Goblin Slayer

Volumen 7

Capítulo 2: Corta-Barbas Va Hacia el Río Sureño

Parte 3

 

 

«Yo, um…. compré lo que dijeron, pero… ¿de verdad tengo usar esto?»

«Es algo peculiar, ¿no? Los humanos piensan en las cosas más interesantes. Sólo pensé que se vería bien.»

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«Esta es una moda de vanguardia, incluso para la capital. Recién hace poco que se ha hecho popular tener los brazos y las piernas tan expuestos».

«Tengo la ligera sospecha de que esto va a ser demasiado pequeño…»

Hubo un chorro de agua, y las voces de las cuatro chicas se esparcieron hermosamente por la orilla del río.

Era el día siguiente, y los cinco aventureros y las dos acompañantes estaban montando una balsa. La embarcación tenía una vela blanca, y el viento la empujaba suavemente río arriba.

El comercio no era realmente frecuente entre el pueblo de los elfos y la ciudad del agua. Los habitantes del bosque eran muy orgullosos, tenían poco interés en el dinero y menos aún en las baratijas que los humanos pudieran producir. Y cuando las dos partes no podían satisfacer las necesidades mutuas, entonces el comercio no podía florecer.

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Más bien, la mayoría de los botes en el río se dirigían a las aldeas pioneras que se encontraban a lo largo de sus orillas. Muy pocos de ellos iban más al sur, hacia el bosque de los elfos.

Había, por supuesto, excepciones….

«Si hubiera sabido que íbamos a viajar en balsa, ¡me habría quedado en casa!».

«Fuimos capaces de tomarlo prestado, y eso es suficiente.»

Ya habían pasado por varios pueblos, y el sol estaba subiendo hacia su cenit. Acababan de comprar algo de pan a los campesinos en el último asentamiento en la orilla del río marcado en su mapa, y el Chamán Enano estaba ocupado quejándose.

Mientras tomaba uno de los trozos de pan con mantequilla que estaban siendo repartidos, Goblin Slayer dijo:

«¿Hay algo de que quejarse?»

«Eres un hombre sorprendentemente equilibrado, Corta-barbas.»

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«¿Es eso cierto?»

«Yo diría que sí…. Toma, Escamoso”.

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«Ah, muchas gracias.»

El Sacerdote Lagarto estaba piloteando la balsa hábilmente moviendo de una pértiga. Colocó la embarcación en la esclusa, y luego emitió un suspiro siseante.

Las esclusas son dispositivos diseñados para regular la diferencia en el nivel de agua entre un canal y un río natural. Cuando uno se dirigía de aguas arriba a aguas abajo, el agua de la esclusa seria reducida gradualmente a la altura de aguas abajo. Esto significaba que, independientemente de en qué estuvieras flotando, había que esperar un poco. Era un momento perfecto para comer algo.

El Sacerdote Lagarto metió el pan en sus mandíbulas, con los ojos cerrados.

«Mmm. Al parecer mi lengua se ha acostumbrado a los productos de esa granja, así que ahora anhelo por ellos.»

«¡Ja-ja-ja-ja-ja-ja-ja! ¡Bueno, mira quién se ha convertido en un gastrónomo! ¿Qué te parece, Corta-barbas? ¿Qué hay de ti?»

«Si es comestible, eso es suficiente», dijo suavemente Goblin Slayer, mirando a su alrededor. Estaba mirando a la Vaquera, que estaba sentada junto a las otras mujeres, arrancando trozos de pan y comiéndoselos. Ella también miró en su dirección, y sus ojos se encontraron brevemente.

«…Quizás no lo digo tan en serio,» añadió Goblin Slayer mirando sus manos. Él estaba cortando un trozo de madera con un cuchillo, preparando alguna cosa. Más bien, algunas cosas. Uno era un palo corto con una extraña ranura tallada en él; el otro parecía más bien una lanza afilada. Cuando terminó con la cosa con la ranura, Goblin Slayer se puso a trabajar con cuchillo en la punta del objeto más largo.

Mientras trabajaba, tomó el pan que sostenía en una mano y lo metio perezosamente en su visera.

«¡Oye, cuida tus modales!» exclamó la Vaquera. «Mastica bien la comida».

«Lo siento», contestó él, mirando en su dirección y empujando el pan un poco más despacio. Luego miró hacia abajo y reanudó su trabajo.

«Cielos», refunfuñó la Vaquera, pero el Chamán Enano sonrió y miró lo que estaba haciendo Goblin Slayer.

«¿Tienes una lanza ahí?» Cogió uno de los objetos con interés.

Era una simple lanza de madera, nada especial. Ni siquiera tenía una punta adecuada.

«No soy lo suficientemente hábil como para que mis flechas penetren en el agua. Y una balsa no tiene piedras que podamos recoger y lanzar. Necesito un arma a distancia.» Goblin Slayer cogió una de las armas y la levantó hacia la luz, inspeccionando el trabajo. Aparentemente, lo encontró insatisfactorio, porque volvió a empezar su tallado.

