Mushoku Tensei: Isekai Ittara Honki Dasu (NW)

Volumen 10

Capítulo 102.1: Capítulo Especial – Afilando los Colmillos

 

 

Esta historia transcurre en la Tierra Santa de la Espada.

Concretamente a 1 hora de camino en dirección norte desde la ciudad, en un punto sin nombre ni importancia en el que un cabo se alza sobre el mar.

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En este sitio tan apartado se encontraba una joven entrenando con su espada en solitario, repitiendo una y otra vez un corte en el viento. Este ataque no era ningún tipo de técnica o Kata del estilo del Filo Celestial, tan solo eran golpes en el viento.

Y la chica que se encontraba realizando este repetitivo entrenamiento era Eris Greyrat.

«…»

Eris Greyrat se encontraba ejecutando simples golpes al aire con su espada en un lugar apartado sin nadie a su alrededor, sin nada más que ocupara sus pensamientos salvo el movimiento, imitando un perfecto Mushin. (NT: MUSHIN, palabra japonesa para referirse a un estado de concentración extrema en el que entran los luchadores de artes marciales en los que evitan pensar y se centran en reaccionar y pelear).

Para la joven, entrenar mientras te asaltaban pensamientos innecesarios era perder el tiempo; al igual que imitar a otros sin comprender el sentido de sus movimientos era igual de estúpido.

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Esta joven creía que realizando el movimiento poniendo todo tu ser en cada golpe, sin alejar la mente del mismo, serviría para afilarla hasta obtener el corte que quería; que cada golpe afilaba sus sentidos y movimientos un mínimo imperceptible, pero constante.

Lo que la joven no sabía es cuánto debía afilar esa hoja, cuántos golpes serían necesarios para conseguir la fuerza que buscaba…. Cuánto tiempo necesitaría repetir este proceso para alcanzar a Orsted…

La respuesta a esta pregunta no era conocida por Eris, ni por nadie.

… Podría ser que por mucho que afile mis colmillos, jamás pueda vencer a Orsted.

Y esto exactamente era lo que la joven comprendía como un Pensamiento Innecesario.

«…Tcht.»

Eris chasqueó su lengua al comprender que había perdido la concentración, agitó su cabeza y se sentó en el suelo donde se puso a meditar.

Era un círculo vicioso que carcomía a la joven en su entrenamiento, puesto que su meta era vencer a Orsted, pero cuanto más se esforzaba en conseguirlo, más alejado veía su objetivo.

En sus orígenes, Ghyslaine, la persona a la que Eris consideraba su Shishou le dijo las siguientes palabras:

Sé Lógica.

Pero para Eris, la lógica era algo complicada, porque por mucho que se parara a analizar lo que le rodeaba buscando una solución, no era capaz de encontrarla y se perdía en gran cantidad de situaciones.

Por este hecho, Ruijerd, el que Eris consideraba como su segundo Shishou, fue exactamente lo que la joven necesitaba para calmar sus ansias.

A diferencia de la lógica que solicitaba Ghyslaine, Ruijerd tan solo se lanzaba contra Eris en combates de práctica, la tumbaba a golpes y sus únicas palabras de enseñanza fueron ¿Lo comprendes ahora?.

Al principio Eris no era capaz de comprender lo que Ruijerd intentaba mostrarle, pero al final, tras intentarlo una y otra vez, cada día, sin descanso, incluso cuando su cabeza se bloqueaba, consiguió comprender a lo que este se refería, pudiendo ver por fin la Lógica.

Por todo esto, Eris respetaba a Ghyslaine, al igual que respetaba a Ruijerd; y aun con las irritantes clases del Dios del Filo, viendo como esas personas le respetaban, comprendió que ella también debía respetarle.

Y por eso continuaba día tras día dando golpes al aire bloqueando su mente hasta que el cansancio la sacaba de ese estado, tras lo que simplemente se sentaba para reposar buscando la lógica y la respuesta. Y cuando se hartaba de pensar, simplemente se ponía en pie para repetir el proceso.

