Praise the Orc!

You’re an Orc, Yet You’re Still Praiseworthy!

Capítulo 86: Vivo (Parte 4)

 

 

Anor se cortó la punta de las orejas. Las orejas únicas del elfo oscuro estaban medio cortadas. La apariencia era como la de un elfo, pero de su tamaño era similar a la de un humano. Era una apariencia extraña que no era ni de elfo oscuro ni de humano.

Energía negra emergió del cuerpo de Anor.




“¡……!”

Karmat retrocedió instintivamente. La energía negra traía un aura de muerte que asustaba a todo ser vivo.

«Esto…»

Miró a través de sus recuerdos. No podía ser. Esta era una fuerza que se decía haberse separado hace mucho tiempo en el norte.

«Maldita sea.»




Alguien le agarró de los pies. Miró hacia abajo. Nakai, que yacía muerto, se había levantado y estaba apuñalándolo con una daga en la pantorrilla, haciendo que Karmat cayera al suelo.

«¡Kuaaaaak!»

Agarró la cabeza de Nakai, pero los no-muertos no sentían ningún dolor, así que su brazo continuó moviéndose de forma mecánica. Puok, puok. La daga continuaba siendo apuñalando sus pantorrillas. Karmat, desesperadamente, lanzó a Nakai lejos.

El cuerpo de Nakai se retorció al chocar contra la pared. Se levantó de nuevo con un raro crujido. Sus huesos se movieron de forma extraña debido a que fueron forzados a salirse de su sitio por el impacto, pero siguió caminando de regreso a Karmat.




«¡Nigromante!» Karmat gritó a sus hombres.

Miró a su alrededor.

“¡……!”

Uno de sus hombres estaba colgado del revés en el aire. El drake que habían matado se había levantado de nuevo y estaba masticando la cabeza de un orco.

«Maldita sea.»

Él era un guerrero y un chamán. Podía ver la profunda concentración de poder mágico en los ojos de Anor. Era la magia de la muerte. ¿Cómo apareció este tipo? Este no era un oponente que pudiera enfrentar con su poder mágico.

«Entonces la forma de tratar con este oponente…»

Agarró su hacha con fuerza. Sin embargo, era difícil deshacerse del no-muerto que se aferraba de sus tobillos. Su cuerpo se tambaleó. Necesitaba matar a ese tipo.

Anor lo miró fijamente. Karmat rechinó los dientes. Sus compañeros se acercaban. Bien. Sería posible si eran más

«Vengan. Nosotros somos…»

Pero había algo más. Miró a sus compañeros que se acercaban. Sus ojos estaban vacíos.

«Maldita sea.»

Los hombres de Karmat fueron asesinados por el drake y ahora se dirigían hacia él de manera antagónica. Sus manos levantaron las hachas hacia arriba.

Karmat gritó: «¡El resto! ¡Retirada! ¡Retirada! ¡Únanse a los que siguen buscando!»

Los guerreros orco dejaron de luchar y se movieron rápidamente. Uno de ellos ayudó a Karmat. Los no-muertos los persiguieron, pero su velocidad era tan lenta que no podían alcanzarlos. Los guerreros orco salieron de la sala.

“……”




Una vez más, un silencio absoluto llenó la zona. Los elfos oscuros temblaron temerosos de Anor. Todos evitaron su mirada.

«Igual que su madre.»

«Sangre maldita.» Algunos de ellos murmuraron.

Anor podía oírlo todo, se giró hacia la salida. No quería estar ahí más tiempo.

Justo antes de salir del pasillo, alguien agarró su ropa y dijo: «E-espera un minuto»

“¿…?”

Anor giró la cabeza. Una elfa oscura estaba detrás de él. Ella era parte del grupo de Nakai que siempre lo miraba con ojos despectivos. Se preguntó si venía a disculparse.

«Si te vas…»

“¿…?”

«¿Qué haremos si los orcos regresan? Deberías quedarte aquí.»

Los otros elfos oscuros en el pasillo asintieron. Tenían miedo de Anor, pero aun así esperaban que se quedara como su protector.

Anor miró al cielo durante un momento. No lo pensó por mucho tiempo.

Inmediatamente pateo a la elfa en el abdomen, provocando que cayera de cara al suelo.

Anor le escupió y le dijo: «Piérdete, perra loca»

***

 

 

Ogre Slayer rompió el cuello de un guerrero orco que intentaba cruzar la barrera. La sangre se derramó. Crockta usó todo su cuerpo para blandir su gran espada de nuevo.

Estaba protegiendo las barreras exteriores de Nuridot. Los elfos oscuros se resistían. Las flechas volaron por encima de la barrera y atravesaron a un orco.

