Mushoku Tensei: Isekai Ittara Honki Dasu (NW)

Volumen 6

Capítulo 61: El Final del Viaje

 

 

3 días después de nuestro encuentro con Orsted, llegamos al reino de Asura.

El lugar al que nos dirigimos se encuentra ya a la vuelta de la esquina, aunque no sería una exageración decir que en realidad ya habíamos llegado. Y aún así, las expresiones en los rostros de nuestro grupo no mostraban emoción por este hecho.

Estoy más que seguro que el incidente del otro día nos bajó increíblemente los ánimos. Nuestras caras contrastan en gran medida con aquellas personas con las que nos cruzamos en nuestro viaje.

Pero es normal, fue una completa derrota y sin posibles excusas; a los 3 nos derrotaron en apenas unos segundos y hasta llegaron a dejarme al borde de la muerte.

No entiendo el antojo que le llevó a hacerlo, pero no es normal que me reviviera después.

Aunque de no ser por este hecho, yo ya no me encontraría en este mundo, y ahora que hablo sobre ese aspecto, soy incapaz de comprender la realidad de lo ocurrido.

Hasta para mí es extraño, pero lo que sentí en aquel momento no era exactamente miedo. Hasta cuando me dio el último golpe, en el que no puedo negar que pensé que no quería morir< supuse que se podría convertir en una especie de trauma, pero en su lugar, cuando volví en mí, por alguna razón lo que sentí es que estaba completamente renovado… bueno no, eso no sería la forma correcta de decirlo, sino que lo acepté casi como si lo ocurrido fuera un sueño, como cuando te despiertas después de ver una pesadilla.

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Quizás esa sensación se deba a que mientras me encontraba al borde de la muerte Hitogami me llevó al mundo de los sueños, haciéndome pensar inconscientemente que todo lo ocurrido no había sido más que un sueño…

Cuando pensé en esto, se me ocurrió que Hitogami quizás hubiera planeado algo así y que por eso me llevó a ese sitio blanco justo en ese preciso momento.

Personalmente, siento que estoy bloqueando instintivamente los hechos en mi cabeza, pudiéndome llevar a problemas a medio y largo plazo; pero visto lo que hizo por Ruijerd, me da la sensación de que Hitogami podría no ser tan mala persona por lo que la teoría anterior sobre que pretendió suavizar la impresión del evento ganaría fuerza.

***

 

 

Desde que pasé por esa experiencia cercana a la muerte, la distancia con Eris la noto extremadamente corta.

En todo nuestro viaje hasta la fecha, cuando viajábamos en el carruaje, por lo general había más de un pie de distancia entre nosotros.

«¿Por qué no haces conmigo este entrenamiento para el equilibrio, Ludeus?»

Eso dice, pero en estos últimos días, lo hace sentada. Justo a mi lado, estamos tan separados que nuestros muslos están en contacto y bien pegados.

Y llegados a esta distancia, hay varios detalles que puedo contemplar. Como por ejemplo, en un día concreto, pude ver sin dificultad la piel expuesta en el interior de los bordes de tanto su camiseta como su pantalón.

Viendo semejante escena, el débil corazón humano te llevaría involuntariamente a tocar semejante espectáculo, y dejándome llevar por el impulso, involuntariamente dejé que mi mano derecha fuera a acariciar esa piel, que al notarla, hizo que Eris me mirará enfadada con la cara totalmente enrojecida.

Si soy sincero, hasta yo sentía vergüenza de haber hecho algo así.

Pero lo que tuvo que llegar, no lo hizo.

Básicamente, Eris ahora no me pega como hacía antes, y eso que he hecho todo lo que implicaba una reprimenda física hasta este momento, pero ha dejado de hacerlo. Tan solo me fulmina con la mirada con una cara totalmente enrojecida, sin hacer nada a parte de mirarme; y aun tras el acto, Eris continúa sentada a mi lado como si estuviera cosida a mí.

Hasta ahora, cuando hacía algo semejante, se alejaba de mí durante al menos un rato; pero nuestra distancia actual no cambia aun cuando imito esas conductas tan cuestionables.

Si soy sincero, empiezo a tener ganas de colar mi mano por dentro de su pantalón, por lo que llegados a este punto, preferiría que se separara un poco de mí; porque hasta yo sé que hay cosas que puedes disculparlas como si fuera una broma y dejarlas estar, y lo que empiezo a querer hacer no son de ese tipo de cosas. Pero lo estoy soportando por el momento.

