Goblin Slayer

Volumen 8

Capítulo 3: El Asesino de Goblins Va a la Capital

Parte 3

 

 

«¡¿Y aceptaste la misión sin tener en cuenta la recompensa?!»

«…¿Recompensa?»




«¡No me digas que lo olvidaste, Orcbolg!»

Un árbol olvidaría sus raíces si fuera tan tonto como tú.

Desde su lugar junto al Sacerdote Lagarto en el asiento del conductor, la Arquera Elfa Superior movió sus orejas con disgusto.

Acompañado por su grupo, el carruaje tirado por un par de caballos salió por la puerta del pueblo. Una brisa fresca con el primer aliento del otoño hizo que las nubes corrieran por el cielo; el clima estaba despejado, y aun era confortable.

Pero también era su día libre. Se suponía que este iba a ser su descanso. El día en que ella podría dormir hasta el mediodía si quería.




En vez de eso, había sido sacudida de su sueño con «Tenemos un trabajo» y «Son goblins». Incluso un elfo se enfadaría, y la Arquera Elfa Superior estaba perfectamente dispuesta a demostrarlo con el uso de sus orejas.

«Bueno, er, vamos, este…» La Sacerdotisa, con la cara torcida, intentó calmar a la arquera, pero no era como si no entendiera el sentimiento. Después de todo, había estado cazando goblins ayer y estaría cazando goblins hoy. Adoraba las aventuras propiamente dichas, así que no podía estar contenta con esto.

No es que eso me impida ir con él, por supuesto….

Él había venido a ellos como de costumbre con su ‘discusión que no era discusión’; él verdaderamente no tenía remedio.

«Goblin Slayer, señor, debe asegurarse de obtener los detalles, ¿de acuerdo?» Ella levantó el dedo índice como lo había hecho al regañar a los jóvenes clérigos en el templo.

«Ya veo», dijo él, y asintió con atención… eso lo hacía menos problemático que la mayoría de los jóvenes discípulos.

«Supongo que podemos hablar de la recompensa más tarde… ¿Verdad?»

«Ciertamente. Por supuesto, estoy dispuesta a compensarlos.» Dentro del carruaje, el grupo rodeaba a una mujer con capucha y una pequeña sonrisa. La ayudante sentada frente a ella era muy bella, pero la pura gloria de sus formas, y la misteriosa y seductora forma de su boca, no eran nada comparadas con las de su señora.

Los aventureros que iban por este camino se volvían desinteresadamente a mirar a la belleza mirando por la ventana del carruaje.

La escena era, bueno, poco destacable. Esta no era la primera vez que el hombre que solo aceptaba misiones de goblins había hecho algo extraño. Era un hombre extraño, y ahora había emprendido una misión relacionada con goblins y estaba protegiendo a esta mujer.




La atmósfera un tanto indulgente, sin embargo, probablemente no era percibida por este hombre….

«Para empezar, les ofreceré a todos una bolsa de monedas de oro por adelantado. Luego otra cuando lleguemos».

«¿Una bolsa cada uno?» Dijo el Chamán Enano.




«Así es.»

Eso provocó un «Hmm» y golpe de satisfacción en su barba por parte del enano. Para una matanza de goblins, incluso si se trataba de una matanza de goblins más algún trabajo de guardaespaldas, ese era un buen precio. «Nada mal, nada mal. Incluso podría ser una buena oportunidad para hacer un pequeño paseo por la capital…»

«Uh-jum…. La… La capital. Siempre he querido verla alguna vez…» la Arquera Elfa Superior seguía enfadada, pero parecía darse cuenta de que un arrebato aquí sería poco diplomático y se contentaba con refunfuñar un poco.

Muy bien, ciertamente, ja-ja. El Sacerdote Lagarto se rió desde donde estaba sentado en el asiento del conductor, sosteniendo las riendas.




Estaban Goblin Slayer, que parecía estar guiando el carruaje. El Sacerdote Lagarto y la Arquera Elfa Superior estaban sentados en el banco. El Chamán Enano y la Sacerdotisa estaban a ambos lados para dar apoyo. Nadie había necesitado decir nada; simplemente cayeron en esta formación.

En última instancia, todos habían seguido a «Mi Señor Goblin Slayer» sin que ninguno de ellos preguntara por la recompensa, y eso fue todo.

Eso no quiere decir que no habían pensado en el viaje o no se habían preparado adecuadamente. Habían prestado la debida atención a todo.

Sí, muy agradable. El Sacerdote Lagarto se alegró de saber que la mayoría de la gente no sería capaz de leer su expresión a medida que su sonrisa se profundizaba.

De repente, no muy lejos de la ciudad, Goblin Slayer habló. «…Detengan el carruaje.»

«Así lo haré.» El Sacerdote Lagarto puso su mano escamosa en las riendas para controlar a los caballos.




