Goblin Slayer

Volumen 8

Capítulo 4: Aventura en la Ciudad

Parte 4

 

 

«W-wow…»

La Sacerdotisa había pasado la mayor parte del tiempo desde que llegó a la capital conmocionada, pero, bueno, había muchas cosas que nunca antes había visto.




Ahora estaban en un vestíbulo espacioso y fresco, con un techo abovedado muy por encima de ellas. El tragaluz permitía el ingreso de la luz de las estrellas y las lunas; y combinado con las velas de abajo, hacia todo perfectamente visible dentro de la habitación.

Una corriente de gente vestida con ropa cómoda iba y venía, relajándose y divirtiéndose. Algunos se sentaban en bancos, leyendo libros; otros hacían ejercicio, sosteniendo piedras pesadas en sus manos; y otros bebían hasta saciar sus corazones….

Algunas personas habían repartido cartas en una mesa de la esquina y estaban luchando contra la Peste Negra mientras esta se extendía por todo el tablero de juego.

Alguien más estaba mirando un fresco de un guerrero blindado de un tipo que la Sacerdotisa nunca había visto, acompañado de las letras BLOQUEADOR DE HECHIZOS. En un rincón del cuadro estaba el nombre de un teatro y una fecha, y ella se dio cuenta de que debía estar promoviendo una obra de teatro.

Ella no veía ningún tipo de chimenea, pero la habitación era sorprendentemente cálida.




«Hay tubos en las paredes que traen aire caliente», le dijo un miembro del personal a la sorprendida Sacerdotisa con una risita. La Sacerdotisa inclinó rápidamente su cabeza hacia la empleada, que estaba envuelta en un paño blanco.

«L-Lo siento, es muy inusual…»

«Había oído hablar de los baños, pero no me había dado cuenta de cuánto más había aquí», dijo la Arquera Elfa Superior con un intrigado movimiento de sus orejas. Ella era la que había arrastrado a la Sacerdotisa hasta aquí.

Parece que ya le gusta estar aquí, pensó la Sacerdotisa, riéndose para sí misma.

Los elfos siempre se lavaban en agua fría; tenían poca experiencia en el uso deliberado del vapor o el agua caliente como parte del proceso de baño. Esta amiga de la Sacerdotisa, a pesar de ser mucho mayor que ella, siempre siguió esa misma costumbre, con la excepción de las aguas termales.

El edificio conectado al acueducto, que había llamado la atención de la Sacerdotisa en el momento en que llegó a la capital, resultó ser un enorme baño. Y era, sospechaba ella, mucho mejor divertirse en un baño que sentarse y llorar en un cementerio.

«Tenemos muchas facilidades. El área de ejercicios está abierta, y también ofrecemos masajes, así como refrescos ligeros.»




«Lo siento, pero ¿cuánto…?» La Sacerdotisa estaba preocupada: no debía malgastar su dinero. Pero la empleada simplemente sonrió.




«Todo está incluido en el precio de la entrada. Por favor, relájense y diviértanse.»

La Sacerdotisa asintió con entusiasmo, pensando una vez más que la capital era realmente un lugar asombroso. Pagó el puñado de monedas de bronce correspondientes y luego miró de nuevo a su alrededor para descubrir que, de hecho, muy pocas personas parecían estar usando dinero.

Bueno, con una excepción.

Parecía ser una enorme botella de agua, colocada como si fuera ofrecida por una estatua de una deidad con el rostro de un hombre y una mujer. En la estatua estaba tallada la inscripción DONACIONES PARA LA DEIDAD DEL LAVABO, y había una caja de madera con una ranura para recibir las ofrendas.

Los niños gritaban y soltaban monedas en la caja; cuando lo hacían, el agua salía de la botella por sí sola.

«¡Eso es increíble!»

Naturalmente, una de las chicas fue volando hacia ella… era la Arquera Elfa Superior. Sus orejas estaban erguidas y sus ojos brillaban, y llegó a la estatua tan rápido como si estuviera corriendo por el bosque.

«Oye, ¿cómo funciona esto?»

«¿Qué, no lo sabes?» Un niño de apenas diez años se burló de una elfa de más de dos mil años. «Pones tu dinero, luego algo pasa dentro, ¡y luego la tapa se abre y el agua sale!»

«¡Genial…!»

El chico era ingenuo, y su explicación no era realmente una explicación, pero la Arquera Elfa Superior ya estaba soltando las cuerdas de su bolso.

La Sacerdotisa dejó que sus hombros se relajaran mientras escuchaba el tintineo de la moneda dentro de la caja. El peso que había sentido en su pequeño pecho hasta hace un momento parecía haber desaparecido casi por completo.

Sé que dicen que la gente nunca siente igual durante toda una hora….

Ahora se sentía como una prueba viviente de esa frase. Hizo que se sintiera en parte sola y en parte aliviada.

Y todo fue porque tenía una amiga que la arrastro hasta aquí.

«…Jee-jee.»

Eso fue lo que hizo espacio en su corazón para que una risita brotara desde dentro de ella.

La Sacerdotisa miró a su alrededor, planeando observarlo todo hasta que la Arquera Elfa Superior se aburriera.

Había un sendero que conducía a un vestuario, a un escusado, al área de ejercicios… ella asumió que los baños estaban más allá del vestuario. Ellas no podían hacer esperar a los demás para siempre mientras jugaban, pero tal vez podrían comer algo. Y después de un chapuzón en los baños, al menos le gustaría una buena bebida fría….

