Goblin Slayer

Volumen 8

Capítulo 9: Mano de los Goblins, Signo de Destrucción

Parte 1

 

 

La fe puede significar más que una oración desinteresada.

Una ofrenda para aplacar a los devastadores dioses, un grito pidiendo la ayuda que necesitas en ese momento crítico… eso también es fe.

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Entonces, ¿qué había en el corazón del goblin? Era demasiado tarde para saberlo.

«¡Ngh, ahh…!»

La Sacerdotisa se retorció por el dolor, pero su aliento mismo se congeló en el aire, atormentándola aún más.

El oscuro mundo de la mazmorra ya estaba pintado de blanco, la nieve helada de la ventisca era tan afilada que parecía cortarle la piel.

Los fuegos Onibi se desvanecieron en un instante, incluso las últimas llamas ardientes de entre ellos desaparecieron de la existencia. (NOVA: Onibi, de acuerdo al folklore japonés, son espíritus resentidos que nacen de los cuerpos de los humanos y los animales, y se convierten en fuego flotante.)

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La Sacerdotisa, sin embargo, se negó a moverse de donde estaba. Tenía en sus brazos a una niña asustada, temblorosa y chillona que se acurrucaba mientras intentaba huir del terror. La Sacerdotisa la abrazaba en sus delgados brazos, poniéndose rígida y la protegiéndola con toda la fuerza de su pequeño cuerpo.

«¡Hrr-rrooahhhhhhh…!»

Si hubo una respuesta, entonces, sin duda vino del Sacerdote Lagarto, el primer miembro del grupo en notar y reaccionar a la aberración. Con su aliento saliendo en forma de vapor, saltó hacia adelante, soltando un rugido que reverberaba alrededor de la cámara funeraria.

«¡Ah, tú que has sobrevivido a la destrucción blanca! ¡Maniraptora! ¡Contempla mis acciones en batalla!» Colocó su inmenso cuerpo para protegerlos del brutal frío que emanaba desde la mano del gran demonio. Se formó escarcha sobre sus escamas. Su piel se congeló. La nieve se acumuló en sus garras y colmillos, haciendo que su cuerpo se inclinara.

La Sacerdotisa parpadeó… sus párpados amenazaban con congelarse… y ajustó su agarre a su sonoro bastón con dedos que sentían como si nunca podrían llegar a soltarlo.

«¡Necesitamos… un… milagro…!»

«¡Me… temo… que no… puedo…!» el Sacerdote Lagarto miró a la Sacerdotisa, con su tono sermoneador habitual sin disminuir. «¡¡Yo, en realidad, ya no puedo… usar el mío…!!»

Sí: ya sea magia o milagros, tales hazañas requieren una cierta cantidad de fuerza para retorcer la misma urdimbre y trama del mundo que los rodea. Los hombres lagarto no fueron hechos para soportar el frío, para empezar. Ahora los ojos del Sacerdote Lagarto estaban casi cerrados, como si tuvieran sueño, mostrando lo cerca que estaba del final de su resistencia.

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Por lo tanto, no estaría bien que la Sacerdotisa usara el último de sus preciosos milagros aquí y ahora. La joven se mordió el labio y se tragó cualquier objeción.

“¡¡Escamoooosoooo!!”

La intervención del Sacerdote Lagarto, sin embargo, hizo poco para cambiar la situación. Todavía estaban en peligro real de una destrucción total.

El Chamán Enano estaba gritando, y la Arquera Elfa Superior se estaba abrazando a sí misma, lanzando una advertencia. «Chicos, esto… ¡Esto es malo…!»

Ni siquiera hubo tiempo de escucharla. Goblin Slayer estaba en movimiento.

Bloqueando la aguanieve y el granizo con el escudo redondo en su brazo o dejando que rebotara en su casco, hizo una línea defensiva.

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«¿Estás vivo?»

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«…al menos no estoy muerto todavía.»

Entonces, apuntando con su espada hacia la mano del gran demonio que estaba causando esta tormenta de nieve, Goblin Slayer apoyó al Sacerdote Lagarto como si lo llevara en su espalda. Goblin Slayer se las arregló para sostener el gran peso de ese cuerpo y empezó a retroceder.

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Era demasiado tarde para avanzar en una carrera. No tenía el equipo necesario para lidiar con el piso congelado.

«Tienes mi agradecimiento», dijo el Sacerdote Lagarto, a lo que respondió con: «No fue nada», tras lo cual Goblin Slayer miró a su alrededor detrás de su casco.

