Goblin Slayer

Volumen 8

Capítulo 3: El Asesino de Goblins Va a la Capital

Parte 5

 

 

«¡¡GOOROBOROGB!!»

La emboscada empezó con una orden de un jinete goblin.

El lobo salió de los arbustos y se acercó a él rápidamente, cubriendo la última parte de la distancia con un gran salto. De sus mandíbulas fluía sucia saliva, y Goblin Slayer las recibió con una bofetada hacia afuera de su escudo.

«¡¿GYAN?!» El lobo gimió y rodó sobre su costado junto al fuego; aplastó su garganta bajo sus pies y luego apuñaló el cuello del jinete, que había sido lanzado de su montura.

El lobo, con la columna vertebral rota, tembló una vez, mientras que el goblin se ahogaba en su propia sangre. Goblin Slayer confirmó esto y luego pasó al siguiente enemigo.

Un segundo lobo, habían quizás cuatro o cinco en total, ya estaba saltando desde los arbustos.

«…Hrm.» Goblin Slayer dio un chasquido de su lengua cuando fue a sacar su espada y descubrió que estaba alojada en la carne del goblin. Sin perder el ritmo, la soltó, tomo el garrote del cadáver y lo balanceo.

«¡¿GGBORORB?!»

Se oyó el sonido de una espina dorsal que se rompía, muy parecido al de una rama que se rompía, y el lobo se fue volando hacia un lado. Goblin Slayer atacó a su jinete mientras el monstruo intentaba ponerse en pie.

«¡¿GORGB?!»

«Con este son dos.»

El goblin recibió un fuerte golpe en la cabeza; un ojo y todos sus sesos salieron volando, y cayó muerto. Goblin Slayer tiró el garrote hacia el siguiente jinete goblin y luego arrancó la espada que atravesaba al otro cadáver.

«No dejes que se escapen. Mátalos a todos».

«…No importa cómo lo digas, eso no suena como algo que los héroes deberían estar diciendo», dijo la Arquera Elfa Superior refunfuñando desde su posición al lado del carruaje.

El campamento, bañado por el resplandor del fuego, ya parecía estar rodeado de goblins. Delante de ella estaba el lobo y el jinete que Goblin Slayer había lanzado hacia allí.

«Jeh-jeh.» La Arquera Elfa Superior sacó dos flechas de su aljaba; abandonaron su arco casi en el mismo instante en que miró a su objetivo. El primer proyectil golpeó al lobo en el ojo; el siguiente, liberado en una rapidísima sucesión, atravesó la garganta del goblin que avanzaba.

«¿¡GOROR?!»

«¡Uno para el camino!» Pateó al goblin con su larga pierna y luego coloco una flecha en su arco y la dejo volar.

La flecha se arqueó a través de la noche en el más extraño de los ángulos, cayendo en algún lugar detrás del carruaje.

«¡¿GROBORB?!»

Un grito. Un goblin se tambaleó y cayó al piso, agarrándose el pecho, del que sobresalía la flecha. Con ese eran dos para ella.

La Arquera Elfa Superior dio un movimiento de sus orejas. El goblin tenía una lanza, pero iba a pie. «Debería haber sabido que cinco de nosotros no podríamos cubrir toda esta área, no con ellos a nuestro alrededor… ¡Enano, échame una mano!»

«¿Oh?»

El Chamán Enano estaba de pie junto a los caballos, con el hacha en la mano. Casi antes de responder, la Arquera Elfa Superior ya se movía con la gracia de un pajarito bailando a lo largo de una ramita: primero su pie estaba en la palma de su mano libre, luego ella lo pisó en el hombro, antes de finalmente saltar.

«Estoy tomando una posición en la parte superior del carruaje. ¡Tú encárgate del suelo!»




«¡Maldita sea, Orejas Largas! ¡No soy un taburete!»

Mientras él se quejaba, movió su hacha con esos fuertes brazos de enano.

«¡¿GBORROB?!»

Este goblin se encontró partido en dos como un trozo de leña desde pecho hacia abajo, sus órganos internos se desparramaron.

Ahora los goblins de a pie avanzaban junto con los jinetes. Diez de ellos, o tal vez veinte.

