Mushoku Tensei: Isekai Ittara Honki Dasu (NW)

Volumen 5

Capítulo 48: Confirmando Los Objetivos

 

 

El día siguiente lo pasé íntegramente hablando con Paul, aunque no es que tuviéramos nada importante de qué hablar, sino que simplemente hablamos de cosas sin importancia.

Empezamos charlando sobre lo ocurrido en la aldea Bonna durante los años que estuve trabajando en la ciudad fortificada Roa.

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Por lo visto, por mucho que tuviera el equivalente a 2 esposas, no existió ningún tipo de exceso; ya que Zenith y Lilia lo habían discutido largo y tendido, acordando que Lilia no tendría relaciones sexuales con Paul. Aunque, por lo que me está contando, Lilia le pidió permiso a Zenith para el caso en el que acabara embarazada por tercera vez, por si llegaba el momento en que Paul no pudiera soportarlo… Zenith acabó aceptando este trato aunque no le pareciera del todo correcto, acabando en una situación favorable para Paul.

Hasta el punto de que siento envidia…

«En ese caso, ¿voy a tener pronto a mi tercera hermanita?»

«Nah, se resiste… y eso que a ti te tuvimos al primer intento…»

«Vaya, mira que concebir a un hijo tan excelente como yo al primer intento, eres un padre afortunado.»

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«Di lo que quieras…»

No me parece el tipo de relación que un padre debería tener con su hijo de 11 años… pero ¿qué más da? El ambiente es reconfortante.

No hablamos de la posibilidad de que Zenith o Lilia estén vivas o muertas, ambos llegamos a ese mutuo acuerdo sin palabras, evitándolo de forma intencionada; porque por mucho que habláramos de ello, era imposible sacar nada alegre de ese tema y acabaríamos arruinando nuestro humor.

«¿Qué tal le iba a Sylphy?»

«Esa chica es sorprendente, le iba genial, quizás por tu talento como su profesor.»

Por lo que me cuenta, a Sylphy le iban bien las cosas. Todas las mañanas salía a correr y terminaba la mañana con entrenamiento para aumentar su maná; luego por las tardes, se iba con Zenith a aprender magia curativa. Cuando Aisha creció lo suficiente, Lilia aprovechó para darle clases de etiqueta.

«Casi podrías considerarla obsesionada, pero a menudo venía a la casa y algunas veces hasta subía a tu cuarto a hacer algo, Ludy.»

«…¿Sabes si Sylphy pudo encontrar algo concreto cuando estuvo allí?»

«¿A qué te refieres? ¿Acaso escondiste algo que te pudiera meter en aprietos, hijo?»

«No, claro que no, es imposible que yo pueda tener algo así, ¿no te parece?»

Paul me ha contado que casi todos los objetos inanimados de la región de Fedora, desde plumas, tinteros, estructuras arquitectónicas como casas o puentes, habían desaparecido; salvándose únicamente aquellos objetos que se encontraban en contacto con personas.

«¿En serio?»

Lástima…¿?

Por algún motivo, no consigo recordar el motivo por el que pienso en eso como una lástima, aunque en lo más profundo de mi corazón siento una enorme tristeza, sin recordar bien el motivo.

«¿Y tú que andabas haciendo por aquellas fechas?»

«¿Hablas de cuando estuve en Roa?»

Viendo como le interesa, no tengo problema en responderle contándole todo.

El primer día en el que Eris me dio una soberana paliza, hasta el punto de hundirme mentalmente; como por accidente fuimos secuestrados y como conseguimos escapar; como aproveché ese evento para ganarme un poco a Eris; como aun ganándome su confianza, seguía sin atender en las clases; y de como le pedí a Ghyslaine, con lágrimas en los ojos, que me ayudara, consiguiendo con su ayuda que Eris comenzara a prestar atención en clase. Como después, fuimos haciéndonos mejores y mejores amigos; como aprendimos a bailar juntos; hasta que llegamos a mi décimo cumpleaños.

«Oh, tu cumpleaños… lo siento mucho, Ludy…»

«¿A qué te refieres?»

«A que no asistí ni aunque fuera unos minutos.»

Para los habitantes de Asura, el 10º cumpleaños parece un punto importante en sus vidas, algo así como su piedra angular; les gusta celebrarlo a lo grande, haciendo entrega de importantes regalos.

No entiendo bien por qué es tan importante, pero imagino que será algo así como una superstición.

«No le des importancia. Además, Eris y su familia celebraron una enorme fiesta para mí.»

«Ya veo, ¿y qué recibiste?»

«Un váculo carísimo llamado Arrogancia del Rey Dragón de Agua (Aqua Heartia); aunque el nombre me da algo de vergüenza, la verdad.»

«¿De verdad? Pero si suena genial.»

¿Genial? ¿Pero qué me estás contando? ¿No notas un escalofrío recorriendo tu espalda cada vez que escuchas el nombre? Aunque claro, en este mundo podría darse el caso de que cuando un objeto es de calidad elevada, siempre le acaban poniendo un nombre extravagante como este…

«Pero Ludy, Alphonse ya me lo ha contado todo, no hace falta que lo ocultes, recibiste otro buen regalo ese día, ¿no es así?»

