Goblin Slayer

Volumen 7

Capítulo 2: Corta-Barbas Va Hacia el Río Sureño

Parte 4

 

 

«Oh, Madre Tierra, abundante en misericordia, por el poder de la tierra, ¡danos seguridad a los débiles!»

Primero, la Sacerdotisa invocó un milagro, aferrándose a su sonoro bastón.

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¿Cómo podría la Madre Tierra fallar en proteger a su devota discípula? Una barrera invisible surgió alrededor de la balsa. Las rocas y palos que caían sobre ellos rebotaron, bum, bum, bum, provocando pequeños chapoteos mientras caían al agua.

Sudor corría por la frente de la Sacerdotisa.

«S-Si no empeora, tal vez podamos…»

Pero tan pronto como ese murmullo escapó de sus labios, el silbido de una flecha congeló su corazón. Lo que fuera que estuviera en la orilla, era claramente algo inteligente.

Las figuras se acercaron al litoral. La Arquera Elfa Superior se arrodilló, su arco preparado y su mirada fija.

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Aullidos animales. Gruñidos. El ruido de patas, no de los cascos. Sus largas orejas se movían hacia arriba y hacia abajo, captando cada pequeño de sonido.

Ella había visto a estos enemigos antes. Conocía el sonido. Se había enfrentado a ellos en el pasado. Estos eran…

«¡¿Goblins…?!»

Jinetes Goblins.

Ella gritó cuando logro ver sus crueles caras.

“¡Pensé que estábamos en tu tierra natal!» Gritó el Chamán Enano.

«¡Bueno, lo-sien-to!»

«Así que eran goblins», dijo tranquilamente Goblin Slayer, lanzando la pértiga al Sacerdote Lagarto. «Toma el timón».

«¡Entendido!» Con su fuerza, el Sacerdote Lagarto sería capaz de empujar un poco la embarcación. De todos modos, no era probable que hubiera ninguna pelea cuerpo a cuerpo.

El Sacerdote Lagarto golpeó la pértiga contra el fondo del río, y la balsa siguió adelante, aunque no quería moverse.

«¡Apestosos hijo de…!» La Arquera Elfa Superior tiró suavemente de su arco a pesar de la temblorosa embarcación, disparando una flecha casi instantáneamente. Pasó a través de la barrera divina que los rodeaba, se ralentizó, y luego cayó hacia el litoral.

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“¡¿GORRB?!»

Hubo un grito sordo cuando uno de los goblins perdió su caballo, o lobo, y cayó al suelo. El cadáver rebotó dos veces al bajar, chocando con la balsa y haciéndola temblar.

«¡¿Eeek?!»

«¡Eep….!»

La Chica del Gremio y la Vaquera lucharon para suprimir sus gritos bajo la manta.

No era suficiente que el cadáver silencioso tuviera una flecha clavada en él; tenía la cabeza abierta y brotaba sangre oscura. No importaba cuántas historias de aventuras un hubiera escuchado o leído, ver de cerca una muerte tan brutal era otra cosa.

«¿Qué pasa?» preguntó el Goblin Slayer. Sacó la flecha del cuerpo, y luego dio a los restos una despiadada patada lanzándolos al río. Hubo un fuerte chapoteo y el cadáver se hundió hasta perderse de vista.

La Vaquera lo vio desaparecer. Entonces, con su mano aún firme en la de la Chica del Gremio, dijo con voz ligeramente aguda:

«E-Estamos bien…»

«Bien, entonces.» El Goblin Slayer las miró brevemente y luego tiró la flecha la Arquera Elfo Superior. «No sé si podremos acabar con ellos. Afloja las cabezas de tus flechas».

«Tan astuto como siempre», dijo cansadamente la Arquera Elfa Superior, tirando de la punta de la flecha que le tiró. Aunque la cabeza no estaba hecha de metal, si permanecía alojada en el cuerpo, provocaría que la herida se pudriera y propagaría enfermedades dentro del nido. Era un truco clásico de Goblin Slayer, pero era el tipo de cosas que a la Arquera Elfa Superior no le gustaban mucho.

«…¡Yah! ¡Jah!»

Aun así, la cuerda de su arco cantaba una y otra vez, enviando flechas que llovían sobre el litoral. Tres disparos, dos gritos. Ninguna caída. La Arquera Elfa Superior chasqueó su lengua. Junto a ella, Goblin Slayer cogió una de las lanzas y conecto un objeto de piedra al fuste de madera.

