Mushoku Tensei: Isekai Ittara Honki Dasu (NW)

Volumen 5

Capítulo 50: Hacia El Continente Central

 

 

Han pasado ya 2 meses desde aquello y hemos llegado finalmente a la ciudad portuaria conocida como Puerto Oeste.

El escenario que se mostraba ante nosotros era la viva imagen de Puerto Santo, solo que el tamaño de la ciudad era muy superior; aunque esa diferencia es normal. El recorrido desde la capital del Sagrado Imperio Milis hasta la capital del Reino de Asura era el equivalente a la ruta de la seda de mi anterior mundo; y todas las ciudades intermedias eran, a su modo, puntos de importante interés para el comercio.

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Puerto Oeste al menos lo demostraba así, porque aunque el comercio no llegara al nivel del Distrito Comercial de Milis-Sion, varias empresas tenían sede en esta ciudad y una gran cantidad de mercaderes y comerciantes se reúnen en esta ciudad para hacer negocios.

Hasta desde fuera de la ciudad era fácil observar los enormes almacenes que se alineaban frente al puerto, y una vez te acercabas, podías observar a posibles esclavos y/o aprendices trabajando sin parar y colocando grandes cajones llenos de pescado frente a personas vestidas con un manto que estaban usando magia de Agua para congelarlo. Este pescado congelado luego era guardado en los almacenes o bien para dejarlos congelados o para conservarlos en salazón o puede hasta que simplemente los ahúmen antes de transportarlos hacia otras ciudades.  (NT: SALAZON, técnica para conservar los alimentos, principalmente pescado, que consiste en recubrirlos de sal para deshidratarlos y a la vez inhibir ciertas bacterias. Es una técnica que se usaba incluso en el antiguo Egipto (3000 aC))   (NT: AHUMADO,  Técnica de conservación cuyo origen se desconoce que se basa en el ahumado durante un tiempo prolongado de los alimentos para facilitar la conservación de los mismos, al mismo tiempo que se les da sabor cercano a comida a la brasa).

***

 

 

Pues bueno, aquí tendremos que decirle adiós a nuestro carruaje y nuestro caballo… Los ferris[74] de este mundo son distintos a los de mi mundo original, y son incapaces de transportar carruajes; por lo que vamos a tener que vender nuestro actual medio de transporte de la misma forma que hicimos con nuestro amigo el lagarto, y comprar un nuevo transporte una vez lleguemos a nuestro destino.  (NT: FERRY/Ferri/Transbordador: Barco utilizado para cruzar tramos fijos de agua, ya sean estrechos, ríos o lagos; con la intención únicamente de permitir a personas y medios de transporte ir de una punta a otra cuando no existe un puente que una las secciones).

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Vendo el carruaje y el caballo a un comerciante del puerto; aunque en esta ocasión no me siento tan movido por la despedida, por lo que decido darle y dejarle un nombre en esta ocasión.

Hasta la vista, Haru Urara.

Tras eso, nos dirigimos a la aduana; y en este caso, a diferencia de la que había en Puerto Brisa, es un edificio enorme con guardas armados situados en la entrada.

He visto un montón de caballeros bien equipados por toda la ciudad… me pregunto si esas armaduras sirven de algo contra personas como Eris y Ruijerd; porque en este mundo, el poder ofensivo de los guerreros es altísimo, vamos, es suficiente para que de un solo golpe te destruyan la armadura y te dejen en calzoncillos. No me cabe duda de que si alguno de estos 2 te impactara de lleno acabarías saliendo por los aires haciendo un agujero con tu lápida y sería tu Dead End.

Dejando a un lado las bromas, intentamos entrar en la aduana y vemos que en el interior hay gente armando cierto alboroto; tanto aventureros como mercaderes llenan el edificio llenos de energía y hablando con los encargados de la aduana, negociando con entusiasmo. No se parece en nada a la aduana costera de Puerto Brisa en la que apenas había bullicio y los encargados no estaban motivados en absoluto.

Por el momento, decido dirigirme a uno de los encargados de la aduana que encuentro en el mostrador; al igual que en todos los gremios de aventureros, atendiendo a los clientes me encuentro a una mujer bien equipada.

Quizás hay una ley no escrita en este mundo que obliga a que todas las recepcionistas sean mujeres…. No me cuesta imaginarlo, tampoco que haya otra que diga Si tiene buen físico, mejor.

Sin mostrar lo que pasa por mi cabeza, me dirijo a ella.

«Hola, quisiera realizar los trámites para viajar al continente central.»

«Comprendo, en ese caso, por favor, tome y espere su turno.»

Con ese rápido intercambio, me hace entrega de una plaquita de madera con el número 34 grabado.

Oh, es la primera vez que siento el aura burocrática en este mundo…

Me dirijo a lo que parece la zona de espera y tomo asiento, Eris inmediatamente se sienta a mi lado y Ruijerd se queda de pie cerca. Mirando las inmediaciones, compruebo que varias personas están esperando como nosotros.

«Parece que esto tomará su tiempo…»

«¿No le has entregado la carta?»

Ante la pregunta de Ruijerd, niego con la cabeza

«Se la daremos cuando sea nuestro turno.»

«Así que tú lo haces de esa manera…»

Por algún motivo, Eris está inquieta, pero como es cierto que ojou-sama no es mucho de esperar, no me parece especialmente extraño.

«Ludeus, creo que nos observan…»

Escuchándola, sigo su mirada y me encuentro con uno de los guardias, que parece que le está lanzando miradas furtivas a Eris. Estas miradas estaban incomodando a Eris y se la notaba enfadada; estaba observando al guardia fulminándole con la mirada.