«¿Otro regalo?»

Un segundo que lo recuerde… ¿otro regalo? ¿cuál fue? ¿a ver si se refiere a algo metafórico como sabiduría, valentía y poder…? Pues no, no recuerdo haber conseguido ninguno de esos tampoco.

«No te hagas el tonto, me refiero a la princesita de Philip. Hacía mucho que no la veía, pero he de reconocer que es una chica adorable y galante; me conmovió su dedicación por protegerte…»

Eris… ¿mi regalo? Siento que eso es un tanto fuera de contexto. Aunque claro, es cierto que Philip me dio el visto bueno, pero aun no ha llegado hasta ese punto; el Itadakimasu tendrá que esperar, la aprecio mucho para dejarme llevar en un impulso, sobretodo recordando lo que ocurrió ayer. Fue la primera vez en mi vida que nadie me daba un abrazo tan tierno en un momento de debilidad, y hasta llegó a darme caricias hasta que me quedé dormirdo. Solo por eso, no tengo intención de traicionar a Eris en la vida.

También es cierto que tenemos esa promesa para cuando cumpla yo los 15 años, pero aunque cambiara de opinión, no me importaría. Bueno, digo esto, pero es posible que me costara controlarme; cuando tenga 15 años, es posible que mi libido esté por las nubes, me cuesta creer que seré capaz de controlarme llegado el momento.

A grandes rasgos, esa era mi decisión en este momento.

«Eris me importa mucho, por eso, escuchar que fue mi regalo no me acaba de gustar, no sé si me explico…

«Bueno, teniendo en cuenta que tú entrarás a formar parte de su familia como su marido, más que ser tu regalo, más bien serás el suyo, ¿no?»

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«¿Eh?»

Se me escapa un extraño sonido de mi boca.

¿Marido?

«Me refiero a que con el apoyo de Philip te convertirás en un noble, ¿no era eso lo que acordasteis?»

«¿De qué estás hablando? ¿Quién y cuándo te contó eso?»

«¿Cuándo, dices? Pues imagino que fue un año antes de la catástrofe, aunque no estoy seguro. Philip me dijo que tú y Eris os estabais llevando muy bien, y que te sentías fuertemente atraído por ella, es más, en la carta me decía que tú mismo querías llegar a casarte con ella… Por mucho que piense que los nobles de Asura son basura en general, como tú mismo lo habías querido así, le respondí diciendo que eras libre para decidir algo así, aunque…»

Ahora lo entiendo… básicamente, cuando tuvimos esa charla en mi 10º cumpleaños, Philip ya había finiquitado todos los preparativos antes de su propuesta. Guau… no llegamos a sufrir la catástrofe, y no me cabe la menor duda de que un par de años más tarde, fuera como fuese, Philip habría conseguido que Eris y yo acabáramos prometidos o casados. ¡Serás cabrón! ¡¿Qué parte de fingir que la charla fuera debido al alcohol no comprendiste?! Ahora tiene sentido que Paul llegara a la conclusión de que Eris y yo habíamos estado disfrutando del viaje; el se pensaba que éramos una pareja de prometidos, incapaces de esperar por más tiempo, dejándonos llevar y actuando como amantes… normal que se creyera que estábamos flirteando y metiéndonos mano durante el viaje…

«Por tu cara y tu reacción, diría que Philip nos la intentó meter doblada…»

«Eso parece…»

Ambos suspiramos simétricamente, mientras en nuestras mentes recordamos la cara del hombre del que estamos hablando.

Se me olvidaba que Philip es un noble, de los más prestigiosos de Asura. Ese mismo hombre ha tenido poder y capacidad suficiente para sobrevivir en un ambiente tan sórdido como es la alta sociedad.

«Aún así, tu relación con la princesita parece ser bastante amena. Por otro lado, Sylphy…. ah, nah, no importa, olvídalo.»

Como para resaltar que había tenido un desliz en una de sus frases, las palabras de Paul se volvieron un poco sin sentido. Esto se debe, a que al menos por lo que sabe Paul, Sylphy todavía no ha aparecido.

Y aunque me dijo que lo olvidara, soy incapaz de no pensar en ello.

Puedo decir claramente que me gusta Sylphy, aunque es un tipo de afecto distinto del que siento por Eris; si tuviera que describirlo más claramente, diría que la veo como una hermana pequeña, o quizás como una hija, algo así como le han hecho bullying y siento lástima por ella, quiero protegerla; aunque hay que tener en cuenta que nos separamos antes de que mis sentimientos por ella crecieran más de la cuenta.

Aunque claro, no puedo negar que siento algo tanto por Sylphy como por Eris, aunque el apoyo que he recibido de esta última, hace que mi opinión de ella sea la más elevada. Aunque entiendo que la diferencia en este sentimiento se debe al tiempo que hemos pasado juntos, si soy objetivo, he de decir que ese ha sido el factor más determinante. En muchos mangas, las amigas de la infancia poseen mucha fuerza, pero es básicamente por el tiempo que has pasado con ellas; sin embargo, he pasado el doble de tiempo o más con Eris que con Sylphy, y en ese tiempo, los eventos ocurridos también fueron más importantes y memorables. Pero… eso no tiene nada que ver con que me preocupe o no por Sylphy ahora que no sabemos dónde se encuentra.