«¡Haz una pared… ahora!»

«¡Una pared, dice…!» El Chamán Enano contestó, su barba crujiendo mientras se movía. «¡Quieres decir la nieve!»

El enano golpeó una palma contra la nieve apilada en el suelo. Él era apenas visible en la visión periférica de la Arquera Elfa Superior cuando ella empezó a correr. Para un elfo, que estaba conectado a la naturaleza, un poco de hielo no era un verdadero obstáculo. «…¡Por aquí, rápido!»

«¡Bien…!»

La Sacerdotisa se arrastró, sosteniéndose con su bastón y cubriendo a la princesa con su cuerpo; la clériga también estaba claramente en su límite. Su piel era pálida y sin sangre, y sus dulces labios se estaban volviendo morados. Sus dientes castañeteaban incesantemente.

La Arquera Elfa Superior tenía poca protección contra el frío. Aun así, protegió a las niñas lo mejor que pudo con su pequeño cuerpo mientras se retiraban. Sus largas orejas temblaban.

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«¡Orcbolg, apúrate…!»

«¡S-Sí….!»

Sólo habían pasado veinte o treinta segundos, un solo turno. Pero para los aventureros, parecía que les tomaría una eternidad recuperarse. Verlos a todos acurrucados detrás del enano rechoncho era casi cómico.

«¡Princesa de Hielo Atali, ahora, te llamo, dale a este héroe un baile, como los copos de nieve soplando a través del aire!»

En este momento de crisis, sin embargo, su brusco cuerpo parecía tan robusto como un acantilado. Los espíritus de la nieve que él dirigía con Muro Espiritual bailaban alrededor de los aventureros. Ante los ojos del grupo, la nieve que soplaba y se amontonaba se convirtió en una pared que los protegía.

Usaron nieve con nieve. Incluso podría bloquear el frío.

«Una simple cueva de nieve…. ¿Qué te parece?»

«…Tendrá…que servir…» La Sacerdotisa tocó el cuerpo congelado del Sacerdote Lagarto… estaba jadeando fuertemente… entonces tomó una rápida decisión. Ella no era una sanadora, pero como clériga de la Madre Tierra, sabía un par de cosas.

«¡Dame una poción de cura… no, una poción de resistencia!»

«Está bien.» Goblin Slayer sacó dos botellas de su bolsa y se las tiró a la Sacerdotisa. «Tú y esa chica deberían beber también.»

«¡Entendido!» La Sacerdotisa arañó el tapón con sus rígidos dedos. Ella roció un paño de su bolsa de artículos con el contenido y lo presionó contra la boca del Sacerdote Lagarto.

Su conciencia se estaba desvaneciendo, y tratar de verter una poción en su garganta podría haberlo ahogado. La Sacerdotisa vio al Sacerdote Lagarto chupar la tela, y mientras tanto, ella misma bebió de una de las pociones semicongeladas.

Ardía al bajar por su garganta, y luego dio un respiro de alivio al sentir un calor en su estómago.

«Corta barbas, Orejas Largas, ustedes también beban algo». El Chamán Enano, que estaba tomando un trago de vino como si dijera que su trabajo aquí había terminado ahora que el hechizo estaba activo, tiró su botella hacia los demás.

Goblin Slayer la atrapó y vertió un poco de vino a través de su visera. Luego se la pasó a la Arquera Elfa Superior. «Bebe. Te calentará. Si no te mueves, morirás».

«…Sabes que no soy buena con estas cosas. Pero supongo que este no es el momento de quejarse.» La elfa tomó la botella con ambas manos con una mirada de asco y luego la lamió con delicadeza. Luego asomó la cabeza por encima de la pared de hielo para ver qué estaba tramando la mano del gran demonio.

La mano, que había brotado de la carne del goblin como una flor que atravesaba la tierra, aún estaba en el altar. Después de invocar la tormenta de nieve, el «tronco»… con pedazos de músculos protuberantes, se retorcía y temblaba.

Era un espectáculo terrible, algo que la Arquera Elfa Superior no estaba ansiosa por mirar, pero era una exploradora. Era su trabajo.

«…Parece que no puede alcanzarnos aquí», dijo ella.

«Entonces tuvimos éxito», contestó Goblin Slayer. «¿Cómo está la chica?»

«…Se está debilitando», dijo la Sacerdotisa, dándole suavemente a la niña algo de la poción de la que había tomado su sorbo. «No creo que podamos quedarnos aquí mucho tiempo.»

