Goblin Slayer

Volumen 8

Capítulo 1: La Flor de la Juventud, Ahora Cenizas

 

 

Goblin Slayer Volumen 8 Capítulo 1 Novela Ligera

Goblin Slayer Volumen 8 Capítulo 1 Novela Ligera

NOVA: Esta es la portada de la edición limitada.

 

La obispo se mordió el labio, conteniendo un grito ante la fría ráfaga de viento que la cortó como una espada.

El aire frío, convocado desde el noveno nivel del mundo de los demonios, convirtió instantáneamente la cámara de la mazmorra en una nevera.

Los grandes demonios, de piel azul-oscura, venían de ese mismo reino. Aparecieron dos de ellos, repletos de poder mágico y tan enormes que amenazaron con llenar toda la habitación. Fue precisamente el vendaje que cubría sus ojos y oscurecía su visión lo que le permitió sentir su presencia con tan terrible claridad.




La Suma Sacerdotisa, con sus dientes castañeando debido al frío, intentó desesperadamente forzar sus piernas que amenazaban con traicionarla.

«¡¡Taa-ahhh!!»

“¡¿OUURGGGRERRR?!»

Una dulce voz se elevó en un vigoroso grito mientras la espada y la balanza brillaban. Las balanzas, unidas a la espada por una cadena, tarareaban.

El acosador nocturno que se había estado acercando a través de la ventisca encontró su cráneo partido de un solo golpe y encontró su fin. Los acosadores nocturnos estaban a un paso de convertirse en vampiros conscientes de sí mismos, pero incluso los no-muertos de más alto nivel no podían sobrevivir a la destrucción de sus cerebros.

Una guerrera se volvió hacia donde la Suma Sacerdotisa se estaba limpiando pedazos de cerebro y fragmentos de cráneo.

«¡Lo siento, dejé pasar a uno!»

«¡Estoy bien!» La Suma Sacerdotisa respondió mientras evaluaba a sus compañeros. Debiluchos como este no serían un problema para ellos.

La Guerrera acababa de atravesar el corazón de un ladrón, un hombre vestido como una sombra. Enfrentándose a los enormes y horribles demonios estaba el líder del grupo, un luchador con armadura de placas. Él los mantendría a salvo de ese lado. Llevaba una cimitarra, un arma oriental, y parecía tan tranquilo como siempre.

Su Explorador Medio-Elfo, de pie en una postura de lucha, cerca y esperando una oportunidad, parecía tenso… pero sin embargo sonreía.

Al lado de la Suma Sacerdotisa había un monje hombre insecto. Aunque él era reservado y callado, estaba tranquilo y preparado. Y a su otro lado estaba la Maga, buscando el momento perfecto para lanzar su magia….

Todo el grupo fue azotado por nieve y granizo, que les causó daño mientras lo soportaban. Detener la tormenta era la prioridad.

«Príncipe de la Espada, a aquellos que ven lo que debe ser visto y hablan lo que debe ser dicho, ¡concede tu protección!»

Ella dibujó un sello de luz, sosteniendo la espada y la balanza en el centro. Producía una Protección excepcionalmente fuerte, pero no podía detener por completo el frío. El frío, el mismo que estaría presente en una cima helada en invierno, arrasaba con los aventureros.

«¡Agárrense todos, los sanaré…!»

«¡No! ¡Es más importante silenciar la magia del enemigo! ¡Si nos atacan de nuevo, puede que no lo consigamos!» La Maga, sosteniendo su pequeño bastón y observando el campo de batalla, habló a pesar de que su piel se volvió azul, y su cuerpo temblaba. ¿Cuántas veces habían sido salvados por sus cuidadosas instrucciones?

«¡Muy bien!» El Monje Hombre Insecto hablo desde el lado de la Suma Sacerdotisa, quien todavía sostenía su espada y balanza en alto mientras él empezaba a crear un sello. «¡Estoy en ello! ¡Incluso un demonio debería ser más débil si podemos cortar su suministro de magia!»