La persona que le encargó que realizara este entrenamiento fue el propio Dios del Filo.

«Entrena, descansa, entrena, descansa. Si te da hambre, come; pero entrena y descansa.»

Al principio, Eris había realizado este entrenamiento en el dojo, pero siempre había alguien o algo que la acababa interrumpiendo; en su mayoría, otra chica que entrenaba en ese lugar, con cualquiera de las siguientes frases.

«Eh, vente a realizar con nosotras el entrenamiento matutino.»

«Eh, ya está el arroz, ven a comer.»

«Eh, ¿te vienes a entrenar conmigo?»

«Eh, apestas, ve a darte un baño.»

Cansada de estas interrupciones, Eris decidió abandonar el dojo.

Se puso en marcha sin ninguna dirección en mente, caminando en línea recta, y acabó encontrando un cabo sin nadie que la molestara y viendo esto, continuó su entrenamiento en este lugar.

Para comer utilizaba cualquier cosa que se trajera de la cocina del dojo o cualquier monstruo que viniera atacarla; debido al frío invernal, se trajo leños para hacer una fogata que prendía con la magia que aun recordaba; y cuando necesitara dormir, regresaba al dojo donde recuperaba sus fuerzas.

Este estilo de vida se había prolongado durante medio año; en el que entrenaba, pensaba, entrenaba, pensaba.

En este tiempo, había una cosa que Eris había comprendido.

Entrenar la espada es complicado.

De pequeña creía que pelear con espadas era mucho más sencillo que estudiar, y que se le daba mucho mejor; pensamiento que aun ha día de hoy mantenía. Comprendía que se le da mejor pelear que estudiar. Pero eso no significaba que fuera algo sencillo.

Pensándolo un poco, aprender lo que otros te enseñan es más sencillo que descubrirlo por ti misma… Como por ejemplo, dar un golpe al aire como estoy haciendo. Solo tengo que subir la espada más rápido y golpear lo más rápido posible, pero haga lo que haga, no lo consigo.

Pero aun con eso en mente, no dejó de intentarlo, ya que había comprendido que su velocidad había aumentado mucho comparado con cuando empezó.

…Pero Ghyslaine es más rápida que yo, Ruijerd es incluso más rápido que Ghyslaine, el Dios del Filo les supera a ambos y Orsted… no sé ni por cuánto supera a esos 3.

Sentada, Eris se puso a pensar, analizando cómo debería golpear con su espada, imaginándose las figuras del Dios del Filo, Ruijerd y a Orsted imitando el movimiento.

¿Cómo haría el gesto el Dios del Filo? ¿Y Ruijerd? ¿Cómo pelearía Orsted con una espada?

Siguiendo esa pregunta, haría lo imposible por imitarles en su cabeza, analizando el funcionamiento de cada músculo de sus cuerpos desde la yema de sus dedos hasta el hombro. Porque aunque Eris buscaba llegar a su altura, su meta era vencerles, trascenderles, superarles a todos.

Pero no sé cómo hacerlo… ¿Cómo voy a saberlo? Si no se me da bien pensar.

Y cansada de pensar, se pone en pie para volver a agitar su espada cortando el aire y sin dejar que los pensamientos la saquen de la sensación y el movimiento.

Alzar la espada, golpear con ella.

Más rápido…

Alzar la espada, golpear con ella.

Más rápido…

Este gesto es repetido decenas de veces, cientos, miles… embriagándose de la sensación hasta que pensamientos innecesarios le interrumpieran, hecho que solía ocurrir cuando se cansaba.

«…Tcht.»

Llegando a ese punto, no pudo evitar chasquear la lengua y volver a sentarse.

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Le dolían las manos de sujetar y golpear con la espada y su mente era incapaz de olvidarse de la molestia. Sacó un trozo de tela de su pecho y se envolvió la mano con él.

