Goblin Slayer

Volumen 7

Capítulo 5: Crucero por la Jungla

Parte 2

 

 

El muelle de los elfos: un conjunto de hojas que salían hacia el río como un puente, los aventureros estaban reunidos.

“Mm… Hmm…” La Arquera Elfa Superior entrecerró los ojos como un gato y dio un gran bostezo; ella aún estaba medio dormida. Los otros aventureros, sin embargo, ya estaban ocupados cargando el equipaje en el bote.




Los botes élficos eran elegantes embarcaciones en forma de lágrima tallados de las raíces plateadas de un abedul blanco.

“¡Y levanta, y jo, y jup, y oh!”

El Chamán Enano estaba ocupado alineando tablas de madera a lo largo de la borda como escudo, convirtiendo la pequeña embarcación en un tosco buque de guerra.

“… No podría hacerse un poco más… ¿bonito?” preguntó el elfo con el brillante casco, haciendo una mueca.

“Me temo que los mendigos no pueden elegir. No tenemos muchos de ellos, y tuve que conseguirlos deprisa. No hay tiempo de preocuparse por cómo se ve.” El Chamán Enano soltó un resoplido molesto y se atusó la barba blanca. “No es como si estuviera feliz de colgarlos de esta manera de todos modos.”




Si hubieran tenido más tiempo hubiera sido otra cosa, pero ante la necesidad, esto era lo máximo que se podía lograr. El elfo debió haberlo reconocido, porque en lugar de seguir quejándose, extendió su mano hacia el viento.

“Oh sílfides, justas doncellas del viento, concédanme su beso más amable… bendice nuestra nave con brisas favorables.”

Hubo un silbido cuando el viento sopló al mismo tiempo que el canto del elfo, y comenzó a arremolinarse alrededor del barco.




“Tengo cierta afinidad con las hadas gracias a que soy un elfo, pero sigo siendo un explorador, un rastreador. Te pido que no esperes milagros.”

“Créeme, no los espero,” dijo el Chamán Enano con una pícara sonrisa y con una mirada de reojo a la Arquera Elfa Superior. “Todo el mundo es bueno en algunas cosas… y en otras cosas no.”

“…Bostezo…” la Arquera Elfa Superior aún estaba frotándose los ojos, sus largas orejas caían lastimosamente. No parecía que fuera a estar completamente despierta hasta pasado un tiempo todavía.

“¿Y dónde está tu hermana mayor?” dijo el Chamán Enano.

“… Parece que las dos hermanas se quedaron hablando hasta tarde anoche.”

“Todavía bajo el abrazo de Morfeo, ¿eh?”

El elfo con el casco brillante dejó escapar un suspiro, luego frunció el ceño como si le doliera la cabeza. “Los humanos son bastante aplicados… Mi nueva hermana menor podría aprender algo de ellos.”

Él estaba mirando a los dos clérigos, que ya estaban a bordo del bote ofreciendo sus oraciones a los dioses.

“Oh Madre Tierra, abundante en misericordia, por favor, por tu mano reverenciada, guía el alma de los que hemos dejado este mundo…”

“¡Oh gran ancestro que caminó por el Cretácico, concédenos un mínimo de tu tan conocido éxito en la batalla!”

La Sacerdotisa se aferraba a su sonoro bastón e imploraba a la Madre Tierra que les mantuviera seguros en su aventura.

El Sacerdote Lagarto estaba haciendo un extraño gesto con las palmas justas e imperaba a sus ancestros por ayuda en el combate.




Incluso aunque estas no eran peticiones de milagros, no había duda de que la protección de los dioses estaría con ellos.

“Fiu…” Acabadas sus oraciones por el momento, la Sacerdotisa se puso de pie y secó su sudor mientras el bote se mecía suavemente en la corriente. “No estoy tan segura de que debamos rogar a los dioses por favores como este. Deberíamos intentarlo por nosotros mismos hasta que entendamos dónde estamos siendo insuficientes.” La Sacerdotisa parecía que podía caerse en cualquier momento; ahora una mano escamosa la sostenía, y el Sacerdote Lagarto asintió.

“No creo que le moleste mucho que pregunte. ¿Por qué rezarle a un dios que no te garantiza la victoria incluso después de haber apostado todo en una gran batalla, dedicando todos tus esfuerzos?”




“Creo que eso puede estar un poco más allá de lo que estoy hablando.”

Una de ellos era una clériga devota y una sierva de la Madre Tierra.

El otro era un Sacerdote Lagarto que veneraba a sus antepasados, los temibles nagas.

Pero esta diferencia no significaba necesariamente que tuvieran que estar en conflicto.

“De todos modos, hagamos nuestro mejor esfuerzo.” La Sacerdotisa asintió para sí misma, agarrando con fuerza su sonoro bastón.

“¿Ya terminaste?,” preguntó Goblin Slayer mientras salía de la cubierta inferior.

Sus brazos estaban llenos de provisiones y equipo para dormir, y recorrió con la mirada los escudos que habían sido colocados contra los costados de la nave.

“Oh sí. Los escudos están montados, hemos rezado nuestras oraciones y también tenemos la bendición del viento.”

“Ya veo,” murmuró Goblin Slayer. “Gracias por tu ayuda.”

“¡Oh, para nada!”

