Goblin Slayer

Volumen 8

Capítulo 4: Aventura en la Ciudad

Parte 2

 

 

Terminaron en El Caballero Dorado, una taberna que había existido desde antes de la fundación del Gremio de Aventureros.

En la capital, sin embargo, la palabra taberna abarcaba varios tipos diferentes de establecimientos. Había bares de té y tabernas, patios de comidas y cantinas.

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El Caballero Dorado los superaba a todos a base de pura diversión.

Una vez entraron por la puerta, los visitantes fueron asaltados por una ola de sonido. Una chica guardabosques y un guerrero con armadura pesada discutían sobre algo; un luchador de estilo oriental y una ladrona los observaban.

En otro rincón, un chico lanzador de hechizos, parecía un novato, tomó un trago de vino mientras los miembros de su grupo se reunían a su alrededor y se burlaban de él.

Un grupo se centraba en un monje guerrero humano, pero también incluía a un guerrero padfoot, un lanzador de hechizos rhea y a una hermosa guardabosques. (NOVA: Recuerden que los padfoot son semi-humanos con características animales, como hombres gato, hombres zorro, etc.)

Una maga disfrutaba de su comida con algunos aventureros que parecían ser sus pupilos; la bañaban con gritos de admiración de «¡Profesora, maestra!»

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Había una mesa con un mago regordete y una curandera. A ellos se les unió un caballero con armadura y casco y una luchadora; los dos recién llegados levantaron las copas al llegar….

Sin duda, tales escenas se habían repetido sin cesar, en todas partes del mundo, desde que empezaron a aparecer personas llamadas aventureros. Uno no esperaría menos de un establecimiento que trazaba su historia con los aventureros desde el mismo momento en que se fundó el primer Gremio.

El número de personas que buscaban la aventura había aumentado dramáticamente, pero todo este tiempo después, éste siguió siendo un lugar de reuniones y despedidas.

Las paredes estaban cubiertas con panfletos de personas que buscaban grupos, así como grupos que querían encontrar a los miembros que necesitaban.

En una mesa en la esquina había un joven, probablemente un novato, cuya cara era una mezcla de expectación, excitación y aprensión. Debe haber estado alimentando sueños de un encuentro predestinado o una aventura de leyenda.

Sus sueños, sin embargo, no se harían realidad.

Su nueva armadura y espada, ambas brillantes; su cabeza sin casco: todo lo marcaba como un guerrero novato. Si supiera algo de magia, eso podría ser una cosa, pero por lo demás, era probable que se quedara ahí sentado todo el día.

Tendría que ceder y acercarse a alguien él mismo, o decidir ir solo….

Sea lo que sea que elija, será él quien haga el primer movimiento. Y si no tenía la capacidad de hacer ese movimiento, bueno, no iba a sobrevivir mucho tiempo como aventurero.

En el rincón opuesto, se colocaron algunas mesas, y algunos de los residentes más vagos de la taberna estaban alternando aplausos y gruñidos en un juego de dados. Esto no era como los juegos que los ancianos y los niños habían estado jugando al borde de la carretera; esto era algo serio: dinero estaba en juego.

En la pared cercana, los trozos de un dado roto estaban ensartados como el cuerpo de un criminal; parecía que había tenido un peso de plomo dentro, y se estaba exhibiendo para que todos lo vieran.

«Ahh, esa es una trampa hecha por un niño «, dijo el Chamán Enano mientras se acomodaba en un cómodo asiento cerca de la chimenea. «Los profesionales usan mercurio. Les permite elegir hacia dónde caerán los dados». Se frotó los gordos dedos, deleitándose con el aroma que se desprendía de la comida que tenía frente a él.

Tal vez fue en reconocimiento de que la presentación lo era todo. Tal vez simplemente quería sacar el máximo provecho de todos sus sentidos.

Había un huevo hervido que se había cocinado enterrado en las cenizas de un fuego, y una salsa de yema de huevo, aceite y limón. Había un guiso cocinado en una gran olla, crema con mucha col y tocino. En cuanto al plato principal, había un puré de salsa de pargo rojo mezclado con menudillos. Y finalmente, ganso cocido, en la misma salsa de yema, aceite y limón.

Para limpiar el paladar, había uvas, ciruelas y manzanas en miel….

