Goblin Slayer

Volumen 8

Capítulo 3: El Asesino de Goblins Va a la Capital

Parte 6

 

 

«Oh, guau…» La Sacerdotisa dejó escapar su reacción mientras exhalaba, sus ojos brillaban.

Habían pasado varios días caminando por la carretera desde el pueblo fronterizo, pero finalmente habían llegado.




A medida que se acercaban a la capital, los campos comenzaron a salpicar la carretera, y el viento soplaba desde el río. A lo lejos, podían ver el techo rojo y fangoso de la casa de alguien que contemplaba este escenario.

Las murallas del castillo, que eran visibles a lo lejos, parecían incluso ahora sobresalir ante sus propios ojos. Hechas de enormes bloques de mármol apilados uno encima del otro, formaban una puerta monumental. Mirarlas hacia arriba le hizo doler el cuello. ¿La sombra que proyectaban cubría toda la carretera al atardecer?

Mientras se le ocurría esto a la Sacerdotisa, ella se dio cuenta de que las paredes le causaban una impresión mucho mayor que la de solo su tamaño. Las hermosas piedras talladas no habían sido hechas con magia. La habilidad humana, el ingenio humano y la fuerza humana lo habían hecho posible, y eso era asombroso.

Esa arquitectura había permanecido en pie durante miles de años, resistiendo a los elementos, resistiendo las batallas y supervisando a muchas generaciones de gobernantes.

Ella había oído hablar de este lugar antes, pero nunca lo había visto. Todo su mundo había consistido del Templo, la ciudad fronteriza, el campo, y luego, muy recientemente, la ciudad del agua. Nada más que eso.

Esto, sin embargo, era mucho más grande, y mucho más antiguo, que la puerta de la ciudad de la frontera o de la ciudad del agua. La gran puerta de la capital había permanecido en pie durante muchos siglos; era en sí misma la historia de aquellos que tenían palabras.

«¡Es increíble…!» Dijo la Sacerdotisa, sonriendo, sacudiéndose el abatimiento de la noche anterior.

«Esa cosa es probablemente más vieja que yo», dijo la Arquera Elfa Superior desde su posición en la cima del carruaje, moviendo las orejas mientras quedaban bajo la sombra de la puerta. El brillo en sus ojos verdes como la hierba debe haber sido de curiosidad. ¿Por qué era tan emocionante ver algo que uno nunca había visto antes?

«Oye,» dijo ella, «¿qué hace toda esa gente dando vueltas alrededor de la pared?»

«Deja que te hable de las paredes», contestó en voz baja el Chamán Enano. «Son el eje de la defensa de una ciudad; y se enorgullecen de ellos.» Por lo tanto, era esencial encargar a alguien para que los mantuviera limpios y ordenados. El enano miró hacia el carruaje con expresión de exasperación. «Orejas largas. Realmente te has encariñado con tu lugar allá arriba, ¿no?»

«Bueno, vale la pena tener a alguien vigilando en todas las direcciones. ¿No es así, Orcbolg?» Miró hacia abajo desde el carruaje, contenta de estar por encima de la multitud.

«Sí», dijo el hombre del casco mugriento.

Goblin Slayer miraba hacia aquí y hacia allá, sosteniendo un trozo de piel. Se lo había cortado a uno de los goblins la noche anterior… para el asco de la Arquera Elfa Superior y la Sacerdotisa, por supuesto.

«…Bleh. Dime otra vez ¿por qué te sentiste obligado a tomar eso?»

«Puede haber miembros sobrevivientes de la tribu, o pueden tener un líder.»

«Podrías haber copiado el símbolo sobre algo.»

«Quería asegurar la exactitud.» Con un dedo enguantado, trazó casualmente el patrón geométrico del tatuaje en la piel. Por último, hizo un pequeño gesto con la cabeza, luego enrolló la piel y la metió de nuevo en su bolsa de artículos. «Casi parece una mano, pero no puedo estar seguro», dijo él, y luego el casco se agito. «¿Encuentras este lugar inusual?»