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«¿Qué piensas?» preguntó Goblin Slayer. Él chasqueó la lengua cuando vio lo duro que respiraba el Sacerdote Lagarto. «…No importa,» se corrigió a sí mismo. «Debemos atacar, o debemos retirarnos.» Luego guardo su espada en su vaina y dejó escapar un suspiro.

Miró a su grupo. Al Chamán Enano le quedaba un hechizo, a la Sacerdotisa un solo milagro. El Sacerdote Lagarto ya debía estar en su límite.

Los goblins estaban muertos. La chica fue rescatada. Aún había goblins sobre ellos.

La tormenta de nieve se estaba haciendo más fuerte. Obviamente, eso era obra de la mano del Caos, y sin embargo….

«No hay razón para que debamos destruirla.»

Sólo hubo una conclusión.

«Muy cierto», dijo la Arquera Elfa Superior con el esbozo de una sonrisa. «Tienes razón. Por tomar prestada una frase, no es un g…»

Pero solo eso pudo decir.

La pared de hielo se rompió con un rugido, y el cuerpo de la Arquera Elfa Superior salió volando.

«¡¿Hrgh…. Agh?!»

Golpeó contra la pared de la sala con un sonido similar al de una rama que se rompía, y sangre empezó a gotear de su boca.

¿Qué había pasado? La respuesta era simple.

El puño del gran demonio había retorcido esos músculos protuberantes y había saltado.

Un golpe de ese puño, tan grande como el de cualquier gigante, era más que suficiente para atravesar su pared.

Los aventureros fueron bañados con trozos de hielo, enterrados, y desafortunadamente, fue su explorador quien recibió el impacto directo.

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La Sacerdotisa gritó el nombre de la Arquera Elfa Superior, que estaba arrugada como una hoja seca.

«Estoy… bien…» Su voz se quedó sin aliento, pequeña y débil. Cuando el casco de metal miró a la Sacerdotisa, ella asintió con lágrimas en los ojos.

Goblin Slayer dejó escapar un suspiro. Estaba bien… no fue un golpe crítico. Si lo hubiera sido, ella no habría podido ocultarlo.

«¡Así que el bastardo puede moverse…!» Pero mientras ella se levantaba, apartando la nieve, Goblin Slayer fue incapaz de actuar inmediatamente.

Delante de él estaba la mano del gran demonio, como una serpiente que levantaba su cabeza.

¿Puede verme?

Lo dudaba seriamente. Quizás eso significaba que tenía alguna forma de percepción extrasensorial o algo parecido.

Una vieja técnica de caza de ciervos pasó por su mente: Él puso nieve en su boca, convirtiéndose en parte del paisaje. Y luego lo mataría.

«¿Cuál es el plan, Corta barbas?» El Chamán Enano tenía el enorme cuerpo del Sacerdote Lagarto sobre sus hombros como si estuviera escondido debajo de él. La Sacerdotisa se arrastraba, todavía sosteniendo a la Princesa, y dando a la Arquera Elfa Superior un hombro en el que apoyarse mientras se ponía de pie tambaleante.

Goblin Slayer no supo qué decir de inmediato.

No era un goblin. Entonces, ¿qué debería hacer? No era un goblin. Esto no era un goblin.

Esto no era como ese monstruo (como quiera que se llamara) contra el que habían luchado. Esto era diferente de la cosa en las alcantarillas, el elfo oscuro, e incluso esa serpiente del océano.

Se dio cuenta con sorpresa de lo poco que había experimentado.

Goblin Slayer pensó. Eso era algo que su maestro le había dicho. Todo lo que puedes hacer es pensar.

No tienes talento. Ni inteligencia. Ni habilidades. Pero tienes agallas. ¡Así que piensa!

Él pensó. ¿Caria un carámbano estrellándose contra el piso o volaría una bola de nieve? (NOVA: Esto no tiene sentido porque está divagando, pensando en cualquier cosa.)

¿Qué tenía él en su bolsillo? En su bolsillo, tenía….

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«Una mano.» Y finalmente, exprimió las palabras. «…hagámoslo.»

Incluso él mismo apenas podía creer el sonido de su propia voz.

«¡Sí, señor!» llegó un grito de respuesta, sin dudarlo ni un instante.

Una joven lo miraba directamente, agarrando un sonoro bastón con sus dedos congelados y tratando heroicamente de evitar que su cuerpo temblara.

Era una demostración de… si… la fe de la Sacerdotisa.

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