Goblin Slayer

Volumen 8

Capítulo 8: El Corazón del Remolino

Parte 2

 

 

«¡Oh, Madre Tierra, abundante en misericordia, por favor, por tu venerada mano, ¡límpianos de nuestra corrupción!»

Así surgió Purificar.

Un viento sagrado barrió la suciedad y la contaminación ese lugar; la oración de la Sacerdotisa, ofrecida en voz alta, broto de las puertas del ascensor como un milagro.

«¡He eliminado el miasma!»

«¡Perfecto!»

Los aventureros saltaron a la habitación, ahora libre de la asfixiante niebla. La alarma oxidada, que una vez había sido una trampa, sonó una vez y luego se quedó en silencio.

«¡¿GGOBOGOGOB?!»

«¡¿GORO?! ¡¿GOBOGOR?!»

Parloteo goblin, palabras probablemente blasfemas, sonaban en la oscuridad. El Chamán Enano, que podía ver en la oscuridad, frunció el ceño e inmediatamente cogió algo de carbón de su bolsa.

«¡Levanta tu antorcha, danos luz, fuego fatuo, arde en la noche! Onibi, yo te invoco, ¡dame un poco de luz!»

Él arrojó el carbón al aire, donde estalló por sí solo en una llama de color blanco azulado. La cosa que había llamado con Control de Espíritus brilló resplandeciente en la mazmorra.

El espacio que iluminaba resultó ser una cámara funeraria en el sentido más literal de la palabra. Ese par puertas en la distancia deben haber sido el ascensor hacia las profundidades que los antiguos aventureros habían buscado. Había signos de una furiosa batalla por toda de la tenue habitación de piedra, junto con acero destrozado, armaduras hecha añicos, y trozos de esqueletos vestidos de negro.

Si esto hubiera sido una mazmorra normal, habría sido un lugar de absoluta solemnidad.

Pero ahora, estaba habitada por goblins. El corazón mismo de esta mazmorra estaba lleno de basura de goblins, suciedad y restos de comida.

Junto a las paredes estaban aquellos que habían intentado superar esta mazmorra sin un plan, o que quizás habían perdido contra los goblins…




«Eso es horrible…», dijo la Sacerdotisa, poniendo involuntariamente una mano en su boca ante el horror de aquella imagen. Goblin Slayer gruñó suavemente.

Varios cadáveres colgaban allí, suspendidos por ganchos clavados en su carne, como extraños y horribles frutos. Era demasiado fácil imaginar que ser colgado de la piel era la última etapa de una serie de torturas inimaginables.

«¡GOROBG!»




«Ohh… Ah…»

En ese momento, entre los confusos gritos de los goblins, se escuchó un suave y débil grito. Era la rehén… la princesa, en lo alto del altar.

Un goblin vestido con ropa elaborada, probablemente su líder, la tenía agarrada por el pelo y la estaba jalando.

¡Ella está viva!

«Un bastón. Cinco espadas, cinco garrotes, dos lanzas, siete arcos, ningún vagabundo… ¡veinte en total!»

Uno de los aventureros llevaba una sucia armadura de cuero y un casco de aspecto barato; en su brazo tenía un escudo pequeño y redondo, y en su cadera, una espada de una extraña longitud.

Goblin Slayer, que había arrojado la antorcha de su mano izquierda hacia la habitación, rápidamente evaluó la situación.

«Como esperábamos. Un chamán es…»

«¡No…!» La Sacerdotisa interrumpió.

Su alegría por la supervivencia de la princesa fue efímera; ahora sus dos ojos estaban abiertos de par en par. Ella miraba directamente al goblin con el bastón, con tatuajes por todo su cuerpo.

¿Era el miedo? ¿Experiencia pasada? No. Una punzante sensación de hormigueo le recorría la nuca.

¡Una dádiva!

La Sacerdotisa interpretó correctamente la revelación de la generosa Madre Tierra y exclamó: «¡Es un sacerdote!»

¡Un apóstol de los nefastos dioses del caos! ¡Un No-Orador a los dioses legítimos y justos!

«¡GBOB! ¡GOROBGGRB! ¡¡¡GOROBG!!!»

Como en respuesta a la Sacerdotisa, la oración del goblin resonó por toda la sala. Él agitó su bastón y balbuceó en su extraña lengua, y una nebulosa y siniestra luz empezó a reunirse alrededor del altar.

«¡Ese hijo de…!»

La Arquera Elfa Superior jamás le permitiría salirse con la suya: soltó una flecha contra el goblin, lo que significaba matarlo antes de que tuviera tiempo de reaccionar… pero la flecha rebotó con un golpe seco.

«¡No puede ser…! ¡¿Protección?!»

El cultista goblin les mostro una vil sonrisa, y ellos percibieron una pared de luz pálida a su alrededor.

Goblin Slayer conocía bien la fuerza de esa luz. Había confiado en ella más de una vez.

Ciertamente no era que él no hubiera pensado en esta posibilidad. Su batalla contra el paladín goblin en la montaña nevada había sido casi un año antes, pero aun así la recordaba vívidamente.

¿Pero un goblin creyente?

En todo el mundo, había pocas cosas menos receptivas entre sí que los goblins y la fe.

Ahora él chasqueó su lengua hacia sí mismo al darse cuenta de que había estado haciendo esta suposición inconsciente.

«¡Prueba esto, entonces!»