El Sacerdote Lagarto lanzo unas palabras de admiración.

«Un lanzador de lanzas», dijo. «Qué cosa tan familiar tienes.» (NOVA: El lanzador de lanzas o Atlatl, es un arma de la edad de piedra y su uso fue extendido en todo el mundo, desde Sudáfrica, pasando por Europa, incluso llegando a los pueblos precolombinos de México, Guatemala y Perú. En lengua náhuatl se le llamo Atlatl que significa “brazo extendido” IMAGEN)

«¿Lo conoces?»

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«Era bastante común entre los guerreros de mi aldea.»

La gente lagarto valoraba sobre todo el combate cuerpo a cuerpo; encontraban desagradables incluso las más simples armas a distancia. Y lanzar, de todos modos, era algo en lo que los humanos sobresalían. Los lanzadores de rocas con hondas de los Rhea tampoco eran nada que tomar a la ligera, pero a los rheas generalmente no les gustaba el combate. Y sí, el Chamán Enano usaba una honda, pero su magia y su hacha eran sus armas principales.

«¿Llegara?» Preguntó el Chamán Enano.

«Fácilmente», contestó el Goblin Slayer, solo una palabra.

«¡Bien, entonces…!» El Chamán Enano sacó una botella de algún tipo de líquido de su bolsa. Abrió la tapa y vertió algo parecido al jugo de melocotón en el río. Mientras tanto, dejó que su conciencia se retorciera.

«Vengan, ondinas, el banquete está preparado; ¡vengan y canten y bailen y jueguen!»

El chorro de agua tomó la forma de una hermosa doncella, y he aquí que el río comenzó a fluir hacia atrás.

No…. No todo el río. Sólo el agua donde descansaba la balsa había empezado a girar. Esto era Control de Espíritus.

«¡Quizás no estoy muy en sincronía con ella!» Gritó el Chamán Enano, mirando hacia el agua. «¡No puedo obtener mucha velocidad de ella!»

«Es suficiente», dijo Goblin Slayer, y luego envió su lanza a volar.

Voló por el cielo con una velocidad poco natural. A esto le siguió un grito terrible… no de un goblin, sino de uno de los lobos en los que cabalgaban.

«Tenemos poca suerte para ayudándonos,” dijo el Goblin Slayer, preparando la siguiente lanza. «No sé cuántos goblins hay. No podremos matarlos a todos».

«Permítanme decir que tenemos una opción», dijo el Sacerdote Lagarto. Todavía estaba a cargo del timón y de la vigilancia de la Vaquera y la Chica del Gremio. «Mi señor Goblin Slayer, ¿podríamos considerar escapar del enemigo en lugar de masacrarlo?»

«No me gusta. Pero…» Goblin Slayer cargó la siguiente lanza en su lanzador y lo envió volando hacia el litoral con un movimiento de su brazo. Desapareció y, un momento después, hubo un grito.

“¡¿GOORARB…?!”

El goblin cayó de la espalda de su lobo y cayó del acantilado. El cadáver dio un vuelco al caer al agua con un enorme chapoteo.

«…Tendremos que ajustar cuentas después de escapar.» Ya iban dos. Goblin Slayer recogió la siguiente lanza. «¿Cómo está nuestra defensa?»

«Resistiendo…. ¡De alguna manera!» La Sacerdotisa respondió, levantando su bastón y poniéndose de pie tan audazmente como se atrevía a hacerlo sobre la balsa. Toda la defensa de su grupo descansaba actualmente sobre sus delicados y estrechos hombros. Los dioses habían provisto el milagro de la barrera invisible, pero era la oración de la Sacerdotisa la que la mantenía en pie.

Los ataques llegaron sin cesar, y al hacerlo, su respiración se hizo más difícil y sus piernas amenazaron con ceder. Era completamente impresionante que ella pudiera realizar tres de estas agotadoras súplicas a los cielos en un solo día.

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«Uhh….!»

Aun así, ella estaba llegando a su límite. La barrera se debilitó cuando se le escapó el jadeo. Respiró profundamente con dificultad y se obligó a respirar de manera uniforme. Ella forzó sus pies para pisar con fuerza en la balsa y sus manos para sostener su bastón.

«¡Voy a añadir otro…! ¡Denme algo de tiempo!»

«Por favor, hazlo». Goblin Slayer levantó su escudo para bloquear una piedra que atravesó la barrera.