«No vayas a empezar una pelea.»

«No iba a hacerlo.»

Ver para creer… pero dejemos esa sorpresa por parte de Eris por ahora. Me pregunto por qué estarán mirándola de esa forma, y son varios guardas lo que lo hacen… averigua, aunque quizás, ¿la belleza de Eris los haya encandilado a todos? Porque Eris cada día está más guapa, pero todavía es un poco niña… dudo que todos esos caballeros sean unos pedófilos.

«Número 34, su turno por favor.»

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Oigo nuestro número y nos dirigimos al mostrador, y una vez nos atiende la recepcionista, le hago entrega de la carta del amigo de Ruijerd y le informo de que queremos ir en barco al continente central.

Recibió la carta con una sonrisa, pero en cuanto vio a quien estaba dirigida su expresión cambió a una confundida.

«Deme un segundo, por favor.»

Tras decir esto, se levantó de su asiento y se adentró en el edificio.

Pasado un rato, pudimos escuchar un golpe bastante sonoro en lo que imagino sería la oficina, al mismo tiempo que una voz enfadada. Poco después un guarda salió del interior del edificio y se acercó a otro al que le susurró algo al oído; la cara de este último se puso seria y se dirigió corriendo al interior.

El ambiente en el edificio se nota tenso, y siento peligro. Empiezo a arrepentirme de haber entregado la carta del conocido de Ruijerd.

Quizás hubiera sido mejor investigar a fondo antes a este tal Gouache Brush.

La recepcionista que nos atendió regresó un rato después, su nerviosismo era evidente.

«Siento haberles hecho esperar. El Duque Baqciel quiere veros.»

Estaba claro que algo iba mal.

***

 

 

«Soy el Director de Aduanas del continente Milis, el Duque Baqciel von Wieser.»

Vaya, ese cerdo se parece a un hombre… ups, me equivoqué; en realidad es un hombre que se parece a un cerdo.

Tiene la zona del cuello cubierta de grasa y su barbilla está hundida completamente en esa grasa sobresaliente. Su pelo rubio no es demasiado denso, lo lleva peinado con la raya en medio y se le pega a la piel por el sudor. Además, tiene ojeras en sus ojos que me recuerdan a un tanuki; por lo que sería una mezcla entre cerdo y tanuki. No intenta ocultar su desagrado.  (NT: TANUKI / Perro Mapache Japonés, raza japonesa de mapache, un mamífero carnívoro no demasiado grande)

Esa cara me suena algo… he visto a alguien así antes; ah sí, en el espejo.

«Jum, mira que atreverse un demonio a traer una carta como esta…»

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Baqciel estaba sentado en una resultona silla de cuero y sin levantarse de esta, agita la carta en su mano haciéndola chocar con su mano libre. Su silla rechina al moverse en ella y nos mira enfadado.

Puedo ver sobre el escritorio de madera de la mejor calidad un instrumento que seguramente haya usado para abrir el sello de la carta, con una variedad de documentos distribuidos por la mesa.

Por su actitud, la conversación y lo que estoy observando, el papel que tiene en la mano seguramente sea la carta que le entregamos a la recepcionista.

«La carta aparece firmada por alguien bastante peculiar, y el sello es similar al de la familia que representa; ¡pero no me podéis engañar, esta carta es una falsificación!»

Baqciel lanza la carta sin darle importancia; por acto reflejo alargo la mano para conseguir agarrarla al vuelo y le echo un vistazo.

 


Por mucho que la persona que os hace entrega de esta carta sea un Supard, es alguien a quien le debo mucho.

Y aunque sea un hombre de pocas palabras, es poseedor de un alma admirable; ignorarás los costes del viaje para esta persona y le permitirás pasar a él y a sus acompañantes hacia el continente central.

Firmado, Galgard Nash Venick, Instructor en Jefe de la Orden de Instrucción


 

Tras leer el contenido de la carta, mis piernas casi ceden de la impresión.

¿De dónde diantres sacaste el nombre de Goauche Brush? ¡Es Galgard Nash! Meh, seguramente Ruijerd escuchara GAblablaASH, y lo acabara dejando en Gash y por hacer como que decía más lo acabó convirtiendo en Gouache y lo de Brush lo pusiera por que le sonaba a pintura… Aunque también puede ser que si es una persona simpática, le diría algo así como Tan solo llámame Gash y Ruijerd se pensó que ese era su nombre real….. Pero bueno, volviendo al asunto, me llama la atención su título. Aquí pone Instructor en Jefe de la Orden de Instrucción, así que básicamente es una persona importante dentro de una de las órdenes de caballería de Milis…

Siento como empieza a dolerme la cabeza ligeramente.

¿Cómo consiguió Ruijerd hacerse amigo de alguien así…? Piénsalo, hablamos de alguien tan importante dentro de la Santa Iglesia Milis haciéndose amigo de un Supard. Si eso se hiciera conocido podrían surgir problemas, aunque quizás por eso usó un alias. Lo único que se me ocurre para que acabaran haciéndose amigos es que, por ejemplo, Ruijerd le encontró hace bastante tiempo, como 40 años, y pasado ese tiempo subió en sociedad ya sea por enlaces matrimoniales u otros asuntos.

«Para empezar, conozco bien a ese hombre y alguien tan poco sociable como él nunca haría algo como escribir una carta como esta de su puño y letra; para lo único que lo hace es para documentos de vital importancia. ¿Me estás diciendo que alguien como el Instructor en Jefe de la Orden de Instrucción ha decidido escribir una carta para un demonio como tú? Hasta los bufones tienen límites para sus payasadas.»

Le lanzo una mirada a Ruijerd y veo que su expresión es algo complicada; imagino que porque tratan la carta que trae como una falsificación.