«Sí, así es», dijo la Sacerdotisa con un serio asentimiento. «¡Hay tanta gente…!» Ella estaba mirando hacia aquí y hacia allá, virtualmente rebotando en sus pies.

«Ten cuidado de no separarte.»

«L-Lo sé… en serio, ¿esta bien?» Avergonzada por ser tratada como una niña, la Sacerdotisa golpeó el suelo con su bastón para enfatizar su punto. Desde sus pies vino un sonido fuerte. Ella había estado tan concentrada en el carruaje que no se había dado cuenta cuando la carretera de tierra se había convertido en losas de piedra.

La multitud había ido creciendo a medida que se acercaban a la capital, y ahora los apretujaban por todos lados. Incluso las vastas puertas parecían estrechas comparadas con la masa de gente.

La multitud estaba formada por jóvenes y ancianos, hombres y mujeres por igual, ricos y pobres de todas las razas y tribus, algunos de ellos pertenecientes a oficios e incluso a países que la Sacerdotisa no podía identificar, todos ellos mezclados, gritándose unos a otros.

Varios otros carruajes también eran visibles, mientras que los comerciantes llevando sus cestas vadeaban a través de la multitud, vendiendo agua o fruta. Los colores salvajes de la ropa que ella veía mientras la gente pasaba o se quedaba de pie la sorprendieron como un caleidoscopio o un mosaico. La mezcla de idiomas que llegaba a sus oídos sonaba agradable, casi como una canción.

«¿Hay… algún festival o algo así?», preguntó ella.

Increíblemente, fue la Doncella de la Espada quien abrió la ventana y, riéndose, le dijo a la asombrada Sacerdotisa: «Siempre es así».

«Por supuesto, más gente significa más problemas, pero también más oportunidades para aventureros como nosotros», dijo el Sacerdote Lagarto, retomando la conversación desde donde estaba, sentado sosteniendo las riendas. Movió sus ojos alegremente.

El carruaje rodó hacia la puerta a un ritmo majestuoso, luciendo positivamente elegante.

«Aunque, me temo que naturalmente no soy apto para trabajar como guardaespaldas.»

«Pensaba que la gente te amaría para el trabajo de guardaespaldas», dijo el Chamán Enano, riendo desde su lugar al lado del carruaje. Parecía que podría estar en peligro de ser arrastrado por la multitud, pero su paso nunca se ralentizó. El enano miró a Goblin Slayer, fijando sus ojos en el casco. «Deberías tener mucho tiempo libre, Corta-barbas. No creo que haya muchas cacerías de goblins en la capital».

«No podemos estar seguros de que no haya ninguna aquí.»

«Olvídalo», fue la respuesta que obtuvo.

La enfadada respuesta del Chamán Enano fue el final de la conversación; Goblin Slayer y los demás enfocaron su atención hacia delante.

A diferencia de la ciudad de la frontera, o incluso la ciudad del agua, la puerta de la capital no tenía soldados vigilando, sino más bien un cuartel de guardia. Tanto si se trataba de ir como de venir, era necesario pasar algún tiempo lidiando con la burocracia, y esa era probablemente la causa de este congestionamiento.

El Chamán Enano midió la línea que se arrastraba hacia delante bajo el sol de principios de otoño. «No parece que vayamos a entrar pronto», dijo encogiéndose de hombros. Luego sacó algunas monedas de su bolsa y desapareció en el mar de gente.

Unos minutos más tarde, regresó con varias botellas pequeñas, una de las cuales arrojó a la Arquera Elfa Superior en el techo del carruaje. «Es mejor que esperar sin nada que hacer. Toma.»

«Whoop. Gracias…. Hey, ¿qué es esto?» Ella inspeccionó la botella de vidrio, que tenía un líquido violeta en su interior. Le dio una pequeña sacudida y oyó como se movía en su interior y luego sacó el corcho para encontrar que desprendía un aroma dulce.

«Se llama sapa. Toman uvas o similares y las mezclan con plomo en una cuba de bronce para endulzarlas».

«Hmm», dijo la elfa, olfateando y sacudiendo la cabeza. «…huele demasiado a metal. Paso.»

