Goblin Slayer

Volumen 8

Capítulo 4: Aventura en la Ciudad

Parte 5

 

 

Así que las dos parloteaban ruidosamente mientras se lavaban, se perfumaban, se enjuagaban y se iban hacia los baños.

La zona de baño era igualmente cálida, gracias al sistema de tuberías; había un gran baño caliente y, frente a él, una bañera fría. Más adentro, había una sauna donde hacía aún más calor.




«¡Vuelvo enseguida!» dijo la Arquera Elfa Superior y salió corriendo, dejando a la Sacerdotisa sola.

Se deslizó en el agua con un tranquilo chapuzón, estiró sus brazos y piernas, y dejó escapar un lujoso suspiro. Se mezcló con el aire caliente y llegó hasta el techo abovedado.

Cielos, casi podría quedarme dormida aquí….

Ella sentía que el agua caliente podría empapar todo su cuerpo, y que podría derretirse. Ella estiró uno de sus pálidos brazos, sin pensar mucho en ello, y notó que había algo de músculo en el, aunque no mucho. Y podía ver cicatrices, más blancas incluso que su piel, que recorrían algunos lugares.

La experiencia no era normalmente tan visible a simple vista, pero estas cicatrices eran ciertamente parte de la suya.




Cuando lo pensó, habían sido dos sólidos años de correr por ahí, a pesar de los ocasionales días libres.




Esa primera aventura, su primer grupo, el nido de los goblins, los miembros de su grupo muriendo, y luego él.

Una vez más, sintió un torrente de emociones que aún no comprendía del todo y que le salían por el pecho.

Pero…

La Sacerdotisa miró en dirección al sauna al que había corrido la Arquera Elfa Superior y entrecerró los ojos.

Debería estar agradecida.




«…Hey.»

«¡¿Eh?!»

La inesperada voz que interrumpió su ensueño casi hizo que la Sacerdotisa saltara fuera del agua. Se apresuró a cubrirse el pecho y se dio la vuelta, y encontró a una niña mirándola con los ojos muy abiertos.

Tenía un cabello dorado que le llegaba hasta los hombros, ojos azules, y tenía quince años… no, tal vez dieciséis.

La Sacerdotisa, sin embargo, sólo podía parpadear. Algo se sintió… mal. La chica frente a ella parecía sentir lo mismo.

«Oh», dijo la Sacerdotisa, mirando hacia los ojos sorprendidos de la chica.

Era una cara que rara vez veía excepto quizás en el espejo del Templo, pero ahí estaba. La otra chica parecía tener el cabello más brillante. Su piel era más bonita, aunque estaba más rellenita. Era más alta, también. Pero…

Nos parecemos mucho.

Sí, la otra chica era obviamente superior. Pero había una similitud.

La Sacerdotisa, avergonzada, se deslizó de nuevo en el baño. La otra chica era como una versión mejorada de sí misma.

«¿Puedo… ayudarte?»

«Eres una aventurera, ¿verdad?» Las palabras cayeron como un juicio desde el cielo… lo que tal vez sólo tenía sentido, ya que la niña estaba de pie.

Cuando la Sacerdotisa asintió afirmativamente, la muchacha dijo: «Eso pensé», asintió con seguridad y se sentó. Sus pechos hicieron que el agua salpicara hacia un lado mientras bajaba; la Sacerdotisa miró hacia abajo al ver esto. Los dioses eran tan injustos.

«Oye, ¿cuál es tu clase?»

«Soy una sirviente de la Madre Tierra.»

«Una sacerdotisa, ¿eh?» No está mal.

La Sacerdotisa miró con curiosidad a la chica que murmuraba. «Si esperas encontrar a alguien que se una a tu grupo, me temo que yo ya tengo uno…»

«¿Eh?», dijo la otra chica, sorprendida, pero luego dijo: «Oh, no, no. No es lo que estaba pensando».

Entonces, ¿en qué pensaba?, me pregunto.

Al no poder adivinar lo que la otra persona quería, la Sacerdotisa se quedó desconfiada y preocupada. Dudaba de que estuviera en verdadero peligro físico aquí, pero tampoco tenía ni un trozo de ropa para defenderla. Se puso un poco rígida, aun manteniendo su pecho oculto. Ella no recibió ninguna mala sensación de esta chica, aun….

«Quería preguntar, sólo para mi referencia… ¿qué tipo de equipo usas? ¿Cuál es tu rango?»




«Uh, estoy clasificada en la categoría de acero. Y… ¿mi equipo?»

