Goblin Slayer

Volumen 7

Capítulo 4: La Batalla con la Bestia

Parte 1

 

 

Goblin Slayer y la Arquera Elfa Superior estaban bajando a través del árbol zelkova más o menos al mismo tiempo que sus amigos estaban saliendo de la raíz.

Se unieron frente a la fortificación de los elfos, pero instintivamente se detuvieron ante el ruido de los árboles siendo destruidos que se oía a lo lejos.

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«¡¿Qué está pasando?!» El Chamán Enano gruñó.

«Un monstruo llamado como sea, está armando un alboroto», contestó Goblin Slayer, una explicación que apenas explicaba nada. Luego miró a su alrededor. «¿Qué hay de las otras dos?»

«Oh, sí. Pensé en pedirles que volvieran a la habitación y esperaran allí».

La respuesta vino de la Sacerdotisa, cuyo cabello y piel aún estaban húmedos. Debe haber venido de la zona de baño con mucha prisa. Sus mejillas estaban enrojecidas y tenía una mano en su pecho para disminuir su respiración y pulso.

«Probablemente sea seguro allí», agregó.

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«Así que nos cruzamos.»

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Bueno, está bien.

Goblin Slayer llegó a su conclusión rápidamente.

Difícilmente podría haber un lugar más seguro que el interior de un baluarte elfo… aunque no se pueda decir que ningún lugar sea completamente seguro. El hecho de que él no pudiera verlas sería una dificultad, pero había muchas dificultades aquí. No serviría de nada preocuparse por una más.

«¡¡¡¡¡MBEEEEEEEEEEEEEEEE!!!!!»

Los continuos gritos de la bestia ahogaron los gritos de los elfos, incluso cuando los guerreros elfos, cazadores, saltaban de hoja en hoja, con aljabas con flechas en sus espaldas.

«Parece que van a luchar», dijo el Sacerdote Lagarto, acariciando su mandíbula; él era el único que parecía divertido por toda la situación. «No preguntaré si los elfos tienen destreza en la batalla. Como mínimo, dudo que no tengan experiencia».

La guerra ha sido el camino del mundo desde la Era de los Dioses. Por mucho que los elfos hubieran deseado un lugar pacífico y seguro para vivir, seguramente no podrían haber evitado el combate. Tenía que haber muy pocos elfos que nunca se habían enfrentado a las fuerzas del Caos, con un arco en la mano.

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«Ese es Aquel Que Detiene Las Aguas», dijo la Arquera Elfa Superior. «Si lo matamos y se crea una represa en el río, habrá verdaderos problemas».

Ella sabía la respuesta. Mientras tomaba su arco, encajando casualmente una flecha en él, parecía tener dificultades para moverse. Sus oídos temblaron una vez, y luego otra, absorbiendo los sonidos que la rodeaban.

«La Hidra de Lerna…. Así es como la llaman los humanos.»

“¿…?” La Sacerdotisa la miró con sorpresa. «Pensé que las hidras tenían muchas cabezas.»

«Esa todavía es joven.»

«Aunque ha existido desde que yo era una niña», murmuró oscuramente la Arquera Elfa Superior.

«En cualquier caso, es una criatura que demanda respeto. Es más de lo que podemos manejar».

No tengo ni idea de si podemos ganar. Sus palabras hicieron que la Sacerdotisa asintiera con seriedad.

«Así que estás diciendo que tenemos que evitar que se acerque de alguna manera, hacer que vuelva al bosque.»

Eso sería más que difícil, pero aun así….

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La Sacerdotisa, sin embargo, agarró su sonoro bastón con fuerza con ambas manos y dijo con una mirada de determinación: «¡Haremos lo mejor que podamos!»

Alguien se rio… una risa despreocupada y relajada, como si de repente se dieran cuenta de que se estaban divirtiendo. El Sacerdote Lagarto vio a la criatura a lo lejos y dijo jovialmente: «Nunca pensé que sería bendecido con la oportunidad de darme un festín con un antepasado de los grandes nagas. ¡Excelente!»

«…No te lo comas, ¿de acuerdo?» La Arquera Elfa Superior lo miró como si no estuviera segura de si estaba hablando en sentido figurado; el Sacerdote Lagarto abrió sus mandíbulas con la mayor seriedad. «¡Señorita guardabosques, subamos al cuello de ese monstruo y clavemosle una flecha en el ojo!»

«¡Te dije no podemos matarlo!»

«¿No puedes dispararle en el pie o dar a un tendón?»

«…A veces los seres vivos mueren solo por el shock de ser disparados, ¿verdad?»

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«Es una hidra, no una pulga.»

«Pero», dijo Goblin Slayer en voz baja, alejando la mirada del monstruo invasor, «en cualquier caso, tendríamos que acercarnos lo suficiente para disparar una flecha».

La criatura ya era visible más allá de los árboles caídos.

El gran monstruo de color fresno caminaba sobre sus patas en forma de tronco, su cola y cuello gigantescos barrían con los árboles.

Parecía un dragón, pero no lo era. Parecía un lagarto, ¡pero no lo era!

El Sacerdote Lagarto no pudo evitar dar un grito de admiración al ver ante sus propios ojos a la mitad bestia, mitad criatura divina, que se dice que acompaña a los arco iris.

«¡Oh! ¿Así se veían los Braquiosaurios o Brontosaurios, o incluso los Alamosaurios?» Dio un gran aullido animal mientras ofrecía la oración emocional a sus antepasados. «¡Nunca imaginé que vería algo así en este lugar…!»

