Goblin Slayer

Volumen 7

Capítulo 5: Crucero por la Jungla

Parte 5

 

 

Algún tiempo después.

El grupo se deslizaba como un tren de sombras bajo la iluminación de las lunas gemelas.




A través de la maleza, haciendo a un lado las hojas y las ramas, mantuvieron su peso bajo, moviéndose tan rápido como podían.

El único sonido proveniente de ellos fue el suave susurro de una oración de la Sacerdotisa: “Oh Madre Tierra, abundante en misericordia, concédenos la paz para aceptar todas las cosas…”

Ella corrió a través del silencio absoluto tan rápido como pudo, el sudor corría por su frente, sus manos se aferraban a su sonoro bastón.

A medida que se acercaban, el dique y la fortificación de los goblins se alzaban extrañamente delante de ellos.

La forma en que las rocas se habían apilado y tallado era trabajo de los enanos.




La forma en que las estructuras habían sido construidas sin molestar a los árboles de su alrededor era obra de los elfos.

Los preparativos contra los ataques deben provenir del conocimiento de los hombres lagarto o los humanos.

Aquí y allá, una piedra había sido desplazada por los goblins, mancillando este lugar.

¿Para qué podría haberse construido este lugar? Se preguntó la Sacerdotisa de repente.

Un santuario, un templo, una torre, un castillo, un dique, un puente… Parecía ser todas estas cosas, y sin embargo ninguna de ellas.

Fuera lo que fuera, ahora era un nido goblin, y para desafiarlo se necesitaría más de un milagro de la Madre Tierra, sin importar cuán misericordiosa fuera.

Ese era el por qué los aventureros tenían algo más que los defendiera.

Una niebla blanca que parecía levantarse por cuenta propia, fssh, fssh.

También era intensamente caliente.

Hasta cierto punto, eso era de esperarse, estaban en una selva tropical, después de todo, pero también era agotadoramente húmedo. Las vestimentas de la Sacerdotisa habían absorbido suficiente agua como para hacerse más pesadas, y su sudor hacia que su ropa se pegara a ella de la forma más desagradable. Ella se había arremangado las mangas por necesidad pero en ningún momento había dejado de orar.

Había alguien más que tampoco había detenido su trabajo… el Chamán Enano.

Él sostenía una piedra, que brillaba en color rojo, en sus toscas manos. La fuente del calor, de la niebla, estaba en esa piedra… en la salamandra que vivía dentro.

Danzante llama, salamandra de fama. Concédenos una parte de eso pequeña ama.

El espíritu de fuego invocado por el hechizo Prender evaporó el agua con la que los espíritus del aire estaban tan impregnados. El resultado era como estar envuelto en niebla.

El Chamán Enano miró con suspicacia a la Arquera Elfa Superior mientras ella soltaba un pequeño resoplido triunfante.

Ella se está volviendo tan mala como Corta-barbas.

No obstante, el Sacerdote Lagarto venía del Sur, la Arquera Elfa Superior era de este mismo bosque, y el Chamán Enano tenía bastante contacto con el fuego. El espeso calor hizo que sus movimientos fueran más rápidos, en todo caso.

La Sacerdotisa resollaba y resoplaba, y la expresión de Goblin Slayer no podía ser vista.

El Sacerdote Lagarto levantó la vista hacia una torre de observación en lo alto de la fortaleza de los goblins. Con sus ojos que detectan el calor, vio a un goblin con una lanza tomando una siesta alegremente.

Sin problemas. Asintió con la cabeza a Goblin Slayer, quién entonces lideró al grupo hacia adelante nuevamente.

Las puertas de la fortaleza estaban prácticamente frente a sus narices ahora.

La enorme y gruesa puerta era característicamente élfica, hecha de una ancestral y robusta madera. No había rastro de metal en ninguna parte de ella, pero su durabilidad era incuestionable.

Al principio, parecía ser una sola pieza, pero en la esquina derecha de la enorme puerta se podía ver un contorno cuadrado. Una puerta más pequeña dentro de la puerta, tal vez una portilla de salida.

Goblin Slayer gesticuló a sus compañeros para que esperaran en los arbustos y luego sacó su porra del cinturón.  La Arquera Elfa Superior trepó a un árbol, sus largas orejas se movían; ella alcanzó una rama y se sentó sin siquiera descolocar una sola hoja. Ella puso una flecha en su arco y la preparó en silencio, mientras que abajo, el Sacerdote Lagarto ajustó el agarre de su colmillo-espada.