«Espera un momento», dijo Goblin Slayer y empezó a caminar. No tenían que preguntar por qué. A poca distancia de la carretera, al otro lado de la valla, podían ver a una joven pelirroja.

«Corta-barbas es muy devoto. ¿Eh, Escamoso?»

«Dicen que verse cara a cara es formar un vínculo. Pero un vínculo puede aflojarse sin la atención adecuada».

El Chamán Enano se acercó al vagón estacionario, sacando el corcho de su jarra de vino y tomando un trago.

«¿Bebiendo antes del mediodía?» comentó la Arquera Elfa Superior con sorpresa, pero un enano que no bebe no es un enano en absoluto.

«No seas tan densa. Esto es combustible; me mantiene en marcha. ¿Cómo se supone que voy a entonar mis hechizos si mi lengua no está lo suficientemente suelta?»

La Sacerdotisa se encontró sonriendo ante la aparente seriedad del Chamán Enano. «Es fácil tener sed, ¿no? Puede que sea otoño, pero caminar lo suficiente te hará sudar». Ella abrió un poco el collar de su atuendo (aunque sabía que no era para nada femenino) y se abanicó.

No hacía tanto calor como para clasificarlo como pleno verano, pero los últimos vestigios de la temporada cálida eran todavía muy notables. Los aventureros estaban acostumbrados a caminar por todas partes, pero aun así, la sudoración podía ser agotadora.

Eso la hace aún más impresionante, pensó la Sacerdotisa mientras veía a la Vaquera conversando con Goblin Slayer. La campesina siempre estaba alegre y sonriente, a pesar de lo exigente que debía ser su trabajo en la granja.

En ese momento, ella estaba haciendo un gesto de ‘no te preocupes’ hacia Goblin Slayer. Él debe haberle dicho que tenía que irse de inmediato.

¿Y si yo estuviera en su lugar…?

«Si…»

La palabra, pronunciada en voz baja y a regañadientes, provenía del interior del carruaje.

La Sacerdotisa se asomó a la ventana y vio a la Doncella de la Espada moviéndose incómodamente. Sus pechos, que invitaban a la comparación con algunas frutas muy grandes, se agitaban un poco mientras ella se presionaba contra el marco de la ventana. La Sacerdotisa se sorprendió mucho.

«…Ajem, ¿puedo preguntar quién está ahí fuera?»




¿Hmm? La Sacerdotisa pensó pero rápidamente conectó los puntos.

Ella estaba hablando de él.

«Er, ella es la joven de la granja donde vive Goblin Slayer».

«Ya veo…» Un suspiro, con un toque de tristeza, se deslizó entre los húmedos y rojos labios de la Doncella de la Espada.

«Señora, ¿hay algún…?»

«No….», dijo la Doncella de la Espada, agitando su cabeza e inclinándola ligeramente. «…No es nada.»

«Ya…. ya veo.» La Sacerdotisa se obligó a apartar la mirada de la Doncella de la Espada, a pesar de su deseo de volver a mirar a la mujer.

La Sacerdotisa estaba bien familiarizada con ese sentimiento de encaprichamiento. Era el mismo que sentía hacia esa bella bruja.

Entonces, ¿qué era este sentimiento que ella tenía hacia la Doncella de la Espada, la exaltada arzobispa?

No creo que sea muy respetuoso.

Cuando ella pensó en su tiempo en la ciudad del agua, recordando ese baño y el ritual del milagro de la Resurrección, todavía podía sentir algo en su interior que se calentaba.

¡Erk!

Ella agitó su cabeza vigorosamente para evitar que sus mejillas se ruborizaran al pensar en ese momento en la cama.

«He terminado.»

«¡Oh, por supuesto!» La Sacerdotisa levantó la vista rápidamente hacia las pisadas que se acercaban. Se aseguró de que tenía un buen agarre de su sonoro bastón, comprobó que el equipaje estaba en orden, y se limpió el sudor de su frente con un pañuelo, y entonces estuvo lista para partir.

«Mm, entonces, vámonos». El Sacerdote Lagarto hizo un movimiento con las riendas y el carruaje empezó a moverse de nuevo.

El Chamán Enano escarbó en su bolsa, sacando una manzana a la que dio un gran mordisco mientras caminaba.

La Sacerdotisa se rió y se le oyó murmurar, «De verdad…», sobre el tintineo de su bastón. «Estarás demasiado lleno para almorzar.»

«¿Qué, te refieres a esto? Algo así a duras apenas llegaría al estómago de un enano».

«¡Oh, dame un poco!» dijo la Arquera Elfa Superior, bajando desde el asiento del conductor; el Chamán Enano le arrojó la manzana con un «Aquí tienes».

Ella lo cogió con ambas manos y, sonriendo, lo pulió con su manga….

«Ahhhh….» Sin avisar, la elfa bostezó contenta, secándose los ojos mientras lo hacía. «En serio, sería feliz si no nos topáramos con ningún goblin en este viaje.»

Pero eso parecía muy improbable.

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