«Miren. Ahí, sobre su espalda», dijo en voz baja Goblin Slayer, y ellos hicieron lo que él dijo.

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«¡Hrm….!» Era imposible decir de quién en el grupo provenía el gruñido.

La espalda de Mokele Mubenbe debe haber estado al menos a 15 metros de alto. Cada vez que la criatura se movía, las protuberancias en forma de abanico en su espalda hacían un sonido crepitante.

Pero eso no era todo.

Entre las espinas de su espalda había sombras retorcidas.

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Las sombras se aferraban a algo, moviendo los brazos con locura y parloteando.

«¿Es esa una… silla de montar?»

La Arquera Elfa Superior parpadeó, asombrada por algo que no podía ser.

«¡¿Goblins?!»

Y así era.

Goblins, aferrados a la espalda de Mokele Mubenbe, escupitajos sucios que salían volando de sus bocas mientras aullaban.

La Arquera Elfa Superior los recordaba.

Eran las terribles criaturas que los habían atacado primero en la granja, y luego ayer en el río.

«Jinetes goblins…» La voz de la Sacerdotisa temblaba al ver por primera vez algo increíble.

Tenía sentido ver a los goblins en los lomos de lobos grises. Incluso los caballos o los burros no habrían sido tan aterradores.

Pero… pero… oh, sí.

«¿Son esos goblins…dragoons…?» (NOVA: Los Dragoons son una clase de infantería montada, que usa caballos para movilidad, pero desmonta para luchar a pie. Regimientos de Dragoons fueron establecidos en los ejércitos de europeos durante el final del siglo 17 y comienzos del siglo 18)

«No parecen tener las riendas», dijo suavemente Goblin Slayer, simplemente informando sobre los hechos.

«Ciertamente», el Sacerdote Lagarto estuvo de acuerdo. «Aun así, incluso uno que no sabe montar puede espolear a un caballo… Supongo que eso es lo que tenemos aquí.»

«¿Qué piensas al respecto?»

«Los jinetes no me asustan en lo más mínimo. Sin embargo…» el Sacerdote Lagarto puso una mano en su mandíbula y movió sus ojos, mirando pensativamente al monstruo saurio. «Dicen que, si quieres detener al general, primero debes matar a su caballo. Así que supongo que si desea detener a un caballo, primero debe matar al general».

«Estoy preparado para eso.» Goblin Slayer miró brevemente hacia el balcón de la habitación en la que se les había dado alojamiento. «En cualquier caso, mataré a los goblins. No hay razón para dejarlos vivir».

«¡Deja que yo me encargue!» Dijo la Arquera Elfa Superior, levantando inmediatamente su mano. Su voz era alegre, pero estaba mirando fijamente a Mokele Mubenbe y a los goblins en su espalda. «Francamente, estoy empezando a cansarme un poco de los goblins. Ayer, hoy…. ¡Y en mi hogar, nada menos!»

Goblin Slayer asintió. Luego le dio una palmadita en el hombro a la Arquera Elfa Superior. Sus orejas temblaron.

«Retendremos a esta bestia, como quiera que se llame, aquí. Ustedes dos, ayúdenme».

«Claro que sí», dijo el Chamán Enano.

«Por supuesto», añadió el Sacerdote Lagarto.

La Arquera Elfa Superior aún estaba tiesa por haber sido tocada en el hombro.

¿Podría el juicio de Goblin Slayer en un momento como éste…? No.

Cada vez que ella lo había visto dejar que alguien hiciera algo durante el último año, siempre se había basado en una firme comprensión de la situación. Había una razón por la que le habían confiado a este extraño y bizarro aventurero el liderazgo de su pequeña banda.

«Um, ¿qué hay de mí…?» preguntó la Sacerdotisa con indecisión.

La instrucción de Goblin Slayer llego sin duda alguna. «Prepárate para administrar primeros auxilios. Si matarlo es malo, supongo que tampoco debería estar herido».

Y así se estableció el plan.

La Arquera Elfa Superior cogió su arco y empezó a buscar una oportunidad para lanzar un ataque sorpresa, mientras el Chamán Enano metió la mano en su bolsa de catalizadores. El Sacerdote Lagarto agarró algunos colmillos y comenzó a rezar, mientras que la Sacerdotisa se aferró a su bastón y suplicó a la Madre Tierra.

Goblin Slayer estaba alistando sus propios preparativos cuando…

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«¡Oigan, todos ustedes! ¿Qué están haciendo?»

Una voz aguda vino volando hacia ellos. El elfo con el casco brillante, que había estado haciendo una ronda por la aldea, se acercó a ellos cubierto de sudor, parecía ansioso y emocionado. Presumiblemente, había estado evacuando a las mujeres y los niños que habían estado afuera.

«Oh, hola, hermano. Mira, no te preocupes.» La Arquera Elfa Superior sonrió, totalmente tranquila. «Estamos acostumbrados a este tipo de cosas.»

«¡Pero…!»

«Este», dijo Goblin Slayer, interrumpiéndolo, «es mi trabajo».

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Con esta última y silenciosa declaración, Goblin Slayer desenvainó su espada, girándola con su muñeca.

Eran goblins a los que se enfrentaban.

Goblins.

La respuesta era obvia.

«Matar goblins es mi trabajo.»

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