«Es tu dieta limitada la que te deja como un yunque.»

La Arquera Elfa Superior gruñó y frunció los labios, pero no dijo nada mientras le devolvía la botella al Chamán Enano. Todavía estaba descorchada, así que se apresuró a cogerla mientras el líquido casi salía despedido del interior. Miró molesto a la elfa y vació el contenido en dos tragos.

«Hrmph, está perfectamente bueno.»

«Er, uh, um, ¿pero no es el plomo un veneno…?» Dijo la Sacerdotisa, provocando una carcajada de la Arquera Elfa Superior, quien respondió: «Los cuerpos de los enanos son demasiado grandes para preocuparse por los venenos».

«¡La palabra es robusto!» Dijo el Chamán Enano, soltando un eructo y limpiándose unas gotitas de su barba.

El Sacerdote Lagarto miró hacia abajo desde donde estaba instando a los caballos a trotar y giro sus ojos. «Ahora bien, ¿tiene algo más?»

«Ahh…» El Chamán Enano rebuscó en su colección de botellas. «¿Quieres un poco de posca?»

«¿Posca, dices?»

«Ah, sí.» La Doncella de la Espada sonrió desde la ventana del carruaje. «Es a base de vinagre, ¿no?»

«Cielos, ¿lo sabes?»

«Es fácil de olvidar, pero yo también fui una aventurera.»

La posca se elaboraba mezclando agua con vino que se había vuelto excesivamente ácido… o, para decirlo de manera menos elegante, se había convertido en vinagre. Se le añadía miel para crear un sabor agridulce, y se mantenía bien, convirtiéndola en una de las favoritas de los aventureros que visitaban la capital.

«¿Le gustaría probar un poco, entonces?»

«¿Puedo?»

«¡Por supuesto!»

La Doncella de la Espada sonrió un poco. Cogió la botella que se abría paso por la ventana con ambas manos, quitando el corcho con lo que parecía una caricia. Bebió el contenido ruidosamente y luego emitió un delicioso suspiro de satisfacción.

«¡Pero… que poco femenina!»

«No es tan importante. Seguramente…» Mm. La Doncella de la Espada lamió la última de las gotitas de sus labios mientras respondía haciendo pucheros a su ayudante. Luego asomó la cabeza por la ventana, dándole un asentimiento con la cabeza y una sonrisa querubina al Chaman Enano. «Muchas gracias…. Estaba perfectamente delicioso.»

«Estoy tan contento de que lo hayas disfrutado», dijo él con una sonrisa y luego arrojó botellas hacia sus compañeros con un petulante «Tomen.»

La Sacerdotisa y la Arquera Elfa Superior respondieron con un «Caramba, es amargo» y «Al final es solo jugo viejo de uva», aunque sonrieron a pesar de todo. Ninguna chica puede dejar de disfrutar de un sabor dulce… es quizás ir un poco lejos, pero aun así.

Goblin Slayer cogió la siguiente botella, la abrió en silencio y se la bebió. Así era como trataba todo lo que le entraba en la boca, ya fuera comida o bebida, así que nadie le prestaba mucha atención. Sólo la Sacerdotisa sonrió como si dijera: ¡No tiene remedio!

El Lagarto Sacerdote fue el siguiente, pero él sacudió su gran mano y dijo: «No, gracias. Estoy saciado de bebida. Mi estómago más que mi garganta es lo que deseo satisfacer.»

«¿Comida, eh…?» El Chamán Enano murmuró, acariciándose la barba pensativamente, y luego mirando a la panoplia de vendedores junto a la puerta.

Ya era la tarde, el sol comenzaba a hundirse en el cielo. Podría haber alguien que vendiera almuerzos, pero probablemente ya estaban agotados. Sería mucho más probable que encontraran algo para comer cuando entraran en la capital.

«Sabes, he oído decir que venden mucho queso en la capital», dijo el Chaman Enano.

