Goblin Slayer

Volumen 8

Interludio 3: De Preguntarse de Quién Había Sido la Escena Maestra

 

 

«¡Majestaaad! ¡¡¡Estoy aquííí!!!»

La puerta se abrió de golpe, y un torbellino entró en la habitación en forma de una mujer joven cuyo largo cabello negro volaba por todas partes.




Ella estaba en algún momento de su adolescencia, justo a la edad en que podría ser tomada por una aventurera novata… pero también era obvio a simple vista que eso no era lo que ella era. La armadura que cubría su cuerpo había sido diseñada para dar prioridad a la facilidad de movimiento, pero también estaba repleta de protecciones mágicas. La inmensa espada que colgaba de su cadera era igualmente de una extraordinaria calidad

«…¿Huh?»

La niña llegó al centro de la habitación y luego miró a su alrededor sorprendida.

Casi no quedaba ninguna de las personalidades importantes. ¿Ya había terminado el consejo?

El aventurero de rango Oro estaba allí de pie, frunciendo el ceño, lo que no tenía sentido para ella.




Al instante siguiente, vio al cardenal levantarse de su silla e inclinar la cabeza, con una tensa sonrisa en su rostro.

«¡Auch!»

Alguien la golpeó en la cabeza con un bastón, provocando un grito de la niña como si hubiera sido quemada por las llamas del infierno.

«Falta de respeto». La Sabia, con una túnica que fluía, suspiró, sosteniendo su bastón, que estaba imbuido de quién sabía cuántos hechizos. Arrodillándose ante el rey y sus consejeros, ella ignoró la mirada llorosa de la niña.

Mírala, actuando con cortesía. La niña sacó sus labios y refunfuñó, «Hmph. ¿A quién le importa? ¡Su Majestad y yo somos como los mejores amig… erk!»

Esta vez, la bofetada le llegó a su trasero, pero con mucho esfuerzo, la niña logró contener otro grito.

«Su Majestad tiene un puesto en el que pensar… así como nosotros, y como tú. Asegúrate de observarlo».

La persona que había hecho saltar a la niña esta vez era una luchadora que hablaba en tonos mesurados. Una mujer sin parangón en renombre en toda la tierra, ella agitó una mano delgada pero temiblemente musculosa hacia la chica. «Uno esperaría que el héroe se avergonzara de tal conducta, ¿eh?»

«…Creo que ‘uno’ esperaría estar aún más avergonzado por no poder encontrar un novio.»

«Es culpa de los hombres que ninguno de ellos sea más fuerte que yo.»

La niña miró con resentimiento a la luchadora, pero vio un movimiento del bastón de La Sabia con el rabillo del ojo. «De todos modos, Su Majestad, usted nos llamó, ¡así que estamos aquí!»

«…Mm, eso puedo ver.» El rey, entrecerrando los ojos como si se divirtiera, hizo un amplio y magnánimo gesto con la mano. No buscaba los mismos modales de alguien nacido y criado en la nobleza de esta chica que había huido de un orfanato a los quince años y se había convertido en un héroe. Mientras pudiera ser respetuosa con los que conocía, era suficiente.




«Gracias», dijo ella y se sentó en la mesa redonda.

La siguieron la Santa de la Espada y la Sabia, cada una con una educada reverencia.

La Héroe miró a sus amigas que estaban a ambos lados como si temiera que alguna pudiera estar enfadada con ella, pero luego abrió la boca. «Entonces, ¿qué pasó? Me habían dicho que no tenía que venir al consejo, pero…»

«Estás bien», dijo el rey, moviendo la cabeza con una sonrisa. «Simplemente le dimos una misión a un aventurero de rango Plata muy inusual.»

Ah, así que eso era todo. La Santa de la Espada sintió que la expresión en la cara del aventurero de rango Oro lo decía todo. Cada aventurero tenía sus fortalezas y debilidades, así que no era inusual que se le pasara por alto para un trabajo en particular, pero tal vez se puso de mal humor debido a que esta era una orden real.

«…¿Y no necesitamos involucrarnos?» preguntó la Sabia. Su voz sonaba igual que siempre, pero sus camaradas podían ver lo sería que era.

«No sé si está conectado o no», dijo el rey. «Así que quiero pedirles que se encarguen de algo diferente.»

«¡Claro, Su Majestad! ¡Sólo dígalo!»




«Heh», susurraron los consejeros, sonriéndose los unos a los otros por el excesivo afán de la Héroe. Por supuesto, no la reprendieron abiertamente. Podría haber sido una heroína, pero también era tan joven como sus nietas.

«Una piedra de fuego ha caído desde cielo en la montaña sagrada al norte. Parece estar emitiendo un aura bastante inquietante…»

«¡Así que quieres que lo comprobemos y que demos una paliza a los malos que encontremos! ¡Entendido!» La héroe golpeó su pequeño pecho, rebosante de confianza.

El rey dejó escapar un suspiro, su expresión relajándose levemente hacia una sonrisa. Las cosas deberían estar bien ahora. Cuando ella decía que se encargaría de algo, su palabra era absoluta.

