Goblin Slayer

Volumen 8

Capítulo 6: El Calvario de la Princesa

Parte 3

 

 

De todas las criaturas de la faz de la tierra, la que puede seguir caminando durante más tiempo es la humana. Pero cuando se trata de velocidad y potencia, nada es mejor que un caballo.

Los tres caballos que llevaban a los cinco aventureros pasaron por la puerta, corrieron por la carretera y se dirigieron hacia el norte, siempre hacia el norte, tan rápido como el viento.

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Sí, el viento. Y más que el viento. Pues podrían ser caballos, pero ningún animal podría viajar tan sobrenaturalmente rápido.

«Sílfides, doncellas del viento, denme un beso en mi mejilla a gusto. ¡Y otórguenles que nuestros presurosos corceles un viento más justo!»

La razón de esto era el hechizo del Chamán Enano, Viento de Cola. Las sílfides abrazaron a los caballos, empujándolos cada vez más rápido.

«Ahora entiendo lo que querías decir. Alcanzaremos a esos goblins en un santiamén.» La expresión de la Arquera Elfa Superior era la seriedad misma. Sus oídos temblaban de un lado a otro, absorbiendo los sonidos que la rodeaban, pero finalmente sonrió. «No lo pensé cuando estábamos en el barco, pero me sorprende descubrir que los enanos tienen magia de viento.»

«Eh, no puedo decir que sea una especialidad».

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¿Debería él alegrarse de que un elfo lo haya alabado, o debería sentirse triste de que haya tenido que cabalgar junto con un elfo?

El Chamán Enano consideró la cuestión brevemente y se decantó por quedar en un silencio hosco. Al final, sin embargo, dijo: «Pero también usamos el fuego, el agua y el viento para convertir las cosas de la tierra en hierro. Necesitamos conocer a los cuatro grandes espíritus».

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«En cualquier caso, no podemos esperar un mejor resultado que el aprehender a los diablillos antes de que entren en la mazmorra.» El Sacerdote Lagarto tenía las riendas de su caballo en sus manos, aparentemente sin preocuparse por la cabalgata mientras miraba a lo lejos. Su gran cola sobresalía detrás de él para ayudarle a mantener el equilibrio; tenía una figura bastante impresionante. «Pero, por supuesto, uno desea tener la oportunidad de desafiar el laberinto. Ahh, debemos elegir entre un pellizco o una cosquilla.»

La Sacerdotisa, mirándolo por el rabillo del ojo, se sorprendió en privado. ¿Debía considerarse la equitación como un logro de los guerreros entre ellos?

«Hrm….» Una silenciosa voz vino desde detrás de ella… o más correctamente, desde encima de su cabeza. Goblin Slayer parecía haber notado algo.

La Sacerdotisa miró rápidamente hacia adelante, para descubrir los restos rotos de una carreta recostada en el camino. Siguiendo el ejemplo de Goblin Slayer, el grupo detuvo a sus caballos.

Desde el caballo al menos, parecía ser un caso bastante típico de robo de goblins. El cargamento había sido escarbado, hecho pedazos, con restos de ropa desgarrada por todas partes. La Sacerdotisa sintió que se ponía rígida al darse cuenta de que era su ropa.

Erg…

Algo así como el vértigo la atacó.

¿Y si, esa vez…?

¿Y si, en aquella primera cueva, él no hubiera venido…?

«Parece que eligieron no violarla aquí en el campo abierto.» Pero eso es todo lo que podemos decir. Como dijo el Sacerdote Lagarto, parecía haber sólo las secuelas de una pelea típica.

La Sacerdotisa, algo perturbada porque podía ver la diferencia, miró alrededor de la zona.

No veo la cota de malla, pensó ella. Y aunque estaba un poco decepcionada, también notó algo y parpadeó.

«¡Oh!»

No tenía intención de gritar, pero no había forma de culparla. Se escurrió desde el frente de Goblin Slayer y se bajó del caballo, empezando a correr.

«¿Qué pasa?», preguntó él, y en respuesta, ella levantó un sonoro bastón que había sido arrojado al suelo.

El bastón de alguien que servía a la Madre Tierra… su bastón.

«Eso lo prueba», dijo la Arquera Elfa Superior, sonando moderadamente complacida.