«Espero que Sylphy siga con vida…»

«Aunque no estuvieras ahí para verlo, esa chica se estuvo trabajando duro, así que seguro que estará bien. Quiero decir que es capaz hasta de conjurar en silencio magia curativa, y la magia curativa es muy valorada y escasa fuera del continente Milis.»

«Ya veo… ¿?»

…¿Hm? Algo de lo que ha dicho ha sonado… peculiar.

«Un segundo, ¿dices que Sylphy puede conjurar en silencio magia curativa?»

«¿Hm? Vaya, hasta Zenith se sorprendió. Aunque bueno, tú también, ¿no, Ludy?»

«Soy incapaz con magia de curación…»

Lo he probado en varias ocasiones, pero soy incapaz de conjurar magia curativa en silencio; principalmente porque soy incapaz de comprender los fundamentos por los que puedes curar heridas utilizando maná.

«¿En serio?»

«Vaya, puedo conjurarla normalmente, pero en silencio me es imposible.»

«Bueno, no sé mucho sobre magia, pero por lo que he oído, la gente posee afinidad con algunas escuelas, quizás Sylphy posea talento y afinidad para la curación, ¿no?»

Si ese es el caso, es posible que en el tiempo que no nos hemos visto, Sylphy sea mucho mejor maga que yo; empiezo a sentir algo de miedo de volver a verla, ¿te imaginas que dice algo como Vaya, Ludy, veo que sigues siendo un crío…? No sabría como reaccionar…

Durante nuestra charla sobre un poco de todo, el distanciamiento que había entre Paul y yo desapareció por completo.

***

 

 

Ese día, por la tarde más o menos, vino gente a charlar con Paul; en concreto, eran la Onee-san de la armadura bikini y la pequeña maga.

Vaya, hoy ha decido dejar el bikini en casa y vino vestida como visten en general las lugareñas, a lo mejor lo del bikini fue un caso especial; aunque claro, como su vestimenta fue una de las causantes de la discusión, es posible que prefiriera vestirse un poco más discreta delante mía.

«Padre.»

«¿? ¿Qué pasa?»

«Padre, quiero que sepas que confío en ti, pero para quitar cualquier rastro de duda, prefiero preguntártelo abiertamente. ¿Has sido infiel a madre?»

«Por supuesto que no.»

Mejor, así me quedo más tranquilo. Aunque, no debería haber sacado un tema sobre algo que no ha ocurrido, ups…

Mi discusión con Paul se debió en parte a un cúmulo de sospechas sin fundamento, basándonos en la debilidad el uno del otro por el sexo opuesto, pero únicamente teníamos sospechas, que es mejor eliminar completamente a mi parecer.

Aunque por lo que he estado observando, Paul no ha tenido tiempo ni de echarle el ojo a otras mujeres; también parece que la catástrofe no ha activado ningún flag de colapso familiar. Aplicaré el ejemplo y controlaré mis deseos más oscuros una temporada.

Para terminar nuestra conversación, y supongo que para confirmar mis futuros objetivos, Paul decidió preguntarme lo siguiente.

«Ludy, dijiste que ibas a escoltar a Eris hasta la provincia de Fedora, ¿no es así?»

«Correcto.»

Asiento con firmeza mientras respondo, aunque añado.

«¿O sería mejor que me uniera al grupo de búsqueda?»

«No, eso no es necesario. De todas las opciones posibles, creo que la mejor es que escoltes a un miembro de la casa Boreas de vuelta a Asura.»

«…. Suena a que es un cometido importante, ¿estás seguro de dejármelo solo a mí?»

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«No creo que haya nadie más indicado para hacerlo que tú, sobretodo teniendo en cuenta que ella confía en ti, ¿no es cierto?»

Es cierto que Eris confía en mí, pero me pregunto si Paul no está sobrevalorando mi habilidad… Bueno, qué importa, me valore como me valore, quiero estar a la altura de sus expectativas.

«Pero vamos, dudo que te fueras a quedar en Milis-Sion por muchos escoltas que la acompañaran en tu lugar, ¿me equivoco?»

Como riéndose de mí, Paul aprovechó para soltarme una de sus bromas.

Si tenemos en cuenta la opción más óptima en cuanto a pros y contras, dejar que otros escolten a Eris es una opción aceptable. En ese caso, por supuesto, seguiría sin quedarme en Milis-Sions, sino que tras despedirme de Eris, iría a buscar desaparecidos por mi cuenta. En ese caso, una opción sería regresar al continente demoníaco y buscar por la zona.

Aunque, soy incapaz de tomar una decisión objetiva basándome en pros y contras, porque no puedo realmente considerar ninguna opción que implique separarme de Eris, porque quiero ser yo el que la proteja hasta el final. Por no hablar de que no tengo buenas referencias de tareas dejadas a medias para comenzar otras, como hice en mi vida anterior con casi todo; el resultado siempre era que dejaba ambas tareas a medio hacer y ninguna realmente finalizada.

