante de ella brillaba resplandeciente incluso de noche, dentro de un callejón que no tenía iluminación. A diferencia de su peluca, era de color rubio arena natural.

—H-Hermano Mayor —dijo la mujer al hombre que seguía adelante con un tono mezclado en éxtasis.

Sin embargo, lo que recibió a cambio fueron disparos,

—Déjalo, eso es asqueroso —Mientras corría, el bribón -Benedict Blue-, chasqueó la lengua. Como la mujer era lenta en correr, la empujó hacia adelante con fuerza.

Se le cayó un zapato del pie a la mujer. Era de tacón alto. Lo llevaba porque hacía que la forma de sus piernas embrujara y complaciera a los hombres. No era adecuado para correr.

—¡Se me cayó el zapato!

—¡Quítate el otro!

Cuando le gritaron, la mujer hizo lo que le habían dicho y se quitó el otro mientras lloraba. Eran zapatos que brillaban en plata y a ella le gustaban. Sin embargo, por el momento, no necesitaba belleza. Volvió a correr con todas sus fuerzas.

—Oye. ¿Por qué… por qué estás siendo tan frío? Vas a ayudarme, ¿verdad? Después de todo, soy tu hermana.

A la pregunta hecha con mesura, Benedict respondió con una voz decepcionada:

—Ah, sobre eso: fue mi malentendido.

Después de quitarse el zapato, ella corría rápido. La mujer aumentó su velocidad, para estar lado a lado con el que le tiraba del brazo.

—¿Eh? —Su voz se revirtió a la original debido al curso extremo de los acontecimientos.

—Pensé que te había visto antes… pero mi colega me dijo que rastreara los pocos recuerdos que tengo de mi vida, y cuando lo intenté, tú estabas allí. Te conozco. Pero no eres mi hermana.

Silencio.

—Tú eres la que me quitó todo lo que tenía y me tiró en el desierto Inkar- usi, ¿no?

Todavía silencio.

—Recuerdo hasta el punto en que me acosté con una mujer estupenda. No recuerdo su cara. Pero, este…. pelo rubio que parece falso… enredado en mis dedos cuando lo acaricié; eso es lo único que quedó en mi memoria. Estaba muy borracho, ¿no? Había ganado la mayor cantidad de dinero por una recompensa hasta entonces, así que supongo que me puse arrogante.

***

 

 

La mujer intentó detenerse en el acto. Sin embargo, Benedict la arrastró a la fuerza.

—¡No te detengas! ¡Corre!

—¡No quiero hacerlo! ¿Me estás diciendo que me harás tuya después? ¡Ya no seré de nadie! ¡Odio a los hombres! ¡No quiero vivir siendo usada por alguien más! ¡Quiero volver a mi tierra natal!

Había lágrimas saliendo a la superficie en los ojos de la mujer, pero Benedict no era el tipo de hombre que vacilaba ante eso. Agarró el vestido de la mujer por el cuello, y después de girar la cabeza hacia atrás de inmediato, siguió el impulso y la golpeó con la cabeza.

Los dos se retorcieron de dolor.

—¡Por eso dije que te llevaré de vuelta! ¿Quién necesita a alguien como tú, imbécil? ¡No es como si te hubiera perdonado! Si no me hubiera encontrado un buen tipo después de eso, te habría matado hace mucho tiempo.

—Si has descubierto mi mentira, ¿por qué…? Fingí ser tu hermana y te pedí que me ayudaras a escapar, ¿sabes?

—Acabo de decírtelo, ¿no es así? ¡Gracias a que me abandonaste en el desierto, soy el más bendecido de todos los tiempos! ¡Si no hubiera conocido a ese tipo, ni siquiera tendría un nombre y estaría durmiendo con mujeres en algún lugar y despertándome completamente quebrado! ¡Todo porque terminé teniendo un destino lo suficientemente bueno como para rebobinar mi vida hasta el punto de una diosa de mierda como tú! Lo que pasa es que casi me engañas, ¡pero me dieron ganas de salvarte! ¡¿Está bien?! ¡Te odio, así que tenlo en cuenta! ¡Una vez que te ayude, ten cuidado en los caminos por la noche!

Después de volver a lanzar palabras abusivas con otro «imbécil», Benedict hizo correr a la mujer. La mujer no podía creerlo. Hasta ahora, ella le había contado a incontables hombres que se habían colado en su cuerpo acerca de su historia personal y trató de ganarse su ayuda. Sin embargo, no tenía a nadie.

“Tienes una mirada terrible en tus ojos. La mía también es terrible.”

No tenía a nadie.

“Tengo amnesia. Solía tener una hermana pequeña… pero no puedo recordarla.”

No tenía a nadie.