Desde mi punto de vista, este tal Bacqiel habrá llegado a esa conclusión únicamente porque es un Supard; hasta Paul me avisó de que Baqciel es famoso por odiar a las razas demoníacas, tiene pinta de que era verdad.

Pero vamos, si Baqciel es famoso por ese odio, el tal Gash, Goauche o Galgard, debería haberlo tenido en cuenta y haber escrito algo un poco más persuasivo. O también puede que la carta sea realmente falsa… Aunque lo dudo, según Ruijerd, Gash vive en un edificio grande de un tamaño comparable al del Castillo Kishirisu, quizás sea poco creíble para la residencia de una única persona, pero si lo ves como la sede de una orden de caballería o algo por el estilo, el tamaño tendría sentido y el número de caballeros en su interior también concordaría con el comentario de Tenía muchos subordinados.

Pero por mucho que haya conseguido comprender la situación, nuestro problema actual no ha cambiado. Baqciel sigue pensando que la carta es una falsificación y llegados a este punto no hay forma de simplemente decir Tiene razón, era una falsificación, lo sentimos, no nos lo tenga en cuenta; por lo que doy un paso al frente.

«En otras palabras, ¿su Excelencia considera que esta carta es producto de una falsificación?»

«Niño insolente… no hay lugar para ti en esta conversación.»

El Duque Baqciel me mira y trata como si fuera un 0 a la izquierda.

Vaya… hacia mucho que nadie me trataba como a un crío… Fantástico… Cuando quiero que me traten como a un niño, me tratan como un adulto; y viceversa… Empieza a ser molesto, pero qué le voy a hacer.

Con estos pensamientos, coloco mi mano derecha sobre mi pecho y saludo al estilo de la nobleza de Asura.

«Por favor, le ruego disculpe mi tardía presentación, mi nombre es Ludeus Greyrat.»

Las cejas de Baqciel dejaron ver una reacción al oír mis palabras.

«Has dicho…. ¿Greyrat?»

«Así es, y aunque me moleste admitirlo, simplemente soy uno de los miembros de menor importancia dentro de la familia Greyrat, que sí serían miembros de la alta nobleza de Asura.»

«¿Hm..? Tenía entendido que los Greyrat incluían en su nombre a uno de los antiguos dioses del viento de aquella región.»

«En efecto, pero debido a que no soy miembro de la familia principal, un designio como ese no se me está permitido.»

Al oír que no soy miembro de la familia principal puedo notar como Baqciel deja de prestarme demasiada atención. Por este motivo y reaccionando ante su cambio de actitud, hago un gesto con mi mano abierta señalando a Eris.

«No obstante, Eris-ojou-sama sí posee semejante distinción, le presento a Eris Boreas Greyrat.»

Dándole un ligero toque en su espalda, Eris da un paso al frente; mirándome un tanto sorprendida pero sin mostrar más reacción que esta, cruzándose de brazos y con sus piernas separadas a la misma altura que sus hombros.

Aunque como si pensara que esa postura no era la correcta, cambia de posición sacando algo de pecho y preparándose para realizar una floritura propia de una dama de alta sociedad. El problema viene cuando comprueba que no lleva falda con la que continuar el gesto, por lo que decide acabar saludando de la misma forma que hice yo.

«Encantada, soy Eris Boreas Greyrat, hija de Philip Boreas Greyrat.»

Por toda la confusión a la hora de presentarse y que la voz se le notaba algo tensa, siento que no ha ido del todo bien; por lo que le echo un vistazo a Baqciel intentando ver su reacción, aunque soy incapaz de descifrarla.

Bah, ¿qué más da? Simplemente tiraré de la influencia de la familia de Eris para la conversación.

«Ya veo, ¿y puedo saber el motivo por el que una noble de Asura se encuentra en este lugar?»

Es una pregunta normal y no tengo motivos para mentir.

«Imagino que su Excelencia está al tanto de la catástrofe mágica que golpeó la provincia de Fedora hace 2 años, ¿no es así?»

«Así es, y según tengo entendido, un gran número de personas fueron teletransportadas en consecuencia.»

«Exactamente, pues nosotros nos vimos envueltos por ese percance. Viéndonos en semejante posición, me vi obligado a proteger a Eris-ojou-sama con la ayuda de Ruijerd para poder viajar por el continente demoníaco en dirección al continente central. En la aduana para cruzar al continente Milis fuimos capaces de hacernos cargo de los gastos vendiendo nuestros enseres, pero no nos queda suficiente dinero para hacernos cargo del coste para un Supard en este tramo del trayecto. Viéndonos en esa tesitura, decidimos recurrir a un amigo de la familia Greyrat y al mismo tiempo conocido de Ruijerd, Lord Gargard para que nos ofreciera su ayuda y el magnánime Lord Galgard escribió esta carta para facilitarnos el viaje.»

Conforme se me va ocurriendo, me voy inventando una historia para explicar nuestra situación.

«El hecho de que Ojou-sama vaya vestida de manera similar a un aventurero es con el único propósito de ocultar su identidad como miembro de la alta nobleza, y así evitar a individuos desconsiderados. Comprendo que su Excelencia puede ver este acto como algo natural debido a nuestra la naturaleza de Eris-ojou-sama.»

«Entiendo, sí…»

Baqciel se muestra algo molesto por algún motivo.

«Básicamente, ustedes sois aliados de ese grupo de ladrones de esclavos denominados Búsqueda de Desaparecidos de Fedora

«S-…se equivoca, su excelencia. ¿Por qué diría algo semejante?»

«Debido a que no conozco a ninguna señorita llamada Eris Boreas Greyrat.»