Extrapolando mis pensamientos a esta situación, separarme de Eris para dirigirme al continente demoníaco, podría llevar a que ninguna de las 2 tareas acabaran en éxito; por lo que creo que es mejor hacerlas en orden hasta el final. Además, tengo que pensar en Ruijerd, porque dudo que alguien tan cerrado en su forma de verlo todo como blanco o negro encaje bien en el grupo de búsqueda, por lo que podría acabar decidiendo marcharse, por cosas como que lo que hacen no es apropiado para un guerrero.

«Tienes razón, creo que lo mejor será que la escolte yo mismo hasta Fedora.»

«Bueno, tampoco es que nadie del grupo de búsqueda sea más fuerte que tú, y dudo que seas capaz de dejarla en manos de otro.»

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Mientras hablaba, en la cara de Paul se dibujó una mueca extraña. Por lo que está diciendo, es posible que esté dándole vueltas a la derrota que tuvo contra mí; aunque personalmente, no la tuve en cuenta debido a que estaba borracho, aunque no creo que agradeciera que le consolara con eso, así que lo dejaré como está.

«¿Cuándo partirás de Milis-Sion?»

«Hmm… teniendo en cuenta que me gustaría conseguir dinero para el viaje, es posible que en un mes.»

«Si necesitas dinero para el viaje, puedo ayudarte.»

Paul se gira hacia las 2 mujeres, y le hace un gesto a la chica vestida con un manto que recuerdo fue la maga que le curó; fijándome bien, veo que tiene pecas y actúa muy tímidamente. La chica se acerca a la mesa.

«¿?»

«Este dinero nos lo confió Alphonse-sama para ayudar en la búsqueda de miembros de la familia Boreas.»

Por lo que me cuenta la chica, Alphonse dio órdenes de que si encontraban a algún Boreas en Milis, les hicieran desplazarse cómodamente hasta Fedora, por lo que les hizo entrega de una suma de dinero.

«Pues eso, lo que Shera dijo.»

«Entiendo, y la verdad, me sorprende que este dinero no desapareciera por la compra excesiva de alcohol.»

«Imposible, Shera se encarga de controlar nuestras cuentas.»

Es bastante patético que un padre se vanaglorie de que una jovencita se tenga que encargar de las cuentas… pero mejor me lo guardo.

«Bueno, ¿y de cuánto dinero se trata?»

«El equivalente a 20 cheques del Papado.»

Le lanzo la pregunta a Shera, y no tarda en responderme.

A ver si lo recuerdo… los cheques del papado son los billetes de mayor valor aquí en Milis… partiendo de que una moneda de piedra es un centavo de dólar americano… cada cheque serían 500$ y hay 20 cheques… en resumen…

«¡¿10 000 Dolares?!»

«… ¿Qué dices? ¿A que vino eso?»

Paul me mira perplejo y confundido por mi reacción, pero la cifra me ha hecho sentir algo mareado.

…¿Cómo es posible…? En todo este tiempo… lo único que he hecho ha sido preocuparme por las finanzas, tratando cada moneda como un tesoro, ahorrando cada poco que he sido capaz, dejándome llevar casi por la avaricia… Y a alguien así le das, de improviso, 10 000$…

«Es muchísimo dinero… ¡¿Con eso no se podría estar toda la vida sin preocupaciones?!»

«Meh, imagino que es suficiente para comprarte una casa con sus terrenos en el sur del continente central, pero para nada es suficiente para vivir sin trabajar durante toda la vida.»

¡¿Ehh?! Pero hablamos de 10 000$, no sé si lo entiendes, ¡¡¡10 de los grandes!!! ¡¡1 000 monedas verdes!! ¡¡Podría hasta pagar el viaje de un Supard a Milis sin problemas!!

En medio de mi felicidad, una duda me asalta.

«Ah, por cierto, una pregunta.»

«¿Qué más quieres saber?»

«Verás, cuando quisimos registrar a un Supard para viajar a Milis en Puerto Brisa, la tasa para el viaje era exagerada; todavía no sé exactamente cuánto nos pedirán en Puerto Oeste, pero no me cabe duda de que será desmesurado también. ¿Crees que con esos 20 cheques del papado serán suficientes..?»

«Así que es sobre eso…»

Paul se cruza de brazos y se pone pensativo; me hace dudar sobre si dirá algo así como que dejemos a Ruijerd en Milis.

«Shera, ¿cuánto imponen de tasa para que un Supard cruce el mar al continente central?»

Paul le hace la pregunta a Shera y esta asiente con la cabeza antes de responder.

«100 cheques del Papado.»

¿Se sabrá las tasas de memoria para todas las razas? Me extrañó que la dejaran encargada de las finanzas, pero es posible que sea alguien excepcional, a mis ojos se asemeja mucho a una secretaria muy eficiente.

«…¡!»

Cuando nuestras miradas se cruzan, se le escapa una vocecita a modo de grito ahogado y agacha la cabeza; tras esto, la antigua chica bikini se coloca de manera casual entre nosotros, impidiendo ver a la pequeña secretaria-chan. La impresión de todo esto me ha dejado bloqueado.

