Goblin Slayer

Volumen 8

Capítulo 7: El Pulso del Nacimiento del Demonio

Parte 2

 

 

El Sacerdote Lagarto hizo girar la cuerda varias veces, la enganchó en el muro de la fortaleza, luego agarró la colgante cuerda y comenzó a trepar, sujetándose con sus garras.

Mientras ascendía sin apenas hacer ruido, el Chamán Enano suspiró desde su espalda. «Por Dios, Escamoso. Prácticamente me tienes deseando que me salgan garras.»




«No estaría mal que te hubieras quedado como tus antepasados, los monos.»

Cuando llegaron a la cima de la fortificación, se acostaron boca abajo, mirando a diestra y siniestra. Todo despejado. El Sacerdote Lagarto movió su cola, que colgaba por el lado exterior de la pared, como señal, y Goblin Slayer asintió.

«Escalaremos».

«¡Genial, yo primero!» Apenas habló, la Arquera Elfa Superior prácticamente saltó hacia la cuerda. Ella la sacudió, tan silenciosa como el Sacerdote Lagarto, pero sin poner un pie en la pared. Ella se retorció de izquierda a derecha, con su pequeño trasero meneándose, y pronto estuvo encima de la fortaleza. Así eran los elfos; aprendían mucho, pasando sus vidas en los árboles….

«Escamoso podría haber tenido razón después de todo.»




«Tengo la sensación de que te estás burlando de mí», dijo la Arquera Elfa Superior, frunciendo los labios, y luego sacó el gran arco de su espalda. Lo sostuvo relajadamente mientras miraba hacia atrás por encima de la pared, hacia donde estaban Goblin Slayer y la Sacerdotisa, y saludó con la mano.

Goblin Slayer desenvainó su espada, levantó su escudo, dejó caer sus caderas, y luego le dio la espalda a la pared.

«Sube.»

«¡Está bien…!»

La Sacerdotisa, nerviosa, agarró la cuerda. Sería impensable dejarla hasta el final, como retaguardia.

En cambio, con la Arquera Elfa Superior vigilándola desde arriba y Goblin Slayer desde abajo, ella escaló.

Tenía sentido que Goblin Slayer, que tan a menudo participaba en combates cuerpo a cuerpo, se encargara del vigilar el suelo en este caso. Pero aunque ella sabía que él no era esa clase de persona, bueno… no podía quitárselo de la cabeza.

«…No mirarás, ¿verdad?»

«No puedo prestarte mucha atención hasta que estemos arriba», respondió bruscamente.

«Eso pensé», dijo enigmáticamente la Sacerdotisa y se agarró a la cuerda. Entonces exclamó: «¡Hup!» y, con su bastón en la espalda, apoyó los pies contra la pared y comenzó a trepar con la mayor diligencia posible. Una vez que se puso en marcha, se dio cuenta de que no tenía ninguna preocupación por lo que estaba pasando debajo de ella.

El sol la golpeó, haciéndola sudar, y sus manos temblaron. Su cara era de un rojo brillante y su aliento se volvió agitado.

«¡Vamos, ya casi llegas!»

«¡Cla…ro…!»




Forzando su cuerpo tembloroso a permanecer en su lugar, de alguna manera se las arregló para llegar y agarrar la mano extendida de la Arquera Elfa Superior. La delicada mano de la elfa no tenía mucha fuerza, pero se sentía bien tener a alguien aferrado a ella.




La Sacerdotisa se levantó a sí misma en este el último tramo y luego cayó sobre la pared.

«Aquí tienes. Buena chica. ¿Quieres un trago?»

«Oh, gr-gracias…» Tomó un trago de la cantimplora ofrecida para recuperar el control de su respiración. Un trago, luego dos. La Sacerdotisa respiró hondo y devolvió el agua.

«¿Y dónde está Goblin Slayer…?»

«Ahh, ¿nuestro querido Goblin Slayer? No tienes que preocuparte por él, eso creo.» El Sacerdote Lagarto estaba observando con su visión única de reptil; saco su lengua y tocó su nariz.

La Sacerdotisa miró hacia abajo desde el muro de la fortaleza, y de hecho, allí estaba él: una solitaria figura trepando silenciosamente hacia ellos. Se movió sin la gracia practicada de la Arquera Elfa Superior, encontrando apoyo sólidamente en la pared. Sin embargo, se unió a ellos al poco tiempo. Liberó el gancho para escalar, lo enrolló y se lo devolvió a la Sacerdotisa.

«Gr-Gracias.» Mientras ella guardaba el gancho para escalar, recordó la pregunta que quería hacer. «Goblin Slayer, señor. ¿Dónde aprendió a escalar?»

No parecía una habilidad especialmente útil en la caza de goblins.

«Mi maestro me entrenó en una montaña nevada», dijo él en respuesta. «A veces también he escalado sin una cuerda.» Su voz era uniforme. «Me refiero a una torre.»

«Sólo para que quede completamente claro», dijo la Arquera Elfa Superior, mirándolo fijamente, «quieres decir el interior, ¿verdad?»

«El exterior».

La Arquera Elfa Superior miró hacia cielo impotente. El sol no le dio ninguna respuesta.

«…¿Que tan tonto tienes que ser para hacer eso?»

«Al menos yo y el otro somos diferentes.» Aunque no puedo hablar por él. Él realizó una inspección muy rápida de su equipo. «¿Qué te parece?»

«Eso depende de si bajamos por el otro lado o no», dijo el Sacerdote Lagarto.

«Mm», gruñó Goblin Slayer. «No creo que haya necesidad de bajar.»

«¿Son los centinelas goblins capaces de ser diligentes en su trabajo?»

«¿Qué te parece?»

«Entonces, suponiendo que no encontremos a nadie así en la pared…»

Sólo si es así. El Sacerdote Lagarto asintió, sacando el mapa… el que habían recibido de la Doncella de la Espada. Rastreó las pinceladas que fluían con una garra afilada.

«Sugiero que viajemos rodeando la ciudad por encima de la muralla, bajemos más allá de la ciudad y entremos en la mazmorra desde allí.»

«Eh, supongo que no tenemos tiempo que perder abriéndonos paso por la ciudad.» El Chamán Enano tomó un trago de vino, quizás para concentrarse o para evitar la fatiga, y se limpió las gotitas de su barba. «…Llegamos hasta aquí con nada más que Viento de Cola. Es fue muy económico, déjenme decirles.»

«Esta vez, no podremos volver hasta que el trabajo esté hecho. Incluso si descansáramos dentro del laberinto…»

…seguramente no habría garantías de que recuperarían suficiente energía mental para restaurar sus milagros y hechizos.

«Limitaremos el uso de los que tenemos, entonces. Tiene sentido,» dijo la Arquera Elfa Superior.

«Aun así, intenten no usar magia. Que sea lo menos posible», añadió Goblin Slayer.

«Guardare mis milagros», respondió la Sacerdotisa, agarrando su sonoro bastón contra su pecho y asintiendo seriamente.

Él estaba diciendo que confiaría en ella para saber cuándo usar sus milagros. El solo hecho de pensar que se le había confiado esa elección hizo que su corazón diera un salto.

Aunque, no creo que haya necesidad de milagros hasta que lleguemos al calabozo.

5 6 votos
Calificación de este Capítulo
Mantente Enterado
Notificarme
guest
3 Comentarios
Mas Votados
Mas Recientes Mas Antiguos
Respuestas en el Interior del Texto
Ver todos los comentarios