Los ojos del Chamán Enano deambularon felices sobre el festín. Apenas podía decidir hacia dónde mirar.

«El punto es que está arreglado. Bah, solo un rhea se tomaría todo ese trabajo por unos miserables dados.»

«Y luego están los seguidores del dios del comercio, que usan el hechizo Suerte para cambiar el resultado», dijo el Sacerdote Lagarto, lamiéndose la punta de la nariz. «Pero una tirada es una tirada. Ni el destino ni el azar tienen nada más que decir una vez que los dados están quietos.» Su mirada estaba fija en un pedazo de queso de cabra.

El Chamán Enano miró a su escamoso amigo y rió. «Dicen que ni siquiera los dioses pueden cambiar una tirada una vez está hecha.»

Cuatro personas vitorearon: un sanador y un hechicero, un paladín y un ladrón. Aparentemente celebrando la derrota de un demonio y la exitosa conclusión de una aventura. El Chamán Enano levantó una taza en su dirección y luego la vació en reconocimiento a su logro.

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«Tengo que decir que estoy impresionado de que nuestra encantadora arzobispa sepa de un lugar como éste.»

«Ella misma fue aventurera alguna vez, o eso he oído», dijo sombríamente el Sacerdote Lagarto, inspeccionando el queso con tanto cuidado como si estuviera comprobando el estado de su equipo. «En ese momento, parece que el dueño se había trasladado de la capital hacia el norte.»

«Huh», dijo el Chamán Enano, acariciándose su blanca barba. «Supongo que eso tendría que haber sido hace unos diez años, entonces.»

«Aun así», contestó el Sacerdote Lagarto asintiendo lentamente. Su largo cuello hacía que casi pareciera como si estuviera mirando hacia el pasado.

Veamos…. ¿Cuántos años tiene Escamoso?

Si era difícil adivinar la edad del Chamán Enano por su apariencia, no era más fácil hacerlo con el Sacerdote Lagarto. Pero si sabía de la batalla de hace una década….

En ese momento, sin embargo, los pensamientos del Chamán Enano fueron interrumpidos por una voz.

«Buenas noches, señores. ¿De dónde son?»

Levantaron la vista para ver a un hombre con un instrumento de cuerda en la mano, un bardo o un animador de algún tipo, que estaba parado cerca de ellos y les sonreía agradablemente. El Sacerdote Lagarto hizo un extraño gesto hacia el hombre juntando sus manos, que no mostró ninguna señal de consternación al ver al hombre lagarto.

«Somos de la frontera oeste», dijo él.

«Ya veo… el oeste. Muy bien, eso, muy bien.»

Entonces el artista, que parecía tener algo en mente, desapareció entre el ajetreo de la taberna….

 

Su nombre para siempre perdurará:

Doncella de la Espada, a quien los dioses siempre adoraran.

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Entre los Seis Dorados, solo una doncella santa:

En su mano la justa balanza, la espada afilada.

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Todos los que tienen habla la aman

Sus oraciones milagros suscitan

Entre los Seis Dorados, ella misma se unió

Para luchar contra el mismísimo Señor Demonio

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Y ahora la bestia yace caída

Protege ella la ley con su ira

Su nombre para siempre perdurará:

Doncella de la Espada, a quien los dioses siempre adoraran…

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(NOVA: No saben cuánto me demore para hacer que todo esto rimara xD)

 

La poderosa recitación cortó a través del parloteo de la taberna. Contó la historia de los muchos aventureros que habían derrotado la tormenta de Muerte que había caído desde el norte diez años atrás. Un gran número de veteranos endurecidos se habían reunido en la fortaleza norteña para desafiar la mazmorra que había allí, pero ésta se los había tragado; ellos desaparecieron para siempre.

Sólo seis personas lograron alcanzar esta meta largamente buscada. Algunas personas incluso se referían a ellos como los Seis Héroes, o simplemente las Estrellas….

Como quiera que se les llamara, no eran leyendas, sino verdaderos héroes que habían aparecido en la historia real.

«Ya veo. Espera que los viajeros paguen más por las baladas provenientes de sus hogares».

«Inteligente», murmuró el Sacerdote Lagarto y puso algo de cambio sobre la mesa para que el bardo lo recogiera la próxima vez que viniera.

