Goblin Slayer

Volumen 7

Capítulo 7: Limpiar la Sangre

Parte 3

 

 

Lo primero que hizo Goblin Slayer cuando entró a la carga fue golpear a un goblin con su escudo.

Parecía que había por lo menos cien goblins en el techo circular. Tal vez eso solo era una ilusión. Pero había varias docenas, al menos. Y los aventureros volaron como flechas en medio de ellos.




“¡¿GOROB?!”

Golpeó a un goblin distraído mientras este balbuceaba, luego se deslizó hacia la izquierda, cortando con su espada la garganta de un monstruo que se acercaba.

“¡¿GOROBOOBGR?!”

La criatura se retorció y agonizó antes de ahogarse en su propia sangre.

Goblin Slayer sacó su espada y le dio una patada al cadáver fresco. Luego giró y lanzó su espada a un goblin que trataba de atacarlo con una honda desde atrás.

“¡¿GROOB?!”

“Dos.”

Ni siquiera le presto atención al goblin derribado sino que se acercó al cadáver que había pateado. Cogió un hacha, y la balanceo. Nada mal.

“Oh gran guía que caminaba durante el Cretáceo, concédenos un poco de tu tan cantado éxito en batalla!”

A la izquierda de Goblin Slayer, el Sacerdote Lagarto gritó como un ave de presa y blandió la Garra Espada que sostenía con ambas manos. Garra, garra, colmillo, cola. Agarró al goblin que Goblin Slayer había golpeado con su escudo. Con tantos enemigos, no había tiempo para pensar, y el Sacerdote Lagarto confió en sus instintos de guerrero, gritando como un animal.

“¡¡Eeeeeeahhhhh!!”

“Aquí estoy, pensando que si alguna vez veía a otro goblin sería demasiado pronto,” murmuró el Chamán Enano desde el flanco derecho, “y Escamoso suena como si estuviera pasando el mejor momento de su vda.” Aun así, era capaz de esgrimir su hacha con efectivos y bien acertados ataques.

Aunque según su propio testimonio él no era un soldado, tenía la habilidad suficiente para tomárselo con calma. Goblin Slayer y su espada ya habían eliminado algunos adversarios. Además, la protección divina otorgada por la oración de la Sacerdotisa los salvaguardaba de los ataques de los goblins. El Chamán Enano, que no era un especialista en el frente de batalla, estaba inmensamente agradecido por eso.

“¡Por ahí!” le dijo a la Arquera Elfa Superior desde el costado al enano mientras él estaba parado, con los pies firmemente plantados para blandir su hacha. Ella lanzó tres flechas, atravesando tres enemigos, moviendo sus orejas todo el tiempo en busca de más.

En cuanto a lo que ella acababa de ver: había un goblin en particular parado en lo profundo de la horda.

“¡Tiene un bastón! ¡Y no luce para nada bien!”

“¿Un chamán?” Goblin Slayer sepultó el hacha en el cerebro de su sexto goblin. Soltó el arma, que cayó al suelo junto con el cadáver, y sacó una espada del cinturón del enemigo asesinado. Utilizó el impulso para cortar la cabeza de otro goblin cercano.

“Siete. ¿Puedes darle?”

“¡No será fácil!” dijo la Arquera Elfa Superior, pero ya estaba preparando una flecha en su arco. “¡Pero lo intentaré!”

La Sacerdotisa, corriendo por atrás, captaba toda la escena con una sensación de irrealidad.

Los enemigos eran tantos, y ellos, los aventureros, eran muy pocos. La última vez que ella se había enfrentado a una horda tan grande fue…

Nunca.

La Sacerdotisa, parada detrás de los demás y respirando tan profundo como podía, se sobresaltó al darse cuenta.

Los goblins se le acercaban. Los recuerdos la golpearon como un rayo.




La pelea contra el lord goblin. Aquella vez, ella había trabajado con Goblin Slayer para derrotar al líder enemigo.

Durante el ataque del festival de la cosecha, los goblins se habían separado, por lo que ningún combate había sido tan largo.




La fortaleza helada había sido un combate en retirada. No habían tratado de abrirse camino a través de la masa de enemigos.

Ahora estaban volando hacia el corazón de la horda. El sonido de las armas repicaba a su alrededor. Gritos. Traqueteos de muerte. La peste de la sangre y las tripas.

¡Hay que deshacernos de algunos goblins!

¡Corran! ¡Deprisa!

…ten…e…

El grito pareció resonar en su memoria hasta que llenó su mente por completo. La Sacerdotisa podía oír sus propios dientes tiritando. Ella había hecho esto varias veces, así que ¿por qué sus pies se detuvieron ahora? ¿Por qué se le cortó la respiración?

“¡Eh… Ah…!”

Una piedra pasó volando, rozando su mejilla. Sintió calor y dolor a lo largo de su cara. Había una sensación viscosa de sangre que salía.

Ella dejó de orar, y el efecto de Protección comenzó a desvanecerse.

“¡…!”

De repente notó una cálida y húmeda sensación entre sus piernas, y ella se mordió el labio.

