Mushoku Tensei: Isekai Ittara Honki Dasu (NW)

Volumen 4

Capítulo 38: Un Diablo En El Almacen

 

 

La ciudad portuaria Puerto Santo tiene muchas similitudes con Puerto Brisa; ambas ciudades tienen varias pendientes y cuestas, además que toda la actividad se concentra principalmente en el puerto. Por ejemplo, el gremio de aventureros de ambas ciudades está más cerca del puerto que del propio centro de la ciudad.

Aunque en varios aspectos, la estampa es diferente; por ejemplo, los edificios de madera son más comunes que en Puerto Brisa, y, aunque no estoy seguro de si es para protegerla contra la brisa marina y su humedad, casi todos los edificios están pintados de tonos muy coloridos.

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Por otra parte, hay varios árboles decorando las calles de la ciudad, fusionándose correctamente con los paisajes de bosque frondoso que se pueden observar en la lejanía.

Hay mucha claridad y verde en el paisaje, y más si lo comparamos con el continente demoníaco, cuyo color principal es del marrón rojizo del suelo de un tono mucho más apagado.

Solo separa estas 2 ciudades un tramo pequeño de mar, pero parece que estamos en un mundo totalmente distinto…. pero vamos, el continente Milis es como me lo imaginaba.

El físico de aquellos que pasean por la ciudad es bastante variado, pero no veo las razas demoníacas a las que estoy acostumbrado, sino más bien razas ferales, orejas puntiagudas (elfos), mineros de carbón (enanos), y los cuerpo de niño (hobbits); siguen siendo razas muy dispares, pero tienen un parecido más cercano al de la raza humana.

Bueno, lo primero que tenemos que hacer es buscar una posada, por lo que tenemos que ver cuánto dinero nos quedó.

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El dinero con divisa del continente demoníaco que teníamos era 2 monedas verdes, 18 de hierro, 5 oxidadas, 3 de piedra; aunque lo cambiamos antes de cruzar el mar y nos quedamos con 3 Milis de Plata, 7 Gran Milis de cobre y 2 Milis de cobre.

Es todo lo que tenemos… es menos de lo que teníamos originariamente, pero había una tasa para aplicar el cambio de moneda. Además, si no fuéramos miembros del gremio de aventureros, nos habrían cobrado más por hacer el cambio, así que imagino que esta cantidad entra dentro de lo aceptable.

«Me gustaría que nuestra posada estuviera cerca del gremio de aventureros.»

«Opino lo mismo, cuanto menos tiempo dediquemos a aceptar misiones, mejor.»

Contando desde mañana, estaremos 1 semana en esta ciudad realizando misiones y mejorando la reputación de Dead End en la zona.

Por lo que he escuchado, Dead End no es un nombre muy extendido por el continente Milis, por lo que pronto no podremos aprovecharnos de la reputación del lugar para causar una impresión.

Pensando esto, nos disponemos a buscar una posada en las cercanías del gremio, pero por algún extraño fenómeno, todas las posadas cuyo precio no era excesivo no tenían ninguna habitación libre.

Qué raro… es la primera vez que pasa esto.

En otras ocasiones hemos visto posadas llenas, pero nunca hasta el punto de que casi todas las posadas no tuvieran ni una habitación libre.

¿Habrá algún tipo de festival por la zona?

Cuando se me ocurrió esta idea, decidí preguntarle al posadero al respecto.

«Se acerca la época de lluvias; ese es el motivo de que la mayoría de posadas ya estarán repletas.»

Parece que tenía razón.

La época de lluvias es un temporal que azota el Gran Bosque del continente Milis una vez al año, en el que durante 3 meses, lluvias torrenciales caen sin descanso, causando una inundación masiva por todo el bosque, bloqueando como es lógico las rutas y carreteras. Debido a esto, un gran número de personas reservan habitación en las posadas por largos periodos, consiguiendo así llenarlas.