Resoplando como un cerdo, Baqciel continúa sus palabras.

«Al que sí conozco es a un maleante de poca monta conocido como Paul Greyrat; que se rumorea es la persona que encargó los secuestros de esclavos que acontecen por Milis.»

Papá… tu mala reputación es terrible.

«En otras palabras, lo que usted dice es lo siguiente: la carta que traemos de Galgard-sama es una falsificación, Eris-ojou-sama no es una noble de Asura; y además, que somos aliados del mujeriego, maloliente, alcohólico, inútil, que le busca pegas a todo lo que hace su hijo, y que además obliga a su hija a pasar penurias, Paul Greyrat. ¿Me equivoco?»

«Mmn.»

Qué hombre tan cruel es este Baqciel… con todo lo que ha ido haciendo Paul… pero por mucho que tenga muchos defectos y haya cometido infinidad de errores; es totalmente inaceptable considerarle un inútil y no darle otra oportunidad.

«¿Podría conocer el motivo por el que cree usted que el sello en esa carta es origen de una falsificación?»

Diciendo esto, recalco el sello pegado en unos lados de la carta poniéndolo sobre la mesa. Tras echarle un vistazo, Baqciel frunce el ceño aunque de manera casi imperceptible y pasado un instante afirma con la cabeza.

«Eso se debe a que existe un gran número de falsificadores que poseen copias exactas del sello de la Orden de Instrucción.»

¿En serio? Qué raro que no haya oído nunca nada al respecto y que lo digas justo ahora…

«¿Y el motivo por el que cree usted que mi señora, Eris-ojou-sama, es una impostora?»

«Es inequívocamente imposible que alguien perteneciente a la nobleza de Asura fuera tan siquiera capaz de ir vestida como una espadachina paleta.»

Me giro a Eris y observo que ha vuelto a cruzarse de brazos siguiendo su pose habitual. Aunque su piel es perfecta y sin ninguna sola cicatriz, el moreno que ha ido cogiendo con tantos días al sol hace imposible creer que se trate de una dama refinada; hasta sus músculos parecen tener mayor firmeza y fuerza que los típicos del resto de aventureros.

«He de intuir que su Excelencia no conoce a Sauros-sama.»

Dejo escapar una pequeña risotada inesperada, y Baqciel se traga el cebo que acabo de poner en la conversación.

«Has dicho… ¿Sauros? ¿Te refieres al señor feudal de la provincia de Fedora?»

«Además de abuelo de Eris-ojou-sama. Él mismo fue quien ordenó que Eris-ojou-sama siguiera una educación especial propia de espadachines.»

«¿P-Por qué motivo haría algo semejante..?»

«Se lo diré, aunque es un asunto privado… Se decidió que Eris-ojou-sama se casaría con un miembro de la familia Notus, y Sauros-sama odia con toda su alma al actual cabeza de esa familia; por todo eso…»

«Oh… ya veo.»

Básicamente, lo que intento dejar caer es que Sauros hizo que Eris creciera de una forma tan cruenta para que, una vez viviera con la familia Notus, fuera capaz de matar en su propia casa al cabeza de familia Notus, o como mínimo al marido con el que se casara.

La confusión de Eris al oírme hablar es evidente; no me cabe duda de que si me comprendiera, me hundiría la cabeza a puñetazos.

«Por todo esto, es de vital importancia que Eris-ojou-sama regrese sana y salva a Asura. Si su Excelencia concluye que se trata de una impostora, no nos quedará más remedio que regresar a Milis-Sions y hacer llegar su decisión al lugar pertinente.»

Llegado a este punto, no se me ocurre donde puede ser este lugar pertinente, no es algo que haya pensado ni investigado con antelación.

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«Jum, si de verdad es quien dice ser, necesitaré una prueba de ello.»

«El hecho de que el mismo Galgard-sama haya escrito esa carta es prueba suficiente.»

«Tonterías. Veo que esta discusión no llevará a nada concreto.»

«No tenemos inconveniente en su decisión, siempre y cuando comprenda la confrontación que podría ocurrir a consecuencia de ella con los Greyrats una vez regresemos a Asura.»

Mierda, ya no sé ni lo que digo, pero siento que empieza a calar mi mensaje.

Baqciel me mira enfadado.

«Comprendo su postura, en ese caso, os concederé un visado tanto a usted como a Eris-ojou-sama.»

«Nuestro escolta es-»

«Bajo mi autoridad, yo, el Duque Baqciel, os ofrezco suficiente cantidad de caballeros para que os escolten. De esta forma, no necesitaréis depender de un demonio y viajaréis más seguros, ¿no os parece?»

‘Ya veo… básicamente, está diciendo que mejor que dejar cruzar al continente central a un demonio, lo que hará será dejarme a un par de caballeros o así para que nos escolten. Veo que está encabezonado en no dejar cruzar a Ruijerd…

Es la primera vez que lo siento tan claramente, pero puedo ver que los prejuicios por la raza demoníaca son mayores de lo que pensaba.

A ver… ¿cómo llevo la conversación? ¿Acepto y hacemos que Ruijerd viaje por separado? Si volvemos a depender de contrabandistas es probable que acabemos teniendo problemas… no me cuesta imaginarlo… ¿qué hago-?

knock knock

Mientras andaba enfrascado en mis pensamientos, alguien llamó a la puerta de la habitación con fuerza.

«¿De qué se trata? Me encuentro en medio de una reunión importante.»

Mostrándose confundido, Baqciel se dirigió a la puerta y la abrió sin esperar respuesta; al hacerlo, pude ver a una mujer rubia vestida con una armadura de color azulado.