«Sí», contestó la Sacerdotisa, asintiendo. «Pero… no veo mucha sangre.» Hmm. La Sacerdotisa se dio un golpecito en el labio con el dedo índice y pensó. Tampoco hay cadáveres. Eso la llevó a una sola conclusión. «Creo que se la llevaron inmediatamente…»

«…Sí, creo que dijo algo sobre un objeto maldito o algo así, ¿verdad?» Las orejas de la Arquera Elfa Superior estaban caídas. Probablemente estaba pensando en el brazo seco que el elfo oscuro había empuñado con tanto regocijo. «¿Así que tal vez la querían para un sacrificio?»

«Suena como una buena suposición», dijo estando de acuerdo el Chamán Enano, acariciándose la barba. «Sólo hay unas pocas razones por las que secuestrar a una princesa: para casarte con ella, para pedir un rescate o para sacrificarla.»

«La cuestión es si ellos sabían que era una princesa o si se trataba de una simple coincidencia», dijo Goblin Slayer, observando la escena. Luego se volvió hacia el Sacerdote Lagarto. «¿Qué te parece?»

«Por casualidad, una princesa huye de casa, por casualidad, ella viaja hacia el norte por la carretera principal, y por casualidad deambula justo hacia sus futuros captores.» El Sacerdote Lagarto contaba las circunstancias con sus dedos, su cabeza temblando de un lado a otro sobre su largo cuello. «Se necesitaron muchas casualidades.»

«Eso pensé», dijo Goblin Slayer. «Si iban por la princesa, hicieron un trabajo muy descuidado.»

«No hay necesidad de perder más tiempo aquí, entonces, ¿verdad?» dijo la Arquera Elfa Superior. Ya estaba tirando de las riendas y empujando a su caballo por el camino. «¡Vamos! ¡Si no mantenemos el ritmo, los perderemos!»

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La Sacerdotisa se apresuró a volver al caballo de Goblin Slayer; él la levanto.

Así, la persecución comenzó de nuevo.

Sin embargo, aunque Viento de Cola protegía a los caballos de la fatiga, no hacia tal cosa por sus jinetes. Habían estado en la silla de montar desde la mañana, y la tensión los atormentaba.

El Chamán Enano y el Sacerdote Lagarto, ambos con considerable resistencia, lo estaban haciendo bien. Y el guerrero Goblin Slayer tampoco tenía problemas. Pero los rostros de la Arquera Elfa Superior y la Sacerdotisa, ambas pequeñas mujeres, se volvían cada vez más tensos.

El sol, ¿no es cierto que acababa de salir?, ya estaba en lo alto del cielo, y el calor repentino de principios de otoño se posó sobre ellos. La Sacerdotisa suspiró, apoyándose en la silla de montar, balanceándose de lado a lado mientras tomaba un trago de agua.

Al beber, se fijó en él por el rabillo de su ojo. «¿Quieres un trago…?»

«No.» El casco permaneció fijo hacia el frente. «No lo necesito.»

«Um, está bien», dijo la Sacerdotisa en voz baja. Se mojó los labios con otro trago y luego volvió a poner el tapón en la cantimplora.

«Mi señor Goblin Slayer», dijo el Sacerdote Lagarto, espiando la situación por el rabillo de su ojo. «No creo que podamos mantener este ritmo por mucho más tiempo.»

«¿Un pequeño descanso, entonces?»

«Si puedo sugerirlo.»

Goblin Slayer no respondió, pero también ignoró a la Sacerdotisa cuando ella murmuró: «Por ahora estoy bien».

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Él miró fijamente hacia delante y luego se volvió hacia la Arquera Elfa Superior. «¿Qué pasa? ¿Todavía no puedes oír nada?»

«Todavía no…» Ella frunció el ceño y forzó sus orejas. «…Espera.» Ella miró hacia arriba, entrecerrando los ojos. Sus largas orejas se movían casi imperceptiblemente. «Viento… El gruñido de los lobos…»

«¿Los goblins?»

La nariz de la Arquera Elfa Superior se movió mientras olfateaba. «¡Huele a carne podrida!»

«Los goblins», dijo con confianza Goblin Slayer, y mientras hablaba, clavó los talones en los costados de su caballo. Su montura relinchó en voz alta y se puso en marcha al galope, dejando solo el aullido de la Sacerdotisa detrás de ellos.