Para Eris, el dolor que sentía de hacer este entrenamiento no era nada, y mucho menos comparado con lo ocurrido en la Mandíbula Inferior del Dragón Rojo, donde se cruzaron con Orsted.

Comparado con ese momento, esto no es nada… por mucho que pueda sufrir dolor, o sea bastante severo o lo frustante que pueda ser. El entrenamiento es sencillo, comparado con lo que sentí ese día; por mucho que ahora esté totalmente sola, sin Ludeus para apoyarme… pero puedo soportarlo.

«Ludeus…»

Pero no siguió pensando en ello, ya que se le daba mal pensar demasiado.

Además, comprendía que no era una persona especialmente optimista; sabía que si pensara demasiado en él se derrumbaría y no podría seguir.

«Fuuu…»

3 años ya…. Sé que he avanzado mucho, pero todavía me queda mucho camino por delante…

Y con esto en mente, se puso nuevamente en pie para repetir su entrenamiento con la espada.

***

 

 

Cuando Eris no pudo soportar más el cansancio, regresó al dojo.

Allí se encontró a un desconocido frente a las puertas del dojo al que ella se dirigía.

Se trataba de un hombre increíblemente excéntrico que iba vestido con un abrigo coloreado como un arcoíris y unos pantalones cortos que no le llegaban ni a la rodilla; en su cintura llevaba 4 espadas. Además, en su mejilla llevaba tatuado un enorme pavo real y su peinado le recordaba a una cazuela para saltear verdura.

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Cuando el hombre se dio cuenta de la presencia de Eris, inclinó su cabeza ligeramente a modo de saludo.

«Me presento, soy-»

«Aparta.»

Eris solo le dirigió una palabra al hombre que le impedía entrar al dojo; no le quedaban fuerzas para nada más.

El entrenamiento de Eris había afilado su presencia, al igual que sus colmillos; el brillo en sus ojos era más propio de una bestia que de una persona, y una fuerte sed de sangre manaba de ella casi con un brillo perceptible.

El hombre comprendió que ante él se encontraba una bestia salvaje que no dejaría que nadie se acercase.

«…¡!»

Ante este ser, el excéntrico hombre no dudó en desenvainar su espada.

«Estás en medio. Aparta.»

Eris dio un paso al frente conforme pronunció estas palabras. Para Eris, el hombre no era más que un estorbo en su camino, una piedra que le impedía tomar el camino más rápido hacia su merecido descanso.

«¡Q-¿Qué le pasa a esta mujer…?!»

El hombre no había sido capaz de comprender que Eris le había estado hablando, a sus ojos tan solo veía a una bestia hambrienta que le miraba enfadada, al habérselo encontrado fortuitamente en su búsqueda de alimento.

Con esta impresión grabada en su cabeza, no se le ocurriría pensar que un animal pudiera hablar, por lo que no se percató de sus palabras.

Eris, pasados unos segundos sin ver reacción por parte del excéntrico hombre desenvainó su espada. Este acto hizo que el extraño comprendiera que la bestia era en realidad humana, concretamente una espadachina.

«Soy conocido como Auber, Hoja Pavorosa, podrías avisar al Dios del Filo-sama de que he venido a conocer a su discípul-«

«Te he dicho que te apartes.»

Irritada por los acontecimientos, Eris dio un paso al frente, espada en mano.

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Auber por su parte no había llegado a escuchar las palabras de la joven al verse bañado completamente por la sed de sangre que emanaba del cuerpo de la pelirroja bestia. Viendo esto, no pudo evitar llegar a la conclusión de que hablar con ella fuera inútil, y más aun porque en su siguiente paso, entraría dentro de su campo de acción. (NT: CAMPO DE ACCION, zona que rodea a un combatiente y que comprende el área en el que este puede alcanzar con sus ataques de forma efectiva. Depende en gran medida del tipo de arma que utilice (lanzas > dagas/manos)).