Parece que por lo general, nadie quiere venir a esta zona durante esta época.

O eso pensaba, pero por lo visto, variantes específicas de monstruos debido a la época de lluvias acaban asaltando la ciudad con frecuencia, y los materiales que se obtienen de ellos se venden a buen precio. Por este motivo, muchos aventureros se alojan en la ciudad durante esta estación.

Vaya, es algo que nos podría beneficiar… si nos dedicamos estos 3 meses a ahorrar dinero, podríamos ganar suficiente para todo el viaje que tenemos por delante… y encima podríamos aprovechar para mejorar la fama de Ruijerd mientras. Con esos 2 aspectos bien asentados, el resto del viaje por el continente será muchísimo más sencillo.

Aunque esto me suena en parte al cuento de la lechera, no podemos permitirnos vender la piel del oso antes de cazarlo; no tenemos demasiada flexibilidad con nuestro actual presupuesto para encontrar posada, porque los lugares que todavía tienen habitaciones libres son bastante más caras o muchísimo peores de las que solemos utilizar.

No se puede gastar un dinero que todavía no tienes, por lo que las posadas excesivas no son una opción válida. Por lo que, visto lo visto, acabaríamos teniendo que vivir en zonas conflictivas, hablando claro, en los suburbios.

3 Gran Milis de cobre la noche para los 3, comidas a parte, no ofrecen nada a parte de dormir… no es barato, pero no es un mal lugar en el que dormir, ya hemos dormido en lugares peores que este en el continente demoníaco. Digo esto, pero tenemos que pensar que estaremos 3 meses alojándonos en este sitio, puede que nos interese más ir a un sitio más agradable…

«¡Vaya, esta posada no está mal!»

Aunque durante la mayoría de su vida, Eris haya sido casi como una princesa, parece que ya se ha olvidado de todo eso y no le importan ni el ambiente ni el servicio; es más, parece que el quejica soy yo.

«Si soy sincero, preferiría alojarme en un lugar un poco mejor.»

«No seas niño chico, Ludeus.»

Eres la menos indicada para decirme eso, Eris; aunque en esto soy más quisquilloso que tú. Todavía recuerdo hace muchíiiisimo tiempo, cuando la jovencita que me acompaña se quedaba dormida a pierna suelta en medio de un establo que olía a estiercol sobre un montón de paja. Recuerdo que no se despertó ni cuando le sobé las tetas… En esto es muy distinta a mí, que aun habiéndome reencarnado y decidido esforzarme por mejorar, sigo queriendo dormir en una cama cómoda y calentita…

Llegados a este punto, no me atrevo a ser egoista, por lo que aceptamos la posada. Cuando llegamos al cuarto, nos pusimos a recogerla mínimamente, y le pasé una corriente de aire caliente hecha de magia a través de las camas en las que dormiríamos para matar cualquier bicho que pudieran tener.

No soy muy quisquilloso con la higiene y el orden, es más, en general me considero desordenado, y estoy más a gusto dejando algunas cosas por medio; ¡PERO! en las posadas de este tipo, a menudo te puedes encontrar cosas que sus anteriores inquilinos se olvidaron, como por ejemplo, una moneda que acaba oculta debajo de la cama, o un anillo o similar que ha rodado a alguna esquina…

El dinero es dinero y el que lo encuentra se lo queda, ¿no te parece? Y cosas como anillos, a menudo acaban apareciendo misiones en el gremio para buscarlos, por lo que pagan dinero por encontrarlos. Por lo general es poquilla cosa, pero de vez en cuando dan una buena recompensa.

Y por estos motivos, cada vez que llegamos a una nueva habitación, la limpiamos a fondo, como pulsar botones mientras te mueves por el mapa para recoger objetos que no se ven a simple vista…

¿Dónde estás objeto perdido? Se que estás por aquí, no te escondas……. Nada.

