Goblin Slayer

Volumen 7

Capítulo 6: Corazón de la Oscuridad

Parte 1

 

 

“Rayos…Apesta a moho” se quejó la Arquera Elfa Superior. El nido combinaba los olores de una antigua ruina junto a la podrida pestilencia del típico hábitat de los goblins.

“B-bueno, es un antiguo edificio… Mira, encenderé una luz” dijo la Sacerdotisa “¡Hup!” gruñó de forma linda mientras chocaba el pedernal y prendía una antorcha.




Estaban en el centro de la sala de prevención de incendios que los elfos habían colocado en la estructura, por lo que la luz era limitada y débil. Aun así, era suficiente para que todo el grupo la viera. La Sacerdotisa pasó sus ojos por los rostros de sus compañeros y entonces dio un respiro de alivio.

El pasaje del otro lado de la puerta era bastante claustrofóbico. No era tan chico como para forzarlos a gatear, pero tampoco iban a poder separarse lo suficiente para formar una línea de batalla. Quizá era del tamaño ideal para los goblins, pero en cuanto a todos los demás…

“¡Ugh, no me gusta esto!” dijo la Arquera Elfa Superior. “Una trampa de picos podría arrasarnos a todos juntos.”

“Preferiría preocuparme por mi habilidad de poder ir hacia delante” añadió el Sacerdote Lagarto.

“Sí, hay posibilidades que el enano se quede atorado.”




El Chamán Enano parecía indignado, pero de forma sabia decidió no mencionar su objeción sobre el asunto.

“Andando” dijo Goblin Slayer secamente y el grupo se formó y comenzó a caminar.

La Arquera Elfa Superior iba al frente, Goblin Slayer justo detrás de ella, seguidos por el Sacerdote Lagarto: ellos técnicamente eran la línea frontal. En la retaguardia iba la Sacerdotisa, agarrando nerviosamente su bastón, y el Chamán Enano al final de la formación.

El estrecho pasadizo, cada vez más profundo, se inclinaba suavemente hacia la izquierda y hacia la derecha a lo largo del camino. El eco retumbante que escuchaban debía tratarse del agua de la represa.

Odio túneles estrechos como este, pensó la Sacerdotisa. Si los goblins llegaban desde el frente, no podrían huir. Si llegaban por atrás, el grupo estaría igualmente atrapado.

El aire fétido. La atrapante sensación de terror. Un olor que ella conocía bastante bien de algún lado, de algún momento. La Sacerdotisa se apresuró a mirar a su alrededor, llevada por la sensación de que si no ponía demasiada atención, perdería el rastro de donde estaba.

“Al menos no tenemos que preocuparnos por nuestras pisadas” Dijo la Arquera Elfa Superior a la ligera. Quizás esa era una de las razones por la cual la Sacerdotisa soltó un suspiro de alivio. El aire en el túnel pareció aligerarse de repente.

“Y no parece que tendremos que preocuparnos por que rompan la pared detrás de nosotros” agregó el Chamán Enano.

“Si es que no hay puertas ocultas” dijo Goblin Slayer.

“Y si no encuentran los cuerpos de afuera” añadió el Sacerdote Lagarto.

“Continuemos” Dijo la Sacerdotisa con voz temblorosa, tragando saliva de forma audible. “Cuidadosamente

“Sí. Especialmente considerando que… ¿Cómo se llamaba?”

“Mokele Mubenbe” Contestó la Arquera Elfa Superior mientras media su siguiente paso. “¿Cierto?”

“Sí, ese” continuó Goblin Slayer asintiendo. “Algo se las ingenió para ponerle una silla de montar. No podemos bajar la guardia.”

El Sacerdote Lagarto agarró su Garra Espada más fuerte, mirando a su alrededor. “¿Crees que fue uno de esos pequeños diablillos?”

“¿Alguien le confiaría un dragón a los goblins además de los goblins?”

El Chamán Enano pasó su mano gentilmente por la pared del pasaje. “He conocido gente miserable, pero los goblins establecen un nuevo estándar de bajeza” dijo mientras negaba resignado con la cabeza. “Miren esto. Antes había dibujos justo aquí y ellos…”

Las ilustraciones podrían haber mostrado la historia de las ruinas, o quizá eran una advertencia para los intrusos. Lo que antes habían sido esos dibujos, ahora estaban embadurnadas y rotas por las payasadas de los goblins. Esto sugería que esta destrucción no era un acto de blasfemia por parte de los goblins. Si realmente fueran sirvientes del Caos que intentaba desacreditar las marcas de la Orden, hubieran hecho un trabajo más meticuloso.

En vez de eso, los dibujos estaban rotos en algunas partes, pintados en otras, fragmentados en otros lados y dejados intactos en otros pocos.

“Como niños que se aburren de un juguete” susurró la Sacerdotisa, con un escalofrío. Y estaba justificado: estaba claro que este acto de destrucción del trabajo de otro era sólo por mera diversión. La Sacerdotisa sabía muy bien cómo era cuando ese sentimiento era dirigido a seres vivos.

“…”

Pudo haber sido el terror o la ansiedad lo que le hicieron cerrar con más fuerza su mano derecho sobre su sonoro bastón, mientras su mano izquierda ajustaba su agarre en la antorcha. Ella repetía el nombre de la Madre Tierra en voz baja.

Quizá fue por eso que ella fue la primera en notarlo cuando llegó traído por la brisa que atravesaba las ruinas, combinado con el sonido del agua.

“¿Una…voz?” dijo de repente, deteniéndose.

“¿Qué sucede?” preguntó Goblin Slayer cuando lo notó. Ese hecho hizo que la Sacerdotisa sintiera una pizca de alivio. Era un recordatorio que él la protegía. Que todos ellos lo hacían.

Ella se dio cuenta que estaba comparando de forma inconsciente al grupo con ellos y bajo la mirada, avergonzada.

“Yo sólo… Escuche una voz…”

“¿Oíste una voz?”

“Vino de adelante, creo…”

Goblin Slayer contestó sus palabras inseguras con un gruñido. “Hmm. ¿Tú qué opinas?”

“Bueno, esperen un segundo. He estado completamente concentrada en este piso” La Arquera Elfa Superior alzó la vista, sus orejas ahora levantadas, preparadas para captar cualquier sonido.

Fwip, fwip. Revolotearon ligeramente.

“…Sí, lo oigo también. La voz de una persona. No puedo decir si es de un hombre o de una mujer.”

“Así que hay algo más vivo aquí además de los goblins” dijo el Chamán Enano frunciendo sorprendido. “Supongo que deberíamos estar felices, pero el rescatarlos se añadiría a nuestra lista de problemas.”




“No podemos asegurar que sea un prisionero” añadió el Sacerdote Lagarto, girando sus ojos hacia arriba y tocando la punta de su nariz con la lengua.

“Pero si hay alguien cautivo aquí abajo…” la Sacerdotisa levantó la antorcha lo más alto que pudo, como si la usara para alejar la ola de miedo e indecisión en ella. “Entonces, tenemos… ¡Tenemos que ayudarlos…!”

“Sí” Goblin Slayer respondió sin siquiera vacilar. Volvió a revisar su escudo en su mano izquierda, luego giró su muñeca derecha una vez y ajustó el agarre de su espada. “Eso no cambia lo que debemos hacer. Andando.”

Poco después, el grupo llego a una escalera en espiral que se alargaba desde lo más profundo de las ruinas hasta lo más alto. Incontables túneles se diversificaban desde ella en varias direcciones.

La voz resonante se podía oír desde abajo… muy, muy abajo, como si sonara desde las profundidades del infierno.

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