Comprendiendo este hecho, Auber aumentó la presión con la que sujetaba la espada en su mano derecha mientras llevaba su mano izquierda hacia las otras armas que llevaba en su cintura; no obstante, las hojas en su mano estaban invertidas para golpear con la zona sin filo de estas.

Mushoku Tensei Volumen 10 Capítulo 102.1 Novela Web

 

Como la piedra que se interponía en su camino seguía bloqueándole el paso, ahora que se encontraba a distancia de golpe, Eris se lanzó para eliminar el obstáculo.

FFfff

La espada en manos de Eris desapareció, tras haber realizado una perfecta Hoja de Luz, sin ninguna clase de movimiento innecesario y de gran poder gracias a la cantidad de veces que había golpeado su espada en su entrenamiento.

La Hoja de Luz o Espada Invisible era la técnica definitiva del Filo Celestial, un ataque del que pocos podían escapar.

«¡Fhh-!»

Pocos, pero no todos. Auber alzó su espada para bloquear el ataque sincronizándose con el mismo y así poder evadir la técnica casi inevitable. Viendo esto, Eris simplemente utilizó el rebote de su espada para preparar una continuación a su ataque.

«…¡!»

El nuevo ataque de Eris había sido desviado por la espada que Auber desenfundó con su mano izquierda.

Teniendo en cuenta que Eris llevaba su espada agarrada con ambas manos y que Auber solo utilizaba su mano izquierda, era imposible que el ataque fuera correctamente repelido, pero así fue.

La espada de Eris se detuvo a pocos centímetros del extraño peinado del desconocido y un contraataque con el arma en su derecha se dirigía hacia el cuello de Eris a una velocidad terrible.

«¡Tsk!»

Viendo la situación, Eris no tuvo más remedio que soltar su arma y tirarse al suelo para esquivar el golpe, dejando que la espada de Auber cortara el aire por donde el cuello de la joven pelirroja se encontró hace un instante.

La espada de Eris cayó al suelo, y esta, como si de una gata se tratase, dio un giro brusco en mitad del aire para intentar cogerla, pero Auber no le dio oportunidad a hacerlo, al darle una patada al arma para apartarla de la joven y clavarla en el suelo nevado.

Por lo general, llegados a este punto, Auber hubiera sido el vencedor… aunque claro, eso es solo por lo general… ya que Eris no tenía intención de parar, y al verse desprendida de su espada, se lanzó por Auber con sus manos desnudas.

Para alejarla, Auber le lanzó un ataque con el canto plano de su hoja dirigido a su cabeza, y con suficiente fuerza para partirle el cuello.

Y aun así…

Eris no retrocedió.

«¡Gahhhhh!»

Habiendo recibido el golpe en su frente pero sin intención de retroceder, le lanzó un puñetazo a la barbilla de Auber con la intención de desestabilizarle. Y Auber con su brazo izquierdo aun armado con una espada se protegió la cabeza.

«¡Mu-!»

Pero Eris alteró el curso de su ataque y el puñetazo se convirtió en una mano abierta dirigida contra el brazo de Auber, alargando sus dedos hacia el pomo de la espada que este llevaba con la intención de quitársela.

Viendo la escena, Auber sintió como un escalofrío recorría su espalda al comprender que la bestia que peleaba contra él solo pararía una vez su corazón dejara de latir.

Por este motivo, le lanzó una fuerte patada a la mujer que se aferraba a él con todas sus fuerzas para alejarla, esta vez con éxito; y aprovechando el pequeño respiro, recolocó sus armas esta vez con sus amenazantes hojas apuntando directamente a la bestia imparable con la intención de darle fin a su furia.

Por pura suerte, Eris acabó aterrizando junto a su espada del impacto por la patada de Auber; y con su respiración agitada por el encuentro se rearmó con su hoja, blandiéndola nuevamente con la intención de eliminar de una vez el fastidioso obstáculo que había en su camino.

Auber vio en sus ojos que solo podía matarla si quería detenerla, y sujetó sus espadas con la verdadera intención de acabar con su vida-

«Es suficiente.»

