Goblin Slayer

Volumen 8

Capítulo 4: Aventura en la Ciudad

Parte 3

 

 

Allí había tranquilas piedras formando filas, como islas flotando en un mar de hojas caídas que persistían sin importar lo bien que se limpiaran. Se sentía como si no hubiera nada más que hacer en ese lugar que abrirse camino a través de las olas rojas y doradas, confiando en los números grabados en esos marcadores para guiarlo a uno.

Eran tumbas.




Los marcadores estaban en pie, organizados por la cuidadosa numerología de los clérigos del Dios del Conocimiento.

En lo profundo del cementerio, la Sacerdotisa estaba junto a una nueva lápida… bueno, no tan nueva; había estado allí por lo menos un año.

El nombre tallado en la piedra era uno que apreciaba, aunque solo lo había escuchado durante un día de su vida.

Aunque cada una de las piedras fue tallada a un tamaño específico e idéntico, esta parecía tan… como ella. Incluso si la Sacerdotisa encontró su imagen borrosa cuando cerró los ojos y trató de imaginársela.

«…Siento haber tardado tanto», susurró ella con voz temblorosa. Se arrodilló, sin prestar atención a la suciedad, y luego rozó la palma de su mano a lo largo de la lápida. «…Lo siento.»




Goblin Slayer Volumen 8 Capítulo 4 Parte 3 Novela Ligera

 

A pesar de todo, esa joven maga había sido uno de los primeros miembros del grupo de la Sacerdotisa.

Era una historia llena de incertidumbres.

Si hubieran decidido cazar ratas y no goblins en esa primera misión, ¿qué habría pasado?

¿Habrían sobrevivido? ¿Ella, el joven y las mujeres seguirían teniendo aventuras juntos?

¿Habrían aprendido a cuidarse unos a otros? ¿A conocer los gustos, disgustos e intereses de los demás?

Tal vez. Pero ahora todo eso estaba perdido.

Todo eso, se lo habían robado.

Todos esos días y meses que debieron haber sido fueron borrados, y ahora, en cambio, la Sacerdotisa estaba aquí.

La Sacerdotisa, que salía en aventuras junto con la Arquera Elfa Superior, el Chaman Enano, el Sacerdote Lagarto, y él.

Apenas podía pensar que ello era buena suerte. Sin embargo, al mismo tiempo, tampoco podía considerarlo mala fortuna.

La fortuna y la desgracia, se dio cuenta, eran inseparables, como la leche mezclada con el té.

«Seguiré cazando goblins. Aun.» Los labios de la Sacerdotisa se suavizaron mientras hablaba. «Lo haré, aunque tiemble todo el tiempo, de la misma forma en que me regañaste.»

Y eso era cierto. La Sacerdotisa debe haberle parecido ridícula a esta chica, que había estado tan preparada, tan entusiasmada. De repente se encontró recordando los ojos entrecerrados y la boca abierta de la joven mientras gritaba.




Sin duda había tenido otras expresiones, pero la Sacerdotisa no las había visto.

«Conocí a tu hermano menor, sabes… de hecho, me convertí en su maestra, lo creas o no.»

«No te enojes, ¿de acuerdo?» La Sacerdotisa susurró. Puede que yo no sepa mucho, pero le enseñé lo que pude.

Al final, la Sacerdotisa no había traído flores, ni frutas, ni nada más como ofrenda. Se dio cuenta de que no sabía lo que le gustaba o no le gustaba a la joven. Pero sí sabía que ella parecía del tipo que se molestaría si una persona escogía algún objeto al azar para dejarlo en su tumba.




Así que la Sacerdotisa simplemente susurró: «Volveré a visitarte», y se puso de pie con cautela.

«…¿Quién está ahí?» Preguntó la Arquera Elfa Superior, sus orejas temblaban. Estaba a poca distancia, a la sombra de un árbol, con los brazos cruzados.

«Una antigua…» Sacerdotisa empezó, pero tuvo que cerrar la boca una vez y abrirla de nuevo antes de que se le ocurriera decir «…miembro de un grupo».

«Huh», dijo en voz baja Arquera Elfa Superior. Se acercó, con ligeros pasos, y pregunto: «¿Cómo era ella?»

«…A menudo yo misma me lo he preguntado», dijo la Sacerdotisa, sonando un poco desapegada, tenía una expresión ambigua en su rostro.

Una ráfaga de fresca brisa nocturna soplo e hizo que las hojas bailaran en los árboles, y ella se apresuró a evitar que su gorra y su cabello volaran por todas partes.

«Ni siquiera tuve tiempo de averiguarlo.»

«Eso pasa a veces», dijo la Arquera Elfa Superior, entrecerrando los ojos con placer mientras sentía la fresca brisa en su mejilla. Levantó la cara como si olfateara el viento, exponiendo su pálido y delgado cuello. «Los lazos que nos unen pueden ser muy extraños. A veces son por mucho tiempo, otras por poco tiempo».

«…Tienes razón.»

«¿Así que todos ellos se han ido?»

Por un segundo, la Sacerdotisa no lo entendió del todo; ladeó la cabeza con perplejidad. Pero luego, sin embargo, se dio cuenta de lo que le estaba preguntando la Arquera Elfa Superior. «No», contestó con una amarga sonrisa que de alguna manera la hizo sentir incómoda. «Aún queda uno de ellos. Pero…»

«¿Pero qué?»

«…No me armo de valor para verla.»

La voz de la Sacerdotisa se hizo cada vez más pequeña mientras hablaba, hasta que se desvaneció entre el susurro de los árboles.

No había nada que las orejas de un elfo no pudieran oír, sin embargo, y ahora las orejas de la Arquera Elfa Superior meneaban. «Apuesto a que no tienes que preocuparte por ello tanto como crees.» La elfa susurró: «No es que todo fuera culpa tuya, estoy segura.»

«…No quiero culpar a los demás por ello.»

«Siempre tan seria.» La Arquera Elfa Superior refunfuño desinteresadamente ante la torpe sonrisa de la Sacerdotisa. Ella estaba empezando a pensar que tenía una idea del por qué esta chica estaba tan fascinada con ‘Goblin Slayer, señor’.

Ella no sabía si la razón era buena o mala y no tenía intención de pensar en ello.

«…Esta bien, bueno, ¡vamos, hay que dejar de estar tan serias!» Ella arrastró a la Sacerdotisa de la mano, riéndose en voz alta de la expresión de asombro de la niña.

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