«Discúlpala, a Shera le incomoda que la miren fijamente, por lo que me gustaría pedirle que no se lo tuviera en cuenta y lo evitara en la medida de lo posible.»

«Claro…»

La antigua chica bikini me da una explicación extraña a la que yo solo puedo responder dejándome llevar.

Veo que por mucho que la cosa se haya arreglado con Paul, el resto de sus compañeros no son capaces de perdonarme… Bueno, es normal. Pero volviendo al tema, necesitaremos 100 cheques del papado… 50 000$, no suena a una cantidad que sea fácil de conseguir.

Suspiro con fuerza.

«¿Por qué las tasas para el viaje son tan disparatadas para los Supard?»

«Porque la ley de aduanas que las rigen se acordó cuando la persecución contra los Supard estaba en su punto más álgido.»

Para mi sorpresa, Shera respondió a mi pregunta desde la sombra de la hoy chica-no-bikini.

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Parece que la aduana en Puerto Brisa no será la única que nos cause problemas…. Pero vaya, veo que esta chica las curvas solo las tiene en el cerebro, pero qué buenas curvas…

«Por si fuera poco, la casa noble encargada de regir sobre esas leyes es famosa por su odio por las razas demoníacas en general. Es posible que aunque consiguieras reunir esa cantidad, te impidieran cruzar el mar de un modo u otro.»

«¿De verás…? Pero… ¿no se podría hacer algo con el apoyo de la familia de madre?»

«Lo lamento, pero sería imposible, ya estamos teniendo discrepancias y pedirles ayuda con algo así solo acarrearía problemas.»

Vamos, ¿otra vez contrabando? Hemos tenido problemas con los contrabandistas, así que preferiría evitarlos, sobretodo teniendo en cuenta que los problemas los tuvimos en este mismo continente. No me extrañaría que nos hubieran vetado o marcado como indeseables.

Por mucho que le doy vueltas a como conseguir que Ruijerd pase el mar, lo único que saco es un enorme dolor de cabeza.

«Comprendo, en ese caso, ya buscaré alguna solución en lo referente al coste del viaje para Ruijerd.»

«Lamento no haber sido de ayuda con eso.»

Tras decir esto, Paul sonrió con fuerza y se giró a sus compañeras con una mirada orgullosa.

«¿Qué os parece mi pequeñín? ¿A que es impresionante?»

«Bueno…»

«Esto…»

La pareja de chicas se miran sonriendo forzadamente.

Por mucho que les preguntes a ellas, ¿no eres tú el que tuvo semejante discusión con ese pequeñín del que pareces tan orgulloso?

«Padre, preferiría que evitaras hablar de forma tan ambigua de tu pequeñín, van a tomar a los Greyrat como unos vulgares salidos.»

«Eres tú el que lo ha visto como algo vulgar y salido, malpensado.»

Tras nuestro intercambio, nos pusimos a reír al mismo tiempo; sin importarnos de que las mujercitas se apartaron de nosotros avergonzadas.

«Bueno, Ludy, es hora de que me marche.»

«Claro.»

Paul se pone en pie y me pone la mano en el hombro; compruebo la hora y da la impresión de que llevamos un buen rato charlando. Al fijarme en la barra, veo que el dueño del bar nos sonríe aunque un poco molesto.

Normal, llevamos aquí desde anoche y ya es casi la hora de comer; no te preocupes, que pienso darte una buena propina.

«Cuando tengas decidido lo que harás, ven a verme. Que al menos comamos con Norn en familia una vez antes de que te marches.»

«Claro, dalo por hecho.»

Dicho esto, Paul se marchó del bar.

Fui incapaz de apartar la vista de la espalda de Paul conforme salía del bar acompañado por sus 2 compañeras; pasándoseme por la cabeza el siguiente pensamiento que me hizo sonreír un poco.

Mírate, a mí no me engañas; sigues siendo un mujeriego rompecorazones, Paul.

***

 

 

Pasado un rato desde que Paul se marchara, Eris y Ruijerd regresaron a la mesa. Al fijarme mejor, Eris tenía un moratón cerca del ojo mientras que Ruijerd parecía contrariado.

«¿Chicos, qué ha pasado?»

«Nada importante. Pero dime, ¿qué quería el tío ese?»

Y para demostrar aún más lo enfadada que estaba, Eris se cruzó de brazos mientras resoplaba por la nariz.

«Conseguimos hacer las paces.»

Al escucharme, Eris entrecerró los ojos inmediatamente y clavo su mirada en mí.

«¡¿Por qué?!»

POM-CRASH

Eris golpeó fuertemente con el puño en la mesa, partiéndola en 2.

Vaya… sí que está fuerte…

«Así que os reconciliasteis…»

Contrastando con la opinión de Eris, Ruijerd parecía complacido.

«¡Ludeus!»

Eris me agarró por los hombros con una fuerza absurda.

«¡Dime, ¿Por qué?!»

«¿Que por qué qué?»

Me ha dejado algo confundido.

«¡¿No te acuerdas de lo deprimido que estuviste ayer por su culpa?!»