La Sacerdotisa se centró más en la otra chica, que de repente se había acercado mucho más. La Sacerdotisa estaba muy lejos de ser una guerrera, pero pensó que la otra chica no se veía mucho más endurecida físicamente. ¿Una maga o una clériga, quizás? ¿Un aventurero esperanzado? Esa posibilidad le pareció la más probable tan pronto como se le ocurrió.

…Me pregunto si debería intentar detenerla.

Era sólo una posibilidad. Pero todas sus propias experiencias pasaron por su mente.

Pero, de nuevo, todo lo que le había pasado desde entonces, lo había conseguido gracias a sus aventuras. Ella no podía negar eso… ni debería hacerlo.

«Llevo vestimentas sacerdotales y un sonoro bastón, y uso cota de malla.»

«Hmm», dijo la otra chica. «¿Tienen, ya sabes, un poder sagrado o una bendición sobre ellos o algo así?»

«No, son sólo…. un bastón y una cota de mallas normales, en realidad.»

Aun así, ella había comprado la armadura debido al consejo que él le había dado. Pensando en ello, se dio cuenta de que incluso en la batalla en la alcantarilla, la cota de malla le había salvado la vida.

La otra muchacha vio a la Sacerdotisa cepillarse el hombro con la palma de la mano y refunfuñó: «Eh, supongo que eso es lo mejor que puedes esperar como octavo rango».

La Sacerdotisa frunció los labios ante el tono condescendiente de la chica. «¿No te gusta?»

«¿Eh? ¿No te gusta qué?»

Parecía tan perpleja de que la Sacerdotisa le respondiera. Un momento después, la chica saltó fuera del baño. «De todos modos, gracias. Lo tendré en cuenta».

«Uh, seguro…»

¿Debería decirle algo…?

¿Eran sólo sus ganas de entrometerse lo que la motivaba… o era esto un regalo de los dioses? El momento de ansiedad e indecisión activó una alarma en su corazón: No dejes que se vaya así. Tienes que ofrecerle algo. Pero, ¿qué?

Ni siquiera los dioses podían decir qué harían los dados al caer.

La Sacerdotisa tragó saliva con fuerza; cuando habló, su voz temblaba inexplicablemente.

«…Um, si te vas a convertir en una aventurera, deberías prepararte… Quiero decir, asegúrate de hacer tus compras y todo eso, ¿de acuerdo?»

«¿Qué?» De nuevo, esa expresión incomprensible. La chica pensó por un momento y luego asintió. «Tienes razón, ir de compras es… importante.»

Luego, la muchacha se puso en marcha con un movimiento rápido, casi sacando el agua de la piscina. La Sacerdotisa seguía su figura con los ojos y luego se hundió en el baño hasta la nariz. Sopló burbujas en el agua.

«¡Uf! Ooh, se me acaba de subir la sangre a la cabeza, creo. Es salvaje ahí dentro.»

En ese momento, la Arquera Elfa Superior regresó, abofeteando sus mejillas de color rojo cereza con sus manos. Moviendo sus orejas largas que eran características de su gente, miro a la muchacha con que la Sacerdotisa acababa de hablar.

«¿Quién era esa?»

«Er…. Ni idea.» Eso era todo lo que la Sacerdotisa podía decir. Eso era todo lo que había que decir.

La Arquera Elfa Superior parecía un poco sospechosa, pero luego exclamó: «Ah, bueno», y se tiró al agua. «Entonces, ¿qué quieres hacer? ¿Quieres echar un vistazo a la parte de atrás? Sólo voy a quedarme aquí unos minutos».

«No…» La Sacerdotisa pensó durante un momento y luego agitó lentamente la cabeza. «…Salgamos.»




***

 

 

Cuando volvieron al vestuario, se sorprendieron al descubrir lo refrescadas que se sentían a pesar del aire caliente. Se quitaron las toallas, se perfumaron de nuevo y se limpiaron el sudor antes de ir a cambiarse.

«Desearía haber traído un juego de ropa nuevo para cambiarme», comentó la Sacerdotisa.

«Así son las cosas», dijo la Arquera Elfa Superior. «No estábamos planeando esto. Puedes cambiarte cuando volvamos, ¿verdad?»

Caminaban juntas, con sus pies descalzos golpeando el piso de piedra, cuando….

«¿Eh?» La Sacerdotisa se congelo de repente, empezó a frotarse los ojos. Su cesta había desaparecido. Ella sabía dónde se suponía que debía estar; había estado justo al lado de aquella en la que la Arquera Elfa Superior había tirado casualmente su vestimenta de caza.

«Eso es raro», dijo la Arquera Elfa Superior. «Me pregunto si alguien la movió.»