“Oye, tu pelo me recuerda al de mi hermana, ¿puedo acariciarlo?”

No tenía a nadie.

“Subiré tu paga si te quedas hasta mañana, así que quédate aquí. Ha pasado un tiempo desde la última vez que no estuve solo.”

No tenía a nadie, y por eso había pensado que estaría bien engañar a alguien.

Sus lágrimas se derramaban incesantemente. Fluyeron hacia abajo  bloqueando su boca y nariz. Era difícil respirar. Aun así, tenía que decirlo.

—¡Lo siento! —mientras sollozaba, la mujer se disculpó con Benedict.

—¿¡Quéé!?

—¡Lamento haberte mentido! ¡Lo siento por esas dos veces!

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—¡Cállate! Te dije que no te perdonaría, ¿verdad? ¡Esas dos veces! ¡No te perdonaré por el resto de mi vida!

—¡Pero, pero lo siento! ¡Perdón por fingir ser tu hermana!

En medio del paso por el callejón, oyeron disparos por detrás. Los que la vigilaban -una mercancía- seguro que venían persiguiendo a los dos. Benedict miró hacia atrás, pero siguió corriendo sin preocuparse.

—¡Han venido por nosotros!

Benedict ya estaba respondiendo a los gritos de la mujer diciendo:

—¡Cállate!

Las balas pasaron por sus pies y lados. Sin embargo, los disparos que al principio eran intensos fueron disminuyendo gradualmente a medida que los dos corrían por el callejón. Benedict disparó por detrás de su hombro como una acción de distracción, pero no intentó darle al otro grupo en absoluto.

Una vez que llegaron al final del callejón, Benedict abrió la puerta medio abierta de una ranura y la abrió por completo.

—¡Ahora, cáete! —Le dio una patada a la mujer. La oyó gritar, pero al subir, se dio cuenta de que no era una bajada muy grande. Antes de bajar él también, miró en cierta dirección—. V…

Más allá de su mirada había una camarada suya, que prometió golpear a sus enemigos con todo su poder como una interceptora.

***

 

 

Ella estaba en la cima de un árbol lejos de la posición actual de Benedict y de la mujer. Violet Evergarden, que estaba atacando al grupo que los perseguía, decidió confirmar que los disparos venían de dicho grupo. Apuntó al arma en sus manos y apretó el gatillo. La trayectoria perfecta de sus balas pasó por los lados de Benedict y la mujer, entorpeciendo a la gente que obstruía su camino.

Al darse cuenta de que su arma fue golpeada por alguien, el hombre que disparó el primer tiro levantó la voz con asombro:

—¿Estás bromeando, verdad?

Mientras estaba conmocionado, el francotirador invisible continuó atacando. Uno de ellos intentó apuntar y disparar a la espalda de la mujer, que se estaba quedando atrás mientras corría, pero también le destruyeron el arma antes de que disparara, y aunque fue atacado, pudo defenderse fácilmente contra eso.

—¡No dispares sin pensar! —El otro gritó, pero en una noche tan oscura en un callejón como ese, el pánico de tener a alguien disparando solamente a sus armas con tanta precisión hizo que los hombres perdieran su naturaleza normal.

—¡MANTENTE ALEJADO!

Una leyenda de los campos de batalla, desconocida para los que vivían en las ciudades convirtiendo a las mujeres en comida, los estaba volviendo locos. Miraron ciegamente al cielo y dispararon al azar. Las balas volaron hacia Violet también, pero no tocaron su cuerpo.

Las armas tienen algo llamado «distancia de alcance efectivo». Las armas utilizadas por los hombres no eran adecuadas para disparos a larga distancia. Las cosas también dependían de las habilidades de la persona que las usaba, por lo que las diferencias en la distancia ocurrían incluso con ese tipo de arma.

Con un rifle de largo alcance adoptado por los militares, Violet apuntaba desde su posición en un árbol que los hombres no podían ver en absoluto.

—Objetivo interceptado… Fuego. Los sonidos de los disparos resonaron.

Desde lejos, podía ver el arma de alguien cayendo de su mano.

—Fuego, impacto —Se movió silenciosa y rápidamente, como si estuviera haciendo un trabajo sencillo—. Fuego, impacto, fuego.

Estaría bien si su cara se distorsionara por el dolor del impacto del tiroteo.

—Fuego.

Sin embargo, la expresión facial de Violet no tenía emoción.

—Fuego.

Eventualmente, cuando todo se calmó, mientras exhalaba una profunda respiración, Violet dejó de disparar y descendió a la raíz del árbol. Parecería que la escopeta de largo alcance que había comprado recientemente con su salario hizo un trabajo satisfactorio para ella.

Al tener éxito en el «fuego de apoyo» en el sentido literal del término, abandonó inmediatamente el lugar.

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