El Chamán Enano, al verlo irse, se golpeó la frente y miró hacia el cielo. «¡Dioses, nada lo emociona tanto como los goblins! ¡Dame las riendas, Orejas Largas!»

«¡Tómalas!» Gritó la Arquera Elfa Superior, pasándoselas al enano sin dudarlo un instante y sacando el gran arco de su espalda.

El arma parecía un poco grande para usarla mientras montaba a caballo, y con un acompañante nada menos, pero ella se irguió como si estuviera en tierra firme y sacó un puñado de flechas de su aljaba.

En un abrir y cerrar de ojos, tres de ellas estaban en su arco, y ella estaba tirando de la cuerda; parecía apta para ser una estatua. Sacudiendo sus orejas de un lado a otro, apuntando por el sonido, soltó los proyectiles en una rápida sucesión.

Las flechas silbaron mientras se arqueaban por el aire.

«¡¿GOROBGR?!»

«¡¿GBB?!»

Un lobo soltó un lamento, seguido de los gritos apagados de dos goblins.

El enemigo estaba empezando a ser visible para Goblin Slayer en el frente.

Para los goblins, el mediodía era efectivamente la mitad de la noche. Estaban a la sombra de un árbol donde presumiblemente habían estado tomando una pequeña siesta, protegidos de los rayos del sol.

Ahora él contaba que quedaban unos cinco jinetes, todos saltando en shock ante el repentino ataque de sus camaradas. Tenían su habitual y variada selección de armaduras y armas, pero también llevaban esos mismos tatuajes extraños por todo el cuerpo.

«¡GOROBG! ¡¡¡¡GOORO!!!!»

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«¡GROBOGORO!»

Patearon a sus compañeros durmientes, pisando sus extremidades en su apuro por ser los primeros en llegar a los lobos. Dejando su vino a medio beber y su carne parcialmente consumida en el furor del ataque.

«Es imposible que esa sea la fuerza principal», dijo el Chamán Enano molesto luego de dar solo una mirada a los goblins que se dispersan. «Supongo que se vieron tan entretenidos con el saqueo que se separaron de los que están más adelante.»

«Aw, vamos», gimió la Arquera Elfa Superior. «¿Qué son, estúpidos?»

«El resultado final es que les hace ganar tiempo a los goblins.» Eso no me gusta. Gruñó en voz baja Goblin Slayer.

Ningún goblin se sacrificaría por ayudar a sus camaradas. Pero los goblins que se encontraban más adelante podrían estar esperando que los idiotas que dejaron atrás tuvieran el mismo efecto. Cada uno de ellos, después de todo, estaba convencido de que ellos mismos nunca harían algo tan estúpido. Incluso si hubiese habido un goblin que pudiese simpatizar con sus semejantes, sin duda se habría visto a sí mismo como excepcional.

Así eran los goblins.

«Aun así, los mataremos a todos», declaró Goblin Slayer desapasionadamente. Esto no cambiaba lo que había que hacer. «Será una batalla en marcha. Nuestros enemigos están huyendo. Cinco en número. No hay evidencia de trampas. Vamos.»

«¡Sera una gran hazaña!» el Sacerdote Lagarto mostro una temible sonrisa que había heredado de sus antepasados. «¡Las cabezas de nuestros enemigos hablarán de nuestra virtud en el combate!» Enredo las riendas alrededor de sus brazos y junto sus manos. «¡Oh, alas de hoz de velociraptor, rasga y desgarra, vuela y caza!» El colmillo que tenía en su mano hirvió y se expandió en una Garra Espada. «¡Mi señor Goblin Slayer, señorita Arquera, su apoyo, por favor!»

«Sí.» El casco asintió levemente, y luego Goblin Slayer también soltó casualmente las riendas de su caballo. «Toma esto.»

«¡Waaaa!» La Sacerdotisa exclamó, agarrando las riendas, pero una vez que las obtuvo, no supo qué hacer con ellas.

¡Nunca he montado a caballo antes!

De hecho, esta era su primera vez a caballo. ¿Por qué su primera vez haciendo las cosas siempre resultaba tan difícil?

«¡G-Goblin Slayer, señor! ¡¿Er, um, Qu-Que hago…?!»

La respuesta fue brutalmente simple: «Sostén las riendas y mantén los ojos hacia adelante.» Goblin Slayer agarró una honda y una piedra de su bolsa de objetos. «Esto no llevará mucho tiempo.»