«Disculpe, pero he escuchado que Ruijerd de Dead End se encontraba dentro y…»

«…¿Mamá?»

Se trataba de Zenith.

***

 

 

Debido a que me oyeron pronunciar las palabras mamá, todos en la sala se giraron hacia la mujer que acababa de aparecer.

Ella por su parte me miró indignada.

«¿Cómo que mamá? Estoy soltera y te puedo asegurar que es imposible que tenga un niño de tu edad.»

U-un segundo… ¿Zenith-san? ¿Acaso has perdido tus recuerdos o algo desde la última vez que nos vimos? Y eso de soltera… ¿acaso te has separado de Paul?

con estos pensamientos, la observo detenidamente, y empiezo a notar claras diferencias entre esta persona y Zenith. Tantos años sin ver a la original han hecho que sea incapaz de recordar bien su cara, pero tenía un lunar en un lugar concreto y el tono de su pelo es ligeramente distinto. Así que intuyo que se trata de otra persona.

«Discúlpeme, pero se parece mucho a mi desaparecida madre.»

«….Comprendo.»

Me miró como sintiendo algo de lástima.

Imagino que me estará viendo como un niño que ha sido separado de su madre a la fuerza. Aunque últimamente hacia tiempo que no me trataban como un niño, veo que hoy toca nivelar eso, pero bueno, mi físico es el de un niño, así que no me queda más remedio que aguantarlo.»

«Vaya, vaya… si es la caballero del templo que acaba de ser degradada en la Orden… ¿Puedo hacer algo por usted?»

Baqciel suelta una risotada mientras mira de mala manera a la mujer caballero que se parece a Zenith.

«Me han llegado noticias de un Supard visto dentro de las fronteras de Milis. Me debo a mi trabajo y como es natural, he venido a comprobarlo.»

«No comenzarás a trabajar en tu nueva posición hasta dentro de 10 días, así que no se entrometa en una tarea que no le incumbe.»

«¿Una tarea que no me incumbe? Es algo difícil de creer, Duque. Ciertamente todavía no es la fecha dispuesta para mi acceso a esta posición; pero la persona al cargo de este puesto hasta mi llegada ya ha partido hacia Milis-Sion y la ley exige que siempre que ocurra algún problema en la aduana es la Orden del Templo la encargada de solucionar el proceso. Si este es el caso, ¿me puede explicar por qué motivo no hay otro caballero de la Orden del Templo en este lugar?»

La caballero que me recuerda a Zenith habló largo y tendido sin cesar, mientras que Baqciel simplemente respondió con un Uh- mientras su cara palidecía por momentos.

«Según las ordenanzas, debería haber 2 de estos guardas que les comentaba en este edificio, Duque Baqciel; es una de las leyes que componen la Santa Iglesia Milis y que forman parte de las que componen este estado. Imagino, Duque Baqciel, que no planeaba realizar un acto de insubordinación contra la Iglesia Milis, ¿me equivoco?.»

«¿Cómo podría hacer algo semejante? No albergo ninguna intención de esas características, simplemente suponía que al haber llegado a esta ciudad hoy mismo, preferiría su Señoría tomarse un descanso mientras se adapta a la vida aquí.»

«Eso no será necesario, pero le agradezco el ofrecimiento.»

La cara del Duque Baqcerdo se asemejaba más a la de ganado frente al matadero.

La próxima vez que coma cerdo me acordaré de esto… seguro.

«Entonces, ¿qué es lo que ocurre exactamente?»

Por toda la conversación o por la actitud que he visto, diría que la caballero posee tanto poder como el Duque; y eso que cuando escuché Duque, intuí que sería uno de los nobles de más alta clase, pero quizás simplemente es porque la religión en Milis posee mucha fuerza. Aunque podría equivocarme.

«Le expondré lo ocurrido…»

De esa forma, Baqciel comenzó a explicar nuestra conversación hasta ese momento; de vez en cuando decía algún detalle que me parecía algo prejuicioso y maquillado para su conveniencia, en esos casos yo me interponía para dar un suplemento a esa explicación.

La mujer caballero estuvo escuchando en silencio hasta el final, hasta que finalmente se giró hacia nosotros.

«Jum…. No hay duda de que es un demonio…»

La mirada que le lanzó a Ruijerd es especialmente dura; pero cuando se giró a Eris, se reblandeció bastante. Aunque cuando finalmente nuestras miradas se cruzaron, sin venir a cuento me agarró la barbilla pensativa.

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«…Antes me confundió con su madre, ¿no es así? ¿Podría decirme como se llama esa señora?»

«Zenith, Zenith Greyrat.»

«¿Y cuál es el nombre de su padre, joven?»

Miro de reojo a Baqciel ante la pregunta.

Uff… prefería guardármelo la verdad, pero viendo la situación….

«Mi padre se llama Paul Greyrat.»

Decido finalmente decirlo abiertamente, y los ojos de Baqciel se clavan en mí.

Pero no te confundas, mi padre no tiene nada que ver con ese despojo del que hablamos antes, te lo puedo asegurar; es más, es un buen samaritano que llegaría hasta el extremo de darte dinero si le das un par de puñetazos.

«Comprendo.»

La mujer caballero al decir esto, se arrodilló frente a mí y me dio un potente abrazo.

«…¿Eh?»

Me quedé completamente paralizado debido a este abrazo venido de ninguna parte.

«Debes haberlo pasado mal hasta ahora…»

Con esas palabras, empezó a acariciar mi cabeza. Debido a la armadura, la sensación y tacto no eran para nada agradables, pero sí que puedo notar el olor y calidez propias de una mujer.

Y como es natural, mi ego inferior…. ¿no se alza?

