Re:Zero Kara Hajimeru Isekai Seikatsu

Volumen 6

Capítulo 2: La Gula de un Cerdo

Parte 2

 

 

…Y así, regresamos al principio del encuentro de Subaru con Priscilla.

Luego de que entró, Subaru encontró a Priscilla esperando por él en el fondo de la habitación. Ella estaba sentada en una silla posicionada sobre algunos escalones, continuando su lectura con elegancia, sin percatarse de Subaru en absoluto.

Sin una línea de apertura para dar inicio a las cosas, el desconcierto y nerviosismo de Subaru solo crecía mientras el tiempo seguía presionando con su avance. Fue por eso que los hombros de Subaru saltaron en sorpresa cuando el sonido del libro de Priscilla cerrándose reverberó a través de la habitación.

—…Ahora, entonces.

Subaru apretó un poco sus dientes, sintiendo como si sus debilidades hubieran sido expuestas con descaro. Priscilla, sin mostrarse ni un poco interesada, acarició la cubierta del volumen cerrado mientras hacía su comentario.

—Fue una historia aburrida.

—…Aunque parecías estar muy inmersa en ella.

—Cuando lees cualquier libro, lo adecuado es sumergirse en el mundo de entre las páginas y ser capaz de expresar lo aprendido luego de acabar una historia. Solo un tonto tacharía algo de aburrido sin haberlo completado.

Al parecer era una lectora ávida tal como se decía. Luego de declarar la estupidez de criticar libros sin acabarlos, Priscilla tomó el volumen que había leído por completo y lo lanzó al aire sin advertencia.

—…Ahh.

Subaru observo con desconcierto, mientras el tomo arrojado se consumía en flamas repentinamente. Al ser chamuscado por el fuego de increíble poder, solo quedaron despojos negros danzando en el aire.

—Ahora entonces, esto me está despojando de mu precioso tiempo de lectura matutina. Por lo menos, ¿me has traído una historia que eleve mi interés más que ese libro?

Con una sonrisa deshonesta y truculenta, Priscilla volvió a cruzar sus piernas agraciadas y apuntó a Subaru con su dedo pálido. Cuando intentaba mover su lengua reseca, él sentía como si el calor proviniendo del dedo de esta, presionara contra su frente.

—…Se trata de Emilia, una candidata de la selección real, igual que tú. Quiero que me prestes tu fuerza para poder sacarla de una situación complicada en la que se encuentra ahora mismo.

—…

Cerrando un solo ojo, Priscilla incitó silenciosamente a Subaru a continuar. Frente al rojo de esos ojos y completamente impasible, Subaru se concentró con seriedad en las palabras que había preparado.

Y así, desarrolló todo sobre el curso de varios minutos antes de alcanzar su conclusión.

—El Culto de la Bruja… ¿es eso? …Hmph.

Sosteniéndose sobre su codo, Priscilla apoyó la cabeza en una mano mientras la otra abofeteaba su rodilla. Habiendo escuchado hasta el final la versión modificada de lo que él había dicho en la mansión de Crusch, ella había murmurado para si misma con algo de emoción arraigada antes de cerrar sus ojos.

—Sí, el Culto de la Bruja. Si nadie hace nada, van a herir a una cantidad terrible de personas. Emilia no será la única víctima. Quiero aplastarlos antes de que eso pase. Por eso necesito…

—Ji ji. Je.

—…¿?

Abruptamente, Priscilla se inclinó al frente, sus hombros temblaban un poco. Las cejas de Subaru se levantaron ante el pequeño sonido que provino de su boca, y la cabeza de Priscilla subió repentinamente.

—¡Ja ja ja ja! ¡Qué divertido! Eres muy entretenido. Ya veo, ciertamente has tocado mi corazón más que ese libro. ¡Tienes que ser muy talentoso para salir con una farsa como esta!

Pricilla rio y rio, burlándose de Subaru. Era el grito de una bestia carnívora sin compasión. Él entendió de manera instintiva que esta era la sonrisa del tipo que podría tener un gato al torturar con sus garras a un ratón hasta la muerte.

—…¡! ¿Qué es tan divertido?

—Que no lo entiendas lo convierte en una pieza maestra. Dime, ¿de vedad no puedes comprender lo ilógicas que han sido tus acciones?