«Oh-jo», llegó la respuesta de… Goblin Slayer, que había estado escuchando silenciosamente la conversación del grupo. Había bebido hábilmente la posca a través de la visera de su casco en uno o dos tragos. «Eso es muy interesante de escuchar.»

Su absoluta seriedad provocó la risa de todo el grupo. Incluso la ayudante dentro del carruaje tenía una mano en la boca para cubrir su sonrisa.

La única que no se estaba riendo era la Doncella de la Espada. Estaba apretando la espada y la balanza en su regazo.

«¿Pasa algo, mi señora?»

«No….», dijo la Doncella de la Espada, agitando la cabeza como si se hubiese despertado de su ensueño. «…No, no es nada.»

«Si usted lo dice, mi señora…»

La Doncella de la Espada alejo su mirada de la ventana, mirando ahora al techo del carruaje y soltando un ansioso suspiro.

Y yo que pensaba que toda emoción femenina me había abandonado hace mucho tiempo.

«…es bastante difícil, ¿no es así?»

Fue entonces cuando ocurrió.




Dentro del carruaje, la mirada de la Doncella de la Espada se movió nuevamente, mientras que encima del vehículo, las orejas de la Arquera Elfa Superior temblaban.

Ruedas podían oírse a lo lejos. Voces de soldados. La multitud se movió con inquietud, abriendo un camino hacia la puerta.

Abriéndose paso a través del mar de gente llegó un carruaje tirado por dos caballos. El grabado dorado en el vehículo y la cresta del león volando en lo alto mostraban que pertenecía a la familia real.

Los caballos eran, por supuesto, los mejores disponibles. Magníficos corceles, ondulantes y musculosos. Luego estaban los soldados que acompañaban al carruaje… todos eran caballeros, ¡con armaduras relucientes! Las finas pecheras y los cascos de metal, las lanzas y las espadas, hacían que parecieran héroes de cuentos de hadas, y uno no tenía que ser un niño para ser impresionado por esa la vista. Los soldados no podían estar más lejos de los aventureros que tenían que recorrer a pie muchos kilómetros a través del campo abierto.

«Guau…», respiró la Sacerdotisa, con la mandíbula abierta, ¿y quién podría culparla?

«Esa se está convirtiendo en una expresión muy familiar en ti.» se rió la Arquera Elfa Superior. «¡Pero eso explicaría por qué hemos estado esperando tanto tiempo!» De repente, su expresión era tan oscura como divertida.

«Una o dos buenas flechas podían enseñarles una lección», murmuró en voz baja, y la Sacerdotisa agitó rápidamente su bastón hacia la elfa. «¡N-no, no puedes hacer eso…!»

«Vamos, lo sé», resopló la Arquera Elfa Superior. «Además, llevan una protección mágica muy potente.»

¿Significa eso que les dispararía si no la tuvieran…? La Sacerdotisa pensó sombríamente.

La elfa enloquecida ignoró a la clériga que fruncía el ceño. «De todos modos,» continuó ella, «parece que el rey ha estado fuera. Me pregunto qué estará pasando».

«Impuestos». La respuesta fue brusca y clara. Goblin Slayer la dijo en voz baja, casi como si estuviese hablando consigo mismo. «Es temporada de cosecha. El rey va en persona a visitar áreas donde no tiene representantes locales, o donde un levantamiento parece probable».

«Huh. Parece que sabes mucho sobre eso.»

«Vengo de un pueblo de granjeros.»

¿Qué? ¿Fue la Sacerdotisa o la Doncella de la Espada quien emitió el sonido de la sorpresa?

Deben haber estado imaginando a este hombre con su sucio casco y su armadura de cuero de aspecto barato atendiendo un campo en algún lugar.




Oh, pero supongo que realmente ayuda en esa granja en la que vive… La Sacerdotisa asintió para si misma, con un dedo pensativo en los labios. «Está bien», dijo ella, «¡Creo que va contigo!»

«Ya veo.»

Una vez que el carruaje del rey atravesó la puerta, los soldados parecieron relajarse un poco. No tenían que estar tan atentos como antes. La fila de personas que esperaban para ser admitidas en la ciudad comenzó a moverse más rápidamente.

