Goblin Slayer

Volumen 8

Capítulo 2: Corta-Barbas Va al Mar del Sur

Parte 1

 

 

«¡¿Hrkpf…?!»

Un chorro de agua voló y empapó a la Sacerdotisa donde estaba en el barco. El spray entró en sus ojos, y todo lo que pudo hacer fue aferrarse al costado de la embarcación, luchando por no salir arrojada fuera de esta. Sin embargo, el agua hizo que hasta el riel fuera resbaladizo, y en el momento en que se dio cuenta de ello, su mano ya se había deslizado.

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Sus pies resbalaron, y flotó en el aire por un instante. Un segundo después, cayó.

«¿Estás bien?»

«¡Oh sí….!»

Una mano enguantada se extendió con indiferencia y agarró su pequeño brazo lo suficientemente fuerte como para que sintiera dolor.

«¿Llevas puesta tu cota de mallas?»

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Él tenía un casco de metal barato; una sucia armadura de cuero; un escudo pequeño y redondo en el brazo; y una espada de una extraña longitud en la cadera. Él se paró firmemente sobre la cubierta con las botas que había elegido para este propósito, sosteniéndola con firmeza.

«Puedes ahogarte si te caes por la borda. Camina con cuidado.»

«…Cierto.» La Sacerdotisa asintió varias veces confirmando las palabras de Goblin Slayer. Ella dejó que él la pusiera de pie, y luego, una vez más, agarró la cuerda atada al costado del barco.

Ellos estaban en medio de una tormenta.

Los truenos se acumulaban; la lluvia azotaba su rostro como una lluvia de piedras; el viento era cortante, el mar violento, y las olas mortales.

En medio de la furiosa tormenta, una gran sombra retorcida fijó su mirada en la Sacerdotisa.

“¡¡MMUUUUUANNDDDAAAAA!!”

La criatura con el cuerpo enrollado, mostrando sus colmillos, con escamas del mismo color que el oro en el oscuro del fondo del mar, era una serpiente marina. Un seguidor del Caos, empeñado en alterar el orden de los océanos. ¡Un Personaje No Orador!

«¡Un momento, Orcbolg! ¡¿Qué crees que estás haciendo?!»

Para un elfo superior, la cubierta locamente inclinada de un barco era como un árbol que se balanceaba con la brisa. Con una agilidad y ligereza superior a la de cualquier humano, La Arquera Elfa Superior saltó de un punto a otro, lanzando flechas. Los proyectiles con la punta en forma de capullo volaron hacia la serpiente marina tan rápido como por arte de magia.

Sin embargo, cada uno de ellos se deslizó sobre la mucosa que cubría las escamas de la criatura, rebotando en alguna otra dirección. La Arquera Elfa Superior rechinó los dientes, dándose cuenta de que no le había hecho ningún daño.

«¡Esa es una mala tirada de los dados…! ¿Crees que debería abastecerme de algunos con punta de hierro?»

«¡¿Qué hay de tu orgullo de elfo?! ¡Solo sigue disparando y distráelo ya!»

«¡No tienes que decírmelo! ¡Sólo haz algo para ayudar de una vez!»

«¡Maldito sea! ¡Estoy tratando de pensar en algo!»

A poca distancia de la elfa, que gritaba y agitaba sus largas orejas, el Chamán Enano también se aferraba al costado del barco. Él era un lanzador de hechizos y un enano, así que era muy testarudo, y hasta él se sentía perdido en esta situación. Dudaba de cuánto efecto tendría Explosión de Piedra o Miedo en la enorme serpiente….

Apenas importaba, porque era todo lo que podía hacer era aferrarse a su bolsa de catalizadores.

«Hrm.» Goblin Slayer pateó el arpón que estaba a sus pies hacia el Sacerdote Lagarto y luego recogió otro para sí mismo. El proyectil avanzo por el aire, un valiente lanzamiento, y se alojó en la piel de la serpiente marina. La mucosa que cubría al monstruo era suficiente para desviar una flecha, pero no era muy efectivo a modo de defensa.

Un asqueroso líquido amarillo cayó sobre mar; Goblin Slayer lo observó desde el interior de su casco.