En cuanto a la Sacerdotisa y el Chamán Enano, continuaron entonando sus milagros y magia respectivamente. El silencio se prolongó y la niebla siguió aumentando.

Los labios de la Sacerdotisa formaron brevemente las palabras Ten cuidado. Goblin Slayer asintió.

Cuando abandonó la burbuja de silencio, el color y el clamor de la vida volvieron repentinamente al bosque. Las hojas crujían mientras el viento soplaba a través de ellas. El río gorgoteaba. Él podía oír su propia respiración dentro de su casco.

“Hmm.” Se paró por un momento frente a la puerta antes de golpear ruidosamente en ella. Luego, con una agilidad que desmentía el peso de su armadura de cuerpo completo, clavó sus dedos en las vetas de la madera y trepo por ellas.

La reacción llegó un poco después.

“¿GROB?”




La portilla de salida se abrió, y un goblin, probablemente un centinela, asomó la cara.

La Arquera Elfa Superior estaba preparada para dejar ir su flecha en ese instante, pero Goblin Slayer no se movió. Un segundo, y luego un tercer goblin salieron por la pequeña puerta.

El chasquido de la lengua de la Arquera Elfa Superior fue silenciado por la oración de la Sacerdotisa, por lo que nadie la escuchó.

Un cuarto monstruo surgió, y tras esperar exactamente cinco segundos, Goblin Slayer se movió.




“¡¿GORAB?!”

Saltó desde arriba, aterrizando de lleno en la espalda del último goblin que salió. El impacto robó el aire de los pulmones de la criatura, y no hizo más ruido.

Goblin Slayer hizo bajar su porra.

Hubo un sonido seco de algo rompiéndose, y el cráneo del goblin se dobló en una dirección imposible en un ángulo igualmente imposible.

Goblin Slayer sacó la espada del cinturón del cadáver que se contraía.

“Uno.”

“¿GBBR?”

El primer goblin, sorprendido por el repentino grito, comenzó a darse la vuelta…

“¡¿GORB?!”

Una flecha con punta de en forma de capullo silbó a través de la noche, atravesando a la criatura entrando directamente por su oreja derecha y saliendo por la izquierda. Calló sobre sus rodillas como una marioneta con las cuerdas cortadas, y un instante después, el segundo goblin estaba muerto.

A pesar del shock de la emboscada, los dos monstruos restantes habían empezado a actuar.

Pero los aventureros eran demasiado rápidos para ellos.

Un goblin se volvió hacia el enemigo que tenía detrás y encontró su cara destrozada con la porra.

“Dos, y…”

“¡¿GRRB…?!” La criatura cayó hacia atrás, agarrando su nariz aplastada; Goblin Slayer inmediatamente saltó encima de él. Ya había solatdo la porra, desenvainando la espada robada de su vaina. Puso la palma de su mano izquierda sobre la boca del goblin, y con su derecha, apuñaló sin piedad la tráquea de la criatura y luego la cortó.

“Con este son tres…”

Y eso significaba que quedaba uno.

Este último goblin era un poco más listo que los otros; al menos había captado que dos de sus compañeros habían sido asesinados. Estaba tomando una bocanada de aire, abriendo la boca para gritar pidiendo refuerzos, pero antes de que tuviera tiempo de levantar la voz, encontró una flecha atravesada en su garganta.

Cayó hacia adelante con la fuerza del disparo.

“…Cuatro.”

Goblin Slayer confirmó con sus propios ojos que las cuatro criaturas habían dejado de respirar y luego echo un vistazo dentro de la puertecilla de salida. Estaba oscuro, pero todavía había dos lunas en el cielo para proporcionar iluminación.

Dentro de la puerta había una plaza abierta. No había señales de goblins en las inmediaciones.

Sin embargo, por muy indolentes que los goblins pudieran ser, la ausencia de los guardias no pasaría inadvertida por mucho tiempo.

Goblin Slayer apuntaló la pequeña puerta con una estaca y luego hizo un gesto hacia los arbustos.

La Sacerdotisa dejó escapar un largo suspiro y corrió hacia él.

“… ¿Estás bien? ¿Estás herido, o…?