«¡¡Contamos contigo!!» La Suma Sacerdotisa grito.

El monje era el miembro más avanzado de su grupo y había sido su mentor desde que se conocieron. La Suma Sacerdotisa sintió el dolor de la explosión de hielo y todo el miedo hacia su enemigo se derritió de su corazón. Su oración a los dioses de arriba resonó, cortando a través de la ventisca.

«¡Mi dios, el viento errante, que todo lo que digamos en el camino permanezca en secreto entre nosotros!»

«¡Tienes la luz para permanecer en silencio!»

Silencio.

Un poder invisible llenó la habitación, y los horribles demonios empezaron a sonreír.




Los aventureros siempre eran así. Pensaban que neutralizar los hechizos de los demonios les daría la ventaja. Pero los demonios eran las criaturas más íntimas con la magia. Ningún sello hecho a medias les impediría usar sus hechizos.

Además, tomar las frágiles esperanzas de los aventureros y pisotearlas era una verdadera alegría para una criatura así. Los demonios disfrutaban más que ninguna otra cosa la desesperación de aquellos que poseían un lenguaje.

Vamos, démosles otra probada de nuestra ventisca.




Los hombres podrían sobrevivir, pero quedarían destrozados si lo hicieran… perfectos para una buena comida de cualquier manera. Las dos lanzadoras de hechizos femeninas podrían morir, pero la guerrera, ella podría sobrevivir.

Bueno, incluso muerta, la carne de las mujeres podría ser puesta a cualquier clase de…

“¿¡—?!”




Sin embargo, cuando abrieron la boca, se dieron cuenta de que no podían hablar.

¡¿Nuestros hechizos han sido sellados?! ¡¿Por una niña humana y un maldito insecto?!

«¡Fantástico! ¡¡Eres mío!!» Tan pronto como el explorador noto la confusión de los demonios, corrió entre ellos, daga en mano. Un instante después de que pasara a su lado, géiseres gemelos de sangre hicieron erupción, y los enormes cuerpos se desplomaron.

Les había cortado los tendones de los pies… pero para cuando los monstruos se dieron cuenta, ya era demasiado tarde.

«¡Te demoraste mucho en notarlo!» La lanza de la Guerrera vino silbando por los aires, dando un golpe crítico. Un corazón, atravesado por ella, derramó sangre negruzca.

“¡¿—?!  ¡¿       ?!”

«Ahhh-ja-ja. No podemos oírte, ¿recuerdas?» Riéndose entre dientes, la guerrera saltó hacia atrás, sin dejar rastro de sangre en ella. Sólo quedaba uno.

Sin dudarlo, su líder, el espadachín, cerró la distancia, cimitarra en mano.

Shhp. Un corte sencillo y fácil. Un golpe de bajo hacia arriba. Entonces agarró la empuñadura de su espada, girándola en su mano, y la bajó de nuevo para dar un segundo golpe.

Un brazo salió volando, y luego el otro. Cuando retorno a su objetivo, la espada se llevó carne y hueso a su paso.

“¡¿                          ?!”

Sangre brotaba, el gran demonio cayo y abrió la boca como si aullara.

Normalmente, era imposible escuchar una voz suprimida por Silencio. Pero este grito llegó a los oídos de la Suma Sacerdotisa muy débilmente. El más mínimo sonido.

«¡Intenta llamar a sus aliados!», dijo ella a sus amigos, después de haber adivinado lo que tramaba el demonio. El Monje Hombre Insecto hizo un chasquido con sus mandíbulas.

«Qué hacer. Definitivamente terminaremos con ellos sin importar lo que pase, ¿preferirías hacerlo después de que haya unos cuantos más? ¡Soy feliz de cualquier manera!»

El Explorador Medio-Elfo, todavía usando su daga para mantener al enemigo a raya, exclamó: «Si hay más de ellos vamos a tener las manos ocupadas… ¡digo que acabemos con él ahora mismo!».