Una serpiente marina, sin embargo, es una serpiente marina. La herida no era fatal.

«¡¡MUUUUUUNNND!!»

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La criatura dio un gran grito y enterró sus colmillos en la proa del barco del grupo. La madera se astillo creando ruidosas grietas mientras el barco empezó a ser arrastrado hacia el fondo del mar ante sus ojos.

Si fueran arrastrados a las devastadoras aguas de la tormenta, no podrían esperar llegar a tierra nuevamente. Simplemente se sumarían al número de muertos.

«¡Oh, e-eeek…!» La Sacerdotisa perdió el equilibrio a causa de una ola que se estrelló contra ellos y trató desesperadamente de pensar en cualquier cosa que pudiera hacer.

Siempre había al menos una cosa. Podría rezar.

Así que la Sacerdotisa se mordió el labio, permaneciendo tan firme como pudo en la plataforma en movimiento. Que no era, de hecho, muy firme; pero ella calmó su corazón y agarró su sonoro bastón implorando.

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«¡Oh, Madre Tierra, abundante en misericordia, por el poder de la tierra, danos seguridad a los débiles!»

Era un milagro.

Un campo de fuerza de energía sagrada apareció sin hacer ningún sonido, arrancando a la serpiente marina del barco. La mano bendita de la compasiva Madre Tierra podía llegar hasta las aguas abiertas del mar.

«¡A-Ahora!»

«¡Claro que sí! Caminante de los Ríos, Mosasaurio, ¡ve mis hazañas!» El Sacerdote Lagarto se apresuró a desplegar todo su poder. Apoyándose sobre su cola, se lanzó hacia adelante con las garras de sus pies extendidas, su hombro se flexiono visiblemente mientras lanzaba el arpón.

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Su técnica no era tan refinada como la de Goblin Slayer, pero la lanzó con una inmensa fuerza… con todo el poder de un hombre lagarto, un descendiente de los temibles nagas.

El misil golpeó su objetivo, penetrando mucho más profundo que el último.

«¡¿¡¿MUANNDDAAADA?!?!» la serpiente marina aullaba, dando vueltas. Inmediatamente después de que una ola amainaba, el monstruo golpeaba su cola contra el océano, lanzando otra oleada masiva de agua hacia el grupo.

«¡Aww!» Gimió la Arquera Elfa Superior, agitando su cabeza empapada como un perro. Y, a pesar de que este suceso no ofrecía ningún descanso real y no proporcionaba ningún margen extra de maniobra, si obtuvieron el más breve de los respiros. No podían desperdiciarlo.

El agua de mar fluía sin piedad hacia la proa en ruinas de su barco. La nave se inclinaba cada vez más severamente; si no podían hacerse cargo de la serpiente, pronto no habría esperanza para ellos.

«¿Estás bien?» Preguntó Goblin Slayer a la Sacerdotisa y al Chamán Enano, que todavía estaban agarrando el costado del barco.

«De una forma u otra… ¡Estoy aguantando…!»

«¡No nos queda mucho tiempo antes de que nos hundamos!»

Goblin Slayer gruñó, ignorando el agitado «¡¿Y yo qué?!» de la Arquera Elfa Superior, a quien no se le había preguntado sobre su seguridad.

«¿Qué piensas?»

«Ja-ja-ja, no tenemos mucho tiempo ciertamente,» contestó con calma el Sacerdote Lagarto. De hecho, puso los ojos como si estuviera disfrutando el momento. «Dicen que incluso una hormiga puede matar si muerde lo suficiente. Creo que quizás el último golpe fue uno crítico.»

«Eso… ¿Cómo lo llamaste…?»

«Serpiente marina, creo.»

«Sí», dijo Goblin Slayer, asintiendo. «¿Es un pez? ¿Una serpiente?»

«Bueno, odiaría que alguien pensara que un pariente lejano mío ha estado causando tantos problemas, pero…» el Sacerdote Lagarto envolvió su cola alrededor del mástil para apoyarse y luego estiró su cuello para mirar hacia la proa. Los colmillos de la criatura habían sido despiadados, y el agua entraba a toda prisa.