Mientras buscaba por la habitación, Eris pidió al posadero un cubo con agua para hacer una limpieza básica del cuarto.

Tras terminar rápidamente, nos pusimos a hacerle el mantenimiento a nuestro equipamiento, terminando cuando el sol se estaba poniendo.

«Eris, ya va siendo hora de ir a por Ruijerd.»

Nos ponemos en marcha, pero justo cuando vamos a salir, recuerdo que esta posada está en los suburbios, por lo que la seguridad está en entredicho.

Nuestra experiencia con una ocasión en la que nuestra posada estaba cerca de los suburbios del continente demoníaco, fue, que cuando salimos a realizar misiones, un ladrón se coló en nuestra habitación.

No hubo mucho problema, porque Ruijerd encontró el rastro del dragón, al que perseguimos hasta castigar severamente, pero los bienes robados ya habían sido vendidos a otras personas, por lo que no pudimos recuperarlos.

Tampoco es que dejáramos nada importante en la habitación, y en esta ocasión tampoco vamos a hacerlo, pero creo que es mejor si tomamos medidas para evitar que se repita.

«Mejor voy solo a por él, te dejo a cargo de nuestras cosas.»

«¿Me quedo en la habitación? ¿No puedo ir contigo por algo concreto?»

«No no, tan solo es para que te asegures de que no nos roben ni nada similar.»

«¿Pero qué más da? No es que vayamos a dejar nada de valor aquí.»

¿Cómo es posible que a Eris le importe tan poco que nos roben? ¡Pero si tendremos problemas aunque nos roben solamente utensilios del día a día como mantas o ropa! No tenemos nada de libertad a la hora de gastar dinero actualmente. No tengo más remedio que darle un sermón sobre seguridad y técnicas de prevención de crímenes.

«Escucha con atención, nunca sabes cuando algún desalmado podría robarte tu último par de bragas limpias.»

«¡Pero si el único que robaría algo así eres tú, Ludeus!»

Como pude, evité dejar escapar sonido, para restarle importancia a su acusación.

Pero quiero que sepas algo, Eris; que quede claro que jamás en mi vida he robado bragas limpias.

***

 

 

Paseaba solo por la ciudad en medio de la noche, tardé 2 horas en convencer a Eris de que se quedara a vigilar en el cuarto; no podemos menospreciar la prevención de crímenes.

Pero volviendo al tema principal, me dijeron que la entrega se realizaría de noche, pero no me especificaron una hora concreta. Diría que no importa siempre y cuando sea después de la puesta de sol, y por lo que acordamos, podrían mantenerlo custodiado durante un par de días más, por si fuera necesario; pero claro, hablamos de custodiar a Ruijerd tratándolo como si fuera un esclavo… Estoy seguro de que lo habrán ofrecido unos cuidados mínimos, pero es posible que Ruijerd haya tenido que soportar un trato bastante vejatorio durante toda esta semana.

Dudo que haya comido nada decente en todo este tiempo… así que seguramente esté hambriento, y con hambre la gente se enfada con más facilidad, así que mejor me doy prisa…

Me dirigí al embarcadero, llevando en una mano la lanza de Ruijerd. Mientras me acerco, compruebo que el lugar para la entrega de bienes de contrabando se realiza en un almacen muy bien escondido, en lo más profundo del embarcadero.

Al llegar al lugar, encontré 4 almacenes de madera alineados unos con otros, me adentré en el que tenía un letrero indicando Almacén #3. En él, encontré a una única persona limpiando el suelo del almacen, tomándose su tiempo; tenía el peinado más común de final de una era, estilo mohicano

«Hey, Steve, ¿se encuentra bien Jane la bañista?»

Le dije las palabras que me indicó el intermediario. Tras lo que el mohicano me miró como sospechando de mí.

«¿Qué pasa, chaval? ¿necesitas algo?»