«Pero estoy segura de que estaba justo aquí…»

En lugar de sus vestimentas, encontró lo que parecía ser un traje de soldado, sucio y sudoroso, metido en la canasta. La Sacerdotisa miró a su alrededor para asegurarse de que sus posesiones no habían sido simplemente extraviadas en algún lugar. «¿Qué…? ¿Qué?»

Ella no las vio en ningún lado.

Su voz se volvió cada vez más lastimosa, y las lágrimas comenzaron a rebosar en las esquinas de sus ojos. Se sentía como si estuviera al borde de un precipicio.

«Mantén la calma. ¿Estás segura de que las pusiste aquí?»

«Sí…»

«Esa no es la clase de ropa que alguien tomaría por error…»

Vestimentas sacerdotales, un sonoro bastón, una gorra y una cota de malla. No es algo fácil de confundir con otra cosa.

¿Qué iba a hacer, qué iba a hacer? La Sacerdotisa, sintiéndose como si estuviera a punto de llorar, llevó a cabo una búsqueda nerviosa pero inútil en las otras canastas.

«¿Hay algún problema?», preguntó una empleada vestida de blanco, que se acercó. La angustia de la Sacerdotisa debe haber sido obvia. Ella abrió la boca para decir algo, pero de alguna manera no pudo pronunciar las palabras.

«¡Ah, um, m-mis, mis ropas…!»

«¿Sí?» La empleada respondió sospechosa.

«No podemos encontrar su ropa», dijo la Arquera Elfa Superior. «Ella es una sacerdotisa de la Madre Tierra, ¿ves? No creo que nadie tomaría sus cosas por accidente…»

«…Un momento, por favor. Lo comprobaré con el guardia», dijo brevemente la miembro del personal y luego se fue aún más rápido de lo que había llegado.

La Arquera Elfa Superior sostuvo la mano de la Sacerdotisa mientras esperaban; la muchacha estaba pálida e inquieta.

«Está bien. Estoy segura de que encontrarán tus cosas pronto».

«Lo sé. Erm, pero… ¿Pero y si…?»

La empleada pronto regresó. «Lo siento mucho», dijo ella, su rostro era la seriedad misma. «…me han informado de que alguien con vestimentas de la Madre Tierra salió de aquí antes. Es posible que…»

«¡¿Fueron robados?!» exclamó la Arquera Elfa Superior. La Sacerdotisa sintió que su mente se quedaba en blanco.

«¡Dis-Disculpe…!» Apartó la mano de la Arquera Elfa Superior, corriendo hacia la ropa de soldado y revisándola cuidadosamente.

El soldado en el vestuario. La joven que había hablado con ella. Las «compras».

Pronto vio más o menos lo que esperaba.

Estaba la bolsa de cuero que siempre usaba como bolso. Sobre ella brillaban varias gemas brillantemente pulidas. Eran piedras inconfundiblemente finas, y su significado era igualmente claro.

Eran el pago por su ropa.

«¡Oh… urk… m-mi… mi…!»

Podría soportar perder la gorra, y las vestiduras sacerdotales también. Su insignia de rango podría ser emitida nuevamente. Su sonoro bastón, por mucho cuidado que ella le hubiera dado, podía ser reemplazado. Y sus posesiones más importantes estaban todas en sus habitaciones, así como una muda de ropa. Todo eso era manejable, en lo que respecta a estas cosas.

Pero… su cota de malla había desaparecido.

El objeto para el que ella había ahorrado, usando las recompensas de sus primeras aventuras, la primera armadura que había comprado para sí misma, no estaba en ninguna parte.




Lo había usado durante la batalla con el ogro. En las alcantarillas, en la montaña nevada, en su prueba de promoción, y en la selva tropical, había estado con ella.

Le había salvado la vida. Ella la había reparado, remendado y cuidado exhaustivamente.

Y todo por una sola razón.

«¡Era la p-primera… cosa por la que él me alabó…!»

La pérdida de esta finalmente rompió completamente a la Sacerdotisa. La fuerza para mantenerse en pie la abandonó, y ella casi se cayó al suelo de piedra.

«¡M… Mi… Miiii…! ¡Ella se lo llevó…!»




«…Cielos, yo… lo siento. Ojalá nunca hubiera pensado en venir aquí», murmuró en voz baja la Arquera Elfa Superior junto a su amiga, que lloraba y se ahogaba como una niña pequeña.

«Oooh», dijo la Sacerdotisa, no con palabras exactamente, y agitó la cabeza vigorosamente de un lado a otro.

La Arquera Elfa Superior se arrodilló y suavemente, muy suavemente, frotó la espalda de la primera amiga que había hecho en dos mil años.

«…La recuperaremos. Lo prometo.»

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