Goblin Slayer

Volumen 8

Capítulo 7: El Pulso del Nacimiento del Demonio

Parte 5

 

 

«¡¿Qu-Qué fue eso…?!» Preguntó la Arquera Elfa Superior, jadeando mientras corrían a través de la oscuridad.

«Era una Puerta», contestó Goblin Slayer, igualmente desde la oscuridad. «Conectado a un lugar muy alto.»




«¿Un lugar muy alto?» Preguntó sombríamente la Arquera Elfa Superior. No es que el que él use pergaminos casi al azar sea algo nuevo.

«El cielo», dijo. «He oído que los espíritus del viento vuelan hacia el lugar donde haya menos parejas de baile.» Él no había querido usar un objeto así en ese momento, pero no tuvo otra opción. «Quería probármelo en los goblins en algún momento. Era la oportunidad perfecta».

«…Así que lo que estás diciendo es que, en algún lugar del mundo, en este momento, están lloviendo goblins.» La Arquera Elfa Superior suspiró. Si hubiera habido un cielo, ella podría haber mirado hacia arriba. «Oh, por… Bien. Supongo que es mejor que un diluvio de agua».

«Ya veo.»

«Y no es como si pudiera quejarme ahora mismo.» Ella parecía querer decir que estaba menos exasperada con él y no simplemente resignada. El pequeño aleteo de sus orejas debe haber sido seguramente debido a una última ráfaga de viento. «Rayos, vaya que está oscuro aquí. No puedo ver nada, y soy un elfo.»




Los aventureros habían huido del torbellino a través de la puerta, y ahora estaban en una oscuridad total. Podían adivinar que la anchura del pasillo y la altura del techo probablemente no habían cambiado mucho, pero aun así, no había ni una pizca de luz. La Sacerdotisa golpeó un pedernal, tratando impacientemente de encender una antorcha o una linterna, pero todo lo que pudo conseguir fueron unas pocas chispas. Cuando ella finalmente se rindió, el suspiro que soltó sonó desmesuradamente fuerte. «…Supongo que no podemos usar fuego.»

«Parece que este lugar es lo que se llama un territorio de oscuridad, o de contención», dijo el Sacerdote Lagarto en voz baja. Con su visión de calor, él los estaba guiando. Mientras pudieran escuchar el rasguño a su lado, sabían que su escamosa mano estaba dejando un arañazo a lo largo de la pared. «Por lo que vi en el mapa justo antes de que empezara la diversión, estoy casi seguro de que el ascensor está adelante.»

«Bueno, espero que estés más ‘seguro’ que ‘casi’«, dijo el Chamán Enano. «Supongo que ni siquiera los goblins nos seguirían hasta aquí.» Hizo un sonido de enfado en voz baja y se le oyó sentarse pesadamente. Luego vino el ruido de una botella a la que le sacaban el tapón, y despues un glug glug glug.

Sí, había goblins a sólo una pequeña puerta de distancia, pero todo el grupo aceptó tácitamente un breve descanso.

«…Lo siento. Supongo que no fui de mucha ayuda». La Sacerdotisa parecía abatida mientras se sentaba (bumpf) sobre su pequeño trasero. Ella se había lanzado por completo a la lucha, pero lo único que había hecho era mover su bastón de un lado a otro. No podía usar sus milagros, porque los estaba guardando; el Chamán Enano había tenido que rescatarla de ser apuñalada con un cuchillo envenenado; y ahora ni siquiera podía encender una llama. Esas cosas no eran su culpa… pero eso no le impedía sentirse deprimida por ellas.

Ella sintió como una mano áspera le daba una palmadita en el hombro. «Ah, no te preocupes, muchacha. Cuando la fila de atrás tiene que recurrir a sus armas, es una señal clara de que estamos en apuros». El enano rió. «¡Es Corta-barbas quien debería sentirse mal por eso!»




«Ciertamente. No es en absoluto el papel de un monje empuñar su arma al servicio de la destrucción de sus enemigos». El Sacerdote Lagarto continuo la conversación, sonando tan serio que la Sacerdotisa no pudo evitar soltar una pequeña risita.

Eso pareció ser suficiente para cortar la tensión. «Cierto», dijo ella, sonando un poco más alegre. «¿Puede que ‘solo soportarlo’ pueda ser considerado un papel?»

«Sí», contestó Goblin Slayer. «Siempre habrá algo que puedas hacer.»

Todos se sentían seguros de que él debía estar dando su habitual asentimiento deliberado, a pesar de que la oscuridad lo hacía invisible.

Y supongo que eso no cambia el hecho de que no puedo ver su expresión.

Así que la Sacerdotisa asintió también, sintiéndose un poco relajada. «…Muy bien. Cuando llegue el momento, haré mi parte».




Y luego ella sonrió de oreja a oreja, aunque nadie podía verla.

Goblin Slayer esperó unos momentos, dejando que todos recobraran el aliento, y cuando juzgó que estaban listos, dijo: «Andando.»

Los aventureros se miraron en la oscuridad, asintieron, se pusieron en formación y se fueron.

Se abrían paso mediante el tacto, ignorando las otras puertas que encontraban, cada vez más profundamente en la mazmorra. Por fin, al otro lado de toda la oscuridad, vieron una tenue luz. Iluminaba una columna de letras, de la A a la D, visible a través de dos puertas abiertas.

Era el ascensor.

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