Goblin Slayer

Volumen 8

Capítulo 10: ¡Oh Mis Oraciones!, ¿Han Llegado al Cielo?

Parte 2

 

 

Las lunas gemelas brillaban heladas en el cielo nocturno.

Su aliento se convirtió en bruma, mezclándose con la luz de la luna.

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Goblin Slayer caminaba por un pequeño camino a las afueras de la ciudad con su habitual paso indolente.

Nada había cambiado.

Él había aceptado la misión, había ido al lugar, había matado a los goblins, había rescatado a la cautiva y había vuelto a casa.

Eso era todo.

Ese era su deber.

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Justo como la forma en que la hierba seca crujía bajo sus pies, él lo sabía.

Nada había cambiado hasta ese momento, y nada lo haría.

El camino seguía y seguía, sin fin.

Las palabras que la Arquera Elfa Superior le había dicho hacia algún tiempo, de repente volvieron a él.

Mira sólo lo que tienes delante de tus ojos.

Su maestro le había dicho algo parecido una vez. Aunque él había añadido: Porque eres demasiado estúpido para cualquier otra cosa.

Sólo concéntrate en lo que tienes frente a ti, ocúpate de ello y luego pasa a lo siguiente.

Sigue mirando hacia adelante; mueve tus pies. Levántese y procede.

De esa manera, todo en el mundo será solucionado. Si no lo haces tú, nada cambiará.

“……”

Goblin Slayer se encontró pensando:

No puedo caminar por el mismo camino que esas chicas.

A diferencia de la Doncella de la Espada, de pie sobre esas paredes; a diferencia de Noble Esgrimista, luchando siempre; a diferencia incluso de la Sacerdotisa, que siempre seguía adelante, Goblin Slayer no creía en los dioses. Él nunca había orado correctamente. No le veía el sentido.

Pero precisamente por esa razón, quedó profundamente impresionado por aquellos que podían hacerlo y creían.

También se sentía de esa manera con el Sacerdote Lagarto y el Chamán Enano. Incluso con la Arquera Elfa Superior y la Chica del Gremio.

Él no estaba seguro en lo que creía el Lancero. Del Guerrero Pesado, sin embargo, estaba seguro. Todos y cada uno, todos…

Goblin Slayer se detuvo y miró hacia el cielo. Dos lunas colgaban entre un sinnúmero de estrellas.

Gruñó suavemente, casi un gemido. Luego agitó la cabeza.

Él no sabía lo que era correcto, pero sabía lo que debía hacer. Sólo había una cosa.

Levantó el pie, lo estiró y dio un paso. Luego levantó el otro pie, lo estiró y dio otro.

Camina. Sigue adelante. No pienses si llegarás ahí o no. Seguir caminando, eso lo era todo para él.

«¡Oh, bienvenido a casa!»

Él levantó su cabeza cubierta por su yelmo cuando oyó la voz.

Había una luz cálida, no muy lejana. Se debe haber filtrado por una ventana.

Él la vio de inmediato, asomándose por la ventana, con su cabello rojo agitándose con la brisa nocturna.

«Ya está oscuro», dijo ella con una sonrisa y un movimiento de su mano. «¡Es peligroso quedarse ahí mirando a la nada!»

Él captó el olor de la leche hirviendo en la brisa.

«Sí», dijo largo y tendido, exprimiendo las palabras. «Estoy en casa.»

A pesar de que ella apenas pudo oírlo, sonrió, «¡Uh-juh!» y asintió. «La cena está lista, ¿de acuerdo? ¡Entra!»

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«…Entendido.»

Él pensó.

Nada ha cambiado.

Él se fue de aventuras y mató goblins.

Eso era lo que él era.

Eso era lo que él había elegido.

¿Y si el resultado de esa elección era que nada cambiaria?

Él no pasó más tiempo pensando en ello, pero entró en la casa, cerrando la puerta lentamente detrás de él. El sonido de su cierre resonó cálidamente a través del frío aire nocturno.

El otoño ya casi había pasado, y pronto sería invierno.

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– FIN DEL VOLUMEN 8 –

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