«Aun así, dijo la Arquera Elfa Superior, entrecerrando los ojos contra el viento mientras su vehículo finalmente empezaba a moverse. «Era el carruaje más elegante que he visto en mi vida. Y parecía que tenía a la mitad del ejército con él.»

«La realeza no va a viajar humildemente y sola, ¿verdad?» Contestó el Chamán Enano, moviendo sus brazos y piernas rechonchas mientras trotaba junto al carruaje. Como enano, sabía un par de cosas sobre ornamentación. Acariciando su larga barba blanca, sonrió a sabiendas. «Para ellos, sin embargo, no es un lujo… es un gasto necesario.»

«¿Qué?, ¿todo eso?»

«¿Cómo te sentirías si tu líder, o lo que sea, que viviera en un árbol muerto, vestido con harapos?»

“…” Las orejas de la Arquera Elfa Superior se inclinaron mientras se imaginaba la escena. «…Supongo que no me gustaría.»

«¿Y si fuera por ahí solo, rogando a la gente que entregue el dinero de los impuestos?»

«Lo golpearían.»

«Ahora entiendes la idea. Es el trabajo de personas de su tipo el hacerlo a lo grande».

Caminando cerca, la Sacerdotisa suspiró un poco. «Supongo que no es fácil ser importante.»

En su propia vida, había visto a la Madre Superiora del templo trabajando duro, y ella misma había recibido una vez la responsabilidad de realizar la danza del ofertorio en un festival. Casi no podía imaginarse un trabajo que fuera aún más difícil.

Pero hay gente que lo hace.

Miró por la ventana del carruaje junto al que caminaba. La Doncella de la Espada estaba sentada allí, con su leve sonrisa imperturbable, su cuerpo voluptuoso aún llenando el asiento. De alguna manera, a la Sacerdotisa le resultaba difícil leer, en su rostro, las emociones de la Doncella de la Espada.

Ella ni siquiera tiene un casco como Goblin Slayer.

«Vaya, debe ser horrible ser el rey.»

«¡Lo dice la princesa!»

La Arquera Elfa Superior hizo un gesto de desdén desde lo alto del carruaje, su comentario provocó un gruñido del Chamán Enano.

Todo era como siempre. La Sacerdotisa se dio cuenta de que le ayudaba a relajarse, el saber que esas cosas no cambiaban, ni siquiera a la vista de las murallas de la capital.

Ella se rió, y en respuesta, el Sacerdote Lagarto giro sus ojos. «Nuestros propios colectivos aventureros son financiados por los impuestos.» Su tono era alegre, pero sonaba un poco como si estuviera dando un sermón. «Y sin nuestra organización, nosotros los aventureros no seríamos más que rufianes desempleados.»

Deberíamos estar agradecidos, parecía ser su mensaje.

Tenía sentido para ella: el Sacerdote Lagarto era una figura bastante intimidante, y entre los hombres lagarto había algunos que se habían mancillado con el Caos. Toda su raza estaba cerca de ser Personajes de No-Oradores, un estatus que debe haber traído sus propias cargas.

«Suerte que no tienen un impuesto sobre la longitud de las orejas», dijo el Chamán Enano.

La Arquera Elfa Superior resopló en respuesta y luego murmuró bromeando que los impuestos estaban bien y eran buenos. Ella movió sus largas orejas y luego sonrió y dijo: «O… un sobreprecio por barril vendido, ¿tal vez?»

«¡Ha! ¡Invitarían a una rebelión, diría yo!»

«Silencio, los dos», dijo Goblin Slayer, interrumpiéndolos. «Nos acercamos a la puerta.»

¿Hmm? La Sacerdotisa inclinó la cabeza, sorprendida. Era inusual para él estar alerta a cualquier cosa que no fueran los goblins.




Mientras se acercaban a las murallas, pudo ver que estaban rodeadas por un enorme, profundo y seco foso. Si las fuerzas del Caos atacaban, estarían bajo el ataque de los arqueros del castillo todo el tiempo que estuvieran entrando y saliendo de esta zanja. Un gran puente, unido a la puerta del castillo con cadenas, permitía actualmente la entrada a través del foso.