-hasta que inesperadamente una voz resonó en el lugar junto a una mareada de sed de sangre proveniente de un nuevo adversario.

Antes de que ninguno se percatase, Gull-Farion, Dios del Filo Celestial, se había posicionado en la entrada del dojo.

Eris que había sido el destino de toda esa ansia asesina se detuvo en seco, impactada por tal baño de sed de sangre de su actual maestro, que cayó de espaldas sobre la nieve con su respiración salvajemente agitada y la mirada clavada en el cielo. Su expresión era de clarísima frustración.

Auber, viendo a la persona que le había hecho llamar, enfundó sus armas tranquilamente, y se llevó la mano al pecho para hacer una reverencia.

«Cuánto tiempo sin verle, Dios del Filo-sama.»

«Veo que has venido, Emperador del Norte

«Vi tu solicitud y decidí venir… entonces esa joven me…»

«¿A qué es sorprendente?»

«En mi vida había visto una espadachina tan dedicada, tan feral… casi como si fuera una animal rabioso… ¡Ah! ¿Acaso es ella la supuesta Mad Dog que mencionaste?»  (NT: MAD DOG / Perro Rabioso, El título de aventurera que le dieron a Eris en el continente demoníaco).

Mientras Auber charlaba con el Dios del Filo, Eris simplemente se puso en pie y balanceándose como un fantasma se dirigió hacia la puerta. Viéndola de este modo, Auber preparó su espada nuevamente.

«…»

Eris clavó sus ojos en Auber, pero simplemente lo sobrepasó en dirección al edificio.

«…»

Sin prestarle la menor atención una vez lo dejó atrás y por fin pudo continuar su camino; tras lo que entró al edificio, dejando atrás a Auber completamente anonadado por la situación.

La joven se llevó el trapo sudado al hinchazón en su mejilla y sin preocuparse por quitarse la nieve que cubría gran parte de su cuerpo atravesó el pasillo hacia su habitación. Una vez dentro, lanzó su espada cerca de su almohada y se dejó caer sobre la cama donde se durmió al instante.

La derrota le había molestado, pero no era nada que le importara en este momento.

***

 

Punto de Vista de Ghyslaine

Esa tarde, mientras Eris dormía, tuve una audiencia con el Dios del Filo en la sala conocida como Espacio Presente.

En la habitación se encontraban tanto Gull-Farion, como el invitado de este, Auber, el Emperador del Norte Celestial.

La apariencia y actitud de este hombre era excesivamente excéntrica, tanto en su ropa como su peinado y comportamiento; enarqué una ceja al verle pero no le di la menor importancia, no había venido a verle a él.

Le obvié completamente y me dirigí a mi Shishou para que me explicara la injusticia que estaba viendo en su actitud.

«Shishou, ¿por qué no estás adiestrando a Eris?»

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Al escucharme, Gull-Farion soltó una risilla.

«El Gran Yo la he aceptado como discípula, ¿no es así?»  (NT: Dios del Filo se refiere a sí mismo como Ore-sama, que es una forma increíblemente egocéntrica de hablar de uno mismo).

«¿Y le estás enseñando cómo golpear el aire?»

«No, le estoy enseñando a forjarse a sí misma.»

Respondió como si fuera una obviedad lo que quería decir, y faltaba el tono bromista de otras ocasiones.

Está tranquilo… aun con lo injusto que está siendo con Eris. Es posible que tenga una razón para lo que hace, así que debo elegir correctamente mis palabras.

«Shishou, lo que siempre me has dicho es Que todo lo que haga debe ser racional

«El gran yo ciertamente dijo eso.»

«Y Eris se pasa todo el día dando espadazos al viento como una idiota; ¿qué tiene eso de racional?»

«…¿Hah?»

Por su actitud, diría que estaba irritándole o hartándole con mis palabras; me dio igual, Eris es la importante ahora.

«Ghyslaine, ¿desde cuándo te preocupas por tonterías como esa?»