Él tenía razón.

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Mientras la Arquera Elfa Superior soltaba su siguiente flecha, Goblin Slayer empezó a girar su honda. Giró horizontalmente a su lado y luego envió la roca silbando por el aire. La Sacerdotisa, aferrada desesperadamente a las riendas, tenía los ojos muy abiertos luego de ver su técnica de lanzamiento.

Ni siquiera deja que el cuello del caballo se interponga en su camino.

Ahora no era el momento de intentar aprender esa técnica, pero ella tendría que preguntarle más tarde sobre eso. Ella guardo ese pensamiento en lo más profundo de sí misma.

«¡¿GBBBOROGB?!» Uno de los goblins recibió la roca en el cráneo y se fue dando vueltas, con su cuello retorciéndose en un ángulo antinatural.

Quedan cuatro. No….

«¡Ji-yah…!» La Arquera Elfa Superior apuntó y soltó una flecha.

El disparo pareció fallar, pero luego rebotó a los pies del lobo, atravesando su garganta.

«¡¿GOORBGRGOB?!»

El lobo gimió y arrojó al goblin de su espalda. El caballo de Goblin Slayer pisoteó el cráneo de la criatura, esparciendo sus sesos por todas partes. Quedan tres.

«¡Jeh-jeh!» la Arquera Elfa Superior hinchó su pequeño pecho, presumiblemente presumiendo ante Goblin Slayer.

«¿De qué estás tan orgullosa?» Refunfuñó el Chamán Enano, pero los largos oídos de la elfa convenientemente no lo oyeron.

Con la reducción del número de goblins, el resto del problema se resolvió por sí solo.

«¡¡¡Eeeeeeeeeyaaaaaaaahhhhhh!!!» El Sacerdote Lagarto aulló y voló hacia la refriega. Tenía las riendas en sus mandíbula, y una Garra Espada en cada mano.

Ante el poderío del pueblo guerrero, los hombres lagarto -que estaba literalmente ante ellos, porque huían desesperadamente- el número de goblins apenas importaba. El Sacerdote Lagarto golpeó a derecha e izquierda, cortando y rebanando, y en el espacio de un instante, dos cabezas y luego tres se pusieron a rodar. Géiseres de sangre silbaban desde los cuellos sin cabeza, y el Sacerdote Lagarto dejo escapar un suspiro.

Cuando la mirada de uno de los descendientes de los temibles nagas caía sobre ti, estabas acabado.

Los lobos sobrevivientes gimieron y corrieron como conejos hacia zona silvestre, con la cola entre las patas.

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«¿Quiere que persigamos a los animales?» La pregunta estaba llena de deseo de batalla y sangre.

«No son goblins», dijo brevemente Goblin Slayer. «¿Viste los tatuajes?»

«Ciertamente», dijo el Sacerdote Lagarto asintiendo con la cabeza. «El mismo patrón que los pequeños demonios de antes.»

«Mm», contestó Goblin Slayer asintiendo con la cabeza. Entonces le dijo suavemente a la Sacerdotisa: «Eso es suficiente.»

«Oh, claro…»

Él se acercó a ella y le quitó las riendas con mano firme.

Con Viento de Cola o sin él, habían forzado a sus caballos más fuerte que nunca durante esta batalla. Empezaban a aparecer motas de espuma en los bordes de la boca de los animales, y la Sacerdotisa le daba palmaditas en el cuello a su caballo con preocupación. «Goblin Slayer, señor, creo…»

«…Lo entiendo,» dijo Goblin Slayer con severidad mientras reducía el ritmo.

La Sacerdotisa sabía que no había hecho nada malo, pero aun así, se puso rígida. Sin perspectivas de poder cambiar de caballos en el camino, no tendrían más remedio que continuar la persecución a una velocidad reducida.

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Si ella miraba hacia el norte, podía ver a lo lejos el monte sagrado, que se asomaba oscuro a pesar de la luz del sol. La cumbre estaba cubierta de nieve; no le pareció que era un lugar al que la gente debería ir.

El abismo parecía abrir sus fauces ante ellos, esperando a los aventureros.

Esperando, como la princesa secuestrada. Como los goblins.

«…Supongo que todo eso será para mañana.»

La más profunda de todas las mazmorras aún estaba lejos.

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