Naturalmente, una voz interrogadora los detuvo. «¡Alto! Déjenme ver alguna identificación.»

El Sacerdote Lagarto tiró de las riendas, deteniendo a los caballos, y lentamente bajo su enorme cuerpo desde el asiento del conductor.

Un soldado, de pie con armadura pulida hasta dejarla reluciente, agarró una lanza con una mano. No tomó más que un vistazo para ver que tenía mejor equipo que estos aventureros.

Supongo que debería tenerlo… está vestido para la guerra, pensó la Sacerdotisa.




A diferencia de los aventureros, que sólo podían permitirse luchar cuando el estado de ánimo o la necesidad lo exigían, los soldados tenían que estar preparados para cualquier cosa en cualquier momento, incluso en momentos de paz.

La Sacerdotisa sacó la insignia de rango que colgaba de una cadena alrededor de su cuello. «¿Esto servirá, señor?»

Los viajeros en general necesitaban un pase de viaje oficial, pero presumiblemente una prueba de pertenencia a un gremio comercial también serviría.

«¿Puedes escribir?» El soldado preguntó, echando un rápido vistazo a la insignia de la Sacerdotisa, ante lo cual ella asintió. Esta era la primera vez que fue sometida a un interrogatorio de este tipo, y aunque estaba nerviosa, también sentía curiosidad.

El soldado saco un grueso libro que contenía línea tras línea de nombres de personas y dónde se alojaban.

«Ponga su nombre y destino aquí, entonces.»

«Sí, señor. Er… ¿puedo escribir que estoy aquí por trabajo de guardaespaldas?»




«Si eres una aventurera.»

La Sacerdotisa, todavía algo ambivalente, tomó una pluma y la tinta e inscribió una serie de caracteres ásperos pero cuidadosos.

Más gente entraba y salía de la capital de lo que ella se podía haber imaginado. Si necesitaban mano de obra para supervisarlo todo… bueno, entonces no era de extrañar que el ejército necesitara impuestos para mantenerlo.

«Veo que también tienes un enano, un elfo y… ¿un hombre lagarto?»

«Ciertamente, señor», dijo el Sacerdote Lagarto, juntando las palmas de sus manos. «Creo que le resultará difícil pronunciar mi nombre, ¿pero quizás no le importe…?»

«Sí, está bien…. No es tan inusual en otras tribus y razas.»

«Entonces, si puedo excusarme.» Él extendió su mano áspera y escamosa, y la Sacerdotisa le ofreció amablemente la pluma y el libro con una sonrisa.

La Arquera Elfa Superior, viendo al Sacerdote Lagarto escribir con una facilidad inesperada, movió sus orejas. «¡Bien, yo soy la siguiente! ¡Incluso seré lo suficientemente amable como para escribir por el enano!»

«Qué niña», dijo el Chamán Enano enfadado, pero sin embargo, se quedó ahí mirando cómo la Arquera Elfa Superior escribía su nombre en la única y fluida escritura de los elfos.

Así uno por uno se sometieron a la inspección de la entrada. Los soldados no parecían especialmente en guardia; quizás ya estaban acostumbrados a los semi-humanos. O quizás lo inesperado era de lo más normal cuando se trataba de aventureros.

«….. ¿Y tú qué eres?»

«Soy un aventurero», contestó brevemente Goblin Slayer, lanzandole al soldado su insignia de rango. Tal vez se había resignado a la idea de que mostrar la insignia sería más rápido que tratar de explicarse… O tal vez pensó que esta forma era la menos confusa.

El soldado cogió la insignia mientras daba un arco por el aire y la miró con escepticismo. La Sacerdotisa la reconoció como la mirada de un hombre que intentaba reconocer una moneda falsa y pensó: Si fuera una moneda, la mordería.

«… No estarás tratando de engañarme, ¿verdad?»

«El Gremio me ha reconocido», dijo sin rodeos Goblin Slayer, sin preocuparse por la continua sospecha del hombre.