«¡Desde mucho antes de regresar a este lugar!»

«… ¿Y ya no piensas respetar las palabras de tu Shishou?»

«Pero- ¡Uh…!»

Antes de que pudiera reaccionar, una espada se posicionó entre nosotros, con su punta dirigida hacia mi cabeza; en un movimiento que para muchos hubiera sido instantáneo. Pero aunque lo hubiera visto venir, no había sido capaz de reaccionar a tiempo.

Por mucho que fuera una Reina del Filo, seguía sin ser capaz de reaccionar a tiempo ante el ataque del ser más veloz de esta época.

Sigo sin estar a su altura…

«Ghyslaine, ¿sabes? Me siento un tanto arrepentido de haberte permitido ser discípula del Grandísimo Yo.»

«…»

«Comparada con la antigua Ghyslaine a la que conocí, que se parecía más a un tigre hambriento y perdido, ahora pareces una simple gatita, como si mis enseñanzas te hubieran arrancado los colmillos. Si no hubieras perdido ese ímpetu, a día de hoy ya serías una Emperatriz del Filo.»

La garganta se me secó al escucharle y tuve que tragar saliva para conseguir relajarla. Hasta yo he comprendido que no soy tan hábil como antes… pero a mis ojos, no puedo verlo como algo negativo.

Es cierto que mi habilidad con la espada se ha estancado en los últimos años, y a este ritmo nunca superaré mi actual rango de Reina del Filo; pero a cambio de ese estancamiento, he ganado algo valioso para mí, Sabiduría y Conocimiento. Esas 2 cualidades jamás las hubiera obtenido si hubiera continuado únicamente el camino de la espada.

«El Gran Yo no volverá a sacarle los colmillos a una fiera.»

El Dios del Filo, con su gran dedicación al arte de la espada, seguramente le viera algún significado específico a esas palabras. Pero yo no.

«No entiendo qué tiene que ver eso con no entrenarla, solo puedo sentir lástima de Eris al verla.»

Pude ver como la expresión de agotamiento se extendía por la cara del Dios del Filo al mismo tiempo que dejaba escapar un fuerte suspiro. Un suspiro propio de un adulto al verse obligado a explicarle las cosas a un niño de la A a la Z para que este lo comprenda.

«Escúchame bien, Ghyslaine. Si una persona quisiera simplemente superar al Gran Yo algún día, seguir los métodos tradicionales y racionales sería suficiente para conseguirlo».

«Yo mismo llegué a dónde me encuentro siguiendo ese patrón después de todo; aunque es obvio que para llegar a ser Dios del Filo es necesario talento y esfuerzo, pero dejemos eso de momento».

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«El objetivo de esa chica es Orsted, el Dios Dragón. Hablamos de un Monstruoun Ser más allá de la Razón, ni yo soy capaz de comprender toda su fuerza. Por eso mismo, aun siguiendo las enseñanzas del mismísimo Gran Yo, sería imposible vencerle.»

Gull-Farion perdió la mirada durante unos instantes dejándome ver una expresión nostálgica, como si estuviera rememorando algo.

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Ahora que lo recuerdo, Shishou peleó contra Orsted en una ocasión, aunque antes de haberse convertido en el Dios del Filo, cuando todavía no era más que un vanidoso Santo del Filo.

Recuerdo cómo me explicó amargado cómo aun tras perder contra él, salió vivo del encuentro sin siquiera haber perdido una sola extremidad; no comprendía cómo había pasado eso, pero su vanidad se rompió en pedazos y continuó entrenando teniendo a Orsted como su objetivo a vencer, llevándole a convertirse en Dios del Filo.

Seguramente por eso, le esté molestando que le incordie sobre este asunto; pero por el bien de Eris, no puedo permitir que se desaproveche su talento.

«Ghyslaine, deberías saber que entrenar y aprender no son la misma cosa, y más aún si tienes una meta clara en mente. Escuchar las enseñanzas de otros sin comprenderlas internamente es inútil en ese caso, ¿no es cierto?»