Ya veo… suficientes como para abrumar a cualquier carruaje, pensó el Chamán Enano.

Los goblins cacareantes ya habían entrado en el campamento. No tuvo tiempo de concentrarse lo suficiente para preparar un hechizo.

El Chamán Enano frunció el ceño y sacudió la sangre de su hacha, y luego realizo un irregular grito. «No hay elección…. ¡Vamos jovencita, ven aquí! ¡Estoy en problemas!»

«¡Oh, claro, lo siento…!» La Sacerdotisa respondió. Ella estaba teniendo problemas para encontrar un buen lugar, constantemente vigilando su espalda mientras agitaba su sonoro bastón. Ahora que lo pensaba, no hubo muchas ocasiones en las que tuviera que luchar mientras defendía un objetivo.

La Sacerdotisa se movió corriendo mientras los goblins se acercaban, mirándola fijamente.

«¡¿Eep?!»

Bueno, ahora… ¿fue el destino o la casualidad lo que la hizo agacharse en el momento en que lo hizo?

Un lobo, buscando su suave carne, voló sobre su cabeza y fue recibido por el hacha del Chamán Enano.

«¡¿GYAN?!»

«Lo tengo. ¡¿Estás bien?!»

«¡S-Sí! Estoy…. ¡Estoy bien! Lo siento por eso.»

«¡Ah, deja que el lobo se disculpe!»

El jinete tuvo un accidente, cuando fue arrojado de su montura, se rompió el cuello en la caída y el Chamán Enano le dio una patada al cadáver y luego estabilizó su respiración.

La Sacerdotisa llego y se acercó al Chamán Enano. Sus ojos deambularon a través de la noche durante un momento, buscándolo.

Está bien, él está por allí.

Una figura con una armadura de aspecto lamentable, blandiendo su arma a la luz del fuego. La Sacerdotisa se tomó un respiro y lo dejó salir.

«…Parece que una honda sería más útil que un milagro ahora mismo», dijo.

«Exactamente lo que pensaba. La Luz Sagrada probablemente solo haría que los cabrones huyeran…»

La Sacerdotisa asintió al Chamán Enano, luego apoyó su bastón contra el carruaje y sacó la honda que llevaba en la cadera. Ella agarró una piedra del suelo y comenzó a girarla, y luego con un adorable «¡Yah!» la envió volando por el aire.

La noche no le ayudó a apuntar, y sólo golpeó a un goblin en el pie, pero…

«¡¿GROB?!»

«¡Eso fue de ayuda!» La Arquera Elfa Superior envió una flecha a la criatura en el momento en que se detuvo. El goblin gorgoteó algo y luego cayó hacia atrás, tenía una flecha en su pecho.

El Sacerdote Lagarto, no hace falta decirlo, estaba en buena forma.

«Ja-ja-ja, un poco de apoyo a distancia lo hace todo más fácil. Aún así…»

Movió sus garras, sus colmillos y su cola para mantenerse caliente en la fría noche. Desgarró dos goblins, agarró otro entre sus grandes mandíbulas y lo arrojó hacia el cielo. En el momento en que el cadáver cayó al suelo, su cola gruesa como un tronco ya estaba barriendo al monstruo detrás de él.

Con ese eran cuatro goblins muertos, y ni siquiera respiraba con dificultad. Los ojos del Sacerdote Lagarto giraban. «Me temo que simplemente defenderme no está en mi carácter.»

«Once… Y estoy de acuerdo.»

Parecía que los aventureros ya habían acabado con al menos la mitad de la totalidad de los goblins, pero no podían bajar la guardia. Goblin Slayer sacó su lanza de la tráquea de un goblin y la lanzó contra un jinete que intentaba saltar sobre la fogata.

«¡¿GBORRO?!»

«¿Qué significa eso…?»




El goblin, arrojado desde el costado de su montura, cayó directamente al fuego. Hubo una bocanada de humo y ceniza, y se pudo escuchar a la criatura gritando mientras se asaba viva. Rodó por el suelo, intentando desesperadamente apagar las llamas, pero los goblins que le rodeaban solo se rieron de él.

Goblin Slayer pateo el cadáver del monstruo que había matado con su lanza, haciendo suya la daga de la criatura.

