Goblin Slayer

Volumen 8

Capítulo 8: El Corazón del Remolino

Parte 3

 

 

«¡¡GOROBG!!»

El sacerdote goblin, en lugar de reconocer que su elección de órdenes era pobre, insulto a sus subordinados por su estupidez.




Los arqueros miraban hacia aquí y hacia allá, tratando de decidir si atacar a la elfa, al hombre lagarto o al humano. Uno de ellos preparó vacilantemente una flecha, luego recordó que en realidad había un enano protegiendo a una chica humana, y apuntó su flecha en esa dirección.

«¡¿GORG?!»

Sin embargo, un instante después, algo le atravesó el cuello y murió asfixiado por su propia sangre. Sus brazos cayeron y la flecha se disparó, golpeando el suelo en una dirección absurda.

Era simplemente imposible escapar de la puntería de un elfo. Ahora quedaban cuatro arqueros goblins.

«¡Jo! ¡No está mal, Orejas Largas!»




Hablando de Chamán Enano, estaba ciertamente protegiendo a la Sacerdotisa, como había visto el goblin. Tenía una mano en su bolsa de catalizadores mientras desataba una ráfaga de golpes de su hacha para mantener alejados a los goblins.

Afortunadamente, Corta-barbas se había ocupado de los de lanceros. Él podría encargarse de los goblins con garrotes y espadas, de alguna manera.




«¡¿GGOROGB?!»

«¡¿GOOBG?!»

Un goblin, y luego otro. Goblin Slayer, el Sacerdote Lagarto, la Arquera Elfa Superior y el Chamán Enano, cada uno de los ellos derribó monstruo tras monstruo.

“…………”

Pero la Sacerdotisa, observando el tumulto desde atrás, no podía sacudir la sensación de que los pelos de su nuca volvían a crisparse.

Me pregunto qué está causando esta extraña sensación…

Ella era la única que tuvo la oportunidad de evaluar tranquilamente lo que estaba sucediendo. Su papel era aprovechar eso.




Una batalla se libraba a su alrededor, y ella sólo estaba allí sosteniendo su bastón. Ella trató desesperadamente de evitar que su corazón se acelerara al pensar en ello.

El sacerdote duende agitó la reliquia en su mano, dando órdenes, si es que se les podía llamar así, a sus seguidores.

Le dio a la princesa cautiva una viciosa patada, y luego otra, en represalia por lo que estaba sucediendo.




La Sacerdotisa no podía imaginar que su corazón estaba aquí. No podía creer que él realmente estaba rezando a los dioses en el cielo, o cualquier otro equivalente que tuviera.

Entonces, ¿por qué no desaparece la protección?

¿Debería creer ella que los dioses malvados eran tan compasivos? No, no podía ser así.

Por un milagro… Por un hechizo… Uno siempre tenía que pagar un precio. Dar algo a cambio de retorcer la lógica del mundo.

Podría ser el alma, recortada debido a una oración; podría ser un hechizo memorizado; un catalizador; la propia vitalidad.

¿—?

De repente, la Sacerdotisa miró hacia abajo, hacia el charco de sangre bajo sus pies. Un destello de intuición corrió por su mente.

Ella levantó la vista y gritó: «Goblin Slayer, señor… ella es un sacrificio viviente…»

Eso fue todo lo que se necesitó.

El casco de Goblin Slayer se movió mientras le cortaba la garganta al goblin que tenía frente a él.

Líneas rojas corrían por el suelo, visibles contra la oscura sangre de los goblins. Líneas rojinegras que formaban un patrón cuyos canales conducen de vuelta hacia el altar.

Le resultaba familiar.

Él mismo había ayudado a hacer esto en la granja más de una vez.

«¡Los está desangrando!»

En efecto: la fuente de la sangre eran los cadáveres de los goblins… y los cuerpos de los aventureros que colgaban de la pared.

Ya era suficientemente malo que hubieran sido atormentados en vida. Y ahora los goblins continuarían quitándoles todo incluso después de muertos.

La sangre goteaba de los cadáveres, fluyendo hacia el altar, donde traía poder a las deidades del mal.

«¡GOROGBG! ¡¡GOROBOGO!!»

El sacerdote goblin se rió con maldad. La visión de la Sacerdotisa se volvió roja y ella sintió algo caliente.

Esto es imperdonable. ¿De dónde había salido ese pensamiento?

En el fondo de su mente, ella vio… Vio a sus camaradas de aquella primera aventura.