Esto… ¿habré dicho mal la contraseña?… Bueno, es posible que al ser un niño no me esté tomando en serio.

«Mi jefe me ha ordenado que venga a recibir la mercancía por él.»

Parece que diciendo eso, el tipo de mohicano comprendió que no venía a jugar, su respuesta fue asentir con la cabeza y pedirme que le siguiera; adentrándonos más en el almacen.

Le seguí en silencio, y tras llegar bastante profundo, acabamos frente a una enorme caja de madera en la que cabrían unas 5 personas; pero el Mohicano, tras mover una palanca, la hizo a un lado y encontramos una escalera oculta.

Encendiendo una antorcha, bajamos por las escaleras hasta llegar a una caverna que parecía casi natural, bastante húmeda y empantanada. El mohicano continuaba avanzando por esta gruta, y yo le seguía teniendo cuidado para no resbalarme.

Este trayecto se prolongó durante una hora, y cuando salimos de la gruta, aparecimos en medio de un bosque. Diría que nos habíamos alejado muchísimo de la ciudad.

Desde allí, tuvimos que andar aún más, hasta llegar a un edificio cubierto por un gran número de árboles bastante variados. No se parecía en nada a un almacen, sino más bien a una mansión o casa rural de un millonario.

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Imagino que en ese lugar deben guardar la mercancía que manejan… ¿atacaran monstruos el lugar? El maná se concentra en bosques y parece que estamos en medio de uno.

«Creo que lo sabes, pero por si acaso te aviso, ni se te ocurra decir una palabra de este lugar. Si te diera por hablar…»

«No te preocupes.»

Asentí con determinación.

Si le hablara a nadie de este lugar, seguramente me buscarían para matarme, o algo así me explicó el intermediario del continente demoniaco. Si os preocupa tanto, hasta el punto de obligarme a jurarlo verbalmente… si fuera yo, obligaría a todos mis clientes a firmar con sangre un contrato o algo por el estilo. Es más, me pregunto por qué no lo hacen… ¿Habrá alguna raza que no posea sangre? Aunque claro, imagino que ninguna de las partes estaría tranquila dejando pruebas escritas de algo como esto, por lo que preferirán no dejar ningún tipo de evidencia del hecho.

Mientras debatía internamente por el procedimiento, el mohicano llamó a la puerta dando unos golpes.

TOCtoctocTOC–TOCtoctoc.

Seguramente con algún tipo de clave o señal, o hasta alguna regla extraña para explicar de quién se trata. La cosa es que pasados unos segundos, un hombre de pelo gris vestido como un mayordomo nos abrió la puerta, y tras ver al mohicano y echarme un vistazo, nos dijo Entrad. Hicimos lo que nos dijo y entramos.

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Entramos en un edificio seguramente por la entrada, tenía escaleras que iban al segundo piso, y dos salones a los laterales de donde nos encontrábamos, al final de estos había un par de puertas por salón; lo dicho, la entrada de una mansión.

En el borde opuesto de la entrada, había una mesa redonda en la que se encontraban sentados gente con cara de pocos amigos, con los codos sobre la mesa. Aunque diría que están tensos por algún motivo.

Después de echarle un ojo al lugar, me fijo en que el mayordomo me mira con sospecha.

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«¿De parte de quién vienes?»

«Ditts.»

Le digo el nombre del intermediario.

«Así que Ditts… Pero veo que tus superiores no se atreven a venir personalmente.»

«Prefieren que no se les enlace con los bienes que transportamos.»

«Vaya que sí… llévatelo de una vez, temo con que salga fuera de control.»

Tras este intercambio, el mayordomo de pelo gris sacó una ristra de llaves de su bolsillo de la chaqueta, y le hizo entrega de una llave concreta al mohicano.

«Habitación 202.»

El mohicano afirmó en silencio y se puso en camino, mientras yo le seguía.