«Por supuesto, y te lo agradezco enormemente, no llega a ser por ti, y hubiera sido incapaz de calmarme tanto como lo hice.»

El hecho de que tuviera valor para mirar a Paul a la cara no me cabe duda de que también fue gracias a Eris. Es más, si no me llega a dar ese abrazo, hubiera sido capaz de encerrarme un tiempo en la habitación.

«¡No hablamos de eso! ¡El tipo ese ni fue a tu 10º cumpleaños, Ludeus! ¡Encima, con lo duro que fue el viaje por el continente demoníaco y que encima te encerraron en prisión en el Gran Bosque! ¡Va y cuando por fin consigues volver a verle, dice lo que le viene en gana y acabas así de deprimido! ¡¿No es cierto que se atrevió a sentirse decepcionado contigo?! ¡¿Cómo puedes perdonar a un hombre así?!»

De seguido y sin respirar, Eris me dio su explicación.

Comprendo lo que intentas decir, de verdad, y no me extraña que pienses que Paul es el peor padre que nadie pudiera tener. Es más, si hubiera sido un niño normal, nunca hubiera perdonado a Paul por lo que me dijo; pero no soy un niño normal, Eris. Es normal que a los ojos de Paul no haya estado a la altura de las circunstancias, he sido anormal desde pequeño, siempre actuando de una forma demasiado madura para mi edad, gracias a los recuerdos que traje de mi vida anterior. Ante un hijo tan especial, es imposible que Paul pudiera esperar lo normal de mí, y prueba de ello es que nunca ha estado seguro de la actitud con la que tratarme, y siempre ha estado cuestionándose sus actos conmigo.

Pero, por si fuera poco y por mucho que yo actúe de forma tan honrosa a veces, sigo sin tener una idea clara de cómo debería comportarse un padre con su hijo; aunque creo, que mi relación actual con Paul no es mala. Siempre me han intentado vender que un padre es simplemente una figura que vigila desde cierta distancia a sus hijos mientras los protege, pero para mí, Paul es un padre que se preocupa por su familia por muchos errores que cometa, no puedo quitarle eso, y ya lo tengo claro; prueba de ello, es que con tu ayuda he conseguido reparar lo que pensé que se quedaría roto. Aunque claro, es cierto que podría volver a romperse, aunque no tan fácilmente como en esta ocasión.

«Eris.»

«¿Qué quieres…?»

No estoy seguro sobre lo que decirle, puesto que se ha puesto así para protegerme; por mucho que yo me haya reconciliado con él, ella no.

«Mi padre es una persona normal, y como cualquiera, cometerá errores.»

Mientras le digo esto, utilizo magia curativa para curarle los rasguños que tenía por la cara. Eris se deja curar obedientemente, pero por su expresión, no me cabe duda de que no acepta del todo mis palabras.

Una vez sus heridas fueron sanadas, algo enfadada pero más calmada se marchó a la habitación. Mientras la veo irse, me dirijo a Ruijerd.

«A todo esto, Ruijerd-san.»

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«¿Qué ocurre?»

«¿De dónde salieron los moratones de Eris?»

La marca que acababa de curar no era algo que tuviera el día anterior de cuando fue a cazar Goblins.

«Tuve dificultades para contenerla.»

Sin alterar su tono, me respondió de esa forma. Por lo general, la idea de hacerle daño a un niño sería suficiente para alterar o enfadar a Ruijerd, pero da la impresión de que ha cambiado ligeramente de parecer.

No me cuesta imaginar a Eris resistiéndose violentamente a dejarme a solas con Paul, incapaz de perdonarle, por lo que se vio obligado a recurrir a la violencia. Tampoco es especialmente grave, ya que su relación de maestro-alumna para el combate ha llevado a que Eris recibiera algún que otro rasguño en su entrenamiento.

Aunque claro, si te fijas bien, Ruijerd no está tan calmado como su tono; es más, apenas suele cambiar la expresión de su cara, pero le noto… no sé, me parece que está algo incómodo, como si no hubiera sido algo controlado, sino que tuvo que hacerlo a regañadientes.

Supongo que no tuvo más remedio. No sé muy bien lo que pasó, de lo que hablaron o de lo que hicieron; pero gracias a que Ruijerd se llevó a Eris a la fuerza, fui capaz de reconciliarme con Paul. Solo puedo darle las gracias por ello.

«Te agradezco que te llevaras a Eris, no hubiera podido hacer las paces con mi padre de no ser por ti.»

«No tienes de qué agradecerme.»

Aunque vaya, es cierto que Eris cada vez es más fuerte, pero veo que ha llegado un punto en el que para detenerla, Ruijerd tiene que recurrir a la fuerza. Su entrenamiento está mostrando sus frutos.

***

 

 

Un rato después, entre otras para calmar ánimos, decidimos tener nuestra reunión estratégica.

«Bueno, comencemos la segunda reunión estratégida en Milis-Sion de Dead End.»

Decidimos realizarla en el bar, es cómodo y tampoco hay demasiados clientes ahora mismo. Aunque pensándolo un poco, no he salido en todo el día del bar.

«Pero si tuvimos una justo ayer.»