“No, no lo estoy.”

Tras eso, su pequeño pecho se relajó, aliviado.

El Sacerdote Lagarto emergió con la misma rapidez, casi reptando por el suelo, y el Chamán Enano avanzó tras él. Al final de todos venía la Arquera Elfa Superior, saltando del árbol y dirigiéndose hacia la puerta tan rápido que casi no dejó ni la sombra. No sería agradable si la persona que debía asegurarse de que todos llegaran a su destino de forma segura fuera descubierta.

“Se supone que debo ser la exploradora, pero me sentí como una asesina en este momento,” dijo. “¿Qué es lo que sigue?”

“No me gusta, pero tendremos que montar un asalto frontal.” Goblin Slayer limpió su espada con los harapos de un goblin y la devolvió a su vaina. Luego tomó el hacha de uno de los monstruos y la metió sin ceremonias en su cinturón. “Lo siento,” dijo, “pero parece que no habrá tiempo para descansar. Te necesito en primera fila ahora.”

“Eso es, eso es,” siseó el Sacerdote Lagarto. “Nunca he sido de los que hacen menos que destacar en el frente de batalla.”

Sólo le quedaba un milagro. Habían dejado al Guerrero Diente de Dragón para proteger el bote, por lo que su Espada-Garra y su fuerza eran todo con lo que podían contar.

Pero para el Sacerdote Lagarto, eso era suficiente.

“Me quedan tres, a mí,” dijo el Chamán Enano, acariciando su barba.

“Y en cuanto a mí, uh…” La Sacerdotisa contaba con sus dedos. “Dos más.”




“De acuerdo.”

Eso significaba seis en total.

Eso sería verdadera abundancia para un grupo de aventureros regular. ¿Pero sería suficiente para asaltar esta fortaleza?

Habían empezado con once, por lo que habían agotado aproximadamente la mitad de su suministro hasta el momento.

“…” La Sacerdotisa sacudió la cabeza, tratando de despejar una repentina oleada de malos pensamientos. Lo que había sucedido en su primera aventura no tenía nada que ver con esto. Ni siquiera los muertos que había visto en su camino hasta aquí importaban ahora.

“Um, ¿qué debemos hacer respecto a la luz…?”

“Nada de luces hasta que estemos adentro.”

Los goblins podían ver bien en la oscuridad. No necesitaban antorchas para moverse por la noche. Entrar al patio con antorchas encendidas sería tan bueno como suplicar a los goblins que vinieran a buscarlos.

“Una vez entremos, la trataremos como cualquier otra cueva,” dijo Goblin Slayer.

“Muy bien. Prepararé algunas antorchas, entonces,” respondió la Sacerdotisa.

“Por favor hazlo.”




Mientras él hablaba, Goblin Slayer sacó su daga.

“Er,” susurró la Sacerdotisa. Ella hizo una mueca y dejó escapar un suspiro resignado. “¿Tenemos que hacerlo…?”

“Sí.” Goblin Slayer giró el cuchillo en su mano y luego caminó hacia el goblin con la cara destrozada.

La Arquera Elfa Superior, captándolo, rápidamente palmeó su ropa, asegurándose de que todo estuviera listo.  La sangre se drenó de su cara, y sus orejas se inclinaron lastimosamente. “…Aw, ¿hablas en serio?”

“A menos que tengas un paquete de perfume.”

“O-oye, nunca imaginé que un viaje a casa fuera a significar i-ir a cazar goblins…”

“Es parte del trabajo.”

Goblin Slayer no prestó atención a su excusa mientras abría el vientre del goblin. Sacó las entrañas humeantes, y la Sacerdotisa las envolvió en un pañuelo que ella había sacado, con el rostro inexpresivo.

La Arquera Elfa Superior retrocedió con una especie de sonido ahogado; el Chamán Enano rápidamente la cogió por la mano.




“Tienes que saber cuándo rendirte.”

“Sólo se necesitan entrañas,” argumentó el Sacerdote Lagarto desde donde se había movido para evitar que ella escapara, con sus ojos girando hacia arriba.

“¿Huh…? No, de ninguna manera, ¡tiene que haber algo más que podamos…!”

“Cierra el pico.”

Fue, tal vez, solo el nivel de experiencia de la Arquera Elfa Superior lo que la salvó de gritar.

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