Goblin Slayer

Volumen 9

Capítulo 7: La Cueva de la Bruja de Hielo

Parte 4

 

 

El rugido del trueno resonó hasta en el gran salón, a pesar de la feroz batalla.

Aunque su número era abrumador, los desorganizados gigantes no lograban lidiar con la situación.

Los poderosos aventureros se escabullían entre sus pies y les infligían severos golpes, parecían insectos venenosos.

“¡Enano! ¡Van para allá!”

“¡Whoa! ¡Aun así cómo pueden tener cuerpos tan grandes……!”

“¡Pues los gigantes solo son una de las formas de vida en la cúspide de la evolución!”

No debían bajar la guardia. Eso era algo que los tres entendían.

Hasta que esos jovencitos ── la Sacerdotisa y los otros tres jóvenes, cumplieran su objetivo, no podían dejar escapar a nadie.




No había lugar para descuidos. Ellos corrían por aquí y por allá con su arco, hacha, garras, garras, colmillos y cola.

Las pequeñas flechas volaban hacia sus caras u ojos, los dedos de sus pies eran cortados, y sus espinillas fuertemente golpeadas.

Ya no era algo soportable.

Lo gigantes gritaban, pisoteaban estrepitosamente y barrían el suelo con los brazos.

Para los aventureros era un enorme salón, pero para los gigantes era una estrecha habitación. Su conmoción estaba fuera de control.

Entonces, unos truenos sacudieron el lugar.

La espada que ejerce el juicio de dios opacó el ruido de la batalla dentro del salón en un instante con su poderoso rugido.

“¿Q-Quéé……?”

“¿Eso, fue un rayoo……?”

Los gigantes involuntariamente se vieron unos a otros a causa del este ruido que solo debería escucharse en las cimas de las montañas, y dejaron de moverse.

Los aventureros también detuvieron sus armas mientras respiraban pesadamente.

Los tres aventureros se reunieron en el centro del salón e intercambiaron palabras sobre lo sucedido.

“…… ¿Lo habrán logrado?” Susurró la Arquera Elfa Superior mientras sacudía sus largas orejas de arriba a abajo.

El Chamán Enano la miró y dijo “¿No lo sabes?” mientras volvía a tomar su hacha con ambas manos. “Tú eres un elfo, ¿no? ¿Qué pasó con tus largas orejas de las que estás tan orgullosa?”

“Es obvio que con tanto alboroto no escuche nada que normalmente podría escuchar……”

“Bueno, bueno.” dijo el Sacerdote Lagarto complacido, y giro sus ojos hacia arriba. “No importa lo que haya pasado, es resultado es el mismo…… ¿no es así?”

Y así era.

El sonido de varias pisadas llegaba al silencioso salón desde el pasillo que ingresaba a lo profundo de la cueva. Poco a poco se hicieron más fuertes.

No eran más que los pasos de los cuatro aventureros.

El Guerrero Novato, cubierto de sangre y cargando una espada y un garrote en cada mano.

A su lado, la Aprendiz de Clérigo, que posaba triunfante con su espada-balanza y se encontraba sacando el pecho orgullosamente.

La Coneja Blanca Cazadora, que llevaba una ballesta y caminaba dando pequeños brincos mientras parpadeaba una y otra vez sin parar.




Y a la cabeza del grupo, la Sacerdotisa, que alzaba su sonoro bastón con una expresión de determinación ── y una línea roja que recorría su rostro.

“¿Q-Quéé……? ¿Qué le paso a la Bruja de Hielo……?”

“¿Es esa Nadiee……?”

“…… No lo séé.”

La conmoción entre los gigantes aumento. La Sacerdotisa apretó fuertemente sus labios y dio un paso al frente.

Entonces golpeó su pecho con todas sus fuerzas e hizo sonar su sonoro bastón con un magnifico movimiento, como si fuera una danza.

“¡La Bruja de Hielo ── ha sido derrotada……!”

Hubo un breve momento de silencio antes de que los gigantes comprendieran el significado de esas palabras.

Lo que pasó entonces ── solo podría describirse como…




“¿¡A, AAAAAHHHH!?”




“¡Es el fiiin! ¡Por eso yo les dije que era imposible bajar las montañas!”

“¡¡No te quejes ahora!!”

…Confusión y huida.

Los gigantes abandonaron sus preciados tambores y todo lo demás, y corrieron a toda velocidad hacia el exterior de la cueva.

Los aventureros se vieron mutuamente durante un instante decidiendo si debían perseguirlos.




La Arquera Elfa Superior alistó una flecha, y el Chamán Enano preparó su honda.

“No…… está bien.” Lo que los detuvo fueron las palabras de la Sacerdotisa.

La Sacerdotisa observó las espaldas de los gigantes que corrían con ruidosas pisadas, y suspiró aliviada.

“¿Estas segura?” dijo la Arquera Elfa Superior mientras se acercaba corriendo, deteniéndose frente a ella e inclinando la cabeza.

Los delicados dedos de la elfa tocaron sus mejillas, y ella cerró los ojos debido a las repentinas cosquillas que le provoco.

“Aunque ellos estén escapando……”

“Sí.” La Sacerdotisa asintió levemente y sonrió tímidamente. “Ya que no son goblins.”

Al escuchar eso, la Arquera Elfa Superior frunció el ceño con fuerza, suspiró, y se echó a reír.