Eris ha vuelto a su humor habitual; por un segundo pensé que se encerraría en el cuarto desanimada, pero en unos 10 minutos volvió como si nada. La velocidad a la que cambia de ánimo es algo que me gustaría poseer yo.

«Ha habido un cambio importante, me refiero a que ya no tenemos la necesidad de conseguir dinero; por lo que pienso que lo mejor sería que abandonáramos Milis-Sion antes de lo previsto.»

Con los 20 cheques del Papado que nos han entregado, no tenemos la necesidad de realizar misiones del gremio como planeamos en un principio; como además Paul me ha puesto al corriente de la situación, no es necesario reunir información; y por lo que sé y he oído, será mejor que pausemos la tarea de mejorar la reputación de los Supard en esta ciudad.

En resumen, las cosas que necesitamos y podemos hacer en esta ciudad han disminuido a casi ninguna, y es lo que les cuento. Tuve algunas dudas sobre si contarle a Eris el estado en el que se encuentra la provincia de Fedora, pero al final decidí que era mejor contárselo; porque será mejor que se prepare mentalmente desde ya, a llegar allí, encontrarse con el problema de golpe, pudiendo venirse abajo por la impresión.

«Eris, por lo que he escuchado, tanto tu ciudad natal como la mía, han desaparecido sin dejar rastro.»

«Entiendo.»

«También parece que ni Philip-sama ni Sauros-sama han sido encontrados aún.»

«Era de esperar.»

«En resumen, no conocemos ni el paradero de Ghyslaine, lo más probable es….»

«Ludeus…»

Eris se cruzó de brazos, levantó su barbilla y me miró a los ojos.

«Eso es algo que daba casi por sentado desde hace algún tiempo.»

La mirada de Eris mostraba su determinación, sus ojos tenían la enorme valentía y falta de delicadeza típicos en ella, sin una sola piza de duda. Lo ha dicho bien claro, no es que no quisiera pensar en ello, sino que lo había aceptado ya.

«Aunque claro, sigo pensando que Ghyslaine está viva en algún lugar, pero era fácil de imaginar que papá y el abuelo hubieran muerto hace mucho.»

Esto lo dijo casi con un resoplido. Por su reacción, diría que desde el momento en el que acabó en el continente demoníaco, asumió que el resto su familia había muerto, o al menos eso es lo que da a entender.

Pero es posible que simplemente se esté haciendo la dura… me cuesta diferenciar cuando se hace la dura y cuando de verdad ha aceptado la situación.

«No te preocupes, por mucho que hubieras estado intentado ocultármelo, desde el principio lo entendí.»

No estoy muy seguro de lo que se supone entendió, pero da la impresión de que no se está haciendo para nada la dura con este asunto; es más que probable, que a su modo haya pensado en todo esto durante el viaje.

En otras palabras, soy el único que se había olvidado por completo de Fedora… qué vergüenza…

Con este pensamiento, miro a Eris asintiéndole con la cabeza y continúo la conversación.

«Por todo esto, pensé que lo mejor sería irnos de la ciudad en una semana aproximadamente, aunque…»

«¿Estás seguro?»

Esta pregunta la realizó Ruijerd.

«¿Ocurre algo?»

«Esta puede ser tu última vez para estar con tu padre, ¿seguro que quieres marcharte tan rápido?»

«Veo que esta reunión es para temas algo oscuros…»

Debido a que es Ruijerd el que me ha dirigido esas palabras, la importancia de las mismas es mayor; aunque la posibilidad de la que habla es baja, no es que estemos en guerra, y Paul sabe defenderse.

No obstante…

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«Debido a que hay más miembros de mi familia a los que puedo no volver a ver jamás, es importante ir a buscarles y darles prioridad a ellos, para que eso no ocurra.»

«Ya veo, tienes razón…»

Habiendo recibido el visto bueno de Ruijerd, doy paso al punto principal de la reunión de hoy.

«Quería comentar, que para el resto de nuestro viaje, me gustaría que nos centráramos en reunir información.»

Como suponía, el tiempo óptimo para detenernos en cada ciudad es de unos 7 días, como hasta ahora, pero en esta ocasión nos olvidaremos de conseguir fondos y nos dedicaremos casi únicamente a reunir información sobre los desaparecidos.

El trayecto entre Milis y Asura es, en este mundo, la travesía más frecuente y ferviente donde un mayor número de viajeros y mercaderes se concentran; casi como la ruta de la seda de mi anterior mundo. Aunque es más que probable que un gran número de miembros del grupo de búsqueda estén investigando por esa zona, existe la posibilidad de que nosotros encontremos información que nuestros predecesores pasaron por alto o no pudieron encontrar.

Por otro lado, como algo paralelo a la búsqueda de información, podremos extender y mejorar el nombre de los Supard de un modo u otro. Pero debido a que el sobrenombre Dead End no es tan conocido en el resto de continentes tendremos que buscar algún modo alternativo para propagar los rumores.

«En ese caso, nuestro problema actual vuelve a ser el coste del viaje.»

