Goblin Slayer

Volumen 8

Capítulo 3: El Asesino de Goblins Va a la Capital

Parte 4

 

 

La Doncella de la Espada se despertó ante el rítmico crujido de las llamas danzantes del fuego.

Se levantó del asiento de la oscura carroza. Tanteo en busca de la espada y la balanza, teniendo cuidado de no despertar a su ayudante, que dormía frente a ella, mientras movía la manta.

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Luego se puso sus vestiduras y se deslizó silenciosamente fuera del carruaje.

Acamparon por la noche. El sol se había puesto, las lunas habían salido y las estrellas brillaban.

Estaban en un lugar junto al camino donde el pasto había sido despejado para que los viajeros pudieran descansar. La pregunta era, ¿Qué fue primero, los viajeros cansados, o el lugar donde estaba la fogata?

Normalmente, uno podría haber esperado una posada en un lugar así, pero con todos los monstruos que merodeaban estos días, eso era esperar demasiado.

La Doncella de la Espada se dirigió al centro del campamento produciendo solo el leve susurro de la tela que llevaba puesta. Había oído que no había otros carruajes. Eso significa que quienquiera que estuviera cuidando el fuego tenía que ser un miembro de su grupo.

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Una figura se alzaba tenuemente contra la luz de las llamas, un hombre que ella reconocía de sus sueños.

«…¿Buenas noches?» dijo ella mientras se acercaba, sentándose a su lado sobre su bien formado trasero. Ella dejó un poco de espacio entre ellos… porque no podía soportar acercarse más a él.

La sombra de Goblin Slayer se movió, su casco giro hacia la Doncella de la Espada. Su asistente se quejó de que parecía sucio y barato. Y así se sintió, cuando ella se lo había quitado una vez.

«¿No estás dormido?»

«Er…»

Su voz era tan suave y fría, desinteresada, casi mecánica. La Doncella de la Espada puso una mano en su boca para evitar que su corazón saltara fuera de su generoso pecho.

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¿Qué decirle? Las palabras que ella había imaginado que le diría desaparecieron en un instante. Era, ella pensó, como cuando uno estaba trabajando en una carta, pero luego escribía algo equivocado, hacia una bola de papel y la tiraba a la basura.

«…Después de todo lo que hiciste, finalmente pude volver a dormir bien. Quería darte las gracias una vez más…»

«Pero estás despierta ahora mismo.»

Finalmente había conseguido hablar con el corazón, pero Goblin Slayer la había golpeado con su comentario.

«Eso es…» La Doncella de la Espada hinchó sus mejillas, frunciendo sus rojos labios. «…Usted, señor, es de lo peor.»

Goblin Slayer Volumen 8 Capítulo 3 Parte 4 Novela Ligera

 

«¿Es eso cierto?»

«Ciertamente lo creo.»

Él ni siquiera se dio cuenta de cómo ella se sentía.

La Doncella de la Espada se apartó de Goblin Slayer, pero bajo su venda, miró en su dirección. Él era una presencia oscura que miraba fijamente a las llamas, sin moverse. Para ella, él parecía una espada esperando el momento en que sería desenvainada.

Supongo que no le interesa en absoluto el tipo de consejo que se está llevando a cabo en la capital.

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Estaban rodeados de aventureros dormidos en sus sacos de dormir y mantas.

La Doncella de la Espada soltó un suave suspiro. Al final, se encontró con que tenía solo una opción como tema de conversación.

«Así que no hemos visto ningún goblin hoy…»

«Vendrán», dijo Goblin Slayer, agitando el fuego con un largo palo. Un trozo de leña se astilló, enviando motas de llamas.

«Tenemos un carruaje rodeado de guardias armados. Sería difícil atacar directamente.»

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“…”

«Esta noche o mañana».

La Doncella de la Espada no pudo decir nada más. Su vientre se sintió como si hubiera sido apuñalado con un carámbano, el frío se extendió y la hizo temblar.

Ella abrazo la espada y la balanza contra su pecho. La oscuridad acechaba desde todas direcciones.

El viento bailaba a través de las hojas y la hierba con un sonido silbante. La Doncella de la Espada se sintió rígida.

Ella miró a la derecha. El sonido de las ramas meneándose. Ella miró a la izquierda. La brisa soplaba a través de la llanura. Silencio, silencio. Los cantos de las aves. Los gritos de las bestias.

Un agrio olor a tierra vino a la deriva. Crujido, crujido. El crujido del fuego. El olor a madera quemada.