«Uno debe estar preparado», dijo bruscamente. «Más de lo normal».

«Ahh. Sé lo que quieres decir. Escuché los mismos rumores». El Chamán Enano dejó caer la lanza con una mirada amarga y luego se sentó en la balsa. Se sacó el tapón del cántaro en su cadera, sacó una taza de su bolsa, y le ofreció a Goblin Slayer un poco de vino de fuego. El rico aroma del alcohol emanaba de la taza. Goblin Slayer agito su mano rechazándolo, por lo que el Chamán Enano se lo bebió de un solo trago.

«Los barcos hundidos… ¿Tú no crees que son sólo accidentes?»

«Sería mejor no asumirlo. Como siempre».

Había un número limitado de barcos que viajaban río arriba. La mayoría de ellos eran aventureros, o el puñado de mercaderes que obtuvieron el favor de los elfos. Cazadores, tal vez, o curanderos. Algunos vinieron en busca de cuevas o ruinas, o a recolectar hierbas raras o partes de animales con la indulgencia de los amos del bosque.

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Habían ido río arriba en balsas y no habían vuelto. Eso en sí mismo no era necesariamente sorprendente. La única razón por la que alguien se enteró de que los barcos se habían hundido fue porque los elfos, como una señal de buena voluntad, habían enviado de vuelta los restos de los navíos.

Algunos dijeron, en voz baja y sin pruebas reales, que tal vez los elfos habían hundido esos barcos.

«Podrían ser goblins», dijo con confianza Goblin Slayer, echando un vistazo a la Arquera Elfa Superior. Ella estaba llenando su boca con pan con mantequilla (no la comida más refinada) y sus largas orejas rebotaban hacia arriba y hacia abajo.

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«Mmm. Comer en un lugar nuevo es lo mejor.» Ella hinchó sus mejillas con ardor, un gesto del que la sacerdotisa no pudo evitar reírse.

«Cierto. Yo misma viví en el Templo, así que sé a qué te refieres».

«La última vez que estuve aquí, caminé por las orillas. Ir en un bote es algo nuevo para mí».

O más bien… en balsa. Ella giró su dedo índice en un círculo en el aire.

«Ya veo,» la Sacerdotisa estuvo de acuerdo, poniendo un poco de pan en su boca, masticando delicadamente y tragando. «¿Este es el banco?»

«Sí, claro que lo es.»

Habían pasado más de seis meses desde que ambas se habían bañado en esa fuente termal, mirando las estrellas.

«Bueno, ¿hay una historia aquí?» Preguntó solícitamente la Chica del Gremio, inclinándose hacia adelante.

La Sacerdotisa y la Arquera Elfa Superior se miraron haciendo como si estuvieran pensando, de forma bastante exagerada.

«¿Una historia? Hmm.»

«¿De qué historia podría estar hablando ella?»

No era precisamente un secreto, pero era un recuerdo lo suficientemente valioso como para actuar de manera importante.

Las orejas de la Arquera Elfa Superior se movieron felices. La Chica del Gremio le lanzó una mirada sospechosa.

«Tendré que asegurarme de interrogarte a fondo sobre esto en tu próxima entrevista.»

«Oye, eso es abuso de autoridad, ¿no?»

La Chica del Gremio había tratado con demasiada gente como la Arquera Elfa Superior como para que esta pequeña broma alterara su semblante.

«¡Qué trágico es, servir tan lealmente y aun así tener aventureros que me guardan secretos!»

Con dos mil años de edad (es decir, dos veces mil), la Arquera Elfa Superior debería haber tenido la misma cara de póquer, pero en vez de eso, rechinó los dientes con frustración.

«Aww, pero yo también quiero oír», dijo la Vaquera, aplaudiendo. «¡Quiero oír todo tipo de cosas sobre la vida fuera de la ciudad!»

«Oh bueno, en ese caso…. Esto fue antes de conocer a Orcbolg…»

Y así, la interrupción de la Vaquera se convirtió en el pretexto para una historia de aventuras.

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Por el rabillo de su ojo, Goblin Slayer podía ver a las mujeres charlando amablemente. Las orejas de Arquera Elfa Superior colgaban y ella gesticulaba con frecuencia; la Vaquera escuchaba con una sonrisa. La Chica del Gremio susurró sobre los secretos del Gremio, los ojos de la Sacerdotisa se abrieron de par en par.

Goblin Slayer recogió los aproximadamente diez palos afilados que había preparado, poniendo sus herramientas para trabajar la madera en su cinturón.

«Cuando se abra la esclusa, yo te reemplazare.»

«Muy bien», contestó Sacerdote Lagarto, golpeando con su cola hacia abajo. El consiguiente empujón en la balsa provocó gritos de las mujeres.

Cuando la esclusa finalmente se abrió, la balsa fluyó con el agua hacia un valle.

«W-wow…»

¿Cuántas lunas se necesitarían para labrar un pedazo de tierra como éste? El río era en sí mismo como una cicatriz dejada por el tiempo. La quebrada era casi como una gigantesca losa de roca, ahora en varias capas. La montaña debe haber existido desde la Edad de los Dioses, y el río habría estado trabajando en este lugar durante el mismo tiempo.