A la vez que el suelo crujía bajo nuestros pasos, podía escuchar algo cercano a quejidos provenientes de alguna parte del edificio; además, por el edificio circulaba un extraño olor animal.

En nuestro trayecto, pasamos por una habitación inesperada cuya puerta estaba bloqueada por barras metálicas, por lo que sin querer eché un vistazo al interior. Lo que encontré fue un brillante círculo mágico dentro del cual se encontraba una bestia bastante grande tirada en el suelo y encadenada al mismo.

La oscuridad no me permitía verla con claridad, pero no he visto ningún monstruo o criatura similar en todo el continente demoníaco.

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¿Será algún monstruo o animal específico del continente Milis?

«¿Aquí guardáis también los bienes que vais a transportar al continente demoníaco?»

«Sí.»

Le hago la pregunta casi por acto reflejo, pero el mohicano me respondió.

¿No deberías haberlo guardado en secreto o algo?

Pero el mohicano, llegado hasta cierto punto, se puso a bajar por unas escaleras; pensé que al ser la habitación 202 sería en la segunda planta, pero por lo visto está en el sótano.

«Así que un sótano…

«El piso de arriba es para distraer.»

Por lo que dice, las cosas más problemáticas y perseguidas las esconden todavía más. Me hace pensar que en el sótano esconden las cosas cuyas tarifas para cruzar el mar son estúpidamente altas o que pueden ser crímenes muy penados si les pillaran con ellas.

«Aquí es.»

Mi acompañante se detuvo frente a una puerta marcada con el número 202 tras abrirla; en su interior, sentado, puedo ver a Ruijerd, cuyo pelo verde ha comenzado a crecer lentamente, con sus manos atadas a la espalda.

Teniendo en cuenta que lleva sin moverse una semana, es normal que haya empezado a ponérsele una cabeza de Marimo.

«Gracias, espera aquí.»

El mohicano asintió a mis palabras y se quedó en la entrada de la habitación, imagino que para mantenernos vigilados.

«No le quites las esposas mientras estéis en la mansión, no queremos que un Supard ande suelto por el lugar.»

La cara del guía tenía un tono pálido mientras decía estas palabras.

Parece que aun con el pelo tan corto, ese pelo color esmeralda sigue causando temor. Estoy seguro de que si le quito las esposas sin hacerle caso, se asustaría todavía más. Nah, mejor no actuar de una forma tan arrogante, y menos aprovechándome del miedo que generan otros. De todas formas, ¿dónde está la llave?

Tras pensarlo, me pongo a buscarla por mis bolsillos, sin éxito. Es posible que la haya dejado en la posada, aunque solo tengo que usar magia para abrirlas.

Cuando confirmé esto, me acerqué a Ruijerd, pude ver que su cara estaba excesivamente seria.

Al final iba a tener razón con eso de que el hambre hace que la gente se enfade… No te preocupes Ruijerd, en cuanto salgamos dejaré que sacies tu apetito hasta que tu estómago parezca un globo.

«Ludeus, acércate un segundo.»

Con el tono más silencioso que pudo, Ruijerd me susurró estas palabras.

«¿Qué ocurre?»

Cuando acerqué mi oreja a Ruijerd, el mohicano se asustó muchísimo, casi presa del pánico.

«E-EH, ¿qué haces? Ese monstruo te va a comer.»

No pasa nada, hablamos de Ruijerd, masticará de una forma gentil.

Tomándome a broma la situación, me acerco más a Ruijerd.

«Tienen niños cautivos.»

Ya veo.

«Son niños de la raza feral, da la impresión de que los han secuestrado. Puedo oír sus llantos desde aquí.»

«…Ya veo.»

‘Niños… seguramente para vender como esclavos. Aunque si soy sincero, no estoy muy seguro de como funcionan los esclavos en este mundo; no sé qué esclavos son legales y cuáles no… no entiendo las diferencias de unos a otros, por eso mismo, ¿de verdad es buena idea salvar a los esclavos que tengan aquí? Imagina por un segundo que son niños problemáticos que fueron vendidos por sus padres, seguro que tendremos problemas si intentamos llevarlos de vuelta a casa.