Quizás por la dificultad, quizás por la necesidad de barcos, pero lo cierto es que en este mundo, cruzar el mar tiene un control excepcional; las fronteras por tierra se pueden saltar de algún modo u otro sin levantar sospechas, pero para cruzar el mar el coste y los preparativos son muy significativos, sobretodo para un Supard.

«Sobre eso, Ludeus, échale un vistazo a esto.»

Ruijerd sacó de un bolsillo una hoja de papel doblada y sellada, que si mal lo recuerdo, es el sobre extraño que trajo ayer y del que acabé desentendiéndome al final.

La cojo y le echo un vistazo; observo que en lo que sería la parte en la que se escribe el destinatario pone un garabato que aun difícil de leer pone Para el Duque Baqciel; y en la parte trasera, para cerrar la carta, hay un sello de cera rojo con el símbolo seguramente de una casa noble, o al menos da esa impresión refinada.

«¿Y esto?»

«Es algo que escribió para mí ayer, mi antiguo conocido.»

¿Un conocido de Ruijerd? Ah, ahora que lo dice, es cierto que dijo que iba a verse con un antiguo guerrero que conocía.

«¿Puedo saber cómo se llama tu conocido?»

«Es un hombre llamado Gouache Brush.»

«¿Y a qué se dedica?»

«No lo sé, pero diría que es una persona importante.»

Me cuenta la historia en la que conocío a Gouache hace 40 años, en el continente demoníaco. Por lo visto, Ruijerd salvó a un grupo de personas de unos monstruos que atacaron y Gouache era parte de ese grupo.

Cuando se conocieron, Gouache era un niño que solo podía mirar a Ruijerd asustado y algo hostil, pero cuando se separaron, se habían vuelto bastante cercanos. Llegó a decirle que si alguna vez pasaba por Milis-Sion fuera a visitarle, aunque como nunca tuvo la oportunidad, Ruijerd se olvidó de esto hasta que al entrar en la ciudad, notó con su tercer ojo la presencia del pequeño.

Por este motivo, aprovechando que estaba en la ciudad, decidió hacerle una visita, aunque no estaba seguro de si Goauche se había olvidado de él. Por lo que con cierto temor, Ruijerd consiguió encontrarse con él, y en ese momento, Gouache se acordó al instante de Ruijerd, y le dio la bienvenida a su casa con los brazos abiertos.

Ruijerd solo había previsto ir a saludar, pero la cosa se animó y se pusieron a charlar durante un buen rato, para cuando le habló de nuestro viaje, Goauche le dijo Pues cuando llegues a Puerto Oeste, entrégale esto al jefe de aduanas.

Me cuesta imaginar a Ruijerd animándose… ¿será algo así como sus charlas con Gustav? Aunque bueno, volviendo al tema principal, alguien que escribe una carta sellada para el jefe de aduanas diría que es alguien con cierto poder en la corte…

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Intento echarle un vistazo al contenido de la carta, pero temo romper el sello y hacer que la carta pierda su validez.

«Es muy probable que tu amigo Goauche sea un noble, ¿no es así?»

«Es cierto que tenía muchos subordinados.»

Subordinados… es una forma de expresarse muy propia de Ruijerd, pero es probable que se refiera a sirvientes o criados o algo similar… y ese muchos también es bastante ambiguo. Pero claro, en todo caso, es un conocido de Ruijerd… eso puede rondar desde un Rey Demonio hasta al mismo rey de esta ciudad, pero me cuesta saberlo con certeza, y más teniendo en cuenta que trabajó para el Dios Demonio Laplace…

«Fuiste a su casa, ¿no?»

«Sí.»

«¿Era grande?»

«Supongo que muy grande.»

«Más o menos, ¿cómo de grande era?»

«Imagino que casi tan grande como el castillo Kishirisu.»

Como el castillo Kishirisu… si es más pequeño, no se refiere al White Palace que hay en medio del lago, así que supongo que no es alguien de la realeza. Pero algo del tamaño que dice… Jum…. No se me ocurre a quién se pueda referir. La cosa es, que es un conocido de Ruijerd, así que dudo que sea una mala persona, pero… por lo que dijo Shera, el noble que está en la aduana de Puerto Oeste odia muchísimo a las razas demoníacas; si le llevamos una carta de un noble menos importante, podría causarnos o causarle algún tipo de problema si entregamos la carta, por lo que es mejor averiguar quién es este Gouache.

Pero con lo feliz que se ve Ruijerd desde que trajo la carta, no me gustaría que discutiéramos por desconfiar de Gouache; así que de perdidos al río, como no se me ocurre una alternativa mejor, lo que haré será no discutirlo con Ruijerd para ahorrarnos posibles problemas y preguntarle en secreto a Paul para ver quién es el tal Goauche.

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«De acuerdo, esperemos que la carta nos solucione el problema de cruzar el mar.»

Al oírme, Ruijerd asintió tan animado como cuando me hizo entrega de la carta.

Así que al final, sin más discusión, decidimos aguantar en Milis-Sion una semana y ver qué podíamos hacer mientras por la ciudad.

«¡Por mí como si nos vamos mañana mismo!»

Respondo con una sonrisa algo forzada al comentario de Eris, y damos por terminada la reunión.

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