Una horrible risa resonó en su mente. Señalando y cacareando. El fuego se acercó ante sus ojos.

Ella agitó su cabeza y la volvió a agitar, no, no. Sentía como si estuviera rogando, pero no sabía por qué.

Una lengua carmesí volvió blanca su visión. Un aullido a medias. Un ardor como pinzas calientes entre sus piernas. Llanto.

Un grito como un estertor de muerte, sin fin, golpeando sus tímpanos. La voz era la suya. Había llegado al extremo, su alma y su dignidad se destrozaban…

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«Duerme.»

La voz baja daba la impresión de ser de acero. La palabra provino de la sombra negra que se cernía sobre ella.

«Cierra los ojos, y cuando los abras, será de mañana.»

«Haces que suene…» La Doncella de la Espada habló con voz tensa, intentando controlar una respiración que se había vuelto dura sin que ella se diera cuenta. «…tan fácil.»

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«Sé que es difícil», dijo Goblin Slayer con la mayor seriedad. «Cuando era niño, me acostaba en la cama tratando de averiguar cuánto tiempo tenía que mantener los ojos cerrados antes de que fuera de día.»

Eran las palabras más simples. Y evocaron de la Doncella de la Espada la más mínima de las sonrisas. Así como hubo un tiempo en que ella era una niña pura e inmaculada, el hombre que estaba frente a ella había sido una vez un niño inocente.

La Doncella de la Espada no dijo nada más. Dudaba poder dar voz a las cosas de las que realmente quería hablar.

Sobre ella, sobre él, sobre esa chica de la granja, y esa valiente sacerdotisa.

Varios pensamientos se arremolinaban en su mente, y cada vez que intentaba decir algo sobre ellos, su lengua temblaba y no salía ninguna palabra.

Pero había un hombre como una sombra junto a ella, y por su bien, silenciosamente cuidaba del fuego.

Desearía que la mañana se apresurara y viniera.

Desearía que la noche durara para siempre.

Ella sentía como si todo lo que había olvidado durante los últimos diez años estuviera a punto de estallar… Sí, así lo sentía.

La Doncella de la Espada junto sus rodillas y apoyó sus codos sobre ellas, apoyando su cabeza sobre sus manos. Soltó un suspiro que mezclaba dulzura y lastima.

«…Mrn, ugh… Ooh.»

La Doncella de la Espada estaba a punto de hablar cuando uno de los bultos en las mantas se movió y se giró, y la Sacerdotisa se sentó. Frotó el sueño de sus ojos, bostezó y murmuró algo indescifrable.

Ahh. La Doncella de la Espada exhaló decepcionada. Ya no podría hablar. Y el amanecer aún estaba tan lejos.

La Sacerdotisa se puso de pie insegura; se había quitado la cota de malla y sólo llevaba sus vestiduras. Con toda la incertidumbre de una acólita caminando por los salones del templo en medio de la noche, la Sacerdotisa se acercó a su equipaje. Había abierto su bolso antes de murmurar «¿Qué?» como si finalmente se despertara. «¿Mi señora arzobispo…? y… Goblin Slayer?»

Parpadeó, inclinando su cabeza en perplejidad. Su mirada se movió de un lado a otro entre los dos, desde donde estaban sentados uno junto al otro.

Goblin Slayer que ella esperaba; estaba de guardia. Pero la Doncella de la Espada a su lado… ¿qué estaba haciendo ella allí?

«…Um, ¿ocurre algo?»

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“…” Goblin Slayer gruñó en voz baja y giró su casco metálico hacia la Doncella de la Espada. «Se despertó.»

«Por favor», dijo Espada de la Doncella. «Me haces sonar como una niña inquieta.»

Esto sería todo por esta noche, decidió la Doncella de la Espada. Ella hinchó sus mejillas, de hecho, muy parecida a una niña.

Entonces, antes de que la asombrada Sacerdotisa pudiera siquiera hacer una expresión de sorpresa, la arzobispo había recuperado la compostura.

Ya no era una niña pequeña. Ni siquiera era una mujer joven en edad de enamorarse de los chicos. No tenía la obligación de admirar a nadie incondicionalmente.

La única persona que podía ser descrita de todas esas maneras era, de hecho, la chica desconcertada que estaba ante ella. El hecho causó un cosquilleo en el corazón de la Doncella de la Espada, pero de todas formas sonrió débilmente.