«…Así que estás diciendo que después de que la pelea se calmó, El Caballero Dorado también regresó aquí a la capital.»

Eso significa que el dueño de este lugar debe conocer a nuestra arzobispa tan bien como nosotros, o incluso mejor.

El Chamán Enano miró con interés al camarero y luego eructó, su aliento oliendo a alcohol.

«Y tú, Corta-barbas… pareces preocupado por algo.»

“…” Goblin Slayer no respondió inmediatamente. Tomó una buena ración de estofado, mezclándolo con su cuchara antes de deslizarlo a través de su visera.

Repollo y tocino hervidos a fuego lento en una crema. Goblin Slayer inclinó su cabeza con curiosidad.

No sabía cómo el estofado que comía en casa.

«¿Se nota?», preguntó él.

«Algo así», resopló el Chamán Enano, sirviéndose mucho vino. «Ha pasado un año desde que se formó este grupo. Si los humanos viven un promedio de 50 años, hemos estado trabajando juntos durante la quinta parte de tu vida».

«Eso no es algo que menospreciar.» El Chaman Enano subrayó el punto tomando un trago de vino. Se limpió algunas gotitas del bigote y luego fue tras el muslo del ganso, dando un gran mordisco.

Goblin Slayer miró de cerca al enano mientras él también bebía y comía.

«…No hemos estado enfocados en la matanza de goblins últimamente.»

«Una aventura en la costa, luego trabajo de guardaespaldas… aunque tuvimos esa emboscada. Tienes razón» dijo el Sacerdote Lagarto, asintiendo con la cabeza mientras se acercaba alegremente al queso.

El Chamán Enano se rió y agitó la mano; así que, en lugar de cortar una sola pieza de queso, el Sacerdote Lagarto simplemente tomo toda la rueda para sí mismo. «¡Dulce néctar!» exclamó, golpeando su cola contra el suelo.

El Chamán Enano chupó hasta los huesos, se lamió los dedos, se limpió la boca y fue en busca de su siguiente porción de carne.

«Fue divertido.»

Ambos se detuvieron.

El Chamán Enano y el Sacerdote Lagarto dejaron sus respectivas comidas y se miraron el uno al otro.

Compartieron una mirada, asintieron, y luego ambos agitaron la cabeza antes de volver a mirar el casco de metal barato que brillaba a la luz del fuego.

«Pero en ambos casos, la sombra de los goblins estaba cerca», dijo Goblin Slayer en voz baja, con una copa de vino en la mano. Drenó el contenido de un solo trago y luego dijo con una especie de gruñido: «Y si es así, entonces tal vez eso no sea mi deber».

Goblin Slayer Volumen 8 Capítulo 4 Parte 2 Novela Ligera

 

«¿Deber?»

«Sí», Goblin Slayer asintió hacia el Chamán Enano. «Soy Goblin Slayer».

Hubo un ruidoso crepitar del fuego, audible incluso sobre el sonido de la multitud. Un extraño silencio invadió el lugar, como si ellos y sólo ellos hubieran sido recortados de la escena. En el fondo, el bardo había cambiado en algún momento a una balada sobre el héroe de la frontera Goblin Slayer asaltando una montaña congelada.

«Hmm.» El Chamán Enano se acarició la barba y miró al techo. Se preguntaba cuánto tiempo, cuántos siglos había estado allí, para ennegrecerse tanto con el vino, la sangre y el humo. ¿Era el mar que vio allí, o las estrellas? Sea como fuere, era algo mucho más antiguo que cualquier vida humana.

Después de un largo momento, el Chamán Enano sonrió como si estuviera a punto de revelar el secreto de un truco de magia. «¿Sabes cómo los herreros atemperan una espada?»

«…No,» dijo Goblin Slayer después de pensarlo un momento. «No lo sé».

«De acuerdo, entonces, déjame decírtelo.» El Chamán Enano empezó a contar con sus ásperos y pequeños dedos. «Lo calientan. Lo golpean. Lo enfrían. Y luego lo calientan de nuevo.»

«…Calentar, golpear, enfriar, calentar», dijo Goblin Slayer en voz baja.