«…pero la mordedura no ha dejado ningún veneno que pueda ver. Creo que eso significa que el parecido es solo una coincidencia. Debe ser un pez».

«Lo que no podemos hacer con armas, hagámoslo con hechizos.» Goblin Slayer realizó unos rápidos cálculos mentales y luego avanzo a través de la cubierta inclinada. Mantuvo una mano en la barandilla para no resbalar sobre la superficie resbaladiza y se deslizó hacia la Sacerdotisa y el Chamán Enano.

Goblin Slayer agarró la cuerda con la ayuda del Chamán Enano, y la Sacerdotisa se apresuró a sujetar el dobladillo de su falda para que nada fuera demasiado visible.

«Dime cuáles son tus hechizos y milagros restantes.»

«Aún no he tenido mi momento para brillar. Estoy lleno».

«Yo… uno o dos, tal vez.»

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«Muy bien», dijo Goblin Slayer asintiendo con la cabeza. «Cuando la criatura aparezca de nuevo, la golpearemos.»

Luego rápidamente esbozó una estrategia; la Sacerdotisa no tenía ninguna objeción.

«¡Déjamelo a mí!»

El Chamán Enano sonrió al verla ponerse tan valiente a pesar de estar completamente empapada.

«Ya oíste a la dama. Me temo que me veré mal si no me mantengo a la par con ella.»

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«Contaremos con ustedes», dijo Goblin Slayer.

Fue entonces cuando la Arquera Elfa Superior, sintiéndose excluida, gritó: «¡¿Y yo qué…?!»

«Dispara algunas flechas silbantes. Atráelo.»

Las bruscas instrucciones dejaron a la Arquera Elfa Superior murmurando, «Cielos,» pero ella acato las ordenes. Ella corrió junto al Sacerdote Lagarto, deslizándose fácilmente por el mástil, agarrándose a la cuerda para mantener el equilibrio. Sacó una flecha de su aljaba, poniéndosela en la boca y mordiendo la punta en forma de capullo de flor. Hizo que la flecha volase desde su arco con cuerda de seda de araña, y el estridente sonido pudo ser escuchado incluso dentro de la tormenta.

«Cuando reaparezca, usa el arpón.»

El Sacerdote Lagarto había estado escuchando la flecha silbante, pero respondió felizmente a las órdenes de Goblin Slayer. «Muy bien, muy bien. No creo que nadie haya intentado algo así en una batalla todavía.»

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La serpiente marina mordió el anzuelo. Se levantó como una sombra oscura directamente debajo del barco, quizás con la esperanza de romper el fondo de la nave, y luego empujó su cabeza por encima de las olas.

«¡Hrr, por qué…. haces eso…!» La Sacerdotisa sujeto su gorra y se arrastró por la cubierta mientras casi era arrojada fuera del barco. Una mano, sin embargo, sostenía como siempre su bastón. Ella miró a la serpiente dorada y gritó: «¡Oh, Madre Tierra, llena de misericordia, concédenos tu luz sagrada a los que estamos perdidos en las tinieblas!»

Su segundo milagro.

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Del bastón que la Sacerdotisa tenía en alto dentro de la furiosa tormenta provino un destello de luz tan brillante como el sol. La serpiente aulló ante esta luminiscencia, que sin duda nunca había visto en las profundidades del mar.

«¡Eeeeyah! ¡No es más que un pariente de las anguilas después de todo…!» Rió el Sacerdote Lagarto.

Hubo un silbido veloz, y sangre salió volando del costado de la serpiente marina después de su ataque.

«¡Ahora!»

«¡Estoy en eso!»

La voz de Goblin Slayer cortó el aire, seguida por la respuesta del Chamán Enano.

El Chamán Enano saco un polvo blanco de entre sus catalizadores y lo roció en la dirección del monstruo. En el instante en que tocó el agua, comenzó a burbujear… el polvo era jabón.

«Ninfas y sílfides, juntos giran, la tierra y el mar son casi parientes, así que bailen… ¡solo no se caigan!»

Inmediatamente, algo cambió. La serpiente intentó zambullirse de nuevo en el agua, pero su cabeza rebotó en la superficie como si esta fuera tierra firme.