Las rocas eran tan grandes que a veces bloqueaban el sol, arrojando sus sombras ante ellos; entre ellas, se oía el murmullo del río y el soplo del viento.

Esto lo explicaba. Por eso la aldea de los elfos era llamada a veces como una tierra aparte, «el país de las sombras». No se sentía como parte del reino de los mortales.

«¡Esto es increíble…!» Exclamó la Vaquera, mirando las enormes piedras mientras la balsa se abría paso a través de ellas. Todos entendieron cómo se sentía. Había muchas cosas en el mundo que estaban más allá de sus fantasías.

«Mi hogar está justo pasando esto», dijo la Arquera Elfa Superior, de pie en la balsa sin aparente sensación de peligro y sacando su esbelto pecho. «¿Qué te parece? ¡Ni siquiera los enanos construyeron algo así!»

«Tienes razón, Orejas Largas, no buscamos competir con el trabajo de los dioses. El dominio del martillo y el cincel es nuestra meta». Se acarició la barba y añadió con una sonrisa de satisfacción: «Y supongo que los elfos tampoco construyeron esto».

«¡Grrrmn!» Las orejas de Gran arquera elfa se volvieron hacia atrás, y ella se encendió en el enano como de costumbre.

Todos a su alrededor ya estaban acostumbrados a esto, y nadie dejo que esto los distrajera del paisaje. La Sacerdotisa hizo una variedad de ruidos inarticulados, parpadeando rápidamente.

«Esto es increíble…»

«He leído sobre esto en el papeleo del Gremio, pero verlo de primera mano es otra cosa», dijo la Chica del Gremio.

«Claro que sí.» La Vaquera asintió. «Te deja sin aliento, ¿no? Hey…»

¿Qué te parece? Estaba a punto de decir, pero esas palabras nunca salieron de sus labios.

Cuando ella se dio la vuelta para preguntar, lo encontró parado en la parte trasera de la balsa, mirando más allá de los bordes del valle.

«¿Cómo se ve?» Preguntó suavemente Goblin Slayer, su mano sobre la pértiga que usaba como timón.

El Sacerdote Lagarto lo pensó, haciendo su extraño gesto con las palmas juntas, mientras sus ojos escudriñaban el área constantemente.

«Hmm. Arriba o abajo, quizás.»

«Estoy de acuerdo.»

«Esto no es un océano. En un río, es poco probable que nos encontremos con un kraken.»

«Kraken», repitió Goblin Slayer. «¿Qué es eso?»

Los ojos de Sacerdote Lagarto giraron hacia arriba.

«Más probablemente, supongo que por arriba.»

«Entendido».

Esta era una parte de él que ella nunca había visto. Él se veía igual que siempre, pero de alguna manera diferente. La Vaquera puso una mano en su pecho abultado pecho para calmar su corazón.

«Ah-»

Ella tragó un poco de saliva. Pero justo cuando estaba a punto de intentar decir algo nuevamente, la clara voz de la Arquera Elfa Superior la interrumpió.

«¡Alto!»

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La guardabosques ya tenía una flecha en su arco. Los aventureros se miraron unos a otros y luego entraron en acción.

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La Sacerdotisa agarró su bastón con firmeza, mientras que el Chamán Enano empezó a hurgar en su bolsa de catalizadores. El Sacerdote Lagarto agarró un colmillo de dragón en su mano, y Goblin Slayer, con una mano aún en el timón, bajó sus caderas.

«Creo que será mejor que bajemos la vela. Dame una mano” dijo el Chamán Enano, entrecerrando sus ojos contra el sol.

«Oh sí, ya voy…», dijo la Sacerdotisa, yendo hacia él.

Goblin Slayer, diligentemente movió la pértiga, miró a las dos jóvenes.

«Agáchense y cúbranse la cabeza con algo de tela». Su voz era aguda.

«Oh, uh, ¡c-claro, seguro…!» La Vaquera asintió rápidamente. Revisó sus pertenencias, sacando un trapo.

«¡Por aquí, rápido!» La Chica del Gremio se veía igual de nerviosa con su propia tela.

Las dos se acurrucaron juntas bajo las mantas, tratando de hacerse lo más pequeñas posible. Cada una de ella pensó que podía sentir temblar a la otra, pero tal vez era ella misma.

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Ellas no lo sabían. Esa ignorancia era su compañera mientras se sentaban sosteniéndose entra ambas de las manos fuertemente.

El Sacerdote lagarto se paró encima de ellas para protegerlas.

«… ¿Desde las orillas?», preguntó.

«Probablemente», contestó la Arquera Elfa Superior. «Algo se acerca. ¡Un… un montón de ellos!» Hizo retroceder su cuerda de su arco, sus oídos se movían rápidamente hacia arriba y hacia abajo para captar cualquier sonido.

Un instante después, se oyó el aullido de los lobos, y el silbido de piedras lloviendo sobre el valle.

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