Ramas, piedras, rocas e incluso algunas flechas. La variada colección de proyectiles golpeó y estremeció la balsa, provocando que se balanceara para aquí y para allá.

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«¡Hrm….!» el Lagarto Sacerdote dio un empujón con la pértiga, enviando la balsa un poco hacia atrás, pero la corriente fue como una ola apresurada que se deslizaba por el barco.

«¡¿Qué?! ¡Pfft!»

«¡Ah, oh no…!»

El agua empapó las telas bajo las cuales se escondían la Vaquera y la Chica del Gremio, provocando más gritos. Estaban en peligro de quedar inundadas por su protección, pero se aferraron la una a la otra y resistieron.

La Chica del Gremio le hizo un gesto con la mano a Goblin Slayer, que había mirado en su dirección, y luego ella parpadeó varias veces. De repente, había una cantidad considerable de residuos… ramas y guijarros y otros restos estaban en la balsa. ¿Los goblins les habían arrojado todo esto? No, no puede ser.

Una mirada al agua a su alrededor reveló un gran número de trozos de madera flotando, incluso barriles enteros a la deriva.

«Hrrgh…. ¡Ah!»

El Sacerdote Lagarto luchó poderosamente para controlar la dirección de la balsa, pero la pertiga chocó con un barril, lo que ocasiono que la embarcación temblara violentamente. Otra ola se estrelló contra los aventureros, empapándolos e inundando su nave.

«Oh….»

Fue entonces cuando la Chica del Gremio vio algo blanco brillante: un cráneo humano pasaba flotando a su lado.

Ella intentó cogerlo con una mano temblorosa, pero al extender la mano, el cráneo fue succionado bajo el agua y desapareció.

Ella lo vio desaparecer en silencio. Pronto, fue reemplazado por varios montones flotantes de basura, sujetados con cuerdas.

«Esto p-podría ser malo», dijo con un temblor en la voz. «¡Creo que quieren hundir la balsa!»

El terrible cacareo de goblins llenó el valle, resonando alocadamente.

«¡GRRROB! ¡GOORRB!»

«¡¡¡GROBR!!! ¡¡GOOORRRRB!!»

No había necesidad de que los goblins se enfrentaran personalmente a los aventureros para matarlos. Podrían simplemente volcar la balsa, o llenarlo con basura hasta que se hundiera.

Sí, voltear la balsa sería lo mejor. Los goblins podían señalar y reírse mientras la estúpida gente se ahogaba; si alguien sobrevivía, entonces podían disfrutar atacando desde lo alto.

Ahora estaba claro lo que había pasado con los botes que habían venido en esta dirección y no habían regresado.

«¡Gah! ¡Qué ruidoso, y estas en nuestro camino…!» Arquera Elfa Superior dio a uno de los montones de escombros un frustrado empujón con su pierna, levantando un chorro de agua pero sin tener ningún efecto perceptible.

Los goblins simplemente tenían que seguir tirando piedras y escombros desde arriba.

El Chamán Enano, igualmente frustrado, hizo una serie de gestos arcanos.

«Voy a hacer que mi ondina saque estas cosas de la balsa,» dijo, «¡Así que has algunos tiros con tu arco o algo!»

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“¡¿O algo?! ¡¿Qué quieres decir con ‘o algo’ ?!»

El hermoso espíritu bailó sobre la balsa. Sus sensuales movimientos arrastraron las rocas y los otros escombros, empujándolos hacia el río que corría.

Para este momento, todo el mundo estaba empapado de pies a cabeza, pero la balsa seguía siendo de alguna manera estable. Sin embargo, eso no significaba que podían relajarse. Se había hecho mucho daño, y los escombros se amontonaban bajo el agua, lo que hacía que fuera muy fácil volcar.

«…Así que aprendieron esto de la esclusa», murmuró Goblin Slayer, disparando una tercera lanza.

No se molestó en ver lo que pasaba. Habría un grito, o no lo habría.

Los goblins se escondían astutamente a lo largo del borde del acantilado, siguiéndolos montando sus lobos para mantener el ataque. El río se abría paso entre estas altas torres de piedra. No había techo, solo esto….

«Es como si hubiéramos entrado en su nido», dijo en voz baja Goblin Slayer. Usó una de sus lanzas para romper una flecha alojada en su escudo.

«Oh, Madre Tierra, abundante en misericordia…»

Todo esto ocurría ante los ojos de la Sacerdotisa. Sus rodillas temblaban, y no sólo por las difíciles oraciones.