Qué cosa tan rara… ¡Oh! Hijo mío, dime, ¿por qué me has abandonado? Tienes frente a ti ese maravilloso olor suave y ligero a mujer, aquel que tienes frente a ti y que tanto adoras; ¿cómo es posible esa falta de reacción cuando hace tan poco con Eris te….

Cuando recuerdo ese nombre, reacciono y me giro en su dirección teniendo un mal presentimiento, y puedo ver como tiene los ojos abiertos como platos, cara a punto de estallar y sus puños fuertemente cerrados.

Un escalofrío recorre mi espalda.

«Esto…. ¿hola?»

Dejando de acariciar mi cabeza y abrazarme, la mujer caballero se pone en pie y sin mirarme declara con convicción.

«Autorice el pase de estas personas al continente central.»

«¡¿Qué dices?! ¡Pero si uno de ellos es un demonio!»

Baqciel no da crédito a lo que oye, pero la mujer vestida de caballero me quita la carta de la mano y la ojea.

«Eso no será un problema ya que esta carta es auténttica; puedo dar fe de que se trata de la letra del propio Lord Galgard.»

«Imposible, ¿cómo podría un caballero de Milis ir contra las enseñanzas de la propia Milis…?»

Por algún motivo, a Eris se le escapó un pequeño Ah- lo que hizo que la mujer caballero se girara hacia ella y le lanzara un guiño.

¿Dafaq?

«¿Pones en duda mi palabra? Recuerda que soy la comandante de la Unidad Escudo de la Orden del Templo.»

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«Ghu-, te atreves a decir eso aun habiendo perdido a toda la unidad y haber sido degradada…»

«Jum. Creo que esas palabras podría devolvérselas íntegramente, pero tenga en cuenta que a diferencia de usted, cumplí hasta el final mi cometido; por lo que creo que mi posición posee más firmeza que la suya.»

Baqciel cerró la boca con un sonoro golpe de sus dientes.

Diría, por como avanza la conversación que a él también le han degradado por algún motivo; y que aun posea el título de Duque parece que su estatus ha bajado de alguna forma, aunque no entiendo bien por qué.

La mirada de Bacqiel clava su ira y su odio en la mujer caballero.

«Insolente… Por mucho que seas de alta cuna, tu insolencia no será…»

Baqciel no llegó a terminar su frase y la mujer caballero ya inclinó su cabeza a modo de disculpa.

«No quería faltarle al respeto, disculpe mi actitud anterior. No era mi intención atacarle de forma alguna; pero la situación que estamos tratando me afecta personalmente y no he sabido estar a la altura, disculpe mi atrevimiento.»

Viéndola se me pasó por la cabeza que maneja el ritmo de la conversación.

Dice todo lo que le viene en gana y se disculpa inmediatamente manipulando el enfado de Baqciel hasta el punto de haberlo casi eliminado. Tengo que aprender a imitar esa técnica para la próxima vez que acabe enfadando a alguien.

«¿Qué te afecta personalmente? No entiendo.»

«Mmn.»

Ante la confusa actitud de Baqciel, la mujer caballero asintió con firmeza y me puso la mano en el hombro.

«Este pequeño es sobrino mío.»

¡¿Qué has dicho?!

***

 

 

La mujer caballero, Therese Latreia, es la 4ª hija de la familia Latreia, parte de la nobleza de Milis-Sion y poseedores de un condado, dándole a su padre el título de Conde.

Therese consiguió ascender a comandante de una unidad de la Orden del Templo a una edad temprana, convirtiéndola en una capaz y prometedora caballero dentro de la Orden.

Básicamente, el padre de Zenith es el Conde Latreia y Therese es hermana de Zenith, haciéndola automáticamente mi tía.

En cuanto se supo que yo era parte de su familia, Baqciel pareció darse totalmente por vencido con el asunto y dejó escapar un profundo suspiro; tras lo que aprobó nuestros permisos para el viaje.

***

 

 

Actualmente nos encontramos en una posada de Puerto Oeste mientras me abrazan por la espalda.

Los únicos en la habitación somos Therese, Eris y yo; parece que Ruijerd comprendió que era mejor no estar aquí, porque se fue hace rato.

«Ludeus-kun, Nee-sama me escribió mucho sobre ti en sus cartas.»

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«¿En serio? ¿Y qué fue lo que te contó mi madre sobre mí?»

«Que eras increiblemente adorable. Y aunque jamás pensé que te conocería en persona, tenía razón.»

Mushoku Tensei Volumen 5 Capítulo 50 Novela Web

 

Mientras decía todo esto, Therese hundía su cara en mi cuello mientras me abrazaba.

Ahora que lo pienso, en mis 12 años de vida en este mundo me han llamado descarado, sospechoso, salido o hasta molesto; la única que me ha visto adorable fue Zenith.

Pero por algún motivo, aunque me esté abrazando una belleza equipada con melones, algo impide que el Railgun de mi entrepierna sea incapaz de lanzar monedas con su super electromagnetismo.

Aunque ahora que lo pienso, mi VICTORIA nunca se PUSO EN PIE tampoco con Zenith… y tampoco tuve nunca pensamientos innecesarios con Norn… así que quizás se deba a que somos familia…

«Therese, va siendo hora de que te separes de Ludeus.»

Con la barbilla apoyada sobre sus manos, Eris le llama la atención a Therese.

Está de mal humor, es bastante probable que sean celos… es mi culpa por ser tan atractivo…

«Eris-sama, aunque comprendo como se siente, no sé cuando podré volver a ver a Ludeus-kun. Además, para la próxima vez que nos veamos, estoy segura de que habrá perdido ese toque adorable que posee ahora mismo. Al ser algo pasajero e irrepetible, le ruego disculpe mi egoismo un poco más.»