Los orcos no se detuvieron a pesar de haber sido alcanzados por unas pocas flechas. Más bien, lanzaron un fuerte grito de batalla para aumentar su fuerza. El dolor se convirtió en odio. El odio fue infundido en sus hachas mientras saltaban hacia la barrera.

Los orcos empujaron hacia la barrera y los elfos oscuros retrocedieron.

En ese momento, se oyó un gran rugido. «¡Bul’tarrrrrrrrr!»

Los pasos de los orcos dudaron. Era como si un viento gigante empujara detrás de ellos mientras el espíritu de lucha de los elfos oscuros se elevaba. Los enemigos retrocedieron un paso como si estuviesen atrapados por aquel viento. El grito de Crockta fue un arma excelente que aumentaba la moral de sus aliados.

El campo de batalla se estancó en ese momento. Los orcos y los elfos oscuros se detuvieron ante la barrera que se colapsaba. Los dos bandos no podían atacar sin cuidado.

«Monstruo.»

Cuando la barrera cayó, un guerrero orco avanzó hacia la línea de defensa de Nuridot. Era el comandante de la invasión a Nuridot, Urok.

Sonrió a Crockta y le dijo: «Eres un gran guerrero, ¿Te llamas Crockta?»

«Um.»

«Elfos oscuros, denle gracias a este guerrero. Si no fuera por él, ya habrían sido derrotados por nosotros.»

Urok estaba rebosante de confianza. Era difícil de entender considerando que la invasión a Nuridot no estaba yendo a su favor. Crockta miró a su alrededor. ¿Había alguna táctica que estaba escondiendo? Obviamente había muchos guerreros orcos, pero los elfos oscuros se resistían. Si añadiera sus propias acciones, esta batalla llevaría finalmente a la victoria de Nuridot. El guerrero Urok tenía que saberlo.

Crockta no pudo suprimir su ansiedad.

«Crockta, ¿no te unirás a nuestro Gran Clan?»

«Alguien ya hizo esa oferta.» Dijo Crockta con una sonrisa.

El líder de los orcos errantes le había pedido que se uniese al Gran Clan. Crockta le había respondido cortándole desde la cabeza hasta la entrepierna.

Urok también había sido testigo de esto.

«Lo hizo, es cierto, pero yo no soy como ese tipo. Soy alguien que ha recibido el título de guerrero directamente del gran jefe, Calmahart. No sólo tú, sino que ese gnomo también será aceptado como uno de nosotros.»

Aquel nombre había sido mencionado de nuevo. Los ojos de Crockta se entrecerraron.

«No me hagas reír. El norte realmente es diferente al resto del continente, Crockta.» Murmuró Tiyo que estaba al lado de Crockta.

Crockta empezó a reírse.

«También hay algunos sucios bastardos allí.»

«¿No hablaste con Hammerchwi?»

«También hay gente como Hammerchwi. Y todos ellos murieron.» Crockta sonrió. «No hay necesidad de recordar sus nombres, pobres bastardos.»

No importaba lo fuertes o hábiles que fueran, no valían nada contra Crockta. Más bien, el nombre de Caburak de Orcheim era más valioso, a pesar de que había  perdido todo su poder.

La ley del Gran Clan que cortaba todo con fuerza eran solo los cálculos de una bestia. Eso no era lo que convertía a un orco en orco.

«Será lo mismo para ti.»

«Eres una persona peligrosa, Crockta. Kuhahahahat.»

Urok se rió una vez más antes de susurrarle a un orco que estaba a su lado. La persona asintió con la cabeza antes de sacar un arco y una flecha. El arco era un arma que no iba bien con los orcos. Crockta miró cuidadosamente.

La punta de la flecha apuntaba hacia el cielo. En ese momento, Crockta cogió del suelo un hacha del cadáver de un guerrero orco y la lanzó. El hacha giró mientras volaba. Sin embargo, la flecha ya estaba demasiado lejos. El brazo del arquero orco fue cortado al mismo tiempo que la flecha de fuego volaba hacia el cielo. Gritó mientras la sangre brotaba.

«Te diste cuenta muy rápido.» dijo Urok.

«¿Qué hiciste?»

«No pienses que el gran jefe es ciego como otros orcos, Crockta. Puede ver todo en el campo de batalla. Es un verdadero señor de la guerra entre los orcos.» Urok levantó su hacha hacia el cielo. «En estos momentos, un chamán del Gran Clan estará infiltrando tropas en Nuridot y matando a sus inútiles elfos oscuros.”

“¡……!”

Crockta y los elfos oscuros quedaron conmocionados.

«Ríndanse si no quieren más matanza sin sentido.»

Los elfos oscuros estaban estremecidos. Algunos se movieron como si quisieran volver a la ciudad de inmediato. Sus familias estaban allí. La moral de la milicia cayó rápidamente. Una sensación de impotencia se extendió, como si ya hubieran sido derrotados.