Le costaba respirar. Su lengua parecía no poder pronunciar las palabras que su garganta apenas podía evocar. Su cabeza giraba y su visión se volvía confusa. Sus dedos apenas podían moverse; todo lo que podía hacer era aferrarse a su bastón.

¿Cómo se supone que voy a…?

¿Cómo iba a invocar a Protección y mantener a todos a salvo? Esa era la única pregunta que se hacía. Era lo único que podía hacer.

¿Qué otra cosa podía hacer? ¿Cómo podría sacarlos a salvo fuera de este lugar?

Sus dientes castañeteaban; ella apretó su mandíbula para detenerlos. Recuerdos unos después de otros llegaban a su mente. Cerró los ojos y los apartó.

«Oh…»

En ese momento, una luz resplandeció en su mente como una premonición del cielo.

La Sacerdotisa abrió los ojos. Sus labios temblorosos formaban una oración como si estuvieran guiados por algo que no era ella misma. Ella elevo su bastón.

«Oh, Madre Tierra, abundante en misericordia, por favor, por tu venerada mano, ¡límpianos de nuestra corrupción!»

Los dioses eran grandes.

La Madre Tierra bajó de los cielos, su mano atravesó el agua y haciéndola limpia.

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Por donde la luz tocaba, el agua se volvía clara, toda la suciedad que había en ella desaparecía. Es más, la gran cantidad de cosas sucias en el río fueron limpiadas y desaparecieron.

«…¡Wow!» la Arquera Elfa Superior parpadeó, sus orejas temblando. Ella estaba justificadamente impresionada al ver los efectos del milagro Purificar con sus propios ojos. «Realmente tienes tus momentos, ¿no?»

«No los tengo. La Madre Tierra los tiene…. Aunque ella puede ser un poco dura.» La Sacerdotisa gimió, la tensión de conectarse directamente con lo divino le había dado un dolor de cabeza desgarrador. «Por favor…. ¡Hazlo ahora!»

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“¡¿GRR?!”

“¡¿GOORB?!”

Los goblins estaban naturalmente agitados por este giro de los acontecimientos. La trampa que habían tendido con tanto cuidado había sido deshecha por algo que ni siquiera entendían.

Sus feas voces resonaban mientras la confusión se extendía entre ellos.

Goblin Slayer jamás dejaría pasar una oportunidad así.

Un goblin se había inclinado para mirar más de cerca el río; una lanza lo atravesó desde la mandíbula hasta la parte posterior de su cabeza. Cayó al agua con un chorro de sangre, y luego su cadáver desapareció, purificado por la Madre Tierra.

«Eventualmente, tendremos que encontrar y destruir su nido», dijo Goblin Slayer. «Te toca a ti.»

«¡Con mucho gusto!» Incluso mientras empujaba la balsa a lo largo de la corriente hecha por la ondina, el Sacerdote Lagarto abrió la boca de par en par. Llenó sus pulmones con un gran aliento, el aliento del wyrm que gobierna todas las cosas. «Bao Long, honorable antepasado, gobernante del Cretácico, ¡ahora tomo prestado tu terror!»

El Rugido del Dragón resonó por el valle.

Los goblins no son los únicos que le temen a los dragones; todos los seres vivientes les temen.

“¡¿GOORBGROB?!”

«¡¡¡GRORB!!!»

El balbuceo de los goblins se mezcló con los aullidos asustados de sus lobos. Los jinetes goblins seguían siendo goblins. Ni siquiera eran jinetes muy hábiles.

Intentaron, pero no lograron calmar sus monturas; los lobos literalmente huyeron con sus colas entre las piernas. Algunos de los goblins fueron arrojados al suelo; otros se aferraron desesperadamente a los animales que huían. Todos ellos se retiraron de una forma lamentable.

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Los aventureros continuaron observando la orilla con atención durante unos minutos. Yendo en contra del sonido del arroyo, utilizaron la pértiga para mantener la balsa en movimiento.

Pasó una hora, luego dos, y finalmente, el viento que soplaba por el valle se volvió cálido.

Estaban flotando hacia un gran y oscuro bosque, un bosque de viejos árboles que habían estado en pie durante miles o quizás decenas de miles de años.

La Sacerdotisa se aferró a su sonoro bastón, rezándole a la Madre Tierra para que aliviara su ansiedad.

Estaban casi fuera del valle. Eso significaba que pronto estarían dentro del reino de los elfos.

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