Hmm. Ella se golpeó el mentón con su delgado y pálido dedo, pero de repente parpadeó.

¿Me están vigilando?

Ella detectó una intensa y casi penetrante mirada sobre ella. Era sólo un presentimiento, una sensación que probablemente no habría notado un año antes.

La Sacerdotisa se mantuvo enfocada en dirección a la Arquera Elfa Superior, que estaba de pie frente a la botella de agua balbuceando, y con mucho cuidado sólo movió sus ojos.

…¿Un soldado, tal vez?

El dueño de la mirada estaba sentado en un banco; la persona parecía bastante militar. El toque de suciedad sobre ellos, quizás por haber salido recientemente de su servicio, sugería por qué habían venido a los baños.

¿Pero hice algo malo…?

Ella no creía haber hecho nada que mereciera la atención de un soldado, no desde que llegó a la capital y, desde luego, no desde que entró en la casa de baños. Cada vez más incómoda, sin embargo, la Sacerdotisa se acercó a la Arquera Elfa Superior y tiró de su codo.

«Um….»

«¿Hmm? Espera un segundo. ¡Sólo una vez más…!»

«No, creo que deberíamos irnos, ¿de acuerdo?» Un pensamiento pasó por la mente de la Sacerdotisa: Ella no tiene remedio. Era un poco parecido al pensamiento que ella tenía a menudo sobre él, aunque no era exactamente igual, y eso la hizo sonreír. «Necesitamos tiempo para tomar un baño, y… gastaras todo tu dinero.»

Sin embargo, las dos sólo se dirigieron al vestuario después de que la Arquera Elfa Superior hubiera ofrecido tres donaciones más.

Siguieron el camino que indicaba por la cara femenina de la deidad de dos sexos y pronto encontraron el vestuario de las mujeres. Encontraron un pequeño baño frío, cuyas paredes a ambos lados tenían taburetes y varias filas de cubículos.

Ya era de noche, y ellas no era las primeras invitadas; la Sacerdotisa y la Arquera Elfa Superior pronto se desnudaron. Había muchos seres humanos en la capital, por supuesto, pero también había enanos y rheas, así que no había necesidad de ser reservadas. También era sorprendentemente cálido (era gracias a las tuberías, sin duda, como se les habían explicado), por lo que no estaban preocupadas por coger un resfriado.

«Muy bien, listo…» La Sacerdotisa, mirando hacia los otros cubículos en busca de algún tipo de guía, dobló sus vestiduras y las puso en una canasta. Su delgado cuerpo se había vuelto notablemente más musculoso a lo largo de un año de aventuras, pero seguía siendo muy delgada. A su lado, la Arquera Elfa Superior prácticamente se arrancó la ropa y la tiró en una canasta.

«Se arrugarán si no las doblas correctamente», la regañó la Sacerdotisa.

«Aw, no me importa,» dijo la Arquera Elfa Superior, pareciendo genuinamente indiferente mientras agitaba una mano y sus oídos al mismo tiempo. «Oye. Ahora que lo pienso, ¿trajiste aceite perfumado?»

«Uh-huh. Le pedí consejo a nuestra recepcionista, y, uh, bueno, el que me dieron era un poco caro, pero…»

Su tono incierto parecía buscar su aprobación debido a este pequeño lujo, y la Arquera Elfa Superior soltó una pequeña risita. «Está bien. No es como si lo usaras para presumir. No creo que a los dioses les importe».




«…Creo que deberías prestarle un poco más de atención a lo que a los dioses les importa y no les importa.»

«¡Oh, un regaño! Deberías aprender a tener más respeto por tus mayores.»

«¡¿Eh?! Hey, detente… ¡Ooh…!»

La Arquera Elfa Superior se había acercado a la Sacerdotisa para empujarla con su dedo, y las chicas se cayeron gritando y riéndose.

Entonces, los ojos agudos de la elfa se posaron sobre la cesta de ropa de la Sacerdotisa.




«¿Sigues usando eso?»




«¿Eh?»

La Sacerdotisa siguió la mirada de la Arquera Elfa Superior hasta la cota de malla. La había reparado dondequiera que la hubieran cortado, acuchillado o apuñalado, dejando pequeñas costuras entre las cadenas viejas y las nuevas. La mantuvo diligentemente aceitada, y cualquiera podía ver de un vistazo lo cuidadosa que era con ella.

«Oh, sí, por supuesto. Es… muy importante para mí.»

«La haces sonar como si fuera una armadura legendaria o algo así.» La Arquera Elfa Superior miró a la Sacerdotisa con los ojos entrecerrados, y la joven se rascó tímidamente la mejilla.

Ella definitivamente ha pasado demasiado tiempo con Orcbolg.

Eso era muy malo para la educación de esta jovencita (ciertamente joven desde la perspectiva de un elfo), ¿no es así?

Casi tan pronto como el pensamiento cruzó la mente de la elfa, ella lo descartó con una sonrisa y un movimiento de sus orejas.

Supongo que es un poco tarde para eso.

La caza de goblins en sí misma estaba destinada a ser mala para la educación de uno mismo.

«¿Qué está pasando?»

«Oh, nada. Nada en absoluto.» La Arquera Elfa Superior le hizo un gesto con la mano a la Sacerdotisa y de repente sonrió cuando un nuevo pensamiento llegó a su mente. «Ya que estamos aquí, ¿qué tal si nos lavamos las espaldas mutuamente?»

«¡Claro!»

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