«Quiero salvarles.»

Por supuesto, comprendo que para Ruijerd, dan igual las circunstancias, hará lo que sea por niños, para él esto es indiscutible e innegociable; pues…. lo siento muchísimo, contrabandistas; habéis tenido muy mala suerte al haber secuestrado niños con Ruijerd aquí.

«Hay varios guardias en el edificio.»

«Lo sé.»

«Ten en cuenta que los contrabandistas están organizados.»

«¿Estás en contra?»

La cara de Ruijerd parece decir algo así como no me lo puedo creer, Ludeus; como si yo le estuviera traicionando… aunque quiero que entienda que estamos hablando de traicionarles nosotros a los contrabandistas.

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«Los contrabandistas cumplieron con su trabajo, ¿no te parece una traición lo que propones?»

«No me importa, hablamos de salvar niños, aceptaré el deshonor por traicionarles.»

«No serás el único que cargue con ese deshonor, Ruijerd-san, sino toda la raza Supard.»

«Eh… pero… ¡pero!»

No me mires de esa forma, en ningún momento dije que no fuéramos a salvarles. ¿No recuerdas lo que te dije? Que si no podías soportar algo que vieras, tan solo tenías que decírmelo, porque tenemos algo de libertad como para salvar niños. Y no me retracto de esas palabras.

«Si vas a hacerlo, debes moverte con rapidez, no podemos permitirnos que salga una palabra de aquí.»

«¡! Ludeus…»

Al escuchar mis palabras, en la cara de Ruijerd se dibuja lo orgulloso que se siente de mí.

En esta ocasión, dejaré que Ruijerd haga lo que crea oportuno, sobretodo teniendo en cuenta que lleva encerrado 1 semana; estoy seguro de que ha acumulado bastante rabia.

Pienso de esta forma, pero con que 1 de ellos consiga escapar, la información de que un Supard anda suelto por Milis acabará extendiéndose como la pólvora, seguramente incitada por la organización contrabandista. Y seguramente, nuestros nombres, al haber sido los que solicitamos el contrabando de un Supard, serán más que conocidos por toda la organización.

El intermediario me lo dijo bien claro, una muerte cruel e inesperada aguarda a los que traicionan a la organización. Contratarán asesinos a sueldo para que nos persigan.

No creo que tengamos problemas con simples asesinos mientras Ruijerd viaje con nosotros, pero no estaré cómodo sabiendo que no puedo dormir tranquilo; además que tampoco puedo asegurar que nunca nos separamos de Ruijerd.

«Bueno.. ¿de qué forma podemos asegurarnos de que no escapa información?»

«Por eso no te preocupes.»

«¿Tienes algún plan?»

«Te prometo que, de los contrabandistas de este edificio, no dejaré a nadie con vida. Será una masacre.»

Guau con Ruijerd… Lo peor es que puedo confiar en su palabra. Pues nada, si acabas con todos, eso solucionaría el problema, aunque me parece bastante excesivo y precipitado.

«¿Son personas a las que no hay forma de perdonarles la vida?»

«Así es, hasta el punto de que mis entrañas parecen estar a punto de arder por lo que llevo soportando.»

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El enfado de Ruijerd es extremo, como hasta ahora no había visto.

Pero… ¿Pero qué demonios le habéis hecho a Ruijerd, contrabandistas?

«¿Puedo conocer el motivo?»

«Si ves a los pequeños lo entenderás.»

«…. Sabes, todavía tenemos la opción de volver mañana a rescatarles, aunque….»

«Por lo que he escuchado, tienen intención de transportar a los pequeños mañana mismo al continente demoníaco.»

Así que mañana no puede ser… pero… masacrar… masacrar es un poco… debe haber alguna otra forma en la que no muera nadie….