No hubo ni un momento de vacilación en las palabras o acciones de Goblin Slayer. No era tan tonto como para tirar por la borda la ventaja de la sorpresa.




Tan pronto como habló, lanzó una espada de forma cruel hacia la oscuridad.

El cuchillo, con las hojas dobladas como ramas rotas, voló hacia un lado.

«¡¿GOBO?!»

Viajó con un sonido como el de una abeja zumbando, hasta que encontró a un arquero goblin que estaba fuera de la barrera protectora. La sangre oscura del goblin broto hacia la tenue luz; el cadáver sin cabeza se tambaleó y cayó.

La cabeza, mientras tanto, rodó hacia un rincón de la recámara, quedándose allí para pudrirse durante los siguientes cien años.

«¡Va uno! Elimina a los arqueros. ¡Tendremos que hacer esto mano a mano!»

«¡Ja-ja-ja! ¡Entendido!»

Mientras gritaba, Goblin Slayer tiró de la cuerda que había atado a su cuchillo; mientras tanto, el Sacerdote Lagarto saltó a la batalla.




El poderoso hombre lagarto era un maestro del combate sin armas.

«¡Oh, alas de hoz de velociraptor, rasguen y desgarren, vuelen y cacen!»

Pero él no necesitaba permanecer desarmado: su catalizador, un colmillo en su mano, se hinchó y creció hasta que sostuvo una hoja pulida.

Entonces, el Sacerdote Lagarto, respirando fuerte por la excitación de la batalla, se paró sólidamente con las piernas separadas, con su aliento saliendo como vapor de sus mandíbulas.

«¡GOROBG!»

«¡¿GOROOBG?!»

«¡¡¡Eeeyah!!!»

Desde su propia retaguardia, los arqueros goblins soltaron una volea de flechas, pero el Sacerdote Lagarto las hizo a un lado con su cola y lanzó una patada. «¡Las flechas de los goblins son como el roció de primavera!»

Procedió a usar sus Garra Espadas, una en cada mano, para eviscerar a los goblins más cercanos.

Uno, dos. Los goblins más valientes… o mejor dicho, los que habían sido empujados hacia adelante por los que estaban detrás, perdieron la cabeza. ¿Quién desafiaría voluntariamente a una bestia tan aterradora? Era mucho más fácil apuntar a la clériga que está de pie en la parte de atrás, o a la elfa que estaba a su lado.

«¡GGBGR! ¡GOROGOBOGOR!»

El malvado sacerdote goblin lanzo insultos a sus seguidores mientras retrocedían y luego dio nuevas órdenes a sus arqueros.

Suban ahí arriba. Disparen a su suave retaguardia.

Pero los arqueros, habiendo observado la muerte de su difunto camarada, no se movieron. De hecho, ellos mismos intentaron meterse detrás del muro Protección.

«¡GOROBG!»

«¡¿GOBOGOROB?!»




El sacerdote goblin, enfurecido, pateo a sus arqueros fuera de la barrera… literalmente. Un instante después, uno de los tontos monstruos tenía la flecha de la Arquera Elfa Superior atravesando su ojo.

«¡Demasiado fácil!» Sus largas orejas se movian triunfalmente mientras buscaba a su siguiente objetivo.

Afortunadamente, había muchos cuerpos y restos sobre los que pararse. No es que ella estuviera ansiosa por posarse sobre un cadáver.

La Arquera Elfa Superior dio un elegante salto tras otro, soltando sus flechas con punta de capullo en medio del aire en rápida sucesión. Cayeron sobre el sacerdote goblin que estaba en el altar, pero la barrera invisible se negó a ceder.

Era demasiado dura. La Arquera Elfa Superior frunció el ceño. No había forma de que esa bestia pudiera ser tan devota como su compañera.

«¡Acaba con ellos… te cubriré!», dijo ella.

Si ella no podía eliminar al líder, entonces cambiaba de enfoque. Mientras sacaba la siguiente flecha, salto desde la pared dándole una patada.

En respuesta, Goblin Slayer levantó su escudo y avanzó hacia adelante. Dejó que el aullante Sacerdote Lagarto sirviera como distracción, mientras se encerraba al altar donde estaban los arqueros. «Actualmente cuatro. Quedan 16. ¡Cinco de ellos arqueros…!»

«¡GGOBOGOGOG! ¡¡GOBOROOBG!!»

«¡GOROB!»

El sacerdote, con su vista desde lo alto, no estaba tan ciego como para no ver cómo se acercaba Goblin Slayer. Escupió una orden a sus lanceros, que intentaron evitar que el aventurero se acercase.




Goblin Slayer no tenía tiempo para el combate armado. Simplemente lanzo el cuchillo hacia el lancero enemigo.

«¡¿GOROBG?!»

Las hojas rotas se enredaron en la empuñadura de la lanza, que se rompió. Los sucios ojos del goblin se abrieron de par en par con asombro.

Goblin Slayer soltó su arma y uso su escudo.

«¡¿GOROOOGB?!»

«¡Cinco!»

El afilado borde de su escudo partió el cráneo del goblin. Pateó a la criatura mientras caía hacia atrás, barriendo con su mano el suelo para coger su lanza.

«¡Seis!»

«¡¿GOOBOGORO?!»

Sacó su escudo del cráneo del quinto goblin, usando el impulso para propulsar su lanza hacia el cuello del sexto goblin. Dejo la lanza en el géiser de sangre y desenvainó su espada.

«¡Quedan 14!»

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