¿Por qué tenía que ser ella la última en la fila?




¿Qué querían de ella?

Entonces se dio cuenta; era demasiado experimentada para no notarlo.

Agarró su sonoro bastón desesperadamente con los dedos, lo levantó, y gritó una súplica a los dioses del cielo.

“¡¡Oh Madre Tierra, abundante en misericordia, otorga tu luz sagrada a los que estamos perdidos en la oscuridad!!”

Hubo una tremenda explosión de luz solar.

“¡¿GOBOGBO?!”

“¡¿GOOBR?! ¡¿GOBOGR?!”

Los goblins gritaban y sufrían mientras la luz sagrada de la Madre Tierra ardía sobre sus horribles caras. Algunos cayeron del techo mientras cubrían sus rostros e intentaban correr, mientras que otros iban muriendo al ser pisoteados bajo los pies de sus camaradas.

La Sacerdotisa recobró el aliento ante la patética escena, pero continuó ofreciendo Luz Sagrada con todas las fuerzas que pudo reunir. Iluminó a los aventureros desde atrás para que no les afectara.




“¡Sí… eres mío…!”

“¡¿GOBBRG?!”

Una flecha fue lanzada, guiada por la insuperable habilidad de la Arquera Elfa Superior. Atravesó la horda como si tuviera vida, e impactó en el hombro del chamán goblin.

“¡¡GORBBBR…!!”

Casi al mismo instante, un hechizo surgió del bastón que el chamán había estado escondiendo detrás de sus soldados.

“¡¡ODUUUAAARUKKKKUPIRUUUUS!!”

Una nube de humo de olor dulce y color púrpura claro apareció en el techo.

“¡Kjjj… Mierda…!” La Arquera Elfa Superior tropezó y cayó sobre una rodilla, mientras que los goblins atrapados en la nube, al igual que ella, se desplomaron a su alrededor.

“¡Esta tiene que ser la Nube del Sueño…!” exclamó el Chamán Enano, tapando su boca con una mano.

“¡Grr… Debemos… concentrarnos!” El Sacerdote Lagarto trató de despertar a la Arquera Elfa Superior, pero sus propios movimientos se estaban volviendo notablemente más lentos.

Es como estar bajo el agua, pensó la Sacerdotisa débilmente. Sus párpados se estaban poniendo pesados, y su bastón era lo único que la mantenía erguida.

Había sido muy divertido, todos juntos jugando en el agua en sus vacaciones.

El mundo se movía hacia adelante y atrás, izquierda, derecha; todo se inclinó cuando ella descubrió que ya no podía seguir de pie.

A lo mejor… todo está bien ahora.

Su conciencia cedió, por un instante. Pero eso fue más que suficiente para que el hechizo de Protección desapareciera por completo.

Con su visión volviéndose peligrosamente oscura, ella vio a la Arquera Elfa Superior de rodillas, y más allá de ella, la espalda de alguien. Los goblins que habían sido mantenidos a raya por el hechizo ahora se acercaban, intentando derribarlo.

“Ah…”

La Arquera Elfa Superior fue arrojada al suelo. Su ropa estaba rasgada. Ella levantó una mano lánguidamente.

Un garrote cayó sobre el hombro del Chamán Enano. Su agarre se debilitó y dejó caer su hacha, la cual terminó en el suelo.

Un goblin saltó sobre el cuello del Sacerdote Lagarto. La daga en su mano se movía entre sus escamas.

“…Uh…”

El hombro de Goblin Slayer… Una espada…

Sangre.

“Goblin Slayer, señor…”

Su voz fue muy ligera. Pero con eso fue suficiente.

“¡…! Guh…”

Ella tomó un respiro. Eso fue lo primero. Llenar ese pequeño pecho con aire y luego dejarlo salir.

“¡¡HHHHAAAAAHHHHHHHH…!!”

Ella no tenía idea de que era capaz de dar un grito tan descomunal hasta que salió de su garganta.

«¡Todos…! ¡Goblin… Slayer… señor …!”

No hubo respuesta.

Ella sacudió su sonoro bastón.

“¡¡Goblin Slayer, señor!!”

No hubo respuesta.

“¡¡…!!”

La Sacerdotisa apretó sus dientes y luchó por mantenerse consciente; podía ver un goblin moviendo y agitándose en lo más profundo de su visión. Podía verlo sostener su bastón, riéndose maniáticamente a pesar de la sangre que se desprendía de su hombro.

La sangre corría por su brazo, salpicando en el suelo con cada paso que el chamán daba.




Asqueroso.

No era más que una intuición. No hubo ninguna señal de la Madre Tierra en el cielo. No, fue simplemente la respuesta a la que llegó gracias a su propia experiencia, su experiencia como una débil niña de dieciséis años que salía en aventuras junto con el hombre llamado Goblin Slayer.

Su respuesta a lo que podía hacer. Lo que debería hacer.

«¡¡Oh Madre de la Tierra, abundante en misericordia, por favor, con tu venerada mano, limpia nuestra corrupción!!»

Y entonces ocurrió un milagro.

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