Es más, todo su cuerpo, que siempre estuvo escondido bajo las olas, fue levantado y expuesto.

«¡¿¡¿MUAAANNADA?!?!» El monstruo abrió repetidamente la boca como si luchara por respirar y golpeó contra el agua una y otra vez.

Cuando el hechizo Caminar Sobre el Agua era lanzado sobre una criatura con agallas, todo lo que esta podía hacer era asfixiarse.

«Rayos…» la Arquera Elfa Superior se encontró mirando hacia arriba, pero Goblin Slayer siguió dando órdenes.

«Pronto se quedará sin aliento. Si parece que va a venir en esta dirección, dispárale. En el ojo.»

«Sí, claro.» La Arquera Elfa Superior suspiró ante la serpiente, que seguía agitándose sobre el agua, y preparó su arco.

En este punto, se sentía que sería cruel dejar a la serpiente viva por más tiempo. Y los elfos jamás se reirían del sufrimiento de una criatura condenada.

El arco crujió, y la flecha voló con precisión, perforando el ojo y continuando hasta el cerebro.

Ese fue el final. La serpiente marina colapsó en el agua, el efecto del hechizo se desvaneció cuando el monstruo se hundió en un gran rocío blanco.

No había nadie que impidiera que el cuerpo de la serpiente se hundiera, y pronto las olas se habían llevado hasta las últimas burbujas que había dejado atrás.

«¿Cómo estuvo eso?» Preguntó Goblin Slayer tras un largo rato… presumiblemente para asegurarse de que la criatura estaba muerta. «No hubo fuego, ni agua, ni una explosión.»

«Ahh…. Hrm…» la Arquera Elfa Superior se tranquilizó frunciendo el ceño y dio una especie de gruñido.

¿Era esto una verdadera aventura? Bueno, no hubo explosiones, ni inundaciones, ni derrumbes. Eso era cierto. Pero…

Las orejas de la Arquera Elfa Superior temblaban mientras se escurría el pelo.

«S…» dijo con voz tensa. «Seis de diez.» (NOVA: Esta calificando la aventura, le puso 6 de 10 puntos.)

«Ya veo», dijo él asintiendo. «…ya veo.»

«… ¿Qué, estás molesto?»

«No.» Goblin Slayer agitó lentamente la cabeza de un lado a otro. «Estaba pensando que sería bueno que fuera tan simple deshacerse de los goblins.»

La Sacerdotisa se rió de esta respuesta completamente esperada. Ella había estado preocupada durante unos momentos, pero parecía que lo peor ya había pasado. Levantó el dobladillo de su vestido, mostrando su pierna, y exprimió el agua.

Me está influenciando…. Yo también pensé que esto era más fácil que los goblins.

En cualquier caso, siempre era bueno cuando una aventura iba bien. Cuando todos sobrevivían. Especialmente si también completaban la misión.

La Sacerdotisa hizo a un lado la pizca de confusión que sentía y asintió afirmativamente.

«Será mejor que nos demos prisa y arreglemos este barco», dijo ella. «No estamos lejos de la costa, pero no queremos tener que nadar el resto del camino, ¿verdad?»

«Por eso trajimos un enano.»

«Tú también deberías ayudar. Los yunques no flotan, sabes…»

Las orejas de la Arquera Elfa Superior se movieron hacia atrás y ella emitió un ruido de enojo, que el Chamán Enano ignoró mientras desplegaba una vela. Se lamió el dedo para comprobar la dirección del viento y luego agarró una esquina.

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«Sílfides, doncellas de viento, den un beso en mi mejilla desgastada. ¡Y denle a mi humilde velero un viento más justo para navegar!»

El hechizo Viento de Cola llenó la vela, y la Sacerdotisa sostuvo su pelo suelto contra el spray salino.

Antes de que se diera cuenta, la tormenta había pasado; el cielo era azul y el mar tranquilo.

Se estaba convirtiendo en otoño.

La Sacerdotisa soltó un aliento relajado. Sí, varias horas antes, ella había sido la que les había sugerido que fueran a la batalla, pero durante unos minutos, había parecido una muy mala decisión….

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