¿Cómo podría haber salvación para alguien si fueran a ser los juguetes de los goblins incluso después de sus muertes?

«¡Yo lo haré!», gritó ella, levantando su sonoro bastón. Todos los aventureros miraron en su dirección y luego asintieron.

«¡Encárgate!» gritó Goblin Slayer, y el Sacerdote Lagarto aulló, «¡No dudes!»

Un arquero goblin intentaba cargar una tercera flecha, pero antes de que pudiera hacerlo, el enorme cuerpo del Sacerdote Lagarto volaba por los aires. Aterrizó con su cola golpeando el suelo y golpeando al arquero, prácticamente partiendo por la mitad al monstruo.

«¡Ja-ja-ja-ja-ja! Sepan esto, alimañas: ¡¡no tienen escapatoria!!!»

«¡¿GOROBOGO?!»

«¡GBBGOR!»

Los dos arqueros que quedaban tiraron sus arcos e intentaron huir. Era una decisión extrañamente sabia para los goblins… o lo habría sido, si no hubiera habido un enemigo directamente detrás de ellos.




«Trece… ¡¡Catorce!!»

En menos de dos respiraciones, los goblins encontraron sus cabezas abiertas y sus cerebros salpicados sobre la pared de piedra.

Goblin Slayer le dio al garrote en su mano un movimiento casual para quitarle la sangre.

«¡¿GOROBGOR?!»

«¡GRR!»

Los cinco soldados goblin supervivientes empezaron a acercarse al centro de la habitación. El sacerdote goblin balbuceaba detrás de ellos, pero no sentían la obligación de escuchar a alguien como él. Los goblins, cada uno planeando ponerse en primer lugar en la lucha que vendría, levantaron sus armas y atacaron a la Sacerdotisa.

No pensaron en tomarla como rehén. Sólo querían vengarse, de alguna manera; querían llevársela y herirla en venganza.

“¡…!”

La Sacerdotisa, se puso rígida, pero miraba fijamente al enemigo que se acercaba. El Chamán Enano se insertó entre ellos, y desde lejos, la Arquera Elfa Superior estaba apuntando.

Ella también podía ver al Sacerdote Lagarto, e incluso a él, a todos a la vez. No había nada que temer.

Llenó su pequeño pecho con una profunda respiración, lo dejó salir, y luego gritó: «¡Oh, Madre Tierra, abundante en misericordia, por favor, por tu venerada mano, límpianos de nuestra corrupción!»

La gran y venerable Madre Tierra respondió una vez más a la súplica devota de su seguidora, tocando su mundo con su mano sagrada.

Una ola invisible se extendió desde la Sacerdotisa como una caricia, bañando la recámara. Los canales llenos de sangre que fluía se transformaron ante sus ojos en corrientes de agua pura.

¡Este hechizo es para proteger, no para dañar…!

Por eso la Sacerdotisa estaba segura de que la Madre Tierra le permitiría este uso.

«¡¿GGBOGO?!»

El sacerdote goblin lloriqueó en asombro, y su voz despejó la ola de limpieza de la Sacerdotisa. El agua no contaminada, sin embargo, no era apta para un sacrificio vivo a los dioses malvados. La barrera que lo protegía desapareció instantáneamente, y el sacerdote goblin quedó indefenso.

«¡GROBOGOG!»

«Uhh… Ahh…»

Bueno, no indefenso, exactamente.




El malvado sacerdote de los goblins agarró por el pelo a la muchacha que había tomado para el sacrificio, usándola como escudo de carne.

Un solitario aventurero caminó audazmente hacia él.

Llevaba una sucia armadura de cuero y un casco metálico de aspecto barato, con un pequeño y redondo escudo en el brazo y en la mano un garrote que había robado a un goblin.

«Hmph.» Goblin Slayer miró por encima de su hombro.

Las flechas de la Arquera Elfa Superior, los colmillos del Sacerdote Lagarto y el hacha del Chamán Enano habían destruido a las fuerzas goblins.

La Sacerdotisa estaba a salvo.




Goblin Slayer miró hacia adelante una vez más.

El sacerdote goblin, aterrorizado, levantó a la princesa desesperadamente, luchando por protegerse. Tenía una sonrisa burlona que colgada en su sucia cara.

Goblin Slayer dijo: «Con este son veinte.»

Él dio una patada hacia abajo, barriendo las piernas del goblin, y donde cayó la criatura, cayó el garrote.

Entonces todo termino.

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