«Con ese son doce», continuó. «¿Puedes ir al exterior?»

«El vocabulario de mi gente no contiene las palabras que no puedo.» Rió jovialmente el Sacerdote Lagarto, tocando la punta de su nariz con su lengua. Su boca se retorció ferozmente, y junto sus manos. «Por favor, dame un momento.»

Luego se fue corriendo a través del humo sin hacer ruido.

Una vez que había visto al escamoso gigante alejarse a salvo, Goblin Slayer saco una antorcha sin encender de su bolsa de objetos. La acerco a una de las brasas de aspecto más débil que tenía cerca. No se podía permitir que el fuego se apagara.

«¿¡GRRO?!»

Luego, le dio un golpe con su escudo al goblin más cercano y enterró su daga en el cuello del monstruo. Empezó a correr, directamente sobre el nuevo cadáver. ¿Su objetivo? Sus amigos (todavía era un pensamiento extraño para él) y el carruaje que protegían.

«¡Trece… Catorce!»

Envió una patada hacia la cara de un goblin que intentaba bloquear su camino, machacando la boca de la criatura. Un paso más.

Miró rápidamente a los demás; nadie parecía herido. Dejó escapar un suspiro.

«¡Goblin Slayer, señor!»

Asintió hacia la Sacerdotisa, que le saludó con la cara resplandeciente y le dijo bruscamente: «Haremos un yunque».

«¿Qué?» Preguntó la Sacerdotisa, su cara tensa y roja.

La Arquera Elfa Superior exclamó «¡¿Qué?!» desde lo alto del carruaje. «¡Ahora, escúchame, Orcbolg…!»

«Tenemos que redoblar nuestra defensa», dijo él, ignorándola sumariamente. «Invoca Protección. Date prisa.»

«¡Oh, c-claro!» La Sacerdotisa se aferró a su sonoro bastón; Goblin Slayer la mantuvo detrás de él, para cubrirla. Recibió un golpe de un goblin invasor en su escudo y luego devolvió el golpe con su daga, apuntando a su plexo solar.

«¡¿GOROB?!»

«Con ese son quince. Quedan ocho, tres de ellos jinetes.» Sacó su daga mientras pateaba al goblin, que estaba dando su último aliento usando unos pulmones que ya no podían mantener el aire dentro.

Goblin Slayer sacudió la oscura sangre de su cuchillo y volvió a adoptar una postura de lucha mientras decía: «Ocúpate del lado más lejano. Yo me encargo de este.»

«¡Entiendo! Aunque no soy un gran luchador de vanguardia…» La respuesta inmediata del Chamán Enano fue algo menoscabada por su comentario final, pero igual se fue dando tumbos.

Tenía una armadura ligera, pero seguía siendo un enano. Un golpe fuerte de su hacha sería más de lo que cualquier goblin podría soportar.

«…Grr. ¡Está bien, pero no tiene por qué gustarme!». Se lamentó la Arquera Elfa Superior, su arco aun atacando mientras sus orejas estaban recostadas en muestra de molestia. «¡Será mejor que te disculpes más tarde!»

«No entiendo lo que quieres decir», dijo Goblin Slayer fríamente. No estaba claro si él entendía lo brusco que sonaba.

Aunque lo dudo, pensó la Sacerdotisa, sonriendo un poco. Ella deslizó sus manos a lo largo de su sonoro bastón, levantándolo en alto. El hecho de que ella estuviera siendo protegida por alguien… no, por él… ayudaba enormemente a tranquilizarla.

«¡Oh, Madre Tierra, abundante en misericordia, por el poder de la tierra, danos seguridad a los débiles!

Como resultado, su oración llegó a los cielos, y una protección sagrada se manifestó como una barrera invisible alrededor del carruaje y del grupo.

«¡GOROROB!»




«¡GROBG! ¡¡GROORBBBGRB!!»

Entonces, ¿cómo se veían estos aventureros para los goblins?

La respuesta, parecían muy vulnerables.

Los goblins se rieron al ver que había un aventurero menos en el campo, pero no notaron nada más. El enemigo estaba debilitado; eso era lo que les importaba. A los goblins les pareció que estos idiotas estaban haciendo algo estúpido. Ahora se centraban en una sola pregunta: ¿qué les harían a estos aventureros?

