Goblin Slayer

Volumen 9

Capítulo 7: La Cueva de la Bruja de Hielo

Parte 2

 

 

Estaba en medio de una gran conmoción, pero la Bruja de Hielo, como decía su apodo, estaba tan calmada como un tempano de hielo.

Detrás de ella, los gigantes hacían un gran alboroto, y el grupo de ratas frente a ella estaba siendo machacado.




El responsable de esta situación ── ¿Quién es?

No hacía falta pensarlo, ella lo sabía.

La chica que sostenía el bastón, aquella que alzaba la voz y saltaba para tomar la iniciativa. Ropas blancas. Una Sacerdotisa que recibió la bendición de la Diosa Madre Tierra. Nadie.

── ¡Esa chica es la clave!

“¡Maldita sea…… por detrás!”




“¡Ahí viene otro, viene por la derecha!”

“¡¡¿Cómoo?!!”

Que molestos, esos inexpertos aventureros masacraban a las ratas como si estuvieran acostumbrados.

── ¿Quee? Mejor debería mandarlos a dormir.

La Bruja de Hielo miró sus gargantas rojas como la sangre y se echó a reír. Sus afilados colmillos brillaban como un reflejo sobre la nieve.

Inmediatamente, su cuerpo se derrumbó como nieve y se deslizó entre las ratas, el chico y la chica.

Una briza que podría congelarlos hasta los huesos los hizo estremecerse, pero no hizo más que retenerlos.

Si no peleas, no puedes sobrevivir.

Eso era cierto para todos aquí.

***

 

 

“Oh, ¿será por aquí?”

Tras un rato corriendo por la sombría cueva, teniendo cuidado de sus pies y espaldas, la Coneja Blanca Cazadora alzó sus orejas.

La Sacerdotisa lo comprendió en un instante, había un viejo baúl en un hueco en el muro de roca.

La vela en su mano brillaba tan intensamente que hasta era difícil sostenerla. No había duda.

“¿Podremos abrirlo?”

La Coneja Blanca Cazadora respondió despreocupadamente con un “Quien sabe” a la Sacerdotisa que echaba un vistazo mientras controlaba su respiración, y luego dejó caer sus orejas hacia atrás.

“Bueno, intentémoslo. Si no lo abrimos será nuestro fin.” La Coneja Blanca Cazadora tomo una larga y delgada ramita y la metió con cuidado en la cerradura.

Tras un rato revisando el seguro y luego de romper dos… no, tres ramitas, se escuchó el sonido que esperaban.

“Oh, lo logré.”

“¿No hay alguna trampa……?”

“Hm, puede ser. Aún no he abierto la tapa.”

La Coneja Blanca Cazadora asintió hacia la Sacerdotisa, que estaba a su espalda, y volteaba con prisa hacia el eco de la batalla en la cueva.

Bueno, no debería haber ningún problema ── pensó en la usual manera optimista característica de la gente conejo.

Después de todo, la Bruja de Hielo no debería haber imaginado que alguien a parte de ella lograría abrirla.

En ese caso ella no querría caer en una trampa. Ojalá hubiera alguna advertencia. No tendría sentido si sonara ahora.

── Si fuera una trampa mágica, debió pensar ella en ese momento.

Pasó un cuchillo delgado y plano por el espacio entre la tapa y la caja comprobando la presencia de algún cable, con eso debería estar bien.

“¿Intento abrirla?”

“¡Por favor!”

Entonces, la tapa hizo un fuerte sonido y tras moverla cayó al suelo de la cueva estruendosamente.

Dentro ── había una deslumbrante luz plateada.

Era la flecha plateada.

La Sacerdotisa contempló el resplandor de un tesoro, algo que no había visto en los tan solo dos años de aventuras con los que contaba.

Naturalmente, casi no había oportunidades de encontrarse con armas mágicas ── a excepción del armamento del Sacerdote Lagarto.

Aun así, ella sabía que esto no era algo común. Un arma sagrada ── de las que solía cantarse en las epopeyas.

“¡Con esto……!”

“¡Podríamos lograrlo!”

Volviendo a sostener firmemente su bastón, la Sacerdotisa extendió su mano gentilmente hacia la flecha plateada.

Sintió una ligera calidez que se transmitía hacia ella desde la punta de sus dedos al tocarla. Al levantarla, noto que era tan ligera como una pluma.

“Bien, este, aquí tienes.”

“¿Fueh?” Cuando la Sacerdotisa le ofreció respetuosamente la flecha, la Coneja Blanca Cazadora abrió ampliamente los ojos. “¿Qué, yo?”

“Yo puedo manejar un poco una honda, pero nunca he disparado un arco……”

Además, esta es la flecha de tu padre.

Cuando la Sacerdotisa sonrió, la Coneja Blanca Cazadora trago saliva y extendió sus suaves manos hacia ella.

“L-La aceptaré, sí……”




“Sí, cuento contigo.”

La Coneja Blanca Cazadora sostuvo la flecha plateada y la colocó firmemente en el cinturón en su cintura.

Después, dio palmadas con sus manos peludas por toda su ropa.

“L-La medicina, la medicina……”

“No entres en pánico. Será un problema si la dejas caer.”

“¡Por supuesto!”

Ahora todo estaba listo. Solo les quedaba regresar.

Ambas asintieron y volvieron corriendo por el camino por el que habían llegado.

Mientras esquivaban los endurecidos, pegajosos y oscuros cadáveres de las ratas derrotadas por aquí y por allá.

Ya que sería peligroso si accidentalmente tropezaran y cayeran.

El sonido de la batalla se acercaba gradualmente. Golpe. El espíritu de pelea del chico y la chica. El grito de las ratas.

“¡Parece que aún están bien……!”

“¡Qué bueno que llegáramos a tiempo!”




La Sacerdotisa asintió al lado con la Coneja Blanca Cazadora, y luego entrecerró los ojos.

Aún estaban un poco lejos. La Sacerdotisa alzó una voz llena de alegría mientras corría levantando su dobladillo.

“Regresamosー……!!”

En ese momento.

Una fría y blanca brisa la atravesó como si congelara su columna.

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