Priscilla deslizó un dedo por su cabello naranja, rizándolo mientras reía con gozo. Subaru recordaba esta manera de hablar, proclamando que el locutor había visto a través de él. Era el mismo tono que Subaru había oído algunas veces en la mansión de Crusch. Este decía: Simplemente no lo entiendes.

—No sé si es solo que no tienes nadie en quién confiar, pero ir a informar a los opuestos sobre las debilidades de tu propio grupo solo sirve a los intereses de tus enemigos. Para nosotros, verte bajar la cabeza y decir: ‘Somos muy débiles y estamos desesperados, ayúdennos por favor,’ es un asunto para celebrar.

Priscilla tocó su sien con un dedo mientras ridiculizaba la plegaria desesperada de Subaru.

Él había considerado la posibilidad de que ella lo rechazara. Pero no había esperado que lo apaleara de este modo.

—No preocuparse por las apariencias está bien, pero, has considerado esto muy poco… demasiado. Acudir al enemigo para ayudar a tu propio grupo cuando cae en crisis… Tu comportamiento es el de un empleado sin talento. No tienes remedio. La muerte sería preferible por mucho.




Priscilla se levantó de su silla mientras arrojaba insultos sin refreno, bajó por las escaleras hasta llegar justo frente a Subaru.

—De hecho, sería mejor si te arrancara la cabeza yo misma.

En el siguiente instante, Priscilla sacó un abanico de su escote, posicionándolo sobre la arteria carótida en el lado derecho del cuello de Subaru. Él no había visto ni su paso ni el movimiento de su mano; solo un maestro podría ejecutar este movimiento.

Aunque el abanico no era un arma con filo, Subaru sentía como si pudiera cortarle la cabeza en el instante que se moviera.

—¿Ni siquiera pudiste verlo?

Priscilla apartó su abanico, hablando como si la expresión no intencional de Subaru la aburriera.

—No solo tonto, sino lento también. No tienes salvación… Aunque, al aguantar un trato tan terrible y seguir pensando en tu maestro… Admito que tal devoción es admirable. Y por eso…

Priscilla estrechó sus ojos, abriendo su abanico audiblemente y usándolo como una cortina roja para ocultar sus propios labios.

—Incluso yo tendría un mal sabor en la boca si te rechazara sin más que una risa. Por ello, te concederé una oportunidad.

—… ¿U-Una oportunidad?

—Sí, una oportunidad. ‘Este es tu tiro de gracia’, en otras palabras.

La pronunciación de la frase moderna de Priscilla fue extraña; quizá la había aprendido de Al. Priscilla cerró su abanico una vez más y lo extendió hacia Subaru. Por alguna razón, Subaru no pudo evadir el movimiento silencioso y directo con el cual el abanico hizo presión en su frente, haciéndolo caer de espalda. Luego…

—Lámelo.

Priscilla ofreció su pie descalzo frente a sus ojos.

—…

Sin entender lo que se le indicaba, Subaru quedó con su mirada vagando entre el rostro y la pierna de Priscilla.

Con Subaru visiblemente confundido, Priscilla le habló con gentileza, como si diera explicaciones a un pobre estudiante… o como si atormentara a su esclavo.




—Ven a gatas por el suelo, reflexiona en tu humillación como un callejero patético, y lame mi pie como un bebé que chupa la teta de su madre. Si puedes hacerlo, consideraré tu propuesta.

—¡¿Qué…?!

—Si no quieres, pues perfecto. Si tu exiguo orgullo personal está primero, mueve la cola y tu maestra te abandonará en la calle. Cualquiera de las dos debería ser divertida.

Priscilla ocultó sus labios y sonrió, como si dijera que disfrutaría ver su caída sin importar lo que eligiera.

Subaru sentía que sus vísceras hervían por el comportamiento de pura malicia de Priscilla. Pero, aunque estuvo a punto de gritar algo con voz procaz nacida de sus emociones, pudo controlarse. Si cedía a sus emociones y arremetía, estas negociaciones, también, acabarían como un fallo.

—…

Pasó la mirada entre el pie que colgaba delante de él y la sonrisa burlesca de Priscilla. Cuando cerró los ojos, vio sus rostros uno tras otro: Emilia, Ram, Beatrice, y los niños y adultos de la aldea. Poco a poco enfrió el magma que ardía en su barriga.