¿Cómo deberían matar a los hombres? ¿Delante de las mujeres, quizás? ¡Había una mujer dentro del carruaje también! En otras palabras, podrían divertirse, y si algunas de las mujeres morían en el proceso, bueno, había otras. Maravilloso.

Uno de los goblins sonrientes se lamio los labios, provocando una mirada de asco por parte de la jovencita con el bastón.

Luego estaba esa elfa orgullosa que estaba en la parte superior del carruaje… cómo gritaría cuando la bajasen de allí.

Los goblins estaban hinchados debido a la anticipación y a la lujuria. Así son los goblins, después de todo.

Así que no se dieron cuenta de lo que había pasado, hasta que fue demasiado tarde.

«¿GOBRRRRR…?»

El primero en darse cuenta fue un jinete goblin cerca de la retaguardia que buscaba su oportunidad de saltar a la contienda. Oyó leves pasos que pasaban por la maleza. Debían ser algunos de sus camaradas, que llegaban tarde para la diversión, sospechó.

El jinete tiro de las burdas correas de cuero que servían de riendas, girando para regañarlos.

«¡¿GOROBBGB?!»

No llego a decir una palabra; murió derramando sangre en la espalda de su lobo.

«¡¿GYAN?!»

«¡GOOR! ¡GOBG!»

El aullido del lobo fue la primera indicación para los goblins de que algo andaba mal.

Una, dos, tres sombras blancas se abalanzaron sobre ellos a través de la noche… un momento ¡¿eran esos huesos?!

«¡Oh cuernos y garras de nuestro padre, iguanodon, que tus cuatro miembros, se conviertan en dos piernas para caminar sobre la tierra!»

Los Guerreros Diente de Dragón bajo el mando del Sacerdote Lagarto aullaron y se estremecieron mientras atacaban a los goblins.

Los monstruos nunca se habrían imaginado que uno de los aventureros podría haber escapado del combate cuerpo a cuerpo usando la cortina de humo hecha por la fogata como cubierta, ¡por no mencionar que el aventurero podría entonces rezar a sus antepasados para que levantaran soldados para su uso…!

«Ahh… Creo que esto debería resolver el asunto hasta que lleguemos a la capital, mi señor Goblin Slayer.»

Presionados por los Guerreros Diente de Dragón, los goblins no tuvieron más remedio que avanzar. Allí, sin embargo, encontraron la sagrada barrera de Protección esperándoles. Sin mencionar al cuarteto de aventureros armados….

«¿Va… a dejar que se aplasten contra la barrera?» Dijo la Sacerdotisa, aferrándose a su bastón y concentrándose para mantener su milagro.

«Si», dijo Goblin Slayer con total compostura, mientras giraba la daga con un movimiento de su muñeca. «Vamos a matar a todos los goblins.»

Antes de que amaneciera, sus palabras se habían hecho realidad.

***

 

 

Era una escena de aniquilación.

La luz de la mañana brillo clara y roja sobre un campo salpicado de huesos, carne y porquería de goblins y lobos por igual.

La Sacerdotisa se arrodilló, haciendo una señal sagrada, agarrando fuertemente su bastón mientras comulgaba con la Madre Tierra. No se trataba de perdonar a los goblins: rezaba por igual por la paz de todos los muertos.

«¿Has terminado?»

«¡Oh sí…!» La Sacerdotisa, sorprendida por la voz, asintió rápidamente y se puso en pie. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que Goblin Slayer ya había amontonado los cadáveres.

Un olor amargo le pinchó la nariz. Era un olor que reconoció de su primera aventura y al que aún no se había acostumbrado: la suciedad y el sudor de los goblins.

«¿Qué… estás planeando hacer?»

«¿Cuántos?» Preguntó Goblin Slayer, ignorando su pregunta, y en vez de ello arrodillándose junto al montón de cadáveres. «¿A cuántos mataron?»

«Umm…» La Sacerdotisa no sabía dónde poner sus ojos.

Mirando desde el otro lado de la ventana, dentro del carruaje, la Doncella de la Espada dio la respuesta con voz firme. «…un grupo de cinco o seis, según recuerdo…»

«Ya veo.» Goblin Slayer desenvainó su daga con un agarre invertido. “…”

«¿Qu-Qué está pasando?» preguntó la Sacerdotisa.