«Está bien». El Chamán Enano se cruzó de brazos. «El proceso requiere todos y cada uno de los pasos. Sin importar cualquier otra cosa que le hagas, tienes que hacer esas cuatro cosas».

«Parece que es un trabajo muy intensivo», dijo el Sacerdote Lagarto.

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«¿Pero, no es así?» El Chamán Enano sonrió, tan satisfecho como si hubiese hecho el trabajo él mismo. «Una espada suave es flexible pero no lucha bien. Una dura puede cortar, pero se romperá en poco tiempo. Entonces, ¿qué es una buena espada?» El Chamán Enano estaba murmurando casi como si estuviese recitando un hechizo, pero su voz se escuchaba mientras tomaba un sorbo de vino para mojar sus labios. «Corta con una espada y la hoja empieza a astillarse. Pero púlela, y tendrá menos acero que manejar. Y todo el acero es sólo una partícula en el rocío de la historia. Entonces, ¿qué es una buena espada?»

“…” Goblin Slayer escuchó en silencio. Parecía un niño, sentado junto al fuego y escuchando a su abuelo contar cuentos. Así que cuando finalmente habló, la franqueza de lo que dijo fue sorprendente. «No lo sé.»

«Por supuesto que no. Y está bien vivir sin saberlo». El Chamán Enano entrecerró los ojos, pasando sus gruesos dedos por su barriga. «Los secretos del acero son muchos y complejos.»

El fuego volvió a chisporrotear fuertemente. Se podía oír como un tronco que se rompía, y el atento camarero se acercó un momento después. Agitó la llama con un atizador; el Sacerdote Lagarto lo observó de cerca hasta que se fue. Luego abrió sus mandíbulas y dejó salir una risa que provenía de lo profundo de su garganta. «Jeh-jeh, maestro hechicero, tú también suenas como un monje.»

«¿Qué tal una palabra de orientación de un profesional, entonces? Para nuestro pobre y perdido Corta-barbas.»

«Hmm, sí, bueno, eso será muy difícil.» Los ojos del Sacerdote Lagarto giraron, y levantó un pincho de metal. Tomó un poco de queso que había cortado con sus garras, lo puso en el extremo del pincho y lo acerco al fuego. «Pocas son las cosas que deben hacer todas las personas.»

Giro, giro. Él torció el pincho de metal. El queso seguía siendo lo suficientemente sólido como para mantener su forma.

«Vivir y morir con toda tu atención, eso es lo que uno tiene que hacer. Y eso es más que difícil.»

El trozo de queso estaba empezando a asarse a la parrilla, pero todavía estaba duro. Aún no estaba listo.

«Ni siquiera las bestias del campo pueden vivir como quieren. Cuánto menos pueden hacerlo aquellos que tienen palabras.»

Por fin el queso había llegado a su límite. Amenazó con gotear del pincho. Ya era hora.

«Preocuparse y sentirse perdido está bien y es bueno. Creo que esas cosas mismas son la vida en sí.»

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El Sacerdote Lagarto sacó el pincho del fuego y se metió la comida, aún caliente, en la boca.

«¡Ahh, dulce néctar!» Era el mismo tono que usaba cuando alababa a sus ancestros. Un grito de alegría a pleno pulmón.

«Hmph.» El Chamán Enano resopló, y luego volvió a coger un trozo del ganso. «Suena como lo que estaba diciendo.»

«Lo que significa que puede estar cerca de la verdad.»

Goblin Slayer de repente recordó haber oído algo así hace mucho tiempo. Fue cuando lo patearon hacia un río helado, con las manos atadas detrás de él.

«¡Húndete en lo profundo! ¡Y luego patea!» gritó el rhea, haciendo un gesto loco con su daga. «¡Haz eso, y podrás flotar! ¡Luego hazlo una y otra vez! ¡De lo contrario, todo lo que te espera es la muerte!»

Él había tenido razón.

Si Goblin Slayer no hubiera pateado entonces, no estaría aquí ahora.

«…Ya veo.»

Entonces esto probablemente estaba cerca de la verdad.

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«Estoy muy de acuerdo», dijo el Sacerdote Lagarto asintiendo.

«Así son las cosas», añadió el Chamán Enano.

«Tienen… razón.»

Goblin Slayer llevo algo de col y tocino a su boca.

No sabía nada mal.

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