Con angustia y consternación, llegó a la conclusión de que…

—Ya… ya… entendí.

Aguantándose la humillación, Subaru se arrodilló y tomó el pie de Priscilla en su mano.

Cuando pensaba en las muertes llenas de agonía que tuvieron que aguantar Emilia y los aldeanos, ¿cómo pudiera siquiera compararse la humillación que probaría Subaru en su lugar? Para evitar un futuro si esperanza, para encontrar el mundo que necesitaba alcanzar, a él no le importaba ser un perro, o incluso peor.

Sus labios temblorosos se acercaron al dorso de su blanco pie, estaban a punto de presionarse contra su piel clara… y entonces…

—Ahh, parece que es verdad… no eres más que un hombre muy, muy, aburrido.

La patada, que nació justo frente a su nariz, mando a Subaru a volar, como si apenas y pesara nada.

—…

Re Zero Kara Hajimeru Isekai Volumen 6 Capítulo 2 Parte 2 Novela Ligera

 

Dio una vuelta completa, perdiendo la noción del arriba y el abajo.

Subaru no podía comprender lo que había pasado.

Un golpe increíble asestó en su cabeza y, luego de unos momentos en el aire, su cuerpo entero se impactó contra algo. En ese punto, toda sensación suya cesó.

A su conciencia intermitente lo tomó una absurda cantidad de tiempo retomar el hilo y percatarse de que yacía en el suelo, con las extremidades extendidas.

Una gran cantidad de un líquido un tanto viscoso salió de su nariz.

—Lo tuyo no es lealtad ni confianza. Es más sucio que eso. Es la existencia de un perro y la gula de un cerdo. Un cerdo flojo que quiere, desea y ansía. La gula de un puerco es lo más desagradable de todo.

Ni el zumbido en sus oídos ni sus náuseas planeaban detenerse. El interior de su cráneo seguía dando vueltas. Escuchó la voz de Priscilla venir de algún lado, pero los detalles no estaban sentando en su cabeza.

—Incluso si repeles al Culto de la Bruja, destruiré a tu grupo con mis propias manos por haber criado a tal bestia. He tomado esta decisión con base en tus acciones desconsideradas.

Mientras yacía en el suelo, ella lo tomó del cuello y levantó su cuerpo violentamente.

Cuando su torso fue levantado, salió más sangre de la nariz de Subaru. Este tosió, encontrando difícil el respirar mientras ella lo insultaba sin misericordia desde una corta distancia.




—…Enorgullécete. Eres tú quien provocó la destrucción de esa mujer… Emilia.

Ella lo lanzó con toda su fuerza, y el cuerpo de Subaru se deslizó y rodó todo el camino hacia la entrada.

—… ¡Aldebarán!

Cuando gritó con su voz aguda, la puerta única que estaba enseguida se abrió desde el otro lado. Al asomó su cara y miró a Subaru, quien estaba cubierto de sangre.

—¿Qué demonios pasó aquí…?




—Saca a este idiota repulsivo. O pártelo en dos, no me interesa.

—Bueno, a mí sí me interesa… Oye, vamos, bro.

Sin contradicción alguna a su maestra enfurecida, Al se echó encima el cuerpo de Subaru con facilidad y pasó por la puerta. Pero en su camino de salida, volvió su rostro levemente hacia Priscilla, al centro de la habitación.

—No te enojes tanto, Princesa. La violencia arruina la belleza de tu rostro, ¿sabes?

—Si no quieres que te rompa incluso más tu cara deshecha, tómalo y vete. No voy a decirlo otra vez, Aldebarán.

—Como dije, no me llames así.




Con la agilidad de sus pies, Al descendió por las escaleras con Subaru en su hombro y habló con una voz considerada.

—Como sea, lo mejor es que te vayas mientras el tiempo es bueno. Es la princesa. Si cambia de parecer, no sería tan raro que me pida destrozarte. Sal de aquí mientras sigue pensando que es buena idea dejarte vivo.

—¿A-juu…?

—Esto… está mal. Voy a llamar a la señorita que trajiste contigo. Simplemente ve afuera, ¿está bien?

Al se encogió de hombros por el apenas y consciente Subaru, gran proeza bajo las circunstancias. Después, aceleró su paso aún más, saltando las escaleras hacia abajo.

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