«Cierra la ventana del carruaje». La instrucción era tan corta que no permitía ningún rechazo.

«Disculpe», dijo la Sacerdotisa mientras cerraba la ventana del carruaje. Al hacerlo, vio lo pálida y triste que era la expresión de la Doncella de la Espada.

Ah…

Ella entendió el por qué entonces. Pero eso no significaba que ella pudiera detenerlo.

Goblin Slayer levantó su daga y luego la bajó sin dudarlo hacia el vientre de uno de los goblins.

«Ugh…» La sangre broto con un sonido de salpicadura, y la Arquera Elfa Superior, que aún estaba de guardia sobre el carruaje, hizo un sonido involuntario de asco.

Incluso para un guardabosques o un cazador experimentado, la escena sería inquietante. Esto no era como limpiar y desollar a un animal, para drenar su sangre.

«…Espera, Orcbolg, ¿qué crees que estás haciendo?»

«Asegurándome».

Su respuesta, dada mientras seguía escarbando entre la bazofia del cuerpo del goblin, no era más clara que cualquiera de sus otras respuestas.

La Arquera Elfa Superior hizo un gesto de exasperación con la mano y miró hacia otro lado. Sus orejas se inclinaron. «Ergh, sólo… haz lo que quieras…»

«¿Cómo poder comer carne mañana si continuas son eso?» El Chamán Enano bromeó, frotándose el estómago, pero continuó observando el área con atención todo el tiempo. Con su luchador de primera línea trabajando, era más importante que nunca estar alerta.

Sin embargo…

«…» Sólo la Sacerdotisa se mordió el labio y miró directamente hacia el cadáver del goblin.

«Permítame ayudarlo, mi señor Goblin Slayer.»

«Gracias.»

El Sacerdote Lagarto caminó suavemente, desenvainando su espada colmillo corta y poniéndose a trabajar. Sus cortes eran duros pero experimentados y ayudaron tremendamente en el trabajo.

«Hmm», Goblin Slayer gruñó, sacando el estómago del goblin mientras completaba su disección.

Luego procedió a abrir también a los lobos, vaciando el contenido medio digerido de sus entrañas en la llanura.

«Oh… Ergh…» Finalmente la Sacerdotisa no pudo aguantar más; se agachó, con su cara pálida.

Trozos y pedazos de manos y pies, un pecho, mechones de pelo, todos semidisueltos, ahora ensuciaban el campo.

«No tiene sentido».

Le dijo a la Sacerdotisa que tomara la cantimplora mientras la sostenía hacia ella, y ella la tomó con ambas manos. Bebió ruidosamente, el agua discurría desde sus labios, drenando el contenido completamente.

Goblin Slayer la miró por el rabillo del ojo mientras consideraba el número de los miembros expuestos. No había un conjunto completo de pares.

«…¿Qué piensas de esto?»

«Bueno, veamos…» El Sacerdote Lagarto se le unió agachándose junto a los trozos de carne, todos empapados en jugos estomacales, moviendo uno con la punta de su espada. «Tal vez algunos de ellos fueron usados para alimentar a los lobos, y los demás fueron mantenidos separados…. o más probablemente, no.»

«Estoy de acuerdo. Esta es una tribu errante. Deberían haber viajado con sus provisiones».

«…No tenían ninguna carga con ellos.»

«Por el amor de Dios. Quiero decir, en serio.»




Este comentario vino de la Arquera Elfa Superior, quien tuvo cuidado de no mirar hacia abajo desde su posición en el carruaje.

Todo el asunto de la destripación había sido un gran punto de conflicto para ella cuando se conocieron por primera vez, pero… La elfa suspiró y movió sus orejas y luego agitó su mano. «Tampoco veo ninguna señal de equipaje en la distancia.»

«Lo que significa sólo una cosa», dijo el Chamán Enano, mirando perturbado mientras observaba los cuerpos cortados.

Un grupo de seis personas. Muchos goblins y lobos para comérselos a todos.

«…¿Esto significa que… todavía hay alguien ahí fuera?» Preguntó la Sacerdotisa en voz baja, pero nadie respondió.

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