«¡Detente ahora mismo!» gritó Nadia. «Paremos y hablemos. ¡Urok! Si tienes conciencia, no deberías matar a civiles que no son culpables de nada.»

Urok se rió de Nadia: «¿Conciencia? Nuestra conciencia no es así.»

Mientras Urok hacía un gesto, los orcos volvieron a coger sus armas. El breve cese el fuego había terminado. «Infligir una muerte dolorosa o ser asesinados, esa es nuestra conciencia.»

“¡……!”

«El gran guerrero Karmat, que entró en Nuridot, es un loco sin conciencia. ¡Kulkulkulkul!»

Urok caminó hacia delante. Los elfos oscuros apuntaron con sus flechas desde arriba. Sin embargo, las flechas temblaban. Sus mentes ya estaban llenas de preocupación por la retaguardia. Las caras de sus familias se solapaban con las del orco que tenían enfrente.




«¡Espera!» Gritó Nadia.

Crockta la miró. Sus ojos se encontraron. Nadia tenía una expresión de disculpa en su cara. Ella luchó y se mordió los labios antes de declarar su rendición.

«Me rindo, así que detén el ataque por la retaguardia.»

«Oh.»

«Me rendiré.»

«Entonces suelten sus armas.»

«Una vez que la seguridad de los residentes…»

«Entonces la batalla continuará. Escuchen el poder de las armas.»

Los orcos empezaron a reírse. Estaban seguros de su victoria. El Gran Clan había ganado el dominio al ser más cruel que nadie. Lo que estaban haciendo ahora no era una guerra, sino más bien una masacre.

«Todos…»

En el momento en que Urok estaba a punto de ordenar el ataque, Nadia abandonó su arma.

“¡……!”

Miró a su alrededor a los otros elfos oscuros. No dijo nada, pero todos entendieron lo que quería decir. Uno por uno, la milicia comenzó a descartar sus armas. Ahora los elfos oscuros no tenían armas.

Crockta y Tiyo eran los únicos que quedaban.

«¿No es esto un poco injusto?» Preguntó Tiyo.

Crockta se encogió de hombros.

«¿Qué harás, Crockta?»

«Hrmm»

Crockta se preguntó si debía continuar o dejar Nuridot y escapar. No había pensado que los elfos oscuros serían tan ingenuos.

«Oh, Karmat está llegando.» Dijo Urok.

Todos se dieron la vuelta. Una serie de guerreros orco venían desde la ciudad. Sus armas ensangrentadas. Las expresiones de los elfos oscuros se endurecieron.

«No se preocupen, elfos oscuros. Le dije que no matara a todos, así que algunos de los miembros de sus familias estarán vivos.»

La palabra `algunos’ despertó en ellos esperanza y desesperación. Hizo que los elfos oscuros se entusiasmaran un poco. Ahora los elfos oscuros miraban a Crockta y Tiyo como si los estuvieran apresurando.

‘Desechen sus armas y ríndanse’ decían sus ojos.

Crockta entrecerró los ojos. Se sentía sucio. No podía entender sus pensamientos, y no le gustaba este cambio de actitud. Tiyo sintió lo mismo y levantó al General aún más. Eran compañeros que habían luchado juntos. Ni siquiera necesitaban mirarse el uno al otro para saber lo que estaban pensando. Crockta asintió y estuvo a punto de levantar su gran espada.

Entonces alguien dijo: «Vaya, esta situación parece absurda.»

Era una voz despreocupada. Todos miraron hacia atrás.

La voz volvió a decir: «¿Qué miran, malditos bastardos?»

Un elfo oscuro caminaba detrás de los guerreros orco que venían de la ciudad. El elfo oscuro parecía débil. Pero la voz no venía de un orco. Los ojos de los orcos estaban muertos.

«No deberían hacer esto a los invitados que trajeron para ayudar, locos bastardos.»

El elfo oscuro se paró entre los orcos. Era un elfo de aspecto terrible con sangre saliendo de sus orejas cortadas. La voz tranquila no coincidía con las maldiciones que escupía. Fue un tono incómodo que no encajaba con la amenaza.

«Estoy jugando con perros.»




Era Anor. De alguna manera, sus ojos se veían diferentes. Levantó una mano y todos los guerreros orco levantaron sus armas. Crockta se dio cuenta de que eran similares a los no-muertos que había visto en el calabozo de Orcrox.

Crockta empezó a reírse. No sabía lo que estaba pasando, pero…

‘Traté de vivir bien sólo para que me fastidiaran como si estuviera haciendo algo malo. Yo soy el que sufre, ¿así por qué tengo que cambiar? ¿Hay algo mal en esto?’

El Anor de ahora mismo parecía mejor que el que una vez había susurrado esas palabras.

«Estás vivo.»

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