La Sacerdotisa tenía una brillante sonrisa en su rostro; Goblin Slayer le asintió con la cabeza y luego bajó audazmente hacia el muelle. Las grandes hojas se estremecieron ligeramente bajo su peso y el de su equipo, y una onda recorrió la superficie del agua.

“Te agradezco la ayuda.”

“No te preocupes por ello,” respondió el elfo con el brillante casco de manera uniforme. “Sin embargo,” añadió, “si quieres agradecérmelo, trae a mi joven cuñada de vuelta a salvo.”

“Muy bien” respondió Goblin Slayer sin dudarlo. Se volvió para mirar a la chica en cuestión, que todavía parecía peligrosamente inestable.




La Sacerdotisa se esforzaba por hacer callar al Chamán Enano, quien estaba sugiriendo que un buen chapuzón en el río le haría bien a la elfa.

“Acepto,” dijo Goblin Slayer.

“Muy bien,” respondió el elfo. Su rostro se relajó en lo que podría haber sido un gesto de alivio, pero rápidamente volvió a tensar su expresión. Luego metió la mano en el zurrón de artículos que tenía en la cadera y sacó un pequeño frasco de valiosa miel dorada.

“Esto es un elixir,” dijo. “Un remedio secreto transmitido entre los elfos. Se dice que está hecho con una combinación de hierbas, variedades de savia de árbol y jugos de frutas, junto con un ritual para los espíritus. La parte superior fue sellada con una hoja de reyes, por lo que el elixir se puede beber solo una vez.” (NOVA: La Athelas, también conocida como Hojas de Reyes o Aseä Aranion, es una planta herbacia de la que se dice que fue traída por los Dúnedain desde Númenor a la Tierra Media. En los acontecimientos relatados en El Señor de los Anillos, Aragorn Elessar cura a Faramir, Éowyn y a los hobbits Frodo y Pippin gracias al poder de Athelas.)

Goblin Slayer tomó la botella sin decir una palabra y la puso en su propia bolsa de objetos.

“Si no vuelvo, por favor ocúpate de las dos mujeres.”




“Acepto.”

“Y de los goblins también.”

“Pero por supuesto.” El elfo asintió y luego, después de pensarlo un momento, agregó sombríamente, “… Puede que no sea perfecta, pero ella es mi cuñada menor ahora, y la conozco desde hace mucho tiempo. Cuida de ella.”

“Mientras esté en mi poder, lo haré.”

Incluso el elfo, con toda su larga vida, pareció sorprendido por la respuesta de Goblin Slayer. “Tú no te tomas nada a la ligera, ¿verdad?,” dijo, su expresión se suavizó un poco… pero habló en voz tan baja que solo los árboles pudieron oírlo. Luego continuó, “Los ancianos han recibido algún tipo de noticias del pueblo del agua.”

“¿Oh?”




“… Pero incluso yo aún no soy lo suficientemente maduro por el reconocimiento de los elfos superiores. No puedo adivinar qué movimiento planean hacer los ancianos.”

La imaginación elfica abarcaba un vasto período de tiempo. La cosa más pequeña y aparentemente insignificante podría tener ramificaciones innumerables años después.

Las acciones que tomaran aquí, ahora, probablemente serían igual. El elfo con el brillante casco rechinó los dientes. Él iba a ser el próximo líder, y sin embargo, ni siquiera se le había dicho cuáles eran las noticias.

No es que no pudiera hacer suposiciones, por supuesto. Pero una suposición era una suposición. No era un hecho.

Mientras no supiera qué ondas podían formarse en la superficie, sólo podía permanecer en silencio.

Goblin Slayer miró al silencioso elfo y gruñó. Luego, lentamente, como si nada hubiera pasado, abrió la boca.

“Además, ten cuidado con el río.”

“Ustedes son los que deberían tener cuidado,” dijo el elfo delicadamente, sintiéndose un poco extraño por la indiferencia de las palabras de Goblin Slayer. “Creo que habrá niebla hoy.”

Sus orejas se movieron como hojas cuando captó el sonido del viento y miró la pálida luz del cielo de la mañana.

“Los goblins no son el único peligro en este bosque. En un momento inapropiado, la naturaleza misma puede ser tu enemiga. Ten esto en cuenta a medida que avancen.” Porque después de todo… El elfo con el brillante casco y Goblin Slayer miraron hacia el bosque. “Estarán dirigiéndose hacia la oscuridad.”

“Hacia la oscuridad,” repitió suavemente Goblin Slayer.

El mar de árboles que se extendía hasta el origen del río albergaba una oscuridad impenetrable.

Había una brisa cálida que traía consigo un aire espeso y húmedo. Como el interior de un nido de goblins, pensó Goblin Slayer. Y eso era un hecho.

¿Qué debería hacer, entonces? Lo consideró durante un instante y luego formuló su plan.

“…Tengo una petición más.”

“¿Cuál es?” el elfo lo miró inquisitivamente.




“Preparar otro bote.”

“Lo haré.” Asintió el elfo, haciendo el signo ritual de una promesa de su gente.

Al ver esto, Goblin Slayer dijo, “Por cierto,” como si se le acabara de ocurrir algo. “Me he estado preguntando. ¿Es verdad que los elfos no tienen el concepto de lo que es ‘limpiar’?”

“Lo tenemos,” respondió el elfo con el brillante casco, luciendo muy harto. “Pero algunas hermanas no.”

“… Ya veo.”

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