Goblin Slayer

Volumen 8

Capítulo 8: El Corazón del Remolino

Parte 4

 

 

Una vez finalizada la batalla, un asombroso silencio cayó sobre la cámara funeraria.

Los únicos sonidos eran las respiraciones irregulares de los que quedaban en la habitación y el suave sonido de los equipos al ser guardados. La Arquera Elfa Superior mantuvo una flecha suelta en su arco mientras miraba a su alrededor, pero finalmente, exhaló.

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«¿Se acabó…?»

«…Eso parece», dijo la Sacerdotisa, las dos compañeras compartiendo un suspiro de alivio. Entonces la Sacerdotisa subió al altar.

¿Qué puedo decirle?

No estaba lejos, pero esa pregunta hizo que el tramo se sintiera inmenso.

¿Debería la Sacerdotisa estar contenta de que la niña estuviera a salvo… lo que significa que al menos estaba con vida?

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¿Debería estar enfadada porque la chica había robado su cota de malla?

Ninguna de las dos opciones se sintió bien con ella, y llegó ante la niña sin haber llegado a una conclusión.

«…Oh.»

La Sacerdotisa podía ver su propia expresión confusa en los ojos que la miraban fijamente.

La niña difícilmente se la podría llamar afortunada. Y sin embargo, fue porque ella había sido elegida como un sacrificio viviente que ella todavía estaba aquí. Herida y con el corazón roto, con sus ropas rasgadas, pero no cubiertas de mugre.

Incluso en ese mismo momento, la Sacerdotisa todavía no podía encontrar las palabras. Ella miró hacia aquí y hacia allá como si los estuviera buscando.

Entonces ella vio algo.

Un poco de botín que los goblins habían robado a un aventurero y luego tirado a un lado. Estaba tirado casi al azar sobre un montón de basura: una cota de mallas barata, del tipo que se podía comprar en cualquier parte.

Había sido reparada repetidamente, tanto que hubiera sido mejor simplemente comprar una nueva. Ella la habría reconocido en cualquier parte: esta cota de mallas era suya.

“¡…!”

La Sacerdotisa la agarró y la acercó a su cuerpo, y luego se acercó al delgado cuerpo de la princesa y la abrazo también.

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«Gracias a Dios…», susurró ella, su voz saliendo suavemente.

¿Se alegró de recuperar la cota de mallas o la niña? Ni siquiera ella estaba segura. Pero ella dudaba de que fuera sólo una de las 2 cosas. Si ella hubiera recuperado la cota de mallas, pero la princesa hubiera estado muerta, o si la niña hubiera estado viva y la cota de malla perdida, ella no podría evitar pensar que le habría dejado un pinchazo en el corazón.

Por eso las abrazó a las dos.

No sabía cómo expresarlo con palabras. Pero no había ninguna duda.

«¡Ooh, ah… Ah…!» Era todo lo que la princesa podía decir. Se aferró a la Sacerdotisa y lloró abiertamente.

«Está bien», le aseguró la Sacerdotisa. Ella frotó la espalda de la princesa mientras la niña repetía: «Estaba tan asustada. Lo siento.»

Goblin Slayer miró esto de reojo y luego dejó escapar un suspiro.

«Oh-jo», dijo el Sacerdote Lagarto, moviendo sus ojos al detectar el sonido. «¿Estamos aliviados?»

“…” Goblin Slayer pensó durante un momento y luego asintió lentamente. «Sí. Porque parecía un poco inestable. Me refiero a ella.»

«Bueno, si ella ya se siente mejor, no hace falta preguntar por qué, supongo.»

«Pero si alguien fuera a preguntar por algo, podría sugerir esto.» El largo cuello del Sacerdote Lagarto se volteo, y rasguñó el patrón tallado en el suelo.

«¿Qué piensas?»

«Me atrevería a adivinar que este lugar debía estar destinado a resucitar a un dios oscuro.»

Los canales creaban extraños y complicados patrones geométricos y eran claramente una variedad de magia. Pero, si esta cámara funeraria era el corazón de esta mazmorra, quizás tenían la intención de convocar a algún seguidor.

«Así que este es el fin de este trabajo, ¿verdad?» dijo la Arquera Elfa Superior, con sus orejas cayendo cansadamente. «¿Podemos salir de aquí?» Ella miró en dirección de la Sacerdotisa.

Pero Goblin Slayer agitó la cabeza. «No. Todavía quedan goblins sobre nosotros. Debemos matarlos a todos».

«Ugh», dijo la Arquera Elfa Superior, sonando profundamente disgustada, pero el Sacerdote Lagarto se rió, «Sera un temible camino a casa.»

«No nos queda más que hacerlo», añadió el Chaman Enano, tomando un trago de vino. La Sacerdotisa todavía se aferraba a la princesa, que finalmente se había calmado.

Por lo tanto, lo que ocurrió no fue por culpa de la falta de vigilancia de nadie.

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Llámalo una tirada de los dados, si es necesario.

Es sólo la forma en que los dados caen a veces.

“G…”

El sacerdote goblin se aferraba a la vida, a pesar de su cráneo destrozado. Su cerebro giraba con pensamientos aún más oscuros y terribles que antes, y buscó su reliquia, su objeto mágico.

«GOR….B…»

El sacerdote tenía una idea egoísta en su mente: Después de todo lo que he hecho, no pueden dejar de salvarme.

Sí, era egocéntrico. No era fe. Bien o mal, no era un pensamiento ofrecido a los dioses.

Así que sólo podía haber una respuesta.

«¡¿GOROBOG?!»

Estallo.

Como una semilla en primavera. Como un brote que empujaba a través de la tierra.

La espalda del goblin se hinchó y explotó mientras se abría camino en este mundo.

Salpicada con la sangre y las tripas del goblin, extendiéndose como una horrible flor, estaba ahí una grotesca mano de cinco dedos.

«Hrm….»

«¡¿Qué…?!»

Los aventureros se quedaron boquiabiertos ante un espectáculo tan profano que tuvieron que comprobar si seguían cuerdos.

Goblin Slayer estaba listo al instante para luchar, y el Chamán Enano cogió su bolsa. En un abrir y cerrar de ojos, la Arquera Elfa Superior había cogido un puñado de las pocas flechas que le quedaban.

Pero el Sacerdote Lagarto… y Sacerdotisa. Los dos entendieron lo que era esto.

Los miembros del goblin, aun moviéndose, se extendían sobre el altar, abriéndose paso entre la suciedad.

Era un brazo pálido.

Un brazo más grande, más ancho, más macizo que un árbol.

Un brazo que había aparecido de la nada, sólo una extremidad palpitante con garras retorcidas y codiciosas.

Los dedos, manchados con sangre de goblin, se extendieron como serpientes buscando a su presa.

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¿Asombro? ¿Terror? Era imposible decirlo.

Pero la Sacerdotisa no dejaría que continuaran amenazando a la niña que tenía contra su pecho.

Ella sostuvo a la princesa mientras sus labios temblorosos formaban las palabras.

«¡Es la mano de un gran demonio…!»

Entonces llegó una ráfaga de inmensa agudeza, y la joven sacerdotisa gritó debido al dolor insoportable.

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