Los soldados se miraron unos a otros y luego se reunieron mientras susurraban.

«No serás por casualidad un elfo oscuro o algo así, ¿verdad?»

«No lo soy», dijo Goblin Slayer, levantando la visera de su casco. «Y tengo un elfo en mi grupo.»

«Esa ‘elfa’ podría estar usando maquillaje y tener orejas falsas pegadas por todo lo que sabemos.»

No tiene remedio, pensó la Sacerdotisa con un suspiro. La Arquera Elfa Superior se encogió de hombros, igual de harta. ¿Estaba yendo demasiado lejos al pensar que tal vez le vendría bien ser un poco más amistoso?

¿Sabes qué? Creo que eso es exactamente lo que voy a decir. Con ese pensamiento, la Sacerdotisa dio un paso adelante y abrió la boca, pero…

«En el nombre del Dios Supremo», dijo una voz sensual. Salió por la ventana del carruaje, y no sólo la Sacerdotisa, sino todos los soldados, se volvieron con los ojos muy abiertos al oírla. «Yo avalo que él es un aventurero de rango Plata.»

«¡M-mi señora Arzobispo…!»

Ella estaba apoyada en el marco de la ventana, enfatizando las suaves curvas de su cuerpo; los soldados tragaron saliva y se pusieron de pie aún más derechos.

¿Había algún hombre vivo que no estaría ansioso si se fijara en esa sonrisa y en esos ojos… que no podían ver?

«P-por favor, disculpe nuestra indiscreción. ¡Pueden entrar directamente!»

La Doncella de la Espada sonrió suavemente y asintió, pero parecía estar suspirando en privado dentro de ese abundante pecho. La Sacerdotisa, por su parte, sintió que podía simpatizar.

Dicen que el privilegio es poder, pero sería muy fácil abusar de él….

Pero la Doncella de la Espada no dejó que nada de esto se viera en su cara. Extendió un delgado y hermoso brazo fuera del carruaje, alcanzando a uno de los soldados.

«El procedimiento es el procedimiento, ¿no es así?», dijo ella. «¿Sería tan amable de darme el libro?»

«¡S-sí, señora! ¡Inmediatamente! ¡T-tú, escribe más rápido…!»




«Muy bien», dijo Goblin Slayer, deslizando el bolígrafo a lo largo de la página.

La Sacerdotisa hizo un puchero de impotencia, pero cuando le hecho un vistazo, vio su garabato corriendo a lo largo de la línea. En las letras, apenas perceptibles una de la otra, de repente sintió una extraña sensación de cercanía hacia él.

«¿Esto servirá?»




«¡Hrmph, bien…!» El soldado recogió el libro y se apresuró a ofrecerlo a través de la ventana del carruaje. La Doncella de la Espada lo cogió y volteó las páginas, algo incierta; su ayudante la ayudó.

La Sacerdotisa observo todo esto y luego miró a un lado, hacia donde estaba Goblin Slayer. Él miraba la inmensa puerta como si no pensara realmente en nada en particular.

«…¿Hay algún problema?» preguntó la Sacerdotisa, mirándolo.

«No», dijo Goblin Slayer con un lento movimiento de su cabeza. «Estaba pensando Así que esta es la capital

«Ah…» La Sacerdotisa siguió su mirada hacia arriba. La puerta era tan alta que le dolía el cuello al tratar de mirar hacia arriba. «…Yo, nunca he estado aquí antes. ¿Qué hay de usted, Goblin Slayer, señor?»




«También es mi primera vez», dijo en voz baja. «Siempre quise traer a mi hermana mayor aquí algún día.»

La Sacerdotisa sintió que su corazón se calentaba. El calor se extendió a sus mejillas.

«Estoy segura de que tendrás una oportunidad algún día», dijo ella.

Goblin Slayer se quedó en silencio durante un momento. Entonces el casco volvió a sacudirse lentamente. «Sería bueno tener una oportunidad.»

Poco después, el papeleo había terminado. Goblin Slayer y los demás pasaron por la puerta y entraron en la capital.

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