Sin mostrar ningún tipo de vergüenza, Theresa continúa sobándome sin reparos.

«Therese-san, ¿por qué le hablas a Eris con tanto respeto?»

«Es normal, le debo la vida.»

Su comentario me hace investigar más el asunto. Por este motivo, descubro que cuando Eris fue a suprimir Goblins, rescató a Therese cuando se encontraba contra la espada y la pared debido a un ataque enemigo.

Era una situación en la que Therese se encontraba protegiendo a una persona VIP, y de no ser por Eris, esa persona habría muerto en esa situación; o más o menos esa es la historia que me cuenta.

Parece que a Eris se le olvidó mencionarlo…

Cuando me giro a Eris para comentarle mi descontento, la encuentro poniendo una cara algo complicada.

«Disculpa, Ludeus. Se me pasó…»

Por lo que me cuenta, cuando me vio totalmente hundido en la habitación, olvidó por completo todo lo sucedido durante su supresión de Goblins.

Así que fue más o menos por mi culpa… bueno, en ese caso no puedo decir nada. Pero volviendo al tema principal, Therese, que al estar a mi espalda no estoy del todo seguro, es muy probable que me esté abrazando y sobándome muy alegremente… no puedo decir que me moleste lo que hace, pero digamos que me siento algo incómodo. Pero bueno, la cosa es que aunque me están sobeteando y restregando las tetas contra mi espalda, no siento ningún tipo de excitación, es una experiencia totalmente novedosa.

«Aisss… pero mira que es adorable mi sobrinito. Ludeus-kun, eres tan encantador que te comería entero.»

«Con comerme entero te refieres en sentido sexu-»

Intento soltar un chiste acorde a la conversación, pero me tapa la boca con la mano.

«… Veo que cuando hablas pierdes encanto; no sé, me has recordado a ese tal Paul.»

Por lo que dice, no parece que a Therese le caiga especialmente bien Paul.

«Pero bueno, veo que el Instructor en Jefe Nash no cambia.»

Sin dejar de acariciarme, Therese cambió de tema.

«Cualquiera sabría de antemano lo que pasaría si le hacía llegar a Baqciel una carta como esa…»

Por lo que me cuenta Therese, Galgard Nash Venick es el Instructor en Jefe de la Orden de Instrucción, que son un grupo de caballeros que actúan como mercenarios en zonas de conflicto para ganar experiencia en combate y al mismo tiempo extender las enseñanzas de Milis por todo el mundo.

Ese grupo está actualmente enfrascado en la fase de reclutamiento antes de salir de expedición, por lo que se encuentran en Milis temporalmente mientras consiguen nuevos miembros; y Gouache es el Instructor en Jefe de ese grupo.

Fue uno de los pocos supervivientes que regresaron de una expedición al continente demoníaco, y en los últimos años ha sido uno de las fuerzas principales que movían la Orden de Instrucción, consiguiendo el título de la persona con mayor poder en ella.

Es un dejado y poco sociable hombre que apenas ríe y que, se rumorea, es capaz de tratar con cualquier tipo de malhechor y juzgarles de forma imparcial.

Para unirse a la Orden de Instrucción, todo caballero debe realizar una expedición a modo de ceremonia de ingreso para ser aceptado; y desde que Gash se convirtió en el Instructor en Jefe, el porcentaje de supervivencia de esta ceremonia ha superado el 90% de los nuevos reclutas, a diferencia de hasta ese momento.

Como resultado, la Orden de Instrucción actual ha conseguido ganarse el título de la más fuerte en toda su historia; y un gran número de personas han sido protegidas o salvadas por Gash y apenas hay caballero que no le guarde un enorme respeto.

«Pero ese hombre es bastante famoso por odiar escribir y ser de pocas palabras. En el campo de batalla es una persona correcta y dedicada, pero por lo general no muestra la misma dedicación fuera de este y, por ejemplo, no suele devolver ni el saludo. Por si fuera poco, casi nadie conoce su letra ya que la mayoría de documentos suyos son únicamente su sello.

Por lo que me dijo Ruijerd, era un hombre pasional y hablador; pero claro, Ruijerd tampoco es que sea muy hablador, por lo que quizás no comparamos siguiendo la misma idea eso de hablador. O también es posible que simplemente actuara de manera distinta con Ruijerd.

«Eh, ¿pero cuánto tiempo tienes pensado estar tan pegada a él…?»

La irritación de Eris iba creciendo por momentos y sentía que en menos de 5 segundos pasaría de molesta a muy cabreada, por lo que me separé como pude de Therese.

«Ah~… ya no siento el calor de Ludeus-kun…»

Por mucho que Therese se muestre dolida por la separación, no quiero que se piense que soy un Dakimakura, porque encima yo no lo estaba ni disfrutando.  (NT: DAKIMAKURA, Almohada para abrazar).

«Ludeus, ven aquí.»

Al escuchar la orden, me siento junto a Eris; y al hacerlo, veo como me agarra la mano con fuerza.

«…..»

La miro de reojo y veo como hasta sus orejas se han puesto coloradísimas; solo de verla de esa forma hace que se me ponga una risilla estúpida en la cara.

Me giro a Therese y veo que le ha estado pegando puñetazos a la almohada, o al muro… quizás por mi pequeño momento con Eris, aunque le falta músculo, así que dudo que le haya pegado al muro. Pero casi recomponiéndose de inmediato, suelta un suspiro y su cara se vuelve bastante más seria.