«… Shishou, siempre hablas de forma enrevesada y no entiendo lo que quieres decir.»

«¡Ufff!»

La respuesta de Ghyslaine hizo que el Dios del Filo resoplara.

Comprendo que no soy la más lista, por eso no me importa reconocer que necesito que me lo expliquen de la A a la Z si es necesario.

«Bah, lo que tienes que entender es que el Gran Yo no será el único que adiestrará a Eris. Y por eso, necesitaba preparar cosas antes de empezar. Este tipo será el comienzo.»

Diciendo esto, Shishou señaló a Auber y este asintió a modo de saludo.

«Me presento, soy el Emperador del estilo del Norte Celestial, Auber Corvette. También conocido como Espada Pavorosa

No pude evitar hacer una mueca al sentir el intenso olor que provenía del cuerpo de ese hombre.

Es como un fuerte y ácido olor a cítricos… Perfume, seguramente…

Para los miembros de la raza feral, los olores intensos y artificiales eran increíblemente molestos debido a su gran olfato.

«¿Qué motivo trae a un practicante del estilo Nórdico Celestial a la Tierra Santa de la Espada?»

«Dios del Filo-sama solicitó mi presencia para que entrenara a uno de sus discípulos, o eso indicó en su carta.»

Sus palabras no tenían sentido en mi cabeza y seguramente se mostraron en mi cara, necesitaba respuestas y me dirigí a la persona que le había hecho venir.

«¿Por qué el estilo Nórdico Celestial? Si Eris no es está hecha para utilizar un estilo basado en triquiñuelas.»

«Porque el Dios Dragón sí lo utiliza.»

Me quedé pensativa por unos segundos al escuchar su respuesta.

… ¿Qué el Dios Dragón utiliza el estilo Nórdico Celestial? Es la primera vez que lo escucho… Pero si el de verdad lo usa, el Dios Nórdico sería en realidad el 2º mejor combatiente de ese estilo…

«… ¿Pero qué clase de persona es ese tal Dios Dragón?»

«Ni idea… Pero básicamente, ese tipo ha asimilado todos los estilos en su técnica; tanto Filo, como Cauce y Nórdico; todos. Seguramente su idea es que si los conoce, puede defenderse de cualquier ataque; pero básicamente significa, que si tú no conoces todos los estilos, no serás capaz de estar a su altura.»

Toda duda que pudiera mostrarse en mi cara desapareció al instante.

Claro… de siempre ha sido lógico aprender cómo pelea el adversario para vencerle.

«Ya veo… en ese caso, ¿pretendes que en el futuro venga alguien del Cauce Celestial?»

«Sí. Llegado el momento, el Gran Yo solicitará la presencia de un usuario de ese estilo.»

«Comprendo.»

Comprendiendo los motivos para el entrenamiento, y sabiendo ahora que no estaba ridiculizando a Eris, no pude evitar alegrarme al ver como, Shishou de verdad iba a adiestrar a Eris como era debido. Hasta mi cola comenzó a agitarse en un acto reflejo propio de la raza feral.

«En ese caso, Emperador del Norte-dono, siento mi actitud hasta ahora y espero que tenga una buena estancia en la Tierra Santa de la Espada.»

Habiendo comprendido la situación y eliminado todas mis dudas, me levanté para darle la bienvenida correctamente al Emperador del Norte que había venido a entrenar a Eris.

Coloque una rodilla en el suelo e hice la reverencia propia del estilo del Filo Celestial.

«Umu, Reina del Filo-dono, gracias por su hospitalidad.»

Auber volvió una vez más a colocar la mano en su pecho para hacer una leve reverencia a modo de saludo.

Y así fue cómo el entrenamiento de Eris volvió a comenzar una vez más; y un año después de estos eventos, consiguió alcanzar el título de Santa del Norte.

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– FIN DEL VOLUMEN 10 –

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