Y totalmente ajena a mi conflicto interior, Eris continúa a mi lado.

«…..»

Si fuera a dejar a mi mano hacer lo que le venga en gana, acabará tarde o temprano alargándola hasta sobar a Eris; por lo que me encuentro en estos momentos realizando un experimento en el que genero magia en mi mano izquierda y utilizo mi mano derecha para desestabilizar y cancelar el maná de la anterior, imitando la magia que Orsted usó conmigo.

Si no me equivoco, la llamó Ran Ma (Distorsión Mágica)…

Justo cuando le voy a dar forma al hechizo en mi mano izquierda, utilizo una cantidad de maná alterado para interferir con la ejecución y dispersar el poder mágico del hechizo para que no sea capaz de ejecutarse.

Es una técnica bastante simple y consume una mínima cantidad de poder mágico, pero las posibilidades que ofrece son increíbles. Es más, si me paro a pensarlo, la barrera de nivel Real en la que me encerraron seguramente usara una aplicación similar para anular mi magia en su interior.

Explicarla en palabras es sencillo, pero llevarlo a la práctica es considerablemente más difícil, aunque quizás se deba a que soy yo mismo el que lanza el hechizo en mi mano izquierda.

A menudo, el hechizo en mi mano izquierda se ejecuta pero de forma incompleta y seguramente, para anularlo completamente, como Orsted hizo conmigo, hace falta una gran cantidad de práctica. Pero aun así, con lo que soy capaz de hacer debería valerme para restringir a otros magos… por lo que no puedo negar que lo que ese tipo me enseñó es genial.

«Eh, Ludeus, ¿qué has estado haciendo con las manos todo este rato?»

«Estaba intentando imitar una magia que Orsted utilizó.»

Tras decir esto, Eris se quedó mirando fijamente mis manos, observando que mi mano izquierda hay una pequeña piedra deformada que acabé lanzando al suelo.

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Otro fallo….. Es casi como si jugara a piedra papel tijera en solitario usando mis propias manos, dejando que siempre gane mi mano izquierda, haciendo este entrenamiento irrelevante. Casi seguro que existe alguna clase de ley fundamental que debo comprender si quiero que funcione; ya que como cualquier tipo de alteración al proceso de creación no sirve, quiere decir que hay una alteración concreta que aplicar al maná para que el hechizo no pueda coger forma. En ese caso, si existe una ley, ¿puedo tenerla en cuenta a la hora de lanzar mis hechizos para anular la anulación de magia…? no lo sé, quizás… Pero el límite está en la imaginación.  (NT: Recordemos que los pasos que sigue Ludeus en su cabeza a la hora de lanzar hechizos en silencio son: Creación(forma base) Dureza (refuerzo) Alteración(cambios en forma base) Manipulación(Añadir movimiento antes de lanzar) Velocidad(Lanzamiento)).

«¿Qué clase de magia es esa?»

«Es magia que anula magia.»

«¿Se puede hacer algo así?»

«Responder a esa pregunta es el motivo de este entrenamiento.»

«¿Cómo se te ha ocurrido hacer algo como eso?»

«Porque ha habido un par de casos últimamente en los que mi magia se ha visto bloqueada y he sido incapaz de hacer nada, y por eso lo estoy investigando. Y bueno, si volviera a encontrarme con Orsted y volviéramos a pelear, ¿no te gustaría al menos ser capaz de huir?»

Eris se quedó sin palabras al escucharme decir eso y el silencio se alargó. Por mi parte, pasado unos momentos, volví a repetir mi entrenamiento dejando escuchar como piedras caían y rodaban por el borde del camino.

«Dime, ¿por qué eres tan fuerte, Ludeus?»

Tras un largo rato en silencio, Eris me hizo esta pregunta sin venir a cuento.

¿Soy fuerte? No… es imposible que lo sea. No es por chulear, pero en estos últimos años, solo he podido sentir los límites de mi habilidad, ya que cada día no era más que una muestra más de mi impotencia, sobretodo en los últimos momentos importantes.

«Personalmente pienso que tú eres la más fuerte de los 2, Eris.»

«Eso no es cierto.»

«…..»

«…..»