«No te preocupes, no tendrás que ensuciar tus manos, Ludeus.»

Me quedé petrificado al escuchar esas palabras.

«Yo…»

Las palabras que ha dicho Ruijerd se clavan en mi corazón como si fuera una espina larga y puntiaguda.

«Yo también…¿participaría?»

Tiene sentido, aunque en todo este año, he evitado matar a nadie.

He matado muchos monstruos, también monstruos con forma de persona, pero nunca he matado a personas, en parte, porque no tuve motivo para hacerlo además de por varios otros motivos, pero he de reconocer que nunca me he planteado matar a nadie.

Este mundo es bastante duro. Es un mundo en el que se matan personas a diario, y es probable que llegue el día en que tenga que matar a alguien… Sé que pasará, lo he aceptado, y estoy listo para cuando ocurra, o eso pensaba.

Pero llegado el momento, siempre acabo ajustando el poder de la bala rocosa a un nivel en el que tengo por seguro que el blanco no morirá.

Parece que en el fondo, todavía siento rechazo por matar gente, todavía no estoy mentalmente preparado, puedo decir o pensar lo que quiera, pero no soy capaz de romper ese tabú que me he auto impuesto.

Y esto es algo que Ruijerd ha sido capaz de comprender al verme, y por ese motivo específico me dijo esas palabras.

Intenta que no me sienta culpable por lo que va a ocurrir.

«No me mires de esa forma, recuerda que tus manos están al cargo de proteger a Eris.»

Bueno, supongo que todavía no es necesario, no me forzaré a matar a nadie; sino que simplemente aceptaré su ofrecimiento, si Ruijerd dice que podrá hacerlo en solitario, se lo dejaré a él. No pasa nada por tener cosas que se te den mal, lo importante es hacer lo que sí puedes hacer.

«De acuerdo, entonces, yo me encargo de liberar a los niños, ¿dónde están, lo sabes?»

«La segunda habitación del pasillo desde aquí, son 7.»

«Comprendido, pues cuando termines, reúne los cadáveres en alguna parte para que los queme todos al mismo tiempo.»

«De acuerdo.»

Conjurando en silencio, le quité las esposas a Ruijerd, que se levantó lentamente del sitio crujiendo sus articulaciones.

«Cómo… ¡bastardo, ¿cómo le quitaste las esposas sin que me diera cuenta?!»

El mohicano cayó presa del pánico.

«No te preocupes, hace todo lo que le digo.»

«¿D-de verdad?»

Al escucharme, el guía que encontré en el almacén al llegar parece quedarse más tranquilo, yo por mi parte le entregué a Ruijerd su lanza.

«Pero claro, eso no significa que no vaya a armar un alboroto.»

«¿Eh?»

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Mushoku Tensei Volumen 4 Capítulo 38 Novela Web

 

Y así fue como el mohicano se convirtió en la primera víctima; sin hacer ruido el mohicano había encontrado su final a manos de Ruijerd, el que ya se dirigía hacia las escaleras sin hacer ruido alguno.

Yo por mi parte fui en dirección contraria, dirigiéndome a donde se encontraban los niños capturados.

«¡Gyaaaa!»

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«¡E-El Supard se ha quitado las esposas!»

«¡Mierda, hasta lleva su lanza!»

«¡Es el diablo, el diablo anda suelto!»

Poco después, voces provenientes del salón comenzaron a llegar a mis oídos.

En esta velada, la cacería ha comenzado y los perros bien adiestrados, están sedientos, quieren sangre, la sangre de aquellos que no quieren amos, vale, ya me dejo de bromas, aunque ahora que lo pienso… los que secuestraron a los niños deberían de haber sido otras personas, por lo que los contrabandistas no tienen la culpa de que los niños estén aquí… ¿no es cierto? Bah, simplemente tuvieron mala suerte.

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