«Casi se me olvida, Ludeus-kun. Te hago una pequeña recomendación para de ahora en adelante, aunque puede que no sea de especial importancia porque estás a punto de salir de Milis…»

Con esta introducción, Therese continúa.

«Creo que es mejor que no menciones la raza Supard mientras te encuentres en este continente.»

«¿Por qué lo dices?»

«Porque una de las enseñanzas más antiguas de la Iglesia Milis dicta que las razas demoníacas deben ser completamente exiliadas del continente. No es algo que se siga practicando por toda la organización, pero es algo que la Orden del Templo obedece a rajatabla.»

Por lo que dice, con lo famosa que es la raza Supard hasta dentro de las razas demoníacas, por mucho que sean impostores, es probable que los caballeros hagan todo cuanto esté en su mano por echarles del continente.

«Debido a todo lo que ha hecho por ti, Ludeus-kun, me veo en la obligación de hacer la vista gorda con él. Pero por lo general, sería imposible dejar marchar a tu compañero el Supard.»

«Sería en vano.»

Eris respondió con seriedad a las palabras de Therese mientras le lanzaba una mirada helada.

«Por muchos caballeros que traigáis, no seréis capaces de vencer a Ruijerd.»

«Tiene toda la razón, Eris-sama.»

El tono de Therese parecía indicar que en efecto, ese sería el resultado, pero su sonrisa se torno algo amarga.

«No obstante, la Orden del Templo está formada por gran cantidad de fanáticos religiosos, yo incluida. Es por este motivo, que aunque supiéramos que no hay forma de ganar, no dudaríamos en lanzarnos a la batalla.»

Así que tantos de los caballeros de Milis pensaban de esa forma… Bueno, lo tendré en cuenta si volvemos al continente Milis por cualquier motivo.

Entiendo que Therese quería asegurarse de que comprendíamos esto, y sumado a lo ocurrido en la aduana, soy capaz de comprender como de verdaderamente arraigada está la discriminación contra las razas demoníacas. No me cabe duda que de ahora en adelante restaurar el honor de los Supard será cada vez más complicado.

Tampoco me extrañaría que si se llegara a descubrir que idolatro a Roxy como a una Diosa la inquisición podría denunciarme por herejía y hacerme pasar experiencias aterradoras… Será mejor que guarde en secreto mi afiliación religiosa.

***

 

 

El viaje en barco acabó realizándose sin ningún inconveniente. Gracias a Therese todos los preparativos necesarios fueron apropiadamente realizados, desde la comida para el viaje hasta medicina para el mareo.

Hasta ahora pensé que la farmacología de este mundo no estaba especialmente desarrollada, pero al parecer no dependen únicamente de la magia para curar algunas affecciones, teniendo al menos algo tan sencillo como medicina para el mareo. Pero por lo visto es bastante cara.

Lo que se conoce por Conexiones Familiares es algo fantástico y maravilloso..

Therese hizo todo lo posible por llevarse bien con Eris, aunque a Ruijerd solo podía mirarlo con cierto reparo, pero no me extrañó. No es que todos nuestros problemas se vayan a solucionar así como así.

Durante el trayecto, gracias a la medicación para el mareo, Eris estuvo suficientemente bien como para no pedirme que la fuera curando con magia, aunque tampoco es que estuviera perfectamente. Si soy sincero, en realidad siento que es una lástima no haber vuelto a ver a la mansa Eris del anterior viaje; pero gracias a eso, mi barra de límite no se llenó y mi Buster Wolf no se activó, por lo que esquivé fantásticamente el Sunny Punch de Eris; por lo que el viaje transcurrió sin incidencias.

Digo esto, pero en realidad es posible que Eris siguiera un tanto intranquila por lo ocurrido la vez anterior, porque durante todo el viaje en barco, Eris no se despegó de mí. No estaba mansita como en el viaje a Milis, pero verla así de animada por ver el mar, fue suficiente para alegrarme.

Mientras dábamos un paseo por la borda observando el mar, varios de los marineros se pusieron a silbarnos y a burlarse de nosotros.

«Fiuu fiuuu, ¡chicos, se os ve cariñosos! ¿Acaso os vais a casar en cuanto lleguéis al Reino del Rey Dragón?»

«Vaya, ¿cómo lo has sabido? Va a ser una boda increíble.»

Viéndoles, me dejé llevar y le pasé el brazo por encima de los hombros a Eris, llevándome a que me diera un puñetazo.

«T-¡Todavía es demasiado pronto para casarnos!»

Por mucho que digo que me dio un puñetazo, en realidad no parecía haberle molestado mucho y estaba siendo bastante tímida.

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Parece que odia que se burlen de ella, pero estoy casi seguro de que una broma de ese tipo no le molestaría en un lugar con un ambiente más íntimo y estando a solas. Aunque Eris se pareciera a Asura cuando cogía una espada, en temas de amor seguía siendo una dama inocente. Pero claro… matrimonio…

Recuerdo que Philip y su familia intentó que Eris y yo acabáramos juntos, pero me pregunto si estarán bien. Sé que Paul me dijo que no fuera demasiado optimista pero… No solo son ellos quienes me preocupan, Zenith y Lilia también siguen desaparecidas y tampoco sabemos donde está Aisha, ni tenemos noticias de Sylphy, tampoco sé si Ghyslaine sigue con vida. Todo lo que sale de ese tema son preocupaciones, por lo que mejor no pensar en ello, solo puede salir mal.

Existe la posibilidad de que al llegar a Fedora nos enteremos de que todos han aparecido sanos y salvos, pero lo considero un pensamiento demasiado optimista, y tengo por seguro que eso es absolutamente imposible.

Mi decisión por el momento es no pensar más en ello.

Y así fue como abandonamos el continente Milis.

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