“…… Es verdad, no son goblins.”

Así era.

La batalla terminó, la amenaza de la Bruja de Hielo desapareció, y el largo invierno terminaría pronto.

El pueblo de la gente conejo finalmente había sido salvado.

“Cuando obtienes la victoria, deberías desear algo más.”

Una voz fue dirigida desde un lugar alto hacia la Coneja Blanca Cazadora, que miraba fijamente el vacío salón sin decir una palabra.

Ella sacudió sus orejas y al mirar hacia arriba suyo pudo ver al gigantesco Sacerdote Lagarto. Él sacó un poco la lengua y dijo pesadamente.

“No pudiste comerte su corazón, pero…… La fuerza que corría por su sangre de cazador, ciertamente fue demostrada.” (NOVA: Recuerden que es una costumbre de los hombres lagarto el comerte el corazón de lo que cazas.)

Sí, asintió la Coneja Blanca Cazadora. Mi padre muró. Yo gané. Aquí está la sangre heredada por mi padre.




Ella no comprendía las creencias de los hombres lagarto, pero sabía que lo que intentaba decirle era algo precioso.

La sangre que había recibido de él, lo valía todo.

“…… Bueno, mi padre también fue increíble, ¿verdad?”

“Así es.” Dijo el Guerrero Novato, y dejó su espada y su garrote a un lado para poder recostarse debido al cansancio.

“Eres muy descuidado” dijo la Aprendiz de Clérigo dándole golpecitos con el mango de su espada-balanza, pero ella estaba igual de cansada.

“¡Yo tengo mucha hambre!” dijo la Coneja Blanca Cazadora sentándose a su lado.

“Tengo vegetales secos, ¿ustedes quieren?”

“¡Claro!”

“¡Sí, yo también……!”

Quien podría decir si estaban exhaustos o muy relajados, pero los chicos aceptaron la comida conservada tras enjuagarse la boca con sus cantimploras.

Normalmente deberías permanecer en guardia y alerta, pero ──…… el Sacerdote Lagarto observó la situación, cerró los ojos y asintió.

“Entonces, ¿qué tipo de batalla tuviste?”

Mientras acercaba su largo cuello para interrogarla, la Sacerdotisa se rascó tímidamente la mejilla, donde tenía una leve herida.

“No, no es para tanto. Yo no hice nada tan significativo…… Fue gracias a todos ustedes.”

“¡Pero!” la Aprendiz de Clérigo alzó su voz mientras se comía una zanahoria. “¡Esa 《Curación Menor》 fue increíble!”

“¿¡Eh, usaste 《Curación Menor》!?” Inmediatamente, la Arquera Elfa Superior dijo “¡Qué raro!” con sus ojos resplandecientes de curiosidad. Ella se inclinó hacia adelante con sus largas orejas erguidas, la Sacerdotisa puso una expresión excesivamente encantadora.

“Este…… de mala gana……”

Dejando de lado el verdadero significado de ‘de mala gana’.

El Sacerdote Lagarto mandó una plegaria, a su misteriosa manera, a los que estaban haciendo alboroto.

Por ahora eso estaba bien. Ahora, la siguiente pregunta.

“Bien, ¿Qué piensa sobre ese tambor de guerra mi señor hechicero?”

“……Hmm, pues, a ver. Diría que están bien……” El Chamán Enano puso un rostro complicado al examinar uno de los tambores olvidados por los Sasquatch mientras se acariciaba la panza. “No está mal, solo está un poco manchado de sangre.”

Originalmente debe haber sido un equipo hecho para celebrar rituales o algo así. Era un magnifico tambor que no encajaba con el lugar en el que se encontraban.

Pero ahora se encontraba enterrado en una pila de desperdicios ── formada por los restos de las victimas devoradas en la guarida de los gigantes.

La magia y el poder mágico eran fácilmente afectados por el pensamiento. Sin mencionar que sería demasiado si estuviera relacionado con espíritus.

Pero ahora su rencor debería haber desaparecido, ya que quien solía tocar los tambores que enaltecían al invierno sin ser atrapado había desaparecido.

“Seria bueno llevarlos a la aldea de la chica conejo y purificarlos.”

“Bueno, ¿quizá deba llevarlos a mi tierra natal?” El Sacerdote Lagarto se paró junto al Chamán Enano con una expresión leal y miró el tambor. Al final de las guerras, se suele rezar por la muerte de los enemigos y de los aliados… de pronto un tono tocado heroicamente con un tambor cruzó por su mente. Después de todo, así eran las guerras. El Sacerdote Lagarto se dio la vuelta. “Entonces, primero llevemos estos tambores de vuelta a la aldea.”

“Eso estaría bien, pero…” dijo el Chamán enano mientras pasaba su mano por su barba con una apariencia no tan relajada.

“¿Hay algo que te preocupa?”

“Tal vez sea porque no está Corta-Barbas pero,” se preguntó el Chamán Enano. “es inusual que esto termine tan fácilmente, por eso no puedo calmarme.”

“Es algo complicado, ¿no?” El Sacerdote Lagarto se volteó placenteramente y el Chamán Enano acarició su barba alegremente. “Tal vez si regresas a la aldea y hacemos un brindis cambies de parecer.”

“De acuerdo.”

Bajo la vigilancia de ambos, como si algo les preocupara, la Sacerdotisa se rozaba constantemente su delgada y blanca nuca.

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