Goblin Slayer

Volumen 7

Capítulo 5: Crucero por la Jungla

Parte 4

 

 

«… ¿Me pregunto si las flores estarán floreciendo?»

El murmullo vino de la Sacerdotisa, poco después de que el grupo derrotara a los jinetes goblins.




Los únicos sonidos eran la corriente del agua, los crujidos de los remos y la respiración suave de los cinco aventureros.

A medida que avanzaban río arriba, incluso los animales que vivían en los árboles parecían contener la respiración.

El sol subía más alto y la niebla comenzó a disiparse, pero la espesa vegetación del alrededor proyectaba oscuras sombras. La claridad no regresó, y había algo extraño en todo eso, como si estuvieran entrando en las profundidades de una cueva.

Tal vez esa era la razón por la cual la Sacerdotisa respondió a la inesperada y cada vez más notable dulzura en el aire de la manera en que lo hizo.

La Sacerdotisa se aferró a su sonoro bastón, pero la Arquera Elfa Superior sacudió su cabeza. “No lo sé, pero… nunca había oído hablar de una flor que oliera así.”




“Su territorio está cerca,” dijo calmadamente Goblin Slayer, manteniendo su mano en el arma que había robado a los goblins. Era una porra que parecía ser de un árbol podado, y tenía inquietantes manchas de color rojo oscuro aquí y allá. Las salpicaduras eran de cuando había sido usada para aplastar las cabezas de personas… y goblins.

Al final, más de veinte goblins y sus monturas yacían muertos en el río. No podían haber dejado los cadáveres al aire libre; demasiadas posibilidades de que hubieran sido descubiertos por otro grupo. Y no hubo tiempo para enterrarlos.

De todos modos, si los cadáveres fueran arrastrados río abajo, los goblins de río arriba no se enterarían…

Y los peces carnívoros del río probablemente se librarían de los cuerpos por ellos.

Esto le había dado a la Sacerdotisa cierto inquietud, pero el Sacerdote Lagarto le había dicho que esa era una forma de entierro a su manera.

“La niebla está empezando a despejarse. Tal vez deberíamos ir preparándonos.” El mismo Sacerdote Lagarto estaba ahora intentando ver lo más lejos posible entre la niebla. Con un gesto de su mano, hizo parar a uno de sus dos Guerreros Dientes de Dragón, el que había estado pilotando el bote. El esquelético marinero levantó el remo y se sentó, abrazándolo.

“No sería un problema pequeño si nos descubrieran por el sonido del remo.”

“Oh, ¿debería orar por el milagro de Silencio…?”, preguntó la Sacerdotisa.

“Todavía no”, dijo Goblin Slayer, sacudiendo la cabeza. “Ya hemos usado Guerrero Colmillo de Dragón dos veces, y Espada Garra una vez.”

El casco se giró hacia el Sacerdote Lagarto como buscando confirmación, y el clérigo asintió afirmativamente.

El grupo tenía un total de siete milagros. Ahora les quedaban cuatro, y la única magia que tenían disponible completamente pertenecía al Chamán Enano, que podía manejar otros cuatro, también. El grupo fue bendecido con considerables recursos mágicos, pero seguía siendo importante hacer el seguimiento de cuántos milagros y hechizos estaban disponibles.

Además, el Silencio por sí solo no era garantía de que evitaran el combate.




“Sigue guardando tus milagros.”

“De acuerdo.” La Sacerdotisa sentía que no había sido de mucha utilidad en la batalla anterior. Ella asintió sin entusiasmo. “¿…?” Entonces ella parpadeó, se frotó los ojos y miró entre los escudos que estaban protegiendo el bote.

“Jo, ten cuidado ahora,” dijo el Chamán Enano, agarrando la cintura de la chica para sostenerla.




“Por supuesto,” dijo la Sacerdotisa, mirando alrededor con los ojos muy abiertos.

Ella había visto una sombra delgada elevándose a través de la niebla.

No era un árbol. Su silueta parecía demasiado extraña como para ser vegetación.

De pie junto a la orilla del río, la cosa deforme parecía casi la presa de un verdugo acollarado, empalado en ramitas… (NOVA: El Verdugo Acollarado o Butcherbird es una especie de ave originaria de Australia, se alimenta de insectos y pequeños lagartos y otros vertebrados. Obtienen su nombre del hábito que tienen de empalar a sus presas en espinas, ramas y otras superficies puntiagudas.)

“… Es eso un… ¡¿tótem?!” Un grito ahogado escapó de la garganta de la Sacerdotisa.

Era un cadáver. Los restos terrenales de alguien que había sido atravesado, desde la entrepierna hasta la boca.

Al quedarse en este cálido y húmedo lugar, había empezado a pudrirse, sus jugos se habían expandido hasta el punto de que ahora apenas parecía humano. A juzgar por la armadura oxidada, había sido una mujer. Sin embargo, el cadáver había sido tan devastadoramente mutilado por los insectos, que ahora ni siquiera estaba claro a qué raza había pertenecido originalmente.

“¡Ugh…!” La Arquera Elfa Superior sintió que estaba a punto de vomitar, pero obligó a bajar lo que amenazaba con subir.

Era obvio por qué los goblins habían expuesto el cadáver.

Crueldad.

Una atrevida declaración al mundo entero de que este era su territorio, y una burla brutal a cualquiera que pudiera atreverse a entrar en él.




Ellos simplemente querían ver a cualquier intruso aterrorizado, asustado, colérico, o al menos enfurecido.

¿Por qué otra razón pondría un trofeo como este, un objeto en la entrada que no tenía ningún propósito defensivo?