«Me di cuenta de que no podía dormir del todo», dijo ella. «…¿Y tú? ¿Pasa algo malo?»

«Er, uh, no, señora,» dijo la Sacerdotisa con un fuerte movimiento de su mano. «Sólo tenía un poco de sed. Pensé en mi agua…»

«Ya veo.» Goblin Slayer cogió su propia cantimplora de su bolsa y se la tiró a ella despreocupadamente.

«¡Eep!» La Sacerdotisa exclamó, pero la cogió, inclinando educadamente la cabeza y diciendo: «Gracias».

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Ella abrió la cantimplora y bebió audiblemente, consumiendo su contenido con cada trago. La Doncella de la Espada la miró de cerca… y entonces su mirada oculta se volvió repentinamente hacia otro lado.

“…” Goblin Slayer no preguntó qué pasaba. Él rápidamente se aseguró de que tenía su espada, se aseguró de que su armadura estaba ajustada.

Cuando la Sacerdotisa vio eso, su cara se endureció. «¡Iré a despertar a los demás…!»

«No dejes que se den cuenta de que lo has notado.»

«¡Bien!»

La Sacerdotisa tomó su sonoro bastón en sus manos y comenzó a rodear el campamento con la mayor indiferencia posible. Los anillos de su bastón temblaban con cada paso, revoloteando con un sonido similar al de una campana. En respuesta, las otras tres mantas comenzaron a moverse.

El Sacerdote Lagarto fue el primero en despertar, levantándose en silencio. Salió arrastrándose de debajo de su montón de mantas, agitó su rígido cuerpo, y rápidamente cogió su colmillo de dragón.

«¿Vienen, entonces?»

«…Podría ser. Vamos, despierta.»

La respuesta vino del Chamán Enano. Le dio una pequeña patada a la Arquera Elfa Superior para sacarla de la cama. Con muchos «ooh» y «ahh», ella se levantó, frotándose los ojos.

«… Ni siquiera ha amanecido todavía», dijo.

«Date prisa», dijo la Sacerdotisa. «Necesito ponerme mi cota de mallas…»

«Mira quién es una niña grande», dijo la Arquera Elfa Superior, agarrando su arco. Luego cogió una araña que se arrastraba cerca y sacó un poco de seda para hacer una cuerda para su arco. (NOVA: Ohhh… no sabía que podía hacer eso.)

Cuando él vio a cada uno de sus compañeros preparándose para la batalla, Goblin Slayer se puso en pie. «Vuelve al carruaje».

«Pero…» La Doncella de la Espada levantó la vista; su áspera mano ya estaba agarrando su brazo.

«Es peligroso.»

La puso de pie sin darle tiempo para discutir. Luego se dirigió hacia el carruaje, y la Doncella de la Espada no tuvo más remedio que seguirle.

Con sus habilidades, ella podría haber participado fácilmente en la batalla con un peligro mínimo, pero….

¡¡…!!

Pero los dedos que se clavaban en la suave carne de su brazo no lo permitirían.

Ella entendió perfectamente bien que esta no era su batalla. Y, sin embargo, parte de ella aún quería discutir.

La Doncella de la Espada estaba alegre mientras se dejaba arrastrar, pero cuando la metió en el carruaje, ella soltó un pequeño «oh» de desilusión.

«Cierra la puerta y espéranos.»

La entrada se cerró con un estruendo. La Doncella de la Espada exhaló, triste, y luego tocó su brazo, donde aún estaban las marcas rojas de sus dedos.

«…Lo haremos. Te estaremos esperando.»

Su voz era tan suave, que no podría haber sido escuchada fuera de la puerta del carruaje. Era, en cambio, una oración. Si él la escuchó o no era de poca importancia.

«Mrf…. ¿Qué está pasando?» Su asistente, con los ojos dormidos, se sentó y aún estaba cubierta con su manta.

La Doncella de la Espada no contestó, pero se mordió el labio y puso la espada y la balanza cerca de ella.

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“…” Sus agudos sentidos ya podían detectar las presencias en el exterior. Mientras ella acercaba el símbolo de su deidad hacia su abundante pecho, su cuerpo comenzó a agitarse, sus labios comenzaron a temblar.

«…Goblins. Están aquí.»

Por favor, por favor, no dejes que ninguno de ellos escape con vida.

Su tensa voz ofrecía una serie de palabras, su corazón otra.

Si había otra forma en que ella podía luchar contra los goblins, ella no lo sabía.

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