«Bien. He reservado algo de dinero para que se preparen. Aunque no puedo prometerte cincuenta monedas de oro y una espada ni nada de eso».

«Aw, está bien. No necesito esas cosas. Todo lo que necesito es… ¡¿Hrk?!»

«Lo recibimos con gratitud, Su Majestad.»

Lo que sea que la Héroe hubiera estado a punto de decir no se oyó y ella, en cambio, se frotó el trasero. La Santa de la Espada inclinó profundamente su cabeza.

La Héroe, con su trasero aún adolorido por el pellizco, hizo un gesto y se inclinó hacia atrás en su silla. «Pbbt. Lo que sea. Estaremos bien sin esas cosas…»

«Es cortés aceptar lo que se te ofrece», dijo la Sabia en su tono tranquilo y calmado. Ella también se inclinó ante el rey y le dijo: «¿Y si necesitamos algo más?»

«Hablen con el cardenal y el capitán. Les he dicho que se encarguen de ustedes.»




«Gracias, mi señor.»

«Heh, no nos des las gracias». El capitán de la guardia real, callado hasta ese momento, sonrió ampliamente. «Podría haber ido con ustedes, si todavía fuera un aventurero. Pero alguien insiste en que el capitán del rey no debe involucrarse».

«He estado escuchando lo mismo. Me siguen diciendo que no servirá de nada izar constantemente nuestras banderas y lanzarnos a la batalla. ¿No es así?» El rey miró al cardenal en busca de apoyo.

«¡Que estoy en lo cierto!», replico el religioso. «Tienes que dejar de sugerir que la mejor manera de ayudar al estado del tesoro nacional sería ir a matar un dragón o dos.»

«¿Crees que se detendrá sólo porque tú se lo digas?» La silenciosa interjección vino de la asistente de cabello plateado, que no había hablado hasta ese momento. Era imposible adivinar como se sentía por su voz, pero el encogimiento de hombros que mostraba tenía un toque de calidez. «Él es la persona más importante del país en este momento, aunque, no puedo imaginarme por qué.»

«Así es, soy importante.»

Esas eran las bromas desinhibidas de un grupo completamente a gusto el uno con el otro.




“…” La Sabia sintió el más pequeño esbozo de una sonrisa comprensiva pasar sobre su cara. La conexión entre ellos era como la que existía entre ella y sus dos preciosas compañeras… aunque no era igual; cada una era algo único en este mundo. Poder observar tal cosa de primera mano era divertido y alegre.

La Sabia ofreció otra reverencia y luego hablo con el cardenal sobre los detalles. La Santa de la Espada expresó su opinión sobre los puntos que implicaban las batallas, mientras que la Héroe, por su parte, apenas parecía estar escuchando.

En vez de eso, su cara se iluminó como si acabara de pensar en algo, y corrió hacia el hombre perro de rango Oro.

«¡Eh, señor, señor! ¡Cuénteme el resto de la historia que empezó la última vez!»

«¿C-Cuándo fue la última vez?», dijo el hombre, parpadeando bajo sus pobladas cejas. «¿Te refieres a la vez que mate de un golpe al enorme pájaro monstruo?»




«¡Sí, sí! La última vez te detuviste justo cuando la horda de grandes demonios te rodeó. ¡Quiero saber cómo termina!»

Más que contento de complacerla, el hombre perro tomó un largo trago de la petaca que tenía en su cadera y luego comenzó su historia de los viejos tiempos. La Sabia y la Santa de la Espada los miraron, pero con calidez en sus miradas, una amistosa resignación.

Esto está bien, pensó el rey, asimilándolo todo.

La heroína era más que solo su fuerza única. Ciertamente, su fuerza era más que su destreza en la batalla.

Todos adoraban a la niña por su habilidad para romper los colmillos de la desarmonía casi como si no supiera lo que estaba haciendo.




Y eso, creo que es lo que salvará al mundo.

Él mismo había sido un aventurero, alguna vez, pero ahora, tristemente, tenía una corona en su cabeza.

Cuán fervientemente deseaba poder reunir a su antiguo grupo, y pararse alrededor de un mapa para planear una aventura juntos.

Si eso hubiera sido posible, ya estaría en camino para salvar a su hermana.

La amenaza de los goblins, los demonios resucitados, el nigromante no-muerto, la piedra en llamas del cielo… con sus propias manos lo haría todo….

Pero nunca podré hacerlo.

De repente, el rey se dio cuenta de que estaba agarrando fuertemente los brazos de su trono, y relajó sus dedos.




Él era el rey ahora. Era diferente de cuando él había sido sólo un señor legal y bueno. Ya no estaba supervisando a un simple grupo de seis personas, sino a toda la nación humana. Ya no se enfrentaba a mazmorras sombrías, sino a todo el tablero de juego del mundo conocido.

Nunca tuve que pensar en nada de esto antes, pero ahora lo hago.

Sus ojos se dirigieron a la puerta del pasillo. En algún, lugar al otro lado de ella, estaban los aventureros que se habían ido junto con la Doncella de la Espada y la Mercader.

Él y ella juntos se preocuparían por el país, la capital, el mundo.

Así que, por favor aventureros, cuiden de mi hermana.

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