“¿Fue empalada viva, o montada en ese palo después de morir…?”, preguntó el Sacerdote Lagarto, mirando a su alrededor mientras juntaba las manos en oración. “.. Por lo menos, ha tenido suerte de seguir siendo parte del ciclo natural.”

El motivo de su amplio gesto quedó claro: había más de un tótem.

Había un bosque de ellos.

Los cadáveres empalados en palos bordeaban la orilla como árboles a lo largo de una carretera. Algunos eran solo huesos; en otros, la carne aún no había comenzado a pudrirse.

Algunos tenían una gran cantidad de cicatrices frescas, mientras que otros se habían hinchado casi cómicamente con gas.

Algunos de los cadáveres parecían ser mercaderes, mientras que otros llevaban ornamentos que hacía que parecieran aventureros.

¿Cuántos habían sido asesinados?




¿Cuántos habían sido utilizados como juguetes de los goblins?




“Ergh…” La Sacerdotisa se llevó una mano a la boca, ¿y quién podía culparla? Se agachó, con el rostro pálido, mientras su sonoro bastón repiqueteó contra la cubierta.

“¡Hrrrgh…!” Se aferró al borde del barco, y vació el contenido de su estómago en el río. Lo que había finalmente conseguido esto era el darse cuenta de que el olor dulce por el que se había preguntado antes era el hedor de los cadáveres pudriéndose.

Durante un año y medio, ella había sido testigo de la crueldad de los goblins y se había acostumbrado de alguna manera, pero incluso ella no podía soportar esto.

Hubo una serie de salpicaduras mientras vomitaba en el agua.




“Toma, mastica esto. Y toma un trago de agua.” El Chamán Enano le frotó la espalda con suavidad.

“…Ur… Urgh. Gr-gracias…” Su voz era débil, su garganta le ardía.

Con ambas manos, ella tomó las hierbas y el agua que él le tendió, masticando las hojas con suavidad.

“… Entonces, ¿Esto es lo que nos va a pasar si perdemos esta pelea?” La Arquera Elfa Superior debe haberse sentido tan mal como la Sacerdotisa, porque su piel siempre pálida ahora no tenía sangre. Ella escupió una maldición. “Esto no es una broma.”

“Estoy de acuerdo,” dijo Goblin Slayer. “No es una broma.”

El casco de metal de aspecto barato miraba al frente.

Allí, en la niebla, una figura extraña se alzaba como una montaña.

La cosa apareció como una sombra oscura en la niebla blanca.

Inesperadamente, un viento fétido apareció, apartando la niebla.

“… Huh”, dijo la Arquera Elfa Superior, sus labios seguían apretados pero su tono aún era funesto. “Así que este es Aquel Que Detiene las Aguas…”

¿Cómo describir esta cosa?

Estaba hecho con grandes bloques de piedra caliza, un templo o un santuario… o tal vez una fortaleza.

La elegante estructura, que se había mantenido desde la Era de los Dioses, estaba ahora desgastada, cubierta de musgo y enredaderas. Sin embargo, la construcción, construida para represar el río, casi no parecían el tipo de ruinas que los goblins encontrarían fáciles de someter.

“Estaba justo al lado, muchacha. ¿Realmente no sabías nada de esto?”

“Oye, este era el territorio de Mokele Mubenbe.” La Arquera Elfa Superior frunció los labios y agitó sus orejas como si estuviese reprochando al Chamán Enano. “Aunque quizá los ancianos de la aldea sabían algo al respecto. A lo mejor hasta mi hermana había oído hablar sobre esto.”

“Así que realmente no sabías nada,” bromeó el Chamán Enano, provocando un enojado siseo de la elfa.

Su discusión era tan enérgica como siempre, y tal vez eso fue deliberado. Después de la terrible visión que acababan de ver, cualquiera querría cambiar el estado de ánimo.

“Lo que nos tiene que preocupar ahora es la fortaleza de los goblins,” dijo Goblin Slayer, mirando alrededor. “Para el barco. La niebla se está disipando.”

“Ai, ai,” dijo el Sacerdote Lagarto, gesticulando una rápida instrucción al Guerrero Diente de Dragón. El esqueleto acercó la pequeña barca a la orilla.

Goblin Slayer puso una mano en la porra de su cinturón y se arrodilló junto a la Sacerdotisa.

“¿Qué piensas?”

“Er… ¿Qu-qué pienso yo?” La sangre se había drenado de su cara, y ella sacudía la cabeza indiferentemente de lado a lado. “Tenemos que… hacer… algo…”

“Sí.”

“Si nosotros… s-simplemente dejamos esto…”

“Sí.” Su voz era tranquila como la de ella, pero no débil. “No vamos a simplemente dejarlo así.”

La Sacerdotisa tragó pesadamente. Goblin Slayer vio que ella movía su mano iba hacia a su propia armadura, y él recogió el bastón caído. La Sacerdotisa lo apretó contra su pecho con ambas manos, como si lo estuviera abrazando, y luego se puso inestablemente de pie.




Ella se obligó a relajar sus rígidos músculos faciales y miró a su visor.

“… Porque… son goblins.”

“Sí.” Asintió él. “Son goblins.”

“Aguanta, Corta-barbas.” El Chamán Enano se lanzó a tierra cuando el barco elfo llegó silenciosamente a la orilla. Ató hábilmente el bote, asegurándolo a un árbol cercano. “Como has dicho, la niebla se está despejando. Y pronto será de noche. Entrar a hurtadillas es algo que va a tomar algunos preparativos.”

“En ese caso…” La Arquera Elfa Superior intentó dos o tres veces chasquear sus dedos, pero terminó simplemente chasqueando la lengua ante el lamentable sonido de fp que obtuvo. “… En ese caso, ¡tengo una idea!”

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