«Hazlo». La orden en forma de gruñido de su líder resolvió las dudas del grupo.

«¡Todos juntos entonces!»

«¡Bien!»

La Maga levantó su bastón, la Suma Sacerdotisa preparó su espada y balanza, mientras su líder gritaba y empezaba a crear un sello con su mano libre.




«¡Ventus! ¡Viento!»

«¡Lumen! ¡Luz!»

¡Libero! ¡Liberar!

Al momento siguiente, un vendaval de viento, acompañado de una ráfaga de luz y calor, atravesó la recamara. Sin hacer ruido, sin ceremonia, el hielo y la nieve se derritieron. Nada, excepto quizás del más exaltado de los dragones, podría mantener su forma frente a este hechizo prohibido, que se basaba en el poder del que brotaban todas las cosas.

El demonio, golpeado por el viento ardiente, fue aniquilado antes de que pudiera gritar, y fue reducido a meras cenizas.

Entonces el viento sopló, dejando sólo un calor persistente y nada permaneció con vida donde había golpeado.

Ahora sólo quedaba un cofre del tesoro. Los aventureros se miraron unos a otros y respiraron aliviados.

Su líder, el espadachín, sacudió la sangre de su espada antes de dar las gracias a los demás.

«Bueno, supongo que eso te muestra para qué sirven los grandes demonios», bromeó Explorador Medio-Elfo.

«Sí… sin sus hechizos, todo lo que tienen son sus números.» La Guerrera se rió mientras veía como el explorador se dirigía hacia el cofre del tesoro. Ella estaba vigilando; puede que hayan derrotado a los monstruos de la cámara funeraria, pero todavía puede haber enemigos en otras partes de la mazmorra.

De la misma manera, su líder permaneció naturalmente alerta. La batalla había terminado, pero eso no era excusa para un lapso en la vigilancia.

«¿Hasta dónde hemos llegado? Me gustaría ver el mapa, si me lo permite.»

«Oh, por supuesto. Todavía estoy en medio de la cartografía…. Espera un segundo.»

La Suma Sacerdotisa, sorprendida debido a la petición de la Maga, rápidamente escarbó en su bolso.

Ella sacó un cuaderno hecho de papel de láminas de piel de oveja con cuadriculas grabadas en el. Utilizó un instrumento de escritura para conectar las pequeñas cuadriculas, marcando la ubicación de la nueva cámara funeraria. Disfrutaba de este tipo de trabajo precisamente por su incapacidad de ver. Aunque no podía estar tan orgullosa de sus habilidades como antes.

«Dos de largo, dos de ancho…»

«Puede haber una puerta oculta. Tendremos que comprobarlo más tarde.»

«Claro. Prepararé la Luz Sagrada…» La Suma Sacerdotisa le asintió al Monje Hombre Insecto y luego le pasó el libro de mapas a la Maga. «Aquí. Creo que estamos en el medio del noveno piso».




«Gracias.» La Maga sonrió y lo tomo, y luego trotó hacia su líder.

Él escudriñó su espada, inspeccionando los remaches de la empuñadura y luego examinó su armadura. Suspiró mientras la Maga venía a mostrarle el mapa con todo el orgullo de una niña mostrando uno de sus dibujos.

La Suma Sacerdotisa sonrió ante la forma en que la Maga hizo un puchero, como si dijera, ¡Yo soy el mayor aquí, sabes!

Verdaderamente, los grandes demonios no debían ser subestimados. Pero aquellos que se habían abierto camino hasta el noveno nivel de este laberinto eran experimentados veteranos del combate cuerpo a cuerpo.

“Aun así”, dijo la Suma Sacerdotisa, soltando un suave ‘ah’ de alivio mientras enfocaba su atención en cada una de las cuatro paredes de la cámara funeraria. Ella puso una mano en su aún no muy desarrollado pecho. «Estoy tan contenta de que no fueran goblins…»

Su voz fue tan suave que nadie más la escuchó, y luego se hundió en la oscuridad del laberinto.

 

 

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