Nuestra conversación se detuvo. Eris parecía querer decir algo, pero se mantuvo en silencio como si fuera algo difícil de decir.

¿Qué será? No tengo ni idea… bueno, se me ocurre de qué puede tratarse.

«¿Todavía te molesta el hecho de que te derrotaran tan rápido el otro día?»

«…Sí.»

No había nada que hacer… el propio Hitogami lo dijo, Dios Dragón-sama es el ser más poderoso del mundo. Si hasta Ruijerd fue vencido sin dificultad… simplemente era un enemigo fuera de nuestro nivel, ya que en este mundo, existe un rango que no puede alcanzarse únicamente con esfuerzo.

Hasta en mi anterior vida tuve cosas en las que conseguí llegar a un nivel considerablemente elevado, pero jamás pude alcanzar el mayor nivel en ninguna de ellas. Supongo que si tomáramos como juego algo relacionado con orgías podría haber sido invencible, pero siempre hay alguien mejor…

Y parece que Orsted encima sufre una serie de restricciones, y aun en ese estado superó a Ruijerd en un combate cuerpo a cuerpo, se deshizo de Eris con una mano y a mí me dejó completamente bloqueado. Por si fuera poco, nos incapacitó de una forma que, a Ruijerd y Eris, los dejó totalmente inutilizados sin bajarles los HP a 0, salvo en mi caso; y aun así dio la impresión de que lo hizo sin apenas esfuerzo. Soy incapaz de imaginarme como sería si peleara en serio, aunque por lo que dijo Hitogami, no puede por culpa de una maldición… Pero también dijo, que aun sin ponerse en serio, ese tipo es invencible, y casi seguro de que eso no cambiará por mucho que me esfuerce en superarle.

«No se pudo hacer nada, simplemente nos tocó un mal oponente.»

«…Pero…»

Comprendo la preocupación de Eris, sobretodo por el hecho de que fue vencida de un único golpe, siendo lanzada por los aires por una palmada en el lateral de su espada.

«Eris, todavía eres joven, si te sigues esforzando como hasta ahora, cada día serás más fuerte.»

«Me cuesta creer que eso sea cierto.»

«Pues créelo, ¿no fueron Ghyslaine y Ruijerd quienes te lo dijeron?»

Eris de improvisó alzó su mirada, mirándome directamente a los ojos.

«Ludeus, ¿sabes que estuviste a punto de morir, no? En ese caso, como puedes… ¿Cómo puedes hablar del tema como si nada?»

Porque… porque realmente no ha dejado una impresión tan real como debería, aunque puedo decir que no tengo la menor intención de pelear contra Orsted. La próxima vez que le vea, pienso salir escopetado, o como rata gris que soy, me esconderé en algún agujero oscuro o algo similar; si no pudiera, en esa ocasión, seguramente ruegue que me perdone la vida, y si tengo suerte, me gustaría que tú, Eris, no estuvieras delante para ver algo así.

Pero decirte abiertamente algo tan patético como eso, me da vergüenza.

«Porque no quiero morir la próxima vez.»

«…Tienes razón, nadie querría morir.»

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«Pero estate tranquila, si te viera en peligro, Eris, me aseguraré de al menos ser capaz de escapar llevándote conmigo.»

Fui incapaz de comprender la expresión de Eris ante mis palabras, pero tras eso, apoyó su cabeza en mi hombro. Si fuera a acariciar su cabeza en este momento, es probable que algo en mi despertara, pero el evento fue evitado debido a que mi mano derecha estaba entrenando el hechizo Ran Ma.

«Bueno, en cualquier caso, como ahora soy incapaz hasta de eso, tendré que hacerme un poco más fuerte.»

Un poco más… exactamente, porque no podré convertirme en el más fuerte de este mundo, sobretodo viendo como el límite está tan increíblemente elevado; sobretodo teniendo en cuenta que tampoco pude convertirme en el mejor de mi anterior mundo. Pero aunque no posea ni una pizca de talento, debería de conseguir algo a cambio de mi esfuerzo. No sé cuánto talento debo poseer comparado con el resto de seres de este mundo, pero no puedo confiarme mucho en ese aspecto y pensar que con eso será suficiente.

Porque al menos me gustaría ser capaz de escapar si acabo encontrándome con algún tipo extraño que me ataque de repente.

Enterré mi cabeza en el pelo de Eris y olisqueé su aroma mientras pensaba en todo esto.

***

 

 

Esa noche, cuando Eris se quedó dormida, me puse a hablar con Ruijerd, principalmente porque el número de veces que hablaba había bajado más incluso de lo habitual. Nunca fue especialmente hablador, pero se ha vuelto bastante seco y callado.

Seguramente se deba a lo que ocurrió con Orsted, porque Ruijerd es un hombre con un fuerte sentido de la responsabilidad. Prometió escoltarnos sanos y salva a casa, pero creo que piensa que no ha cumplido su palabra.

Menuda tontería. Tuvimos mala suerte y un encontronazo, y aun así, estoy vivito y coleando.

«Por lo visto, ese hombre llamado Orsted era el Dios Dragón, el 2º de los 7 Campeones Mundiales.»

Comencé la conversación con estas palabras para ver su reacción intentando indicarle que como el oponente era así de poderoso no se podía hacer nada.

«Ya veo, eso lo explica…»

«Era increíblemente fuerte, ¿no te parece? Después de que lo detuvieras un rato, yo no pude hacer nada contra él.»

«La última vez que supe, solo con mirar a una persona, que no tenía oportunidad de ganar fue desde mi encuentro con Laplace.»

Y por lo que dijo Hitogami, Orsted es hasta más fuerte que Laplace… incluyendo incluso el hecho de que sufre las restricciones que le impiden luchar en serio. Aunque este punto no es necesario que lo escuche Ruijerd, ya que a él lo inutilizó peleando únicamente con su habilidad física y aun así lo tumbó sin dificultad.

Es posible que este hecho haya dejado a Ruijerd en Shock, o eso pensaba, pero…

«Ni a mí se me ocurrió pensar que podría hacer nada contra los rangos superiores de los 7 Campeones Mundiales; esos tipos son verdaderos monstruos que van más allá de la imaginación. No puedo pensar nada salvo que tuvimos mala suerte de encontrárnoslo caminando en nuestro camino; al igual que tampoco verlo sino como buena suerte al hecho de haber conseguido sobrevivir. Ludeus, si te volvieras a encontrar con alguien así, jamás intentes pelear contra esa persona, es imposible vencerles. Al menos no lo hagas si no quieres que se vuelva a repetir lo de esta ocasión.»

«Sí, bueno… la próxima vez simplemente evitaré hacer contacto visual y pasar sin decir nada.»

Vaya, Ruijerd me ha regañado… aunque claro, si no le hubiera dicho nada, se habría ido simplemente sin causar todo este revuelo; así que mejor acepto mi culpa en este evento. Aunque he de decir que en ningún momento me pareció un tipo tan peligroso…. bueno no, tampoco llevo razón en eso; habiendo visto la reacción de Ruijerd y de Eris debería de haber ido con más cautela.

«Entonces, ¿qué es lo que te tiene tan preocupado?»

Tras mi pregunta, Ruijerd me miró a los ojos.

«¿Qué es Hitogami?»

Oh, eso…

«El tipo este al principio pareció no darnos importancia, y por mucho que yo le estaba lanzando toda mi sed de sangre, ni me tuvo en cuenta. Pero en cuanto mencionaste a Hitogami, centró toda su ansia asesina en ti.»

Cerré los ojos.

¿Debería decírselo o no? En su día decidí no hacerlo pero… Por sospechoso que parezca, Hitogami no parece un tipo tan malo, y aun así, con todo lo que hemos vivido juntos, ¿todavía pienso ocultárselo? No me gusta ocultarle algo así a un amigo.

Debido a mi razonamiento, decidí hablarle a Ruijerd de Hitogami.

«Pues Hitogami es…»

Por mucho que me preocupé tanto por el asunto hace meses, en esta ocasión no me costó decírselo y mi boca se puso a contarle todo sin dificultad.

El hecho que desde el teletransporte, un desconocido que se hace llamar Hitogami, o Dios Humano, se me ha aparecido de vez en cuando en mis sueños. El hecho de que esa persona me aconsejó que ayudara a Ruijerd. El hecho de que me aconsejó sobre una variedad de cosas a lo largo del viaje. El hecho de que gran cantidad de mis acciones sin motivo se debía a estos consejos. Y finalmente, el hecho de que Hitogami y el Dios Dragón se odian mutuamente.

Me costaba recordar parte de mis conversaciones con Hitogami y es posible que olvidara algún detalle aquí y allá, pero siento que le he hecho saber los puntos principales.

«El Dios Humano y el Dios Dragón… Así que los 7 dioses de la antigüedad… todo esto se ha convertido inesperadamente en una historia increíble.»

«Tú lo has dicho.»

«Pero ahora hay cosas que puedo comprender mejor.»

Tras estas palabras, Ruijerd se quedó en silencio dejando únicamente el sonido del fuego y los crujidos de la madera llenar el ambiente.

Las sombras creadas por el fuego se agitan lateralmente resaltando la cara del guerrero de antaño que tengo delante; la cara de Ruijerd le hace parecer mucho más joven de lo que es, pero su expresión es algo que muestra su larga vida.

Mientras observaba estos detalles, recordé lo que Hitogami me dijo en mi último sueño sobre la maldición que recae en Ruijerd.

«Ahora que lo recuerdo, Ruijerd-san. Sobre la discriminación y baja opinión de la raza Supard, parece ser que era debido a una maldición.»

«…¿Cómo dices?»

«Si soy preciso, al principio era una maldición que poseía Laplace que más tarde transfirió a las lanzas que os entregó a todos los Supard durante la campaña… por lo que esa sería la causa de la discriminación y reacción de las personas ante los Supard.»

«Ya veo… así que una maldición…»

Intenté comentárselo alegremente sin darle importancia, pero Ruijerd mantuvo su expresión melancólica y desanimada.

«Nunca he oído que sea posible transferir una maldición, pero si fue Laplace quien lo hizo, es posible. Ese tipo era un hombre capaz de cualquier cosa.»

Personalmente no sé mucho sobre el tema, pero imagino que Ruijerd conocerá más sobre las maldiciones y temas similares. Tras lo que le dije, estuvo un rato pensativo, pero terminó riéndose sin ganas.

«Si es una maldición, entonces no hay forma de eliminarla.»

«¿En serio?»

«Así es, las maldiciones son cosas para las que no existe cura.»

Así que no hay forma de eliminar maldiciones…

«Nunca había escuchado sobre maldiciones transferidas y mucho menos a una raza entera, pero… si es algo que ese dios tuyo dijo, debería ser cierto.»

Ruijerd se echó a reír como riéndose de sí mismo.

Parece que he hablado de más.

Puede que fuera por la iluminación que me estaba engañando, pero me pareció ver pequeñas lágrimas amontonarse en el borde de sus ojos.

«Aunque..»

«¿Qué pasa?»

«Hitogami dijo que la maldición de las lanzas era un caso especial, y que con el paso del tiempo estaba desapareciendo.»

«¿Cómo dices?»

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«Por lo que me comentó, lo que queda de la maldición solo recaía en ti, Ruijerd-san, pero gracias a que te cortaste el pelo, empezó a desaparecer a gran velocidad.»

«¡¿De verdad?!»

Ruijerd dejó escapar estas palabras con bastante fuerza, haciendo que Eris se moviera en sueños.

Me pregunto si no hubiera sido mejor dejar que ella también escuchara esto… Bueno, no pasa nada si se lo digo cuando despierte.

«Sí. Parece que apenas queda nada de la maldición original y que solo permanecen los prejuicios originados de las acciones que tomaron lugar durante la maldición. Por lo que me dijo, dependiendo de tus acciones a partir de ahora, Ruijerd-san, es posible recuperar lentamente el nombre de la raza Supard.»

«Ya veo… entiendo, así que así son las cosas…»

«Aunque esto es algo que Hitogami me dijo, por lo que considero que aunque se puede confiar hasta cierto punto en sus palabras, es mejor no aceptarlas completamente. Es mejor ir con cautela en el tema de los Supard como llevamos haciendo todo este tiempo.»

«Lo entiendo, aunque, para mí, es suficiente con lo que me has contado.»

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Ruijerd volvió a quedarse en silencio, y en esta ocasión no pareció que la luz me estuviera engañándome, sino que las lágrimas corrieron por sus mejillas.

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«Bueno, ya es hora de acostarme.»

«Vale.»

Decidí pretender como si no las hubiera visto, ya que, para mí, Ruijerd-san es un gran hombre en quien confiar y que nunca se echaría a llorar por nada. Quizás sea un punto de vista egoísta, pero para mí, estos gestos hacen que Ruijerd sea la persona en la que más confíe y no quiero que este hecho cambie.

***

 

 

Y tras ese evento y durante un mes, estuvimos yendo en línea recta en dirección norte.

Dejamos a un lado la carretera principal a la capital y continuamos norte por una carretera secundaria desplazándonos entre las distintas aldeas que formaban la zona rural, atravesando campos de trigo, molinos de agua y pequeñas cabañas y torres de vigía por los alrededores.

En ninguno de estos puntos nos preocupamos ni de reunir información, sino de dirigirnos en dirección norte a la mayor velocidad posible, el motivo es que pensé que no haría falta reunir información tan cercanos como estábamos del campo de refugiados.

Pero por encima de todo, lo que quería, era llegar aunque sea un día antes a nuestro destino.

Finalmente llegamos a la provincia de Fedora, y vimos con nuestros propios ojos que no quedaba nada.

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Esto es algo que ya sabíamos, pero donde antes se suponía que debía haber algo, cualquier cosa, ya no estaba. Ni los campos de trigo, ni los campos de flores de Bardius, ni los molinos de agua con sus edificaciones, ni los graneros donde se almacenaban trigo o ganado. Todo desaparecido.

Encontrándonos únicamente con una enorme explanada cubierta de césped, una llanura hasta donde me alcanzaba la vista.

Manteniendo esa sensación de pérdida y soledad debida al espectáculo, llegamos a lo que podrías considerar la única ciudad de toda la provincia; el campo de refugiados.

El lugar donde se encontraba nuestra meta final.

Y justo a escasos pasos de la entrada al lugar, Ruijerd detuvo el carruaje.

«¿Hn? ¿Qué ocurre?»

Ruijerd se bajó del asiento del conductor, a lo que yo observé nuestros alrededores preguntándome si habría aparecido algún monstruo, pero no vi ni rastro de ellos.

Mientras tanto, Ruijerd rodeó el carruaje y cuando se encontraba en la zona trasera, lo dijo.

«Yo me despido aquí.»

«¡¡Eh!!»

Ante las palabras tan inesperadas, alcé la voz por la sorpresa; y por su parte, Eris abrió bien los ojos.

«E-Espera un segundo.»

Nos bajamos del carruaje a trompicones y nos dirigimos a donde se encontraba Ruijerd.

¿No te parece demasiado deprisa? Pero si apenas hemos llegado al campo de refugiados, es más, ni hemos llegado, no hemos ni atravesado la entrada.

«Al menos deberías tomarte un día de descanso o así, o ni eso, al menos entra con nosotros en la ciudad.»

«Ludeus tiene razón, después de todo lo que…»

«No hay necesidad.»

Ruijerd nos dirigió estas palabras toscas.

«No hay necesidad aquí para un Guerrero, no necesitáis protección.»

«…..»

Eris se quedó en silencio ante esas palabras.

Joder… se me había olvidado, Ruijerd tan solo vino para ayudarnos a llegar a nuestra ciudad natal. Ahora que hemos alcanzado el objetivo, lo natural es separarnos aquí… aunque pensé que siempre estaríamos juntos.

«Ruijerd-san…»

Tras empezar a hablar, dudé.

Si intento hacer que se quede, me pregunto si lo hará…… No creo… ahora que lo pienso bien, le he traído una enorme cantidad de problemas a este hombre. Es innegable que hubo varias ocasiones en las que solo le he dado problemas, pero lo más común es que le mostrara escenas vergonzosas. Y aun así, Ruijerd me reconoció como un Guerrero… con todo lo que ha hecho por nosotros no creo que tenga derecho a pedirle más.

«Si no fuera por ti, Ruijerd-san, estoy seguro de que no habríamos conseguido llegar hasta aquí en tan solo 3 años.»

«No, tratándose de ti, creo que habría sido igualmente posible.»

«Es imposible que eso sea cierto, todavía me falta mucho que aprender… siento que habría cometido un error grave en alguna parte.»

«Mientras que lo veas de esa forma, os irá bien.»

Hubo un número nada reducido de situaciones que no podía, bajo ningún concepto, haber solucionar solo, como cuando me capturaron en Shirone… si no hubiera sabido que podía depender de Ruijerd, habría caído presa del pánico; y seguro que no habría podido estar tranquilo o concentrarme.

«…Ludeus, ya te lo dije una vez, pero…»

Ruijerd me miró con una mirada calmada, aun más de la habitual.

«Ya has alcanzado una gran maestría como mago, y aun con todo el talento que posees, no te has vuelto arrogante. Deberías llevar con orgullo el hecho de que hayas llegado a tanto a tu edad.»

Recibí sus palabras con sentimientos enfrentados. Porque aunque dijera lo de a mi edad, si contamos todos mis años de vida, ya he alcanzado más de los 40. Aunque bueno, si lo viera en proporción con la edad de Ruijerd, seguiría entrando en la categoría de joven.

«Yo…»

En este punto es en el que debería haberme puesto hablar de mis malos hábitos y defectos, pero siento que habría sido casi como mancillar el momento.

Frente a este hombre, quiero tener la cabeza bien alta.

«No, comprendo tu postura, Ruijerd-san, pero aún así, te debemos mucho por todo lo que hiciste hasta este momento.»

Y tras decir estas palabras, iba a inclinarme para mostrarle mi respeto, pero me cogió del hombro y me detuvo.

«Ludeus, no bajes tu cabeza por mí.»

«… ¿Por qué?»

«Puedes pensar que me debéis mucho por lo vivido, pero soy yo quien piensa que soy yo quien te lo debe a ti. Gracias a ti, he sido capaz de sentir esperanza en la recuperación del honor de mi familia y raza.»

«No he hecho nada en absoluto, en verdad no pude hacer apenas nada.»

En el continente demoníaco es posible que convirtiéramos el nombre de Dead End en algo más agradable, pero tan solo en el estrato de aventureros. Como no pudimos aprovechar eso en Milis, andaba pensando formas de hacerlo, pero al final lo acabé dejando estancado; y al final, aun en el continente central no he hecho nada.

Llegados a este punto, he sentido que la influencia de nuestros actos ha empezado a aflorar un poco, pero como dije, solo un poco; aun dejando de lado la persecución que han sufrido los Supard a lo largo de la historia en todo el mundo, no hemos podido hacer nada para eliminar al menos parte de ese prejuicio.

«No, fuiste capaz de conseguir varios resultados, como por ejemplo, enseñarle a alguien que simplemente sabe lanzarse a salvar niños, que existen varios métodos distintos de conseguir hacerlo.»

«Pero todo lo que hicimos no tuvo ningún efecto significativo.»

«Pero no puedes negar que nada ha cambiado. Recuerdo todos esos momentos, como utilizando tu plan en la ciudad de Rikaris, esa mujer me dijo que no temía a los Supard; las caras alegres de los aventureros que se reían sin miedo aun escuchando el nombre Dead End; la cercanía con la raza guerrera de los de Dordia que llegaron a invitarnos a su aldea aun sabiendo que yo era un Supard; los soldados de Shirone que me agradecieron entre lágrimas haberles reunido con sus familias.»

Pero no he hecho nada, Ruijerd; dejando de lado los 2 primeros, los otros 2 se debieron únicamente a tu esfuerzo.

«…Pero eso, Ruijerd-san, fue con tu propio esfuerzo.»

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«No. Por mí mismo no pude hacer nada, y han pasado ya 400 años desde la guerra. Fui de aquí para allá en solitario y no pude dar ni un solo paso al frente, y fuiste tú, Ludeus, el que me permitió avanzar ese camino.»

«…Pero eso lo hice siguiendo el consejo de Hitogami.»

«No me importa nada un Dios al que nunca he visto. El que me salvaste fuiste tú, y aunque ni tú mismo lo comprendas, siento una enorme gratitud por ti debido a ello. Por ese motivo, no agaches tu cabeza, porque tanto tú como yo somos iguales, y más que agradecérmelo, quiero que me mires a los ojos.»

Mientras decía esto, Ruijerd se puso ante mí y me ofreció su mano.

Sin dejar de mirarle a los ojos y sin moverlos lo más mínimo, agarré la mano que me ofrecía.

«Lo diré una vez más. Ludeus, gracias por tu ayuda.»

«Nosotros también te agradecemos tu ayuda por todo hasta ahora, Ruijerd-san.»

Mientras nos dábamos un fuerte apretón de manos en el que Ruijerd me transmitía todas sus emociones, haciéndome sentir como se calentaban los ojos de este vergonzoso de mí que no hizo nada más que cometer errores hasta ahora y que aun así se ganó la aprobación de Ruijerd.

Pasado un corto tiempo, en silencio soltamos nuestras manos y su mano se fue a la cabeza de Eris, que se encontraba a mi lado.

«Eris.»

«…¿Qué pasa?»

«¿Te importa si te trato como una niña en esta despedida?»

«No me importa, de verdad.»

Eris respondió algo abruptamente, a lo que Ruijerd le sonrió cariñosamente mientras le acariciaba la cabeza.

«Eris, tienes talento, suficiente como para convertirte en una guerrera muy superior a mí.»

«Eso es mentira, pero si… el tipo ese…»

Eris cerró la boca apretando los labios frunciendo el cejo y mostrándose a punto de explotar, a lo que Ruijerd de improviso se echó a reír un poco; tras lo que continuó con palabras más propias del entrenamiento.

«Combatiste contra alguien cuyo nombre incluye la palabra Dios y observaste sus movimientos, su estilo. Lo que significa…»

(¿Lo comprendes?)

Eris le lanzó una miró intensa a Ruijerd, y poco después, abrió cuanto pudo sus ojos.

«…Lo comprendo.»

«Perfecto, buena chica.»

Ruijerd apoyó por última vez su manos sobre la cabeza de Eris antes de separarse de ella, mientras que Eris se quedó apretando sus labios y con los puños fuertemente cerrados; daba la impresión de que estaba haciendo lo imposible por no llorar.

Le hice una pregunta a Ruijerd que seguía mirando a Eris.

«Ruijerd-san, ¿qué harás a partir de ahora?»

«No lo sé, mi intención es buscar por los alrededores a supervivientes de la raza Supard en el continente central durante un tiempo; ya que en solitario, recuperar el honor de mi raza es tan solo un sueño dentro de otro sueño.»

«Comprendo, y te deseo lo mejor. Si tengo tiempo, intentaré ayudarte con todo lo que esté en mi mano.»

«…ju… En ese caso, yo también intentaré a ayudarte a buscar a tu madre si tengo tiempo.»

Tras sus palabras, Ruijerd dio media vuelta para marcharse, ya que él no necesita preparativos para un vieja. Yendo solo, puede vivir y avanzar solo con lo puesto.

Pero inesperadamente se detuvo.

«Ahora que lo pienso, aun me faltaba devolverte esto.»

Mientras decía esto, Ruijerd se sacó del interior de la ropa el colgante que llevaba puesto al cuello, el mismo colgante Migurd que Roxy me entregó.

El único objeto que nos conectaba a Roxy y a mí.

«Sobre eso… Ruijerd-san, por favor, quédatelo.»

«¿Estás seguro? ¿No es una posesión preciada?»

«Exactamente porque es una posesión preciada.»

Tras decir esto, Ruijerd asintió en silencio, aceptando mi ofrecimiento.

«Bueno… Ludeus, Eris, hasta que nos volvamos a encontrar.»

Mientras dijo esto, Ruijerd se marchó dejándonos atrás.

Cuando dijo de venir con nosotros no paraba de hablar, pero cuando se marcha, lo hace con pocas palabras…

Todavía me quedaban muchas cosas que quería decirle, desde que nos conocimos en el continente demoniaco y nos acompañó hasta el reino de Asura, y sobre todo lo ocurrido, suficiente como para que no quepa en simples palabras, tantos recuerdos, tantas emociones…. Junto este sentimiento de no querer despedirte de un camarada.

«Hasta otra, Ruijerd.»

Resumí todas esas emociones en tan solo esas palabras conforme veía a Ruijerd alejarse en la distancia.

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Mushoku Tensei Volumen 6 Capítulo 61 Novela Web

 

Exactamente, volveremos a vernos, no me cabe duda. Ya que mientras ambos estemos con vida, definitivamente volveremos a vernos.

Eris y yo nos quedamos observando la silueta de Ruijerd hasta que no pudimos verle por más tiempo; tan solo le agradecimos en silencio todo cuanto había hecho por nosotros